El tema de esta reunión y de la siguiente será: “Principios básicos de la liberación,” y el subtítulo es: “Todo lo que siempre ha querido saber acerca de los demonios pero temía preguntar.” En estas dos reuniones voy a tratar de llevar a cabo una tarea casi imposible: la de exponer en dos horas cada uno de los aspectos principales de este ministerio. No detalladamente, por supuesto, pero sí los puntos más importantes.

Me parece apropiado que empecemos por examinar este aspecto del ministerio de Jesús. Quiero que busquemos Marcos 1. He dicho muchas veces que, en cuanto a mí, no ambiciono tener un ministerio mejor que el que tuvo Jesús. Creo que algunas personas piensan que hoy día pudiéramos hacer mejor las cosas, pero yo no comparto esa opinión. Cuando Jesús empezó su ministerio público, lo que más impresionó a la gente fue la manera en que él echaba fuera los espíritus malignos. Es importante notar que este milagro de Jesús nunca se menciona en el Antiguo Testamento. Se hace mención de milagros semejantes a casi todos los otros milagros que hizo Jesús: sanidad, provisión de alimentos, control de la naturaleza; pero en el Antiguo Testamento no hay ningún registro de echar fuera espíritus malignos, y las personas que lo presenciaban quedaban impresionadas, y se maravillaban.

Veamos la primera vez que se menciona el echar fuera demonios, en una sinagoga en Capernaum. Dice en el versículo 23 de Marcos 1:

Pero había en la sinagoga de ellos un hombre con espíritu inmundo . . .

En griego dice “en un espíritu inmundo,” lo cual no se puede traducir al español. Creo que la mejor manera de expresarlo en español moderno sería “bajo la influencia de” un espíritu inmundo.

Hay tres frases que se usan más o menos de manera intercambiable, y creo que lo mejor sería mencionarlas de una vez: demonios, espíritus malignos y espíritus inmundos. La Biblia también menciona específicamente ciertos espíritus, como el espíritu de enfermedad o el espíritu de temor. Muy bien.

Pero había en la sinagoga de ellos un hombre con espíritu inmundo, que dio voces [Fíjense que el que dio voces no fue el hombre, sino el espíritu], diciendo: ¡Ah! ¿qué tienes con nosotros, Jesús nazareno? ¿Has venido para destruirnos? Sé quién eres, el Santo de Dios.

Fíjense que los espíritus malignos identificaron a Jesús inmediatamente. Sus discípulos tardaron más de un año en darse cuenta de quién era él en realidad, pero los demonios lo supieron de inmediato. Ellos le temían. Fíjense también en la combinación de “yo” y “nosotros,” que es muy típico en el hablar de los demonios. Cuando Jesús le habló al endemoniado gadareno, le dijo: “¿Cómo te llamas [singular]?” Y él contestó: “Legión me llamo; porque somos muchos.” Esta combinación de “yo” y “nosotros” es muy propia de los demonios. Versículo 25:

Pero Jesús le reprendió, diciendo: ¡Cállate, y sal de él!

En griego dice literalmente: “Te amordazo; sal fuera de él.”

Y el espíritu inmundo, sacudiéndole con violencia, y clamando a gran voz, salió de él.

Fíjense que hubo manifestaciones físicas muy dramáticas. No era lo acostumbrado ver este tipo de comportamiento en la sinagoga. Alguien me dijo una vez que en la mayoría de las iglesias lo que hubieran hecho sería expulsar al hombre de la sinagoga. Pero Jesús más bien echó fuera el demonio del hombre, y permitió que el hombre se quedara en la sinagoga. Entonces leemos el siguiente versículo:

Y todos se asombraron, de tal manera que discutían entre sí, diciendo: ¿Qué es esto? ¿Qué nueva doctrina es esta [o ¿Qué es esto? ¿Una nueva doctrina?], que con autoridad manda aun a los espíritus inmundos, y le obedecen? Y muy pronto se difundió su fama [o su reputación] por toda la provincia alrededor de Galilea.

Así es que ocurre. Las cosas no han cambiado. Si empiezan a manifestarse espíritus malignos y usted los echa fuera, su fama se difundirá inmediatamente por todas partes. Es algo que todavía impresiona muchísimo a las personas cuando lo presencian. Lo que quiero enfatizar aquí es que Jesús no trató con el hombre, sino con el espíritu que estaba dentro del hombre, es decir, con otro ser dentro de aquel hombre. Y no hay nada que indique que el hombre se haya comportado anormalmente en otras ocasiones. ¿Me explico? Fue la presencia de Jesús, con la unción del Espíritu Santo sobre él, lo que reveló la presencia oculta del demonio en aquel hombre.

Ahora, ese mismo día, más adelante en el capítulo, en los versículos 32 al 34, vemos cómo progresa este ministerio de liberación:

Cuando llegó la noche, luego que el sol se puso, le trajeron todos los que tenían enfermedades, y a los endemoniados...

Quisiera decir, una vez por todas, que no me gusta la traducción “endemoniado.” En griego, la palabra es daimonizomai. Si fuera a escribirlo en español, sería algo así: daimon es la raíz, y viene del sustantivo “demonio”, e izomai es el pasivo, así que daimonizomai quiere decir “estar bajo la influencia de un demonio.” Esa sería la mejor traducción: “estar bajo la influencia de un demonio.” Desafortunadamente, la traducción “endemoniado” ha confundido a millones de personas, ya que se preguntan cómo un cristiano puede estar endemoniado, es decir, controlado o poseído totalmente por el diablo. Mi respuesta es que un cristiano verdadero no puede ser poseído por el diablo. Un cristiano verdadero es poseído por Jesús. Sin embargo, muchos cristianos verdaderos tienen ciertas áreas en su vida donde están bajo la influencia de demonios, donde son oprimidos y afligidos por demonios. Áreas de su vida y de su carácter donde no están completamente en control. Y son oprimidos, pero no poseídos por Satanás. Si sólo pudiéramos quitar de en medio este obstáculo de traducción, estaríamos mucho más cerca de ver la realidad. Muy bien.

