Los fundamentos de la liberación, Parte 2 - Como Hechar Fuera Al Enemigo

Derek Prince
Published: 1985
Last Updated: julio de 2026
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¿Te sientes atacado u oprimido y no sabes por qué? Descubre cómo las fuerzas espirituales no deseadas acceden a nuestras vidas en el sermón de Derek Prince, 'Cómo Expulsar al Enemigo' - parte 2 de la serie ‘Fundamentos de la Liberación’. Empodérate a través de la Escritura y la fe para recuperar tu libertad espiritual.
Transcript
En esta reunión vamos a empezar por responder a una de las preguntas prácticas más importantes de todo este tema, una que preocupa a muchas personas. Es ésta: ¿Cómo entran los demonios? ¿Cómo logran entrar en la vida y la personalidad de las personas? Las respuestas que les voy a dar se basan en mi experiencia, y no estoy sugiriendo en lo absoluto que sean totalmente completas. Pero les daré una lista de siete diferentes maneras en que los demonios pudieran entrar.
La primera es lo que llamaría tener un trasfondo de ocultismo. En otras palabras, alguien en su familia ha estado involucrado en las ciencias ocultas. Al hablar de ocultismo, uno se da cuenta de que está tratando con dioses falsos. Eso es lo que es en realidad el ocultismo. Es decir, se han quebrantado los dos primeros mandamientos, que son los básicos: “No tendrás dioses ajenos delante de mí” y “No te harás imágenes para adorarlas”. Todo lo que es idolatría automáticamente expone a las personas a los demonios. Y con relación a estos dos mandamientos, Dios dice que él visitará la maldad de los padres sobre los hijos hasta la tercera y cuarta generación. No creo que se aplique tanto a los otros mandamientos; Dios lo dice en el contexto de los dos primeros mandamientos. De modo que si su padre, su abuelo, su bisabuelo, o cualquier otro antepasado estuvo involucrado en el ocultismo, en una religión falsa o en idolatría, hay una puerta abierta en su vida para que entren espíritus malignos. Ahora bien, usted dirá que eso no es justo. Pues, la verdad es que con el diablo, nada es justo. Pero lo que quiero que entienda es que nadie lo está condenando por tener un problema. Sólo recibirá condenación si rechaza la solución. Ahí es donde viene la condenación. ¿Me explico?
La segunda manera es el haber participado en el ocultismo uno mismo. Y creo que ahora deberíamos leer una escritura. Hay un dicho en inglés, no sé si lo habrán oído, que dice: “Aquel que come con el diablo debe usar una cuchara de mango largo”. Sólo quiero decirles que no hay cuchara con mango lo suficientemente largo como para que uno esté protegido al comer con el diablo. Uno le da el dedo pequeño, y en un dos por tres, él se agarra casi todo el brazo. Es imposible participar en el ocultismo sin estar en peligro. Voy a leer Deuteronomio 18:10–12:
No sea hallado en ti quien haga pasar a su hijo o a su hija por el fuego, [esto es, ofrecer a sus hijos en sacrificio vivo a dioses paganos, poniéndolos en un horno. Quiero que observen que las cosas que siguen son clasificadas por Dios en la misma lista como el ofrecer a sus hijos a dioses paganos haciéndolos pasar por el fuego.] No sea hallado en ti quien haga pasar a su hijo o a su hija por fuego, ni quien practique adivinación ni agorero, [los que predicen el futuro], ni sortílego, ni hechicero, ni encantador, ni adivino, ni mago, ni quien consulte a los muertos. [Esta es una lista bastante completa. Me parece que está incluido todo tipo de práctica oculta.] Porque es abominación para con Jehová cualquiera que hace estas cosas...
Hay tantos cristianos que juegan con el horóscopo y piensan que no tiene nada de malo. Permítanme señalar que, el que hubiera jugado con el horóscopo bajo la ley de Moisés, hubiera recibido la pena de muerte. Así es que Dios ve el horóscopo.
Muy bien. La tercera manera es la que llamo influencias prenatales. Cosas que pasan estando la persona todavía en el vientre de su madre. Y hay muchos casos en que un espíritu maligno entra en la persona en esa etapa de su vida. La causa más común es el rechazo. La madre tiene resentimiento hacia el bebé que lleva en su vientre. Quizás sea soltera y el bebé va a ser una vergüenza para ella, o tal vez no se esté llevando bien con su esposo y simplemente no quiere otra carga para la familia. O quizás la situación económica no les permita cuidar de los hijos como debe ser. Sea cual sea la razón, ella resiente esa pequeña vida que está empezando en su vientre, y ese pequeño ser es muy sensible a las actitudes. No es sólo un feto; es una persona. Y nace con un espíritu de rechazo. O puede ser que una mujer encinta pase por algún susto o sobresalto. Ella cede ante el miedo, el espíritu de temor entra en ella y tiene dos opciones: puede quedarse dentro de la mujer o dentro del bebé que está en su vientre. Tal vez le sea más conveniente entrar en la criatura. De modo que cuando ese bebé nace, viene al mundo con un espíritu de temor.
Permítanme enseñarles una escritura que muchas personas no conocen, que se encuentra en 1 de Pedro 3. Es un consejo para las esposas. Sólo quiero sacar a relucir un aspecto de la escritura, donde dice a las esposas que el ejemplo para ellas en la Biblia es la actitud de Sara para con Abraham. No voy a ahondar mucho en esto; no se pongan nerviosas. 1 de Pedro 3:6:
Como Sara obedecía a Abraham, llamándole señor; de la cual vosotras habéis venido a ser hijas, si hacéis el bien, [y no termina allí] sin temer ninguna amenaza.
