Acción de gracias, alabanza y adoración

Derek Prince
Published: 1989
Last Updated: julio de 2026
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Abraza el increíble poder de la oración más allá de solo pedir. Inicia una profunda conexión espiritual con 'Acción de Gracias, Alabanza y Adoración' de Derek Prince. Experimenta una transformación al aprender a acercarte a Dios mediante la gratitud y la alabanza, convirtiendo tu vida de oración en una sinfonía de fe y comunión.
Transcript
Nuestra primera enseñanza tratará del tema de dar gracias. Muchas personas tienen la idea de que la oración es simplemente pedirle cosas a Dios, es decir, ir a Dios con una lista de peticiones. Esta manera de enfocar la oración es muy limitada e incompleta. La oración no constituye el sonido que emite un solo instrumento, sino más bien la melodía de toda una orquesta, la cual está compuesta de muchos instrumentos. Estaremos hablando de tres de ellos: la acción de gracias, la alabanza y la adoración.
Todos estos son elementos indispensables de la oración. Si usted simplemente se ha acostumbrado a venir a Dios con su lista de peticiones sin aprender a integrar, en particular, la acción de gracias y la alabanza, me temo que muchas veces volverá con las manos vacías. Dios ha establecido ciertas condiciones que tenemos que cumplir si queremos acercarnos a él. Permítame decirle desde el principio que es imposible llegar a la presencia de Dios sin acción de gracias y alabanza. Dios ha establecido esto como un requisito indispensable.
Hace unos años, estaba hablando con un creyente entrado en años. Tiene más o menos mi edad, y lleva más tiempo que yo de convertido. Su nombre es muy conocido en este país, y yo le tengo mucho respeto. Este hermano me oyó decir que era imposible acercarse a Dios sin acción de gracias y alabanza. Me dijo lo siguiente: “En todos los años que llevo como creyente, nunca he oído eso”. Cambió por completo su vida de oración.
Así que lo que vamos a decir esta noche es de suma importancia si es que desea tener una vida de oración victoriosa y productiva.
Permítame enseñarle una manera de distinguir entre estas tres cosas: acción de gracias, alabanza y adoración. Cada una de ellas implica una manera de acercarse a Dios y relacionarse con él, pero las tres enfocan un aspecto diferente de nuestra relación con él. Lo que voy a decir no es una fórmula rígida; habrán excepciones, pero quiero que lo tenga en cuenta por si le puede ayudar. Mediante la acción de gracias reconocemos la bondad de Dios; mediante la alabanza reconocemos su grandeza; y mediante la adoración reconocemos su santidad. Así que la acción de gracias enfoca la bondad de Dios, la alabanza enfoca su grandeza, y la adoración, la actividad más sublime del alma humana, enfoca su santidad.
Durante esta conferencia hablaré sobre el tema de la acción de gracias. Quisiera leer el versículo 28 de Hebreos 12. Será interesante, porque estoy leyendo de la versión Reina-Valera Actualizada que se basa en la Reina-Valera de 1909, pero usa un lenguaje un poco más actual. Algunos de ustedes posiblemente tengan la versión Reina-Valera de 1960. De ser así, verán que hay una diferencia muy notable entre las dos versiones. Permítame leer el versículo y luego señalar esa diferencia, ya que saca a relucir la idea que quiero enfocar.
Así que, habiendo recibido un reino que no puede ser sacudido, retengamos la gracia, y mediante ella sirvamos a Dios, agradándole con temor y reverencia.Versión Reina-Valera Actualizada
Ahora bien, donde la versión Reina-Valera Actualizada dice “retengamos la gracia”, la versión Reina-Valera de 1960 dice “tengamos gratitud”. Quiero mostrarle por qué ambas traducciones son correctas. En griego, tener gracia—y la palabra clave es “charis”—también significa dar gracias. No sé si alguno de ustedes tendrá algún conocimiento del griego moderno, pero la palabra usual en griego para “gracias” es “a-har-isto”, la cual tiene una relación directa con la palabra charis, es decir, gracia. Así que lo que quiero señalar es que hay un vínculo directo entre la gracia y la gratitud. Una persona ingrata es una persona que no está caminando en la gracia de Dios. Es imposible caminar en la gracia de Dios y ser ingrato.