Cuando llegó la noche, luego que el sol se puso, le trajeron todos los que tenían enfermedades, y a los que estaban bajo la influencia de un demonio . . .

En realidad, el Nuevo Testamento casi no distingue entre estos dos grupos de personas, y tampoco lo hizo Jesús. En casi todos los casos, Jesús trató conjuntamente con los enfermos y los que estaban bajo la influencia de demonios.

Y toda la ciudad se agolpó a la puerta. Y sanó a muchos que estaban enfermos de diversas enfermedades, y echó fuera muchos demonios; y no dejaba hablar a los demonios, porque le conocían.

En la versión Reina Valera se usa la expresión “echar fuera demonios.” La traducción que prefiero yo es la de la Biblia de las Américas donde se usa la expresión “expulsar demonios.” La palabra “expulsar” no tiene ninguna connotación religiosa; es una palabra común y corriente, del lenguaje de todos los días. Si uno inhala humo, ¿qué es lo que hace después, para librarse del humo? Lo expulsa. Es un acto de la voluntad, pero también tiene un aspecto físico. Esa es la palabra que me gusta usar. No la uso siempre, pero en mi opinión, es la que mejor describe lo que hizo Jesús. Él expulsó muchos demonios. No permitía que los demonios hablaran, porque ellos lo conocían. Quisiera leer un versículo más de ese capítulo, el versículo 39:

Y predicaba en las sinagogas de ellos en toda Galilea, y echaba fuera los demonios.

Me gusta el hecho de que aquí la versión Reina Valera use el tiempo imperfecto del verbo, al decir “predicaba” y “echaba fuera.” En griego, este tiempo saca a relucir el hecho de que no se trataba de un incidente aislado en una sola sinagoga, sino que era la costumbre de Jesús en cada sinagoga hacer dos cosas: predicar y expulsar demonios. Y lo hizo en toda Galilea. Ha debido haber cientos de sinagogas en Galilea. La verdad es que muchas personas piensan: “Bueno, puede ser que de vez en cuando haya un caso donde es necesario expulsar demonios, pero estos casos son muy raros; son casos excepcionales.” Y por lo general, la gente piensa que si existen personas así, están en la cárcel o en el manicomio. Pues, debo recalcarles que este no era el tipo de persona con la que Jesús estaba tratando. Él estaba tratando con judíos ortodoxos, que se reunían cada sábado en la sinagoga, y pasaban el resto de la semana cuidando de su familia, atendiendo sus cultivos, pescando en el mar, trabajando en sus tiendas, y así por el estilo. Básicamente eran personas religiosas comunes y corrientes, personas decentes que tenían ciertos problemas. Como digo, en ciertas áreas no estaban en control de sí mismas. Así que no piensen que una persona que necesita liberación debe ser un criminal o un loco. Aunque no siempre, hoy día tratamos mayormente con este tipo de personas: personas decentes que son religiosas, asisten a la iglesia y hablan como lo haría cualquier cristiano, pero que en alguna parte de su vida tienen algún problema que no logran controlar. Puede tratarse de sus deseos físicos, sus emociones, o tal vez su mente. Más adelante, trataré con las distintas áreas. Pero si usted logra aceptar lo que acabo de decir, quitará de su mente muchas ideas preconcebidas que de lo contrario le impedirán abarcar este tema con una mente abierta.

Es curioso, pero a la gente le es fácil entender que personas de otra nación pudieran necesitar liberación. He tratado este asunto en Dinamarca. Para los daneses, no es difícil creer que los americanos necesitan liberación. Y a los americanos no les es difícil creer que los africanos necesitan liberación. Pues, yo pasé ocho años de mi vida en África, pero tengo que decirles que nunca encontré tantos demonios en África como los que he encontrado en Estados Unidos. Simplemente hay diferencias culturales. Los demonios se adaptan a su ambiente.

Muy Bien. Miremos otro incidente en el ministerio de Jesús que es muy similar. De hecho, en Lucas 4:40–41, habla del mismo acontecimiento que se describe en Marcos 1. Lucas 4:40–41:

Al ponerse el sol, todos los que tenían enfermos de diversas enfermedades los traían a él; y él, poniendo las manos sobre cada uno de ellos, los sanaba. También salían demonios de muchos, dando voces . . .

No necesitamos seguir leyendo. Los ministerios de sanidad y liberación estaban muy vinculados. Las personas venían porque estaban enfermas, pero en muchos casos, era necesario expulsar espíritus malignos para que pudieran ser sanadas. Y fíjense que Jesús ponía las manos sobre cada uno de ellos. Había una tradición pentecostal—no sé si todavía existirá—que decía que no era bíblico imponerle las manos a alguien que tuviera un espíritu maligno. Si eso fuera así, entonces Jesús obró de una manera que no era bíblica. Y prefiero hacer lo que hizo Jesús que seguir una tradición.

Ahora miremos otro capítulo en Lucas, un poco más adelante. Lucas 13. En Lucas 13:11–16, encontramos a la mujer que estaba encorvada. Se trata de otro incidente en otra sinagoga, que ocurrió después.