Para ser una hija de Abraham, hay que ser capaz de hacerle frente al temor repentino. Creo que es muy obvio que las mujeres son más propensas a sentir temor repentino o pánico que los hombres. Y como digo, he tratado con muchas personas que necesitaban liberación porque su madre sufrió algún susto, estando ellos todavía en el vientre de la madre.
Otra cosa muy interesante que noté cuando estaba trabajando a tiempo completo en este ministerio, o más bien cuando estaba más involucrado de que lo que estoy ahora, es que en los Estados Unidos había muchas personas de la misma edad que necesitaban ser liberadas de rechazo. Y empecé a preguntarme si tal vez todas habían nacido en el mismo período. Empecé a preguntarme en qué época habían nacido, y descubrí que era durante la Gran Depresión, una época de mucha necesidad en los Estados Unidos. Me imaginaba a una madre que, sin tener suficiente dinero, ya tenía seis bocas que alimentar, y entonces le llega el séptimo hijo. Y tal vez ella sea una buena mujer, pero en su corazón resiente la responsabilidad que implica ese último niño, y el bebé nace con un espíritu de rechazo.
Bien. No tenemos tiempo para detenernos en ninguno de estos ejemplos. Número cuatro. Pero permítame decirle que si usted consulta a un adivino, o una persona así, para saber qué pasará en la vida de su hijo cuando nazca, ya ha puesto a esa criatura en una posición muy desfavorable, aun antes de nacer.
Número cuatro, controlar a otras personas. Hay una diferencia entre el espíritu y el alma. No puedo explicarlo ahora, pero hay muchas personas que controlan y manipulan a otras personas mediante pensamientos y sentimientos del alma. El ejemplo mas común en la cultura norteamericana hoy día es el de la madre que domina a sus hijos, especialmente a los varones. En una época, había un libro que se vendía muchísimo entre los judíos, que se titulaba Cómo ser una buena madre judía. Y una de las lecciones era “Cómo conseguir que su hijo toque el violín en público sin usar ninguna otra motivación sino la culpa”. Bueno, si uno conoce la palabra amomo en yiddishen el yiddish hebreo le dicen amomos—se da cuenta de que este es un perfecto ejemplo de lo que estoy diciendo. Habrán oído de la dama que estaba en un teatro grande, y gritó: “¿Hay un doctor presente?” y un hombre se levantó y dijo: “Sí”, y ella le contestó: “Pues, ¡sí que tengo una hija para ti!”. Muy bien. Pero esto va aun más allá. He conocido a hombres de negocio, presidentes de banco y personas así, que tienen mucho éxito, pero que nunca han madurado emocionalmente porque todavía están atados al cordón umbilical de su madre. El cordón umbilical espiritual nunca se ha cortado. Usan una infinidad de métodos para manipular a los demás. Recuerdo a una madre que dominaba a su familia porque cada vez que algo no salía como ella quería le daba una migraña. Y toda la familia tenía que andar de puntillas, no hablen, no hagan ruido, mamá tiene otro de sus dolores de cabeza. Ella no se daba cuenta, pero, mediante sus jaquecas, les impedía hacer cualquier cosa que ella no quería que hicieran.
Hay dos malas palabras en este contexto: dominar y manipular. Encontrarse con ellas es encontrarse con el diablo.
Muy bien. Número cinco. He tenido que decirles a algunas personas: “Escuche, si usted quiere que lo ayude, tengo que ser sincero. La verdad es que su madre es una bruja. Todavía tiene que honrarla, pero es una bruja”. Después que algunas personas reciben liberación, he tenido que decirles: “Simplemente no eres libre de ir a la casa de tus padres. No vas a poder visitarlos, porque no tienes la fortaleza espiritual para mantenerte libre de ese espíritu de control y manipulación”.
Número cinco, presiones en los primeros años de la niñez. He descubierto que las defensas espirituales y emocionales de un niño no son lo suficientemente fuertes para mantener alejada la presión demoníaca constante. Ahora, en Santiago 3:16 dice algo que vale la pena recordar. Santiago 3:16:
Porque donde hay celos y contención, allí hay perturbación y toda obra perversa.
De modo que cuando hay pleitos y contiendas entre los padres, automáticamente se crea un ambiente en la que los hijos están expuestos a la influencia demoníaca. Y yo diría que noventa por ciento de los niños son incapaces de resistir a estas influencias. Me he fijado que ochenta por ciento de los problemas demoníacos empiezan antes de la edad de cinco años. Y los padres son los responsables de esa situación.
Número seis, un momento de debilidad, o un punto débil. Puede ser una debilidad física o emocional. Una mujer está en la esquina de una calle y un terrible accidente automovilístico ocurre delante de sus ojos. Queda expuesta al espíritu de temor. O una mujer tiene un solo hijo; este es un caso real, con el cual traté. El hijo, que tiene cinco años, muere. Ella entra en un estado de depresión y se mantiene así por años. Se ha abierto al espíritu de aflicción, que es un espíritu muy fuerte. O una mujer está esperando casarse y al último momento, la boda se cancela y ella cede al espíritu de decepción, y vive su vida con un sentimiento de insuficiencia.
Recuerdo que una vez, hace años, estaba enseñando en cierto lugar, y en la primera fila había una señora que era pentecostal y muy fiel a las Escrituras. Por casualidad, mencioné el espíritu de decepción. Miré su rostro; éste se descompuso. Ella cambió por completo; toda su personalidad cambió, hasta que fue liberada de aquel espíritu de decepción. Porque si uno pone sus esperanzas en algo, y luego no resulta, probablemente se esté exponiendo a una fuerza demoníaca.
Ahora, otro tipo de debilidad es la debilidad física. Permítanme darles este ejemplo. He dicho que la epilepsia a veces es causada por un espíritu maligno. Hace unos años, mi primera esposa y yo conocimos a una muchacha de unos dieciocho años que vino a consultarnos. Había oído un casete mío. Ya le habían diagnosticado epilepsia, y estaba tomando medicamentos, pero estaba convencida de que era un espíritu maligno, y vino a nosotros para recibir liberación. Lydia y yo oramos por ella, y sentimos que el espíritu se fue. Pero luego sentí que el Señor me decía que él no había terminado de trabajar en ella. Así que le pregunté a la muchacha cómo había empezado todo eso, si había empezado con una lesión física. Y ella dijo que sí, que había recibido un golpe en la cabeza con una pelota de béisbol, y que a partir de ese momento habían empezado los ataques epilépticos. “Bueno”, le dije, “El golpe fue algo netamente físico, pero le abrió la puerta a un espíritu de epilepsia”. El punto débil fue la lesión en el cerebro. Entonces le dije: “Creo que el espíritu se ha ido, pero necesitamos cerrar la puerta”. Así que Lydia y yo le impusimos las manos y oramos para que su cerebro fuera sanado. Estuve en contacto con ella por unos tres años después de eso, y nunca volvió a tomar medicinas, ni volvió a sufrir otro ataque epiléptico. Les cuento esto para darles un ejemplo de un momento de debilidad o un punto débil.
Y por último, actos o hábitos pecaminosos. Si una persona persiste en un hábito que es pecado, puede estar segura que tarde o temprano, se convertirá en un problema demoníaco. Les daré un ejemplo de un acto pecaminoso. Una vez tuve que orar por una joven que fue a ver la película El exorcista. Ella sabía que no debía ir, pero fue, y algo entró en ella. Tuvo que venir y confesar como pecado el haber penetrado en territorio prohibido, y luego fue liberada. O tal vez una persona va a ver una película pornográfica, y algún demonio sexual, un demonio de lujuria, entra en ella. Pero no podrá ser liberada hasta que confiese el pecado que le abrió la puerta al demonio, ¿entienden?
Muy bien. Ahora llegamos al meollo del asunto: cómo ser liberado. Esto es lo que todos nosotros necesitamos saber. Y les voy a dar una lista de pasos sencillos y básicos. No digo que sea necesario seguir todos estos pasos, pero he observado que son pasos importantes.
Número uno, sea humilde. ¿De acuerdo? Cuando escriba el número dos, verán por qué digo esto.
Sea sincero. Entienda que para ser sincero, se necesita humildad. Les digo a las personas que no usen un nombre siquiátrico complicado para señalar su problema, sino que lo reconozcan como lo que es. Llame al pan, pan y al vino, vino. Muy bien. Si es lujuria, diga que es lujuria. Si es odio, diga que es odio. Les digo a las mujeres que le den el nombre que le darían si su marido tuviera el problema; así le darán el nombre correcto. Pero esto requiere humildad. ¿De acuerdo? No podrá enfrentarse a la verdad a menos que se humille. Recuerden que la Biblia dice que somos nosotros los que tenemos que humillarnos. Siempre habla de humillarse a sí mismo. No le pida a Dios que lo haga humilde, porque él lo avergonzará, y entonces tendrá que ser humilde. Pero es su decisión.
Por ejemplo, si está buscando liberación, en un momento dado, tal vez tenga que escoger entre su decoro o su liberación. Ahora, si su decoro es más importante para usted que su liberación, ¿sabe cuál es su problema? Así es, orgullo. Siempre me acuerdo de la esposa de un doctor en el estado de Alabama. Era toda una dama sureña. Escuchó mi enseñanza, y se me acercó, diciéndome: Señor Prince, si le entiendo bien, si yo recibo liberación, puede ser que grite.Le dije que podía suceder así. Ella dijo:— Mi educación me dice que las damas no gritan en público.— Bueno — le dije —, imagínese que se estuviera ahogando en un río, y que se estuviera hundiendo por tercera vez. De creer que hubiera alguien en la ribera que pudiera rescatarla, ¿tendría demasiada educación para gritar? Pues, usted decide. Puede escoger ahogarse o puede ser un poco menos educado por cinco minutos. Les aconsejo a las personas que dejen de preocuparse por ser decorosas, porque ya después de recibir liberación, podrán volver a serlo, y serlo aun más que antes porque no tendrán ese demonio molestándolas todo el tiempo. Bien. Pero en mi opinión, la humildad es la clave.
Muy bien. El siguiente paso es confesar su fe en Jesucristo porque él es el sumo sacerdote de nuestra confesión. Cuando hacemos la confesión debida, él viene a ayudarnos, pero si no, él no se aparecerá para ayudarnos.
Número cuatro, confesar todo pecado que uno sabe que ha cometido. Muy bien. Escribiré lo mismo aquí, y quisiera añadir “que hayan cometido usted o sus antepasados”, pero no hay espacio en la línea. En algunos casos, uno tiene que identificarse con el problema de la familia y decir: “Es mi problema, lo confieso y pido perdón”. Aunque haya sido su abuela o su tía o quien sea.
Número cinco, arrepentirse de todos los pecados. Sin arrepentimiento—recuerden lo que hemos estado diciendo desde el principio—sin arrepentimiento, no hay liberación. Y ahora voy a leer Proverbios 28:13, que dice:
El que encubre sus pecados no prosperará; mas el que los confiesa y se aparta alcanzará misericordia.