Y había allí una mujer que desde hacía dieciocho años tenía espíritu de enfermedad, y andaba encorvada, y en ninguna manera se podía enderezar. [Fíjense que la causa de su problema era un espíritu de enfermedad, un espíritu maligno que había hecho que se encorvara, de modo que no podía enderezarse.] Cuando Jesús la vio, la llamó y le dijo: Mujer, eres libre de tu enfermedad. [Fíjense que el hecho de decirle que era libre, nos indica que ella estaba atada. Además, Jesús lo dijo en fe; todavía no había habido ningún cambio.] Y puso las manos sobre ella; [Fíjense que él puso las manos sobre ella, teniendo ella un espíritu de enfermedad.] y ella se enderezó luego, y glorificaba a Dios. Pero el principal de la sinagoga, enojado de que Jesús hubiese sanado en el día de reposo, dijo a la gente: Seis días hay en que se debe trabajar; en éstos, pues, venid y sed sanados, y no en día de reposo. Entonces el Señor le respondió y dijo: Hipócrita, cada uno de vosotros ¿no desata en el día de reposo su buey o su asno del pesebre y lo lleva a beber? ¿Y a esta hija de Abraham, que Satanás había atado dieciocho años, ¿no se le debía desatar de esta ligadura en el día de reposo?

Ella era una mujer creyente; era judía, miembro de la sinagoga, y tenía un terrible problema físico: su espalda estaba encorvada. No era primordialmente un problema físico. Era causado por un espíritu de enfermedad. Y al dejarla el espíritu de enfermedad, inmediatamente se enderezó. Ahora, Jesús tuvo que tener discernimiento para saber cuál era la raíz del problema, pero lo que quiero señalar es que algunos problemas que nosotros clasificaríamos como problemas físicos, en realidad son causados por espíritus malignos. Jesús también trató la mudez, la sordera y la ceguera como problemas causados por espíritus malignos. En muchos casos, la manera en que él sanó a las personas fue librándolas de los espíritus que causaban su mudez, sordera o ceguera. Ahora bien, sin entrar en detalles, quiero decirles que he visto casos muy similares en mi propio ministerio en cada una de estas áreas.

Leamos un poco más adelante en Lucas 13:31–32. Este es el último pasaje que leeremos acerca del ministerio de Jesús.

Aquel mismo día llegaron unos fariseos, diciéndole: Sal, y vete de aquí, porque Herodes te quiere matar. Y les dijo: Id, y decid a aquella zorra [es decir, a Herodes]: He aquí, echo fuera demonios y hago curaciones hoy y mañana, y al tercer día termino mi obra.

Eso es un hebraísmo. Hoy, mañana y al tercer día significa “desde ahora hasta que haya terminado la obra.” Así que él dijo que iba a estar haciendo dos cosas: echando fuera demonios y realizando sanidades. Así fue que empezó, así siguió, y así terminó. Durante todo su ministerio, de principio a fin, el sanar a los enfermos y echar fuera demonios fue una parte muy importante; le dedicó alrededor de una tercera parte de su tiempo. Y en realidad ambas cosas estaban tan vinculadas que era imposible distinguir entre ellas.

Ahora bien, lo que quiero decir ahora—y les daré unos ejemplos breves—es que en el Nuevo Testamento, nunca nadie fue enviado a evangelizar sin primero haber recibido la autoridad para echar fuera espíritus malignos. No hay ningún ejemplo en el Nuevo Testamento. No es bíblico hacerlo.

Veamos los primeros doce discípulos que fueron enviados. Mateo 10:1:

Entonces llamando a sus doce discípulos, les dio autoridad sobre los espíritus inmundos, para que los echasen fuera, y para sanar toda enfermedad y toda dolencia.

Observen que lo primero que hizo el Señor fue darles autoridad para echar fuera los espíritus malignos. Y entonces dice en el versículo 5, omitiendo la lista de los nombres:

A estos doce envió Jesús, [y luego dice en los versículos 6 y 7, omitiendo las partes menos importantes] sino id antes a las ovejas perdidas de la casa de Israel. Y yendo, predicad, diciendo: El reino de los cielos se ha acercado. [pero no solamente prediquen, sino hagan ¿qué?] Sanad enfermos, limpiad leprosos, resucitad muertos, echad fuera demonios...

Jesús los equipó y los envió para hacer esta obra. En Lucas 10 leemos acerca de otros setenta que fueron enviados. Lucas 10:1:

Después de estas cosas, designó el Señor también a otros setenta, a quienes envió de dos en dos delante de él a toda ciudad y lugar adonde él había de ir.

Ahora pasemos al versículo 17, que relata lo que dijeron los setenta cuando regresaron. Dice en el versículo 17:

Volvieron los setenta con gozo, diciendo: Señor, aun los demonios se nos sujetan en tu nombre.

¿Qué fue lo que más les impresionó? El hecho de que tuvieran autoridad sobre los demonios. Ellos no eran los doce, sino los setenta.

Veamos ahora la Gran Comisión, al final de los evangelios. Antes que nada, empecemos leyendo en Marcos 16:15. Marcos 16:15:

Y les dijo: Id por todo el mundo y predicad el evangelio a toda criatura. El que creyere y fuere bautizado, será salvo; mas el que no creyere, será condenado. [versículo 17] Y estas señales seguirán a los que creen: [¿Cuál es la primera señal?] En mi nombre echarán fuera demonios . . .

Él no los envió sin antes asegurarse de que supieran enfrentarse a los demonios. Y en Mateo 28, versículos 19 y 20, la otra versión de la Gran Comisión, él dice:

Por tanto, id, y haced discípulos a todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo; enseñándoles que guarden todas las cosas que os he mandado; y he aquí yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo.