¿Quiere misericordia? Tiene que hacer dos cosas: confesar y apartarse. Es el mismo mensaje de siempre, pero es que Dios no ha cambiado. Muchas personas piensan que si no confiesan su pecado, Dios nunca se enterará. De verdad, he conocido a muchas personas así. Ese es un error. Dios ya está enterado. Él no pide que lo confesemos para enterarse, sino para poder tener misericordia de nosotros, ¿me explico? Y permítame darle otras buenas noticias: a Dios no le perturba nada. Usted puede decirle lo peor acerca de su persona; él ya lo sabe, y todavía lo ama. Pero si deja de decírselo, no podrá deshacerse de su problema.
Muy bien. Número seis, romper con el ocultismo, las maldiciones—Vamos a tratar ese tema esta noche; no puedo detenerme para hablar de eso ahora—y las sociedades secretas. Bien. Especialmente con la masonería. De ahí surgen los problemas demoníacos más horribles. Y va de generación en generación. Acarrea el atraso mental, la cojera, y todo tipo de problemas. Muy bien. En realidad, eso es parte del arrepentimiento, pero lo he tratado por separado.
Número siete, perdonar a los demás. A todos y cada uno de ellos. Don Basham y yo teníamos, hace años, un amigo que era veterinario. Necesitaba liberación, pero no fue liberado hasta que no perdonó todo el Departamento de Recaudación de Impuestos. Ese era su problema. Estoy seguro que ninguno de ustedes tiene ese problema. Jesús dijo en Marcos 11:25: “Y cuando estéis orando, perdonad, si tenéis algo contra alguno”. Ahí está incluido todo el mundo. Es su responsabilidad perdonar. No debemos esperar hasta que los demás se humillen y nos digan que están arrepentidos por lo que han hecho. No los perdonamos por el bien de ellos ante todo, sino por nuestro propio bien. Le digo a la gente que perdonar a los demás no es ser altamente espiritual o sentimental; ¡es darnos cuenta de lo que en realidad nos conviene hacer! Eso es todo.
Y el número ocho, una breve y hermosa palabra: expulsar. Hablaremos de esto un poco más tarde, pero no lograremos nada siendo pasivos. Tenemos que actuar. La acción más sencilla que podemos realizar es empezar a exhalar. Tanto en griego como en hebreo, la palabra para “espíritu” es la misma que se usa para decir “aliento”. Recuerdo que un niño, o mejor dicho su madre, vino a consultarme, y me pidió que orara por su hijito que tenía unos cuatro o cinco años. Le dije: ¿Cuál es su problema?— Las alergias — dijo ella.— ¿Qué tipo de alergias?— Es alérgico a las comidas.— ¿A qué comidas?— Dígame a qué no es alérgico.— Bien — le dije —, voy a tratar con esto como si fuera un espíritu demoníaco, ¿de acuerdo?— Está bien — dijo ella.— Tengo que hablar con su hijo — le dije. Entonces le dije a él en un lenguaje sencillo de niño:— Hay un espíritu malo, como un aliento, dentro de ti. Le voy a ordenar que salga en el nombre de Jesús y quiero que lo sueltes. Así que cuando yo diga “En el nombre de Jesús”, sopla, y sácalo de ti. Él se portó como un soldadito. Oré por él y dije “En el Nombre de Jesús”, y él empezó a hacer así (sonidos de soplar). Eso fue todo. Me preguntaba si había funcionado o no, pero tuve que dejarlo en manos del Señor. Tres días después, la señora vino y me pidió que orara por ella. Le pregunté cuál era el problema, y me dijo que tenía alergias. Le dije: “Primero dígame qué pasó con su hijo”. “Bueno”, dijo, “Regresó a casa, fue directo a la nevera, la abrió y comió de todo lo que había allí y nada le hizo daño”. Ven lo sencillo que es. A menos que nos hagamos como niños, no recibiremos estos beneficios.
Muy bien. Así es que se expulsan los demonios. Ese es el dato más importante. Aunque no entienda cómo entraron, lo que importa es saber cómo echarlos fuera. Gracias.
Ahora vamos a abarcar un tema problemático: el por qué algunas personas no son liberadas. Bien. Esto es principalmente para los que van a estar en este ministerio. Por qué algunos no son liberados. Básicamente es porque no cumplen con los requisitos. Escuche, la liberación no es tanto una prueba del poder espiritual suyo; es una prueba de que la persona ha cumplido con los requisitos. No se concentre en usted mismo. Concéntrese en conseguir que las personas cumplan con los requisitos, porque cuando lo hacen, serán liberadas. Quizás se sienta como un enano espiritual, pero está representando a un Cristo victorioso.
Muy bien. Número uno, falta de arrepentimiento. Bien. No hay ninguna garantía para el que no esté dispuesto a arrepentirse.
Número dos, falta de desesperación. A mi juicio, la liberación es para los desesperados. Muchas veces les digo a las personas que vuelvan cuando estén desesperadas. Desesperadas, así es. Falta de desesperación. En resumen: pasividad. En particular, las personas que han estado involucradas en sectas orientales son así. Estas sectas animan a las personas a poner su mente en neutro, ¿me explico? Y muchas veces hay que hacer algo para estimularlas. Quiero decirlo otra vez: Cristo nos ha dado autoridad sobre los espíritus malignos, pero no sobre la voluntad humana. Uno no puede decidir por otra persona. La persona tiene que decidir por sí mismo.
Número tres, motivos equivocados. Bien. La escritura que les daré es Santiago 4:3 que dice: “Pedís, y no recibís, porque pedís mal, para gastar en vuestros deleites”. No somos liberados sólo para salir de nuestros problemas y luego volver a nuestra vieja manera de vivir, ¿entienden? Muchas personas quieren ser libradas de sus problemas, pero no quieren arrepentirse. Somos liberados para servirle al Señor. Las personas que sólo quieren salir de sus problemas por motivos egoístas no reúnen las condiciones necesarias para ser liberadas.
Número cuatro, egocentrismo. Es mejor que ustedes mismos revisen la lista a medida que avanzamos. Muy bien. Deseos de llamar la atención. Algunas personas no son liberadas porque ya no serían el centro de atención, ¿me explico? Encontrarán que en algunos casos crónicos, la persona en realidad no quiere ser liberada porque es una persona triste que ha sido muy rechazada y este es el único momento en que los demás se fijan en ella. Una cosa que notará en todas las personas afectadas por demonios es que de una manera u otra son egocéntricas. De hecho, el egocentrismo atrae los demonios. A veces simplemente hay que dejar que la persona se vaya, y decirle: “Pues ha oído suficiente; es capaz de hacerlo por sí mismo. Si no lo hace, nadie lo va a hacer por usted”.
Número cinco, el no apartarse de las ciencias ocultas. Y eso incluye deshacerse de objetos relacionados con el ocultismo. ¿De acuerdo? Por ejemplo, pequeñas estatuas de Buda, amuletos, o herraduras de caballo. Cualquier cosa que tenga que ver con la superstición es demoníaca. Moisés le dijo a Israel: “Si traes algo maldito a tu casa, vienes a ser maldito como el objeto”. La mayoría de los creyentes necesitan revisar para ver si hay cualquier cosa maldita en su hogar, y deshacerse de mucha basura. Para mí es un principio: no quiero que haya nada en mi casa que deshonre a Jesucristo o que honre a Satanás.
Uno de los grandes pasos que di en mi vida fue cuando heredé de mi abuelo cuatro hermosos tapices de dragones chinos. Dragones imperiales con cinco garras, no cuatro. Eran muy hermosos. En realidad, no eran objetos de culto, pero mientras más lo pensaba, más me daba cuenta de que el dragón era en realidad un símbolo de Satanás, y que no podía darme el lujo de hacerle propaganda en las paredes de mi hogar. De modo que los quité de la pared y me deshice de ellos. En realidad, no fue nada planeado; no necesitaba hacerlo, ni estaba muy motivado a hacerlo, pero simplemente me di cuenta de que era lo mejor. Y prosperé en una medida totalmente nueva una vez que saqué los dragones de mi casa.
Muy bien. Número seis, el continuar una relación que no es sana. A veces uno tiene que suspender ciertas amistades si son malsanas, si lo atan a uno, si son—no sé qué palabra usar—demasiado sentimentales. Un sentimentalismo empalagoso que no es sincero.
Muy bien. Número siete, el estar bajo una maldición. Como vamos a tratar ese tema esta noche, no voy a tratarlo ahora. Algunas personas están bajo una maldición y no serán liberadas o sanadas hasta que no se rompa la maldición.
Número ocho,—se me está terminando el espacio—el hecho de no confesar un pecado específico. El ejemplo obvio es el aborto. Cualquiera que ha buscado hacerse un aborto es culpable de asesinato a los ojos de Dios. Y hay que confesarlo específicamente como asesinato. Esto no lo decido yo; yo no soy el que hago las reglas, ¿entienden? Solamente las estoy interpretando. Yo trataba de ministrar liberación a las personas; el demonio subía hasta su garganta pero no salía. Deténgase y pregunte. Me acuerdo de una joven de dieciséis años; la trajo su mamá. Finalmente le dije: “Mira, hay algo que vas a tener que confesar para que esto pueda salir”. Y al final, ella confesó que se había hecho un aborto, sin que la madre supiera nada. En el momento que ella confesó, el demonio salió. Fue tan bello ver a la madre y la hija abrazarse y recibirse mutuamente. Pero en mi opinión, este es un principio inmutable.
Número nueve, que es uno controversial, no separado por ¿qué? ¿Cuál es la ordenanza de separación en el Nuevo Testamento? El bautismo, así es. El bautismo en agua. Muy bien. Recuerden que los israelitas fueron liberados en Egipto por la sangre del cordero. Pero fueron separados de Egipto por las aguas del Mar Rojo. Y fueron las aguas las que impidieron que los egipcios los siguieran. Pudieron seguirlos hasta las aguas. En mi opinión, las personas que no están dispuestas a ser bautizadas en agua, no están capacitadas para permanecer libres. Esta no es una opción. No estoy tratando esto como un asunto denominacional; simplemente estoy afirmando que esa es la verdad. Si puede conseguir que Dios acepte su punto de vista, perfecto. Pero yo no voy a ser partícipe de ese acuerdo.
Muy bien. Número diez; este es uno muy complicado. Ser parte de una batalla más grande que requiere acción conjunta. Algunas personas son lo que llamo “el campo de batalla de Satanás”. Y él está siempre atacándolas, no por lo que son en sí mismas, sino por lo que representan. No tengo tiempo de entrar en detalles, pero hay personas que son la responsabilidad del cuerpo entero. Para darles un ejemplo, había un joven que padecía del mal de Hodgekin. Es una enfermedad incurable; sólo es cuestión de tiempo. Pues, él formaba parte de un grupo cristiano, y cuando el grupo prosperaba, él se sentía bien; no se enfermaba. Si espiritualmente, algo andaba mal con el grupo, él empezaba a enfermarse. Y al final Satanás invadió el grupo, lo dividió y lo destruyó, y este joven murió. ¿Entienden? Su condición física era un barómetro preciso de la condición espiritual del grupo al que pertenecía. Hay personas así. Uno no es el que escoge.