Él les dijo que enseñaran a sus discípulos todo lo que él les había enseñado. Y una de las cosas más importantes que les enseñó fue cómo echar fuera espíritus malignos. Les dijo: “Al hacer discípulos, deben enseñarles lo que yo les he enseñado a ustedes. Cuando ellos a su vez hagan discípulos, deben enseñarles lo que se les fue enseñado.” Y dijo: “Yo estoy con vosotros hasta el fin del mundo.” Jesús no hizo ninguna provisión para que este proceso cambiara. Su voluntad era que continuara desde el momento de su partida hasta su regreso. Ese fue el patrón que dejó Jesús. Lo trágico es que la iglesia se ha apartado de él. La iglesia no lo ha mejorado; eso sería imposible. En realidad, sólo ha hecho un desastre de él.

Ahora, aparte de Jesús, hay una sola persona en el Nuevo Testamento a quien se le da el título de evangelista. Una sola persona. He contado veintiocho personas a quienes se les da la designación de apóstol, pero una sola a quien se le da el título de evangelista. ¿No le parece increíble? Nosotros no titubeamos en conferir el título de evangelista. En la iglesia contemporánea, cualquiera que no es pastor tiene que ser evangelista. La verdad es que no hay sino dos opciones. ¿Quién fue el evangelista? ¿Quién puede decirme? Felipe. Hechos 8:5 habla de su ministerio. Dice así:

Entonces Felipe, descendiendo a la ciudad de Samaria, les predicaba a Cristo.

El mensaje de Felipe era muy sencillo. Era un mensaje de una sola palabra. En Samaria, predicó a Cristo; en el camino de Gaza predicó a Jesucristo. Muy bien.

Y la gente, unánime, escuchaba atentamente las cosas que decía Felipe [¿porque él tuviera un comité muy bien organizado y un coro? No.], oyendo y viendo las señales que hacía. Porque [¿qué fue lo primero?] de muchos que tenían espíritus inmundos, salían éstos dando grandes voces; y muchos paralíticos y cojos eran sanados.

Fíjense que en su ministerio como evangelista, lo primero que hizo fue echar fuera espíritus inmundos. Por lo tanto, quisiera sugerirles que tanto el patrón como la comisión de Jesús, no dejan lugar para que los siervos de Dios hoy día salgan a evangelizar sin primero ser equipados para enfrentarse con los espíritus malignos. No creo que se pueda encontrar ni un solo ejemplo de esto en la Biblia.

Ahora les daré una enseñanza general acerca de la naturaleza de los demonios—y seguiremos usando la palabra “demonios”—y cómo podemos saber si están operando en nosotros o en otras personas. Por supuesto que siempre están los dos dones espirituales: el discernimiento de espíritus y la palabra de sabiduría. Pero aparte de éstos, en el ámbito sobrenatural hay muchísimas otras indicaciones, que juntas, deberían alertarnos a la presencia de demonios, ya sea en nosotros mismos o en otras personas. Antes que nada, tenemos que saber, como ya he dicho, que son seres incorpóreos. Estamos luchando contra seres vivientes, seres incorpóreos que sienten un deseo ardiente por estar dentro de un cuerpo. Hay que entender eso. Se sienten sumamente incómodos cuando no están dentro de un cuerpo. Desean estar dentro de un cuerpo humano, pero para no quedarse sin cuerpo, aceptan estar dentro de un cerdo, un perro, o cualquier otro animal. Los demonios no quieren estar sin cuerpo; eso es para ellos un tormento.

Los demonios tienen dos objetivos principales que Satanás les ha asignado. El primero es impedir que las personas lleguen a conocer a Cristo como su Salvador. Sin embargo, si no logran hacer esto, su segundo objetivo es impedir que las personas sirvan al Señor de manera eficaz. ¿Me explico? Si fracasan en cuanto al primer objetivo, no se dan por vencidos. Simplemente se concentran en el segundo objetivo.

Ahora bien, tenemos que diferenciar entre la carne y los demonios. La carne es la vieja naturaleza carnal, el viejo hombre, y los demonios son seres que entran y ocupan ciertas áreas de la personalidad. Yo hago la siguiente comparación: la carne es la carroña, y los demonios son los buitres que se asientan sobre la carroña. ¿Me explico? Si no hubiera carne, tampoco habría buitres. Este es un cuadro muy gráfico. Si ha vivido en un país donde hay buitres, sabrá que cuando algo está a punto de morir, en el cielo aparece una pequeña mancha que permanece allí suspendida. Al mirar un poco más tarde, notará que ahora hay tres o cuatro más, y mientras más cerca está el animal de la muerte, más bajo vuelan los buitres. Jesús dijo que donde estuviera el cadáver, allí se juntarían los buitres. Podemos estar seguros que los buitres se reunirán allí donde la carne no regenerada del hombre quede expuesta en su carnalidad y pecado.

Ahora bien, en los dos casos, la solución es totalmente diferente. ¿Como se vence la carne? Mediante la cruz. Así es. Gálatas 5:24:

Pero los que son de Cristo han crucificado la carne con sus pasiones y deseos.

¿Cómo se vencen los demonios? Se expulsan; así es. No podemos intercambiar estas dos soluciones. No podemos expulsar la carne, ni crucificar los demonios. Así que para saber cuál es la solución correcta, primero tenemos que saber contra qué estamos luchando. ¿De acuerdo?

Ahora, en general, yo diría que si usted es un cristiano sincero y comprometido, que lee la Biblia, ora, se congrega regularmente y desea servirle al Señor; y tiene un problema particular, algo que lo atormenta, lo irrita, lo avergüenza, lo ata y lo esclaviza; y ha tratado de solucionarlo de muchas maneras: orando, ayunando, considerándose muerto al pecado, pero todavía no ha resuelto su problema, puede estar casi seguro de que está luchando contra un demonio. Esto lo digo por experiencia, la cual no tengo tiempo de relatar esta mañana.