Muy bien. Un tema más antes de terminar: cómo mantener su liberación. Bien. Generalmente no me da tiempo de enseñar sobre esto. Tengo una serie de seis casetes que se llama “Demonología y liberación” que pueden adquirir. El último casete se llama “Siete maneras de mantener su liberación”. De modo que si no logro entrar en detalles, ya saben.
Número uno, haga a Jesús el Señor, ¿de acuerdo? Normalmente, al final de un servicio de liberación, les digo a las personas que han sido liberadas, que no salgan del auditorio hasta que hayan hecho a Jesús el Señor de todas las áreas de su vida. ¿Recuerdan las palabras de Jesús en Mateo 12? Dice que cuando el espíritu inmundo sale del hombre, anda por lugares secos, buscando reposo. Entonces dice: Volveré a mi casa. ¿Qué quiere decir aquí “mi casa”? La persona en la que estaba el espíritu. Y cuando regresa, encuentra tres cosas: la casa está desocupada, barrida y adornada. ¿Cuál es el problema? No hay ningún problema con tener la casa barrida, ni tampoco con tenerla adornada. ¿Entonces, cuál es el problema? Está desocupada. Está vacía; a nadie se le ha permitido entrar a morar en ella. Solamente hay una persona lo suficientemente fuerte para mantener al diablo fuera de su vida. ¿Saben quién es? Jesucristo. Cada área que ocupa Jesús está segura, pero toda área en que él no es Señor está desprotegida. ¿Ha viajado alguna vez por los Estados Unidos? Alrededor de las seis o siete de la noche, al buscar un motel para pasar la noche, uno va buscando dos palabras en letras rojas de neón. ¿Cuáles son? “Habitación disponible”. Eso es. Y cuando uno las ve, ya sabe que podrá quedarse ahí. Pues, en el mundo espiritual, cada área de su persona que no esté completamente bajo el señorío de Jesús tiene ese letrero en letras rojas de neón: “Habitación disponible”. Y el enemigo sabe que es bienvenido. Y cuando entra, probablemente traiga otros siete peores que él.
Muy bien. Número dos. Sólo voy a escribir “manto de alegría”. La Biblia dice que Dios nos ha dado manto de alegría en lugar del espíritu angustiado, ¿verdad? Fíjese, cuando nosotros alabamos al Señor, molestamos al diablo más de lo que él puede molestarnos a nosotros. Permítanme contarles esto brevemente.
Hace años, antes que yo entrara en este ministerio de liberación, estaba pastoreando una iglesia pentecostal común y corriente en Londres. Teníamos dos judías rusas, salvas y bautizadas en el Espíritu Santo, que habían escapado milagrosamente de Rusia. Mi primera esposa y yo estábamos orando con ellas. Pues, ellas realmente sabían alabar al Señor. Quiero decir, no eran tímidas. Decían que en Rusia los bautistas alababan al Señor con más vigor que los pentecostales fuera de Rusia. Y estábamos allí gozándonos en el Señor cuando alguien llamó a la puerta. Fui a ver quién era, y allí estaba una mujer que era miembro de la iglesia. Tenía asido de la mano a su esposo. Dijo: “Este es mi esposo. Acaba de salir de la cárcel y tiene un demonio”. Bueno, esas noticias no fueron gratas porque yo no sabía cómo hacer con los demonios. Pero no podía negarme a ayudar al hombre, así que llevé a la pareja adonde estábamos todos orando. Y dije: “Vamos a orar”. Ya saben, el que ora siempre queda bien; siempre es espiritual orar. A veces no produce ningún resultado, ¡pero por lo menos suena bien! De modo que seguimos orando y a las dos hermanas rusas no les importaba nada; estaban alabando al Señor. Entonces el hombre se acercó a mí y dijo que había demasiado ruido y que se iba. Pues, no medité mucho en mi respuesta, pero le di la correcta. Le dije: “Escuche, a quien no le gusta el ruido es al diablo, porque estamos alabando a Jesucristo. Usted tiene dos opciones. Si se va ahora, el diablo se irá con usted. Si se queda, el diablo se irá sin usted”. Y él dijo: “Me quedaré”. Que yo sepa, no pasó más nada, pero unos diez minutos después, él vino y me dijo: “Acaba de irse. Sentí que salió por mi garganta”. Pues, eso fue para mí una demostración muy clara de lo mucho que al diablo le disgusta que alabemos a Jesús. Si nos ponemos el manto de alegría, él no se acercará a nosotros, porque lo incomodaremos a él más de lo que él puede incomodarnos a nosotros.
Número tres, vestirse de toda la armadura de Dios. Eso es obligatorio. Está en Efesios 6:14–17, empezando con el versículo 12, así es. Bien. Todo eso lo tienen escrito; no tengo que explicárselo todo.
Número cuatro, vivir de la Palabra de Dios. ¿Qué dice Mateo 4:4? “No sólo de pan vivirá el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios”. No podemos vivir por nuestras emociones. Es lo más peligroso que podemos hacer. El que vive así es muy inestable; y cada vez que se pone de mal humor, ha abierto la puerta. Hay tres palabras: Hechos, Fe, y Emociones. Pues, hay que mantenerlas en ese orden. Los hechos están en la Palabra de Dios. La fe es creer los hechos, y luego, las emociones toman su lugar debido. Pero si invertimos el orden y empezamos a vivir por nuestras emociones, perdemos nuestra ancla. Somos como barcos a la deriva, sin ancla.
Número cinco, someterse a Dios, ¿y qué más? Resistir al diablo, así es. Así dice Santiago 4:7. Observen qué viene primero. ¿Qué tenemos que hacer primero? Someteos a Dios. Si estamos sometidos a Dios y luego resistimos al diablo, ¿qué es lo que dice la Biblia que sucede? ¿Él haré qué? Huirá de vosotros. ¿Lo creen? Muchos cristianos están haciendo todo lo contrario. Se someten al diablo y resisten a Dios, ¿me explico? De verdad, muchos lo hacen.