A continuación, lo que quiero hacer en esta parte de la reunión es hablar de algunas actividades características de los demonios. Les daré una lista de nueve verbos que describen estas actividades características. Si más de una de éstas está presente en su vida, o si son muy intensas, entonces debe empezar a pensar bien, pues posiblemente necesite liberación. No olvide que son entes espirituales los que llevan a cabo estas actividades, ya que estamos luchando contra seres incorpóreos.

El primer verbo es seducir. Los demonios seducen. Tientan a las personas a hacer lo malo. Al reflexionar acerca de su propia experiencia, encontrará que muchas veces la seducción viene en forma verbal. Alguien ha dejado caer al piso un hermoso lápiz de oro; usted lo mira, y algo le dice: “Tómalo. Nadie se enterará. Los demás harían lo mismo. Si fuera tuyo el lápiz, lo tomarían.” ¿Sabe lo que es eso? Si tiene una voz, quiere decir que es una persona. Detrás de esa voz hay un demonio que lo está seduciendo. ¡Quizás ninguno de ustedes ha tenido esa experiencia! ¡Debo ser el único!

Los demonios hostigan a la persona. Estudian su forma de ser y siguen sus movimientos. Saben cuáles son sus flaquezas y cuáles sus momentos de debilidad. Saben exactamente cómo hacer para entrar en la persona, y el mejor momento de hacerlo. Generalmente, doy el ejemplo del hombre de negocios que ha pasado un día terrible en la oficina. Todo le ha salido: su secretaria no cumplió bien con su trabajo, el aire acondicionado dejó de funcionar...y luego, de camino a su casa, el congestionamiento del tráfico lo hace pasar una hora en la autopista. Luego, cuando llega a su casa, su esposa no tiene lista la cena y los niños están correteando y gritando. Y al cruzar la puerta, ¡explota de ira! ¿Saben qué sucede? El demonio de ira que ha estado detrás de él todo el día, entra rápidamente en él. Después de eso, su esposa nota un cierto cambio en su personalidad. Todavía es un padre y un esposo amoroso, pero hay veces que algo ajeno toma control de él. Ella nota que en estos momentos, su mirada es diferente, y aunque ama a su esposa y a sus hijos, les hace la vida imposible. Después, avergonzado y lleno de remordimiento, dice: “No sé qué me llevó a hacerlo.” Pues nosotros sí lo sabemos. Fue el demonio de ira.

Número tres, los demonios atormentan. La Biblia habla de los verdugos en Mateo 18. A mi juicio, los verdugos son los demonios. En Mateo 18, en la parábola de los dos deudores, el siervo que no quiso perdonar a su consiervo una pequeña deuda, fue entregado a los verdugos. He conocido a cientos de cristianos que se encuentran en manos de los verdugos. ¿Saben por qué? Porque no han perdonado. Si usted en su corazón no ha perdonado a alguien, es un blanco legítimo para los verdugos. Y Satanás es un experto en asuntos legales; él sabe cuándo tiene derecho de entrar. Hay varias formas de tormento.

Está el tormento físico. El ejemplo que yo escogería es la artritis. Cuando uno ve la artritis, ve al diablo en acción, atando, desfigurando, tulliendo y torturando.

Tormento mental. Una forma de tormento sumamente común es el miedo a volverse loco. Quizás ése no sea su problema; tal vez su problema sea un espíritu mentiroso que lo acusa y le arrebata la paz y la seguridad de su salvación.

Muy bien, número cuatro, los demonios obligan. Me parece que no hay una palabra más descriptiva que la palabra “compulsión.” Casi toda compulsión puede ser demoníaca. La compulsión por fumar, la compulsión por consumir alcohol, pero no nos detengamos allí. La compulsión por comer es tan demoníaca como cualquier otra. La glotonería es un problema tan serio como el alcoholismo. Pero es un problema más decente. No se puede ser alcohólico en la iglesia, pero sí glotón. Hay otras formas de compulsión. El hablar compulsivo, la locuacidad. Las personas que no pueden dejar de hablar tienen un problema, ¡y también son un problema!

Número cinco, los demonios esclavizan. Así es. Digamos que una persona comete un pecado sexual. Se arrepiente, va a Jesús, recibe perdón y limpieza de pecado, y es justificado, es decir, como si nunca hubiera pecado. El pecado quedó atrás. Pero después de todo esto, si la persona todavía siente un deseo incontrolable de volver a cometer el mismo pecado, aunque lo odia, está esclavizado. Un ejemplo muy común es la masturbación. Ahora, algunos sicólogos y otras personas dicen que la masturbación no tiene nada de malo, que es saludable. Ni siquiera discuto sobre ese punto. Lo que sí sé es que hay miles de personas que practican este pecado y se odian a sí mismos por hacerlo. Y cada vez dicen “más nunca lo volveré a hacer,” pero jamás funciona. Están esclavizados. Hay en ellos un demonio de masturbación. Esto es muy común. Permítanme decirles, antes de proseguir, que este demonio tiene ciertas manifestaciones específicas. Lo que sucede es que la persona empieza a sentir un hormigueo en los dedos. Muchas personas me han dicho: “Hermano Prince, siento un hormigueo en los dedos. ¿Qué es lo que me pasa?” Algunas veces los dedos se ponen tiesos y se doblan hacia atrás. Yo les susurró al oído: “Su problema es la masturbación. Renuncie a eso, reclame la sangre de Jesús que limpia de todo pecado, y échelo fuera.” Pero es un demonio muy obstinado. Muchas veces las personas tienen que sacudir los dedos en el nombre de Jesús, para quedar libres.

Ahora, si juntamos el cuarto verbo, “obligar,” y el quinto, “esclavizar,” lo que tenemos es una adicción. Hay muchas adicciones que todos conocemos, pero hay otras que son muy poco comunes. Mi primera esposa y yo tratamos con una joven, miembro de una iglesia pentecostal, que era adicta al esmalte de uñas. Quería siempre estar oliendo el esmalte de uñas. Nos dijo: “Cuando entro en el departamento de cosméticos de una tienda, tengo dos opciones: Puedo o comprar esmalte de uñas, o salir corriendo de la tienda. Pero tengo que hacer una de las dos.” Cuando fue liberada, aquel demonio salió gritando, y la arañó. También hay otras adicciones. La más reciente y la más común es la adicción a la televisión. Para muchas personas, la televisión es una adicción tan fuerte como el alcohol. No pueden entrar en una habitación que tenga televisor sin prenderlo. Ni siquiera piensan, ni saben lo que van a ver, pero sienten la necesidad de extender la mano hacia el televisor de la misma manera que un alcohólico extiende la mano para alcanzar la bebida. Y creo que, posiblemente, esto haga más daño, a la larga, que el alcohol.

Número seis, los demonios contaminan. Hacen que la persona se sienta sucia e impura. Especialmente cuando está adorando a Dios. Está a punto de entrar en la presencia del Señor cuando una imagen impura o una palabra sucia le viene a la mente. Estando la persona a punto de adorar a Dios, cualquier cosa que se levanta y se le opone, es casi siempre demoníaca. O queriendo leer la Biblia. Un ejemplo común es el demonio del sueño. La Biblia habla de un espíritu de adormecimiento. ¿Han notado que si las personas desean leer la Biblia a las 10:00 de la noche, ya a las 10:15 están dormidas? Si quieren mirar televisión, pueden quedarse despiertas hasta después de la medianoche. Pues, eso no es natural. Hay una fuerza sobrenatural que se goza cuando ellos miran televisión, y siente ira cuando leen la Biblia. ¿Me explico?

Muy bien. Número siete, los demonios engañan. Son engañadores. A mi juicio, todo engaño espiritual es demoníaco. ¿Saben qué es lo que le abre la puerta al engaño? El orgullo. Dudo que haya engaño alguno que no haya entrado por la puerta del orgullo. El orgullo siempre conduce al engaño.

Número ocho, los demonios debilitan, enferman y producen cansancio. (Hay un demonio de cansancio.) Recuerdo que una vez hablé con una mujer que me dijo: “Ya no soporto esta reunión; estoy demasiado cansada.” Estaba a punto de compadecerme de ella cuando me di cuenta de que era un demonio el que hablaba. Lo desafié y el demonio dijo: “Es verdad. Ella siempre está cansada. Se levanta cansada, y se acuesta cansada. Está demasiado cansada para orar, y demasiado cansada para leer la Biblia.” Los demás demonios se ocultan detrás de este tipo de demonio. Los demonios también matan. Recuerden que Satanás es un asesino. Él mata a las personas físicamente. Y existe un espíritu de muerte que él envía para matar a las personas.

Muy bien. Ahora, si quisiéramos resumir todo lo dicho con una sola palabra, esa palabra sería “inquietud.” Las personas afligidas por un demonio generalmente tienen una cierta inquietud en un área. La persona que verdaderamente puede relajarse y estar en paz probablemente no necesita liberación.

Hablemos ahora del lugar de morada de los demonios, y creo que será el último tema que tocaremos, ya que, aunque quisiera seguir adelante, no tenemos mucho tiempo. Proverbios 25:28 dice lo siguiente:

Como ciudad derribada y sin muro es el hombre cuyo espíritu no tiene rienda.

Esta escritura dice que la parte interna de la personalidad humana es como una ciudad. Cuando la persona no tiene defensas espirituales, esa ciudad está abierta a casi cualquier espíritu maligno que quiera entrar. Tomemos como ejemplo una persona adicta a las drogas, un drogadicto. Cualquier cosa puede entrar en él, porque los muros de su personalidad están derribados. Pero en una ciudad hay muchas zonas diferentes. Está la zona donde viven los ricos, están los barrios pobres, las zonas bancarias y comerciales, los sitios donde se practican deportes y los barrios étnicos. En una época de mi vida, viví en la ciudad de Chicago, y había el barrio polaco, el barrio sueco, el barrio judío, y así por el estilo. De modo que dentro de cada uno de nosotros hay una ciudad con diferentes zonas, que se caracterizan por los residentes que hay allí. ¿Me explico? Voy a darles una pequeña lista de estas áreas. No soy sicólogo profesional; este análisis más bien está basado en mis años de experiencia.

La primera área, el área principal, es la de las emociones y actitudes. Y entre paréntesis pongo la palabra “pandillas.” Porque hay pandillas de demonios. Y cada demonio le abre camino al que le sigue. Si se encuentra con un demonio, debe empezar a buscar los demás. Mi opinión personal es que detrás de cada emoción y actitud negativa hay un espíritu maligno. Ira, temor, soledad, tristeza, compasión de sí mismo, orgullo, celos...la lista es muy larga. Ahora, el hecho de sentir ira no significa necesariamente que la persona tenga un demonio de ira, pero si su ira cae dentro de la categoría de los verbos que hemos mencionado, entonces probablemente sí tenga un demonio de ira. Hay ciertos problemas de raíz, de los cuales brotan los demás problemas. Creo que el problema de raíz más grande es el rechazo. Y el rechazo conduce a toda una serie de problemas: soledad, tristeza, compasión de sí mismo, depresión y desesperanza, y al llegar la persona a este punto, va encaminada hacia una de dos cosas: hacia la muerte, si el demonio de rechazo es pasivo, o hacia el suicidio, si es activo. No creo que nunca nadie se haya suicidado, sino impulsado por un espíritu maligno. Es mi opinión personal; no puedo comprobarlo.