Muy bien. Número seis. Sólo voy a poner “tener comunión con las personas debidas”. Es importante el tipo de comunión que tengamos. 1 de Juan 1:7. Si andamos en luz, como él está en luz, ¿qué pasa? Tenemos comunión. Si usted no está teniendo esa comunión, no está en la luz. No está protegido por la sangre. La sangre sólo limpia cuando estamos en la luz. Usted siempre tendrá comunión con alguien. ¿Con quién será? ¿Con los santos, o con los impíos? Pablo dice: “Y no participéis en las obras infructuosas de las tinieblas”. La comunión que tengamos es una prueba de nuestra madurez espiritual.
Número siete, no sé cuántos tengo. ¿Cabrán todos? Sí. Estar bajo disciplina. Muy bien. No se puede ser un cristiano verdadero sin estar bajo disciplina. Autodisciplina, disciplina familiar, disciplina gubernamental, disciplina escolar, disciplina en la iglesia; hay muchos tipos de disciplina. Y aquel que la rechaza es un rebelde. ¿Y saben lo que dice la Biblia acerca de los rebeldes? 1 de Samuel 15:23: “Como pecado de adivinación es la rebelión”. Cuando una persona se rebela, inmediatamente se expone al espíritu de hechicería. ¿De acuerdo? Disciplina. ¿Entendieron la idea? Para muchas personas hoy día es una palabra sucia. Hay que empezar por tener autodisciplina. Muchos cristianos consienten sus humores, caprichos y antojos. No somos libres de hacer eso. Es tan peligroso como dar rienda suelta a nuestros impulsos sexuales. No somos libres de hacerlo.
Número ocho, este es el último. Haga de Jesús el centro de su vida. ¿De acuerdo? Notarán que todo empieza y termina con Jesús. Y voy a poner una escritura aquí, Juan 12 ¿qué? 31 y 32. Que dice, Jesús dice:
Ahora es el juicio de este mundo; ahora el príncipe de este mundo será echado fuera. Y yo, si fuere levantado de la tierra, a todos atraeré a mí mismo.
Observen el orden. Cuando Satanás es echado fuera, ¿qué es lo que hay que hacer? Levantar a Jesucristo. Así es. Llene el vacío con Jesús. Cuando echamos fuera a Satanás, se crea un vacío. Es muy importante llenar este vacío debidamente. Concéntrese en Jesús. No se concentre en los demonios. No le dé al diablo demasiada publicidad; a él le encanta eso. Los demonios son reales así como lo son los microbios, los virus y cosas así. Tenemos que reconocer que existen y enfrentarnos a ellos. Pero una persona sana no anda pensando todo el tiempo en microbios y virus, ¿verdad? De cierta forma, la salud los excluye. No empiece ahora a ver demonios en cada rincón. Y si es de alguna iglesia tradicional o quizás no tan tradicional, no se acerque a su pastor o sacerdote, para señalarlo rudamente y decirle que tiene un demonio. Tal vez sea cierto, pero no es la manera correcta de manejar la situación.
Muy bien. Hemos avanzado sumamente bien con respecto al tiempo, y quiero terminar de una manera muy práctica. Muchísimas gracias. Esto es opcional. Quiero que comprendan que no estoy obligando a nadie. Pero si hay algunos de ustedes aquí esta mañana, o más bien, esta tarde, que en base a lo que han escuchado, o quizás por experiencias previas, creen tener un problema. Un problema demoníaco. Hay un área de su vida en la que Jesús no está en control y tampoco lo está usted. Tal vez tenga control del noventa por ciento, pero queda ese otro diez por ciento. Puede ser su mal genio, su mente, su vida sexual, o quizás la manera en que se relaciona con los demás, pero hay un área en que necesita liberación. Quiero ayudarlo. Creo que puedo decir con toda honestidad, que he ayudado a cientos de miles de personas. Esto funciona. Lo que quisiera hacer por ustedes, los que quieren ayuda, es invitarlos en unos momentos a ponerse de pie y decir una oración. No van a dirigir su oración a mí, sino a Jesús. Recuerden que hay un solo libertador. ¿Cuál es su nombre? Jesucristo. Si usted quiere liberación, tiene que venir al libertador; no hay otra alternativa. Jesús dijo: “Al que a mí viene, no le echo fuera”. Si usted viene, él lo recibirá. Ahora bien, este es un método que he usado cuando hay grandes multitudes. Apenas dos semanas atrás, en Nueva Zelanda, en el viejo ayuntamiento de Wellington, tuvimos por lo menos dos mil personas. Y funcionó con dos mil personas; los resultados fueron dramáticos. Nunca he visto a tantas personas liberadas en tan poco tiempo. Así que les ofrezco hacer lo siguiente, y esto es sólo una invitación. Los guiaré en una oración en la que tendrán la oportunidad de humillarse, venir a Jesús y afirmar que han cumplido con los requisitos, ¿de acuerdo? Pondré en su boca las palabras. Renunciarán al ocultismo y a todo contacto con el poder satánico. Perdonarán a todo aquel que los haya perjudicado o les haya hecho daño. Se librarán de toda maldición sobre su vida; tendrán que hacerlo en fe, sin tener el entendimiento. Y luego se presentarán a Jesús para que él los libere. Y cuando hayan dicho la oración y cumplido con todos los requisitos, lo último que dirán es amén, ¿de acuerdo? Cuando hayan dicho amén, no hagan ninguna otra oración. El orar es una actividad muy piadosa. Suena bien, pero mientras usted esté orando, no podrán salir los demonios. ¿Me explico? Ellos no pueden salir si usted está orando. No hable en lenguas. Es muy bueno hablar en lenguas, pero tiene el mismo efecto; impide que salgan los demonios. Es como cuando la ambulancia o el carro de la policía van por la calle con la sirena sonando y las luces de alarma encendidas. Todos los autos se salen de la vía y los dejan pasar. Así es que salen los demonios, ¿me explico? Ábrales camino. Suéltelos. Deje que salgan.