Otro problema muy típico es la rebelión, la cual conduce a resentimiento, odio, ira y violencia, y produce el típico líder de pandilla.

La segunda área es la mente. De cierta forma, la mente es el campo de batalla. Algunos espíritus que afectan la mente son: duda, incredulidad, confusión, indecisión y locura. He descubierto que las personas que han estado involucradas en el ocultismo, casi siempre tienen un problema de confusión. También está la depresión; no importa que la cataloguemos como un problema emocional o mental, lo cierto es que existe.

La próxima área es la lengua. Hay muchísimos demonios que obran mediante la lengua. El principal es la mentira. La Biblia habla de un espíritu de mentira. Hay personas que mienten de manera compulsiva. Ni siquiera se dan cuenta cuando están mintiendo. Tuve un amigo así; era vendedor, y también presidente de un grupo de Hombres de Negocio del Evangelio Completo en cierta ciudad. Era buen cristiano y maravilloso orador. Sentado en nuestra sala, empezaba a hablar, y su conversación se volvía cada vez más interesante, pero también inverosímil. Mi cabeza empezaba a dar vueltas y pensaba: ¿Creerá él mismo lo que está diciendo? ¿Creo yo lo que está diciendo? Empezaba hablando de cosas veraces, y terminaba hablando de cosas fantásticas e irreales. ¿Saben cómo había entrado en él ese espíritu? Era hijo adoptivo de padres adinerados, que no tenían otros hijos, y él era todo para ellos. Ellos querían que él fuera perfecto. Él empezó a darse cuenta de que cuando llegaba a casa con sus notas escolares, sus padres se desanimaban porque no eran lo suficientemente buenas. Al mostrar ellos su decepción, él decidió que no valía la pena decir la verdad, así que simplemente empezó a mentir acerca de sus notas. Eso lo introdujo al amplio campo de la mentira. Creo que al final fue liberado. Pero esto fue para mí una revelación increíble. La verdad es que los mentirosos compulsivos son muy engañosos porque ni siquiera saben que están mintiendo. Pudieran pasar una prueba de detector de mentiras. ¿Qué más?

Están los demonios que asisten a la iglesia: la crítica y el chisme. Una vez estaba en una reunión en una iglesia, y una señora que estaba bajo la influencia de un demonio se acercó a mí, y le dije que su problema era la crítica. Dije: “Tú, espíritu de crítica, sal fuera de ella,” ¡y unas cuatro personas que estaban cerca comenzaron a ser liberadas al mismo tiempo! Están la exageración, el demonio evangelístico, y la blasfemia. Yo era esclavo de la blasfemia cuando el Señor me salvó. Era completamente incapaz de hablar sin blasfemar. Usaba lenguaje obsceno y hablaba de manera negativa.

La cuarta área es aquello que nadie menciona en la iglesia: el sexo. Ya que no se discute en la iglesia, la gente con problemas de esta índole van al siquiatra, el cual dice: “Señora, su problema es que se siente culpable, y este sentimiento de culpabilidad viene a raíz de su religión. Desista de su religión y dejará de sentirse culpable.” Ahora bien, no todos dicen eso. Pero yo diría que si una persona ha estado sentada en la iglesia por diez años, y todavía se siente culpable, su problema es su religión. De verdad. Me cambiaría a otra religión si todo lo que puede hacer mi religión es hacerme sentir culpable. Ahora, hay que hacer algunas aclaraciones con respecto al sexo. Primero que todo, el sexo no es malo. Es bueno. Debemos aclarar este malentendido. Dios creó al hombre y a la mujer como seres sexuales. Y después de mirar todo lo que había creado, dijo que todo era muy bueno, incluyendo el sexo. Uno de los grandes problemas de la iglesia es que precisamente no somos sinceros en cuanto al sexo. Nos avergonzamos de ello, somos pudibundos, y esta actitud acarrea problemas. Yo diría que todo tipo de aberración sexual compulsiva es demoníaca. Sin excepción. La masturbación, el adulterio, la fornicación, la homosexualidad, el lesbianismo, el afeminamiento y toda clase de perversiones horribles, acerca de las cuales no hablaremos. Yo diría que cada una de estas aberraciones es demoníaca. Ahora bien, no tiene que sentirse avergonzado, pero sí debe resolver su problema.

La quinta área es la codicia. Pudiéramos haber incluido el sexo aquí, pero es un tema tan particular que la mantengo separada. Apetitos y deseos pervertidos. Creo que, inicialmente, todos los apetitos eran saludables. Pero el pecado y el poder demoníaco los han pervertido a tal punto que han llegado a ser malsanos y dañinos. 1 Juan 2:16 habla acerca de los deseos de la carne y los deseos de los ojos. Hay un poder demoníaco que controla los ojos. Algunos hombres tienen que mirar a las mujeres de una cierta manera; son incapaces de resistir a este impulso. Es un demonio que está controlando sus ojos. Como ya he dicho, la glotonería es un ejemplo muy claro de un apetito pervertido. Una vez, conocí a una mujer que viajó unos cien kilómetros, bajo una tormenta de nieve, hasta Chicago, para ser liberada. Era hija de un pastor pentecostal. Como muchas personas en esa situación, se había rebelado contra sus padres y la religión de ellos, se había casado con un hombre no creyente, y había terminado muy triste y afligida. Tenía tres hijos. Vino y fue liberada del demonio de glotonería, y después me dijo: “Señor Prince, nadie puede decirme que esto no es real. Es tan real como dar a luz a un hijo, y yo he tenido tres. Además una liberación se parece un poco a un parto.” Luego me contó que anteriormente, su glotonería era tal que cuando estaban comiendo sus hijos, les quitaba la comida del plato, para comérselo ella, aun sabiendo que ellos lo necesitaban más que ella.

Pues, hablemos de las adicciones. Éstas nacen de las frustraciones. Son ramas que brotan de un tronco. Si sólo se trata con la adicción, no se ha resuelto el problema. Tomemos como ejemplo el alcoholismo y la glotonería. Una mujer es episcopal; su esposo anda con otras mujeres, no la ama, no le da suficiente dinero, y así por el estilo. Muy bien. Ella se siente frustrada, tiene que desahogarse de alguna forma, así que cruza la sala hasta donde está el bar, y llega a ser alcohólica. La otra mujer es de la Iglesia de Dios, ¿de acuerdo? Su esposo hace exactamente lo mismo. Pero, para esta mujer, llegar hasta el bar sería una trayecto muy largo. Pues, ¿a dónde va? A la cocina, y abre la nevera. Llega a ser adicta a la comida. En realidad, la diferencia es mínima. En ambos casos, a fin de ayudarlas, hay que eliminar la frustración básica, que es su actitud hacia su esposo. Muy bien. Debemos seguir adelante con la lista.

La sexta área es el campo del ocultismo. Usaré la palabra ocultismo, pero es un campo muy amplio, y cada parte es demoníaca, aun las partes decentes. Permítanme decirles que no les aconsejo que hagan ejercicios de yoga. Yo practicaba yoga regularmente, y la verdad es que no quiero absolutamente nada que ver con el yoga. No tenemos que depender del yoga para ser saludables físicamente; el Señor nos dará salud física. Quiero decir, el ocultismo es un hoyo profundo y oscuro. Es una cueva donde todos los pasos, todas las pisadas, conducen hacia adentro y ninguno conduce hacia afuera.

Muy bien, la séptima área. Todas las religiones falsas. El islamismo, el mormonismo, los Testigos de Jehová, el budismo, el hinduismo, y en algunos aspectos, el judaísmo. Bien. No hay ninguna religión falsa que no esté controlada por un demonio. Satanás es un experto en el campo de la religión. Es el campo en que él más opera.

La octava área, toda herejía. Y cuando digo “herejía,” quiero decir toda doctrina que se desvía de la fe cristiana. Busquemos un momento 1 Timoteo 4:

Pero el Espíritu dice claramente [el Espíritu con E mayúscula, es decir, el Espíritu Santo] que en los postreros tiempos [el tiempo en que estamos viviendo ahora] algunos apostatarán de la fe, [¿Qué fe? La fe cristiana. ¿Por qué?] escuchando a espíritus engañadores y a doctrinas de demonios . . .

Esto está sucediendo en gran escala hoy día. Y luego sigue, dando algunos ejemplos de sus errores:

Por la hipocresía de mentirosos que, teniendo cauterizada la conciencia, prohibirán casarse, y mandarán abstenerse de alimentos que Dios creó para que con acción de gracias participasen de ellos . . .

Especialmente en la costa occidental de los Estados Unidos, hay cientos de miles de personas así. Se consideran altamente espirituales; deciden no casarse, o si se casan, no viven con su cónyuge. Quieren también ser altamente espirituales en cuanto a lo que comen. Ahora bien, creo que es muy bueno comer alimentos saludables, pero no hago de ello una religión. ¿Me explico? Cuando lo que se come llega a ser una cuestión religiosa, se está a punto de caer en lo demoníaco. Notarán que las personas que siguen dietas noveleras nunca hablan de otra cosa. Esa es otra señal de lo demoníaco. No importa por dónde empiezan, siempre terminan hablando de comida. No coma esto y no coma aquello. Hay muchas cosas que yo no como, pero no hago de ello una religión. ¿Me explico?

Muy bien. La novena área, nuestro cuerpo físico. Y hemos visto muchos ejemplos en los evangelios. Creo que hay ciertas cosas que por lo general son demoníacas, aunque no siempre. La primera de ellas es la epilepsia. He visto a muchas personas liberadas de epilepsia. Hace unos dos años, Ruth y yo estuvimos en Lexington, Kentucky, y Dios me dio una bendición. Una señora de unos cuarenta años vino a consultarme con su hija, que tenía unos dieciocho años. Ella me dijo: “Señor Prince, hace diez años, usted oró por mí y fui liberada de un espíritu de epilepsia. Aquí está mi hija, que tiene el mismo problema; ore por ella.” Me gocé mucho con ese testimonio. Oramos por la hija, y no dudo de que haya sido liberada. He visto a muchísimas personas liberadas de epilepsia cuando se trata como un espíritu maligno. Si en una reunión alguien viene a mí, le digo: “Creo que la epilepsia es un espíritu maligno. Estoy dispuesto a ordenarle que salga de usted. ¿Quiere que lo haga? ¿Se siente preparado? Porque puede que haya una batalla. Tal vez tenga que luchar.” Si usted no quiere que lo haga, no lo haré. Algunas personas dicen que sí; otras que no.

Muy bien. Hasta aquí podemos llegar. Con esa lista de nueve verbos, hemos hablado de las actividades principales de los demonios. Y también hemos hablado de las áreas principales en las que he observado que operan. Una persona puede estar completamente libre en el área del sexo, pero estar involucrada en una religión falsa. O tal vez esté libre de opresión demoníaca mentalmente, pero esté muy perturbada emocionalmente. O puede creer una herejía, pero estar perfectamente sano. ¿Me explico? Hay muchísimos campos diferentes.

Muy bien. Hemos llegado al final de la primera parte. Con la ayuda de Dios, terminaremos de tratar este tema en la segunda reunión.

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