Ahora bien, dije que la fe sin obras es muerta. Yo no, sino que lo dice la Biblia. Bien. Así que, después de decir la oración, no se quede allí sin hacer nada, esperando que algo ocurra. Haga algo muy sencillo. Empiece a exhalar. Expulse el demonio. Si tiene un problema, verá que pronto saldrá de usted más que simplemente aliento humano. Eso es lo que queremos. Ahora, cuando eso pase, quizás sus acciones no parezcan muy decorosas. Tal vez no se comporte de una manera muy religiosa. Si decide mantener su decoro, y ser religioso, perderá aquello por lo que ha orado. Usted es el que escoge. Le sugiero que se entregue completamente al proceso de liberación, para que puedan salir definitivamente los demonios. Le digo a la gente que el diablo no es ningún caballero; entra sin que lo inviten y por lo general hay que echarlo a patadas. Échelo fuera a patadas. No se compadezca de él. Ódielo. Escuchen, no es pecado odiar al diablo; es pecado no odiarlo. El ser pasivo e indiferente es pecado.
Muy bien. Los que quieran hacer esta oración, pónganse de pie ahora mismo. No tenemos sino unos tres minutos. Muy bien. Vamos a dirigir nuestra oración a Jesús, el libertador. No al hermano Prince. Quiero que digan estas palabras; todas van de acuerdo a la Biblia y a lo que he enseñado. ¿De acuerdo?
Señor Jesucristo, yo creo que tú eres el Hijo de Dios, y el único camino a Dios. Que moriste en la cruz por mis pecados, y resucitaste de entre los muertos. Vengo a ti ahora para recibir misericordia y perdón. Creo que me perdonas y que me recibes como tu hijo. Y ya que tú me recibes, me recibo a mí mismo como hijo de Dios. Y ahora, Señor, tú sabes ese problema específico que tengo, y las influencias demoníacas que me atormentan. Señor, quiero cumplir con tus requisitos y recibir tu liberación. Antes que nada, perdono a todo el que me haya perjudicado o hecho daño. Los perdono a todos ahora mismo. Ahora haga una pausa y en voz baja, nombre a las personas que necesita perdonar. Seguimos. Señor, he perdonado a todas estas personas. He dejado toda amargura, todo resentimiento, todo odio y toda rebelión. Y creo que me has perdonado. Te doy gracias por ello. También renuncio a todo contacto con Satanás, con los poderes ocultos, con las sociedades secretas, con todo lo que se encuentre en el territorio de Satanás. Me arrepiento de haber pisado ese territorio y ahora le doy la espalda. También, Señor, si hay una maldición en mi vida, te doy gracias que en la cruz fuiste hecho maldición para que yo pudiera ser redimido de la maldición, y recibir la bendición. Declaro que estoy redimido de la maldición y que recibo la bendición. Y ahora, Señor, quiero venir en contra de cualquier espíritu maligno que ocupa cualquier área de mi personalidad. Quiero decirte que los odio. Son mis enemigos. No haré las paces con ellos. No cederé ante ellos. Ya no tendrán ningún lugar en mi vida. Me enfrento a ellos ahora y en la autoridad de tu nombre, Jesús, les ordeno que salgan de mí. Los expulso ahora mismo en el nombre de Jesús. Amén.
Muy bien. Dejen de orar. Yo haré la oración final; echen fuera ustedes los demonios. Empiecen a expulsarlos en fe, ahora mismo.
Ahora Señor, como tu siervo y representante aquí esta mañana, bajo la autoridad de los líderes locales, tomo dominio en el nombre de Jesús sobre todo espíritu demoníaco que ha sido renunciado y les ordeno que se vayan ahora en el nombre de Jesús. Liberen a estas personas y salgan fuera de ellas ahora en el poderoso nombre de Jesucristo, que todo lo puede. Declaro que Jesucristo es el Señor sobre esta reunión, y que él ha vencido a Satanás. Él tiene las llaves de la muerte y del Hades. Toda autoridad le ha sido dada en los cielos y en la tierra. Satanás, tu estás sujeto a nosotros por el poder del nombre de Jesús. Tienes que obedecernos. Tienes que irte de estas personas. No puedes hacer otra cosa. La Biblia dice que tienes que irte, así que vete, Satanás. En el nombre de Jesús. Amén.
Ahora simplemente reciban una liberación completa. Libérense de todo. Cuando la unción está aquí, uno puede librarse de todo; es mucho más difícil hacerlo cuando la unción se va. Eso es, no se fijen en los demás. No se preocupen por ser decorosos; en pocos momentos podrán serlo otra vez. Eso es, gracias, Señor. Gracias, Padre. Gracias, Señor Jesús. Alabamos tu santo nombre. Alabamos tu nombre, Señor. Gracias Señor. Amén.
Siga insistiendo; el diablo es obstinado, pero usted tiene que ser aun más obstinado. Amén, gracias, Señor. Gracias, Señor. Gracias, Padre. Gracias, Señor. Gracias, Señor.
Ahora, si cree que ha sido liberado, empiece a darle gracias a Dios, y recuerde, antes de salir de este lugar, haga a Jesús el Señor de su vida.
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