Hay tres idiomas modernos que tal vez les sean conocidos a algunos de ustedes, que sacan a relucir esta verdad. En francés, “gracia” es grâce. Grâce à Dieu quiere decir “gracias a Dios”. Se usa exactamente la misma palabra grâce. En italiano, la palabra para “gracias” es grazie, que se relaciona directamente con la gracia. En español, están las palabras gracias y gracia. Así que podemos ver que estos tres idiomas romances, es decir, idiomas que se basan en el latín, todos conservan este vínculo directo entre la gracia y la gratitud. Lo que quiero enfatizar, y es sumamente importante para todos nosotros, es que cuando somos ingratos, no estamos caminando en la gracia de Dios. No podemos estar en la gracia de Dios y ser ingratos. Es imposible separar la gratitud de la gracia de Dios.
Así que podemos decir: “Tengamos gratitud” o bien “Retengamos la gracia”, y estamos diciendo lo mismo. No se puede tener gracia sin ser agradecido.
¿Quisiera repetirlo en voz alta conmigo? Quiero hacer hincapié en esto. Permítame decirlo, y luego usted lo repite. “No podemos tener gracia sin ser agradecidos”. “No podemos tener gracia sin ser agradecidos”. ¡Gloria a Dios!
Ahora examinaremos varias escrituras que hablan de la gratitud. Casi todas están en cuatro de las epístolas de Pablo. Empezaremos con Colosenses 3:15–17:
Y la paz de Dios gobierne en vuestros corazones, a la que asimismo fuisteis llamados en un solo cuerpo; y sed agradecidos.
No se trata de una sugerencia; es un mandato. Sed agradecidos. Luego Pablo sigue diciendo:
La palabra de Cristo more en abundancia en vosotros, enseñándoos y exhortándoos unos a otros en toda sabiduría, cantando con gracia en vuestros corazones al Señor con salmos e himnos y cánticos espirituales. Y todo lo que hacéis, sea de palabra o de hecho, hacedlo todo en el nombre del Señor Jesús, dando gracias a Dios Padre por medio de él.
Así que nunca se nos permite hacer nada sin darle gracias a Dios. Hemos de hacer todo lo que hacemos “en el nombre de Jesús” y “dando gracias a Dios Padre”. Esta escritura es una bendición porque nos señala nuestros límites. A veces los jóvenes me preguntan: “¿Está bien que yo haga esto o aquello?”, refiriéndose a ir a divertirse a algún lugar o algo por el estilo. Yo les digo: “Si pueden ir a ese lugar y hacerlo en el nombre de Jesús y dándole gracias a Dios por medio de él, está bien. Si no, no está bien. Esto nos muestra cuáles son nuestros límites. Todo lo que hacéis, sea de palabra o de hecho, hacedlo todo en el nombre del Señor Jesús, dando gracias a Dios Padre por medio de él. Así que el dar gracias no es algo opcional, sino algo imprescindible.
Y luego en Efesios 5:18, Pablo habla de lo que significa ser llenos constantemente del Espíritu Santo. Dice lo siguiente:
No os embriaguéis con vino, en lo cual hay disolución; antes bien sed llenos del Espíritu...
Es increíble hasta qué punto la Iglesia se ha concentrado en lo negativo sin tomar en cuenta lo positivo. ¿No les parece? Porque todos saben que no deben emborracharse, pero ¿cuántos saben que es preciso que sean llenos del Espíritu? ¿Cuál es el resultado de ser lleno del Espíritu? Los siguientes versículos nos dicen:
Hablando entre vosotros con salmos, con himnos y cánticos espirituales, cantando y alabando al Señor en vuestros corazones; [Y ¿cuál es el resultado final?] dando siempre gracias por todo al Dios y Padre, en el nombre de nuestro Señor Jesucristo.
Así que, de nuevo, cuando usted esté lleno del Espíritu, estará dándole gracias a Dios en todo momento. De cierta forma, el tiempo que usted pasa dándole gracias a Dios es una indicación de qué tan lleno está del Espíritu. Porque cuando se deja de dar gracias a Dios es una señal bien clara de que uno ya no está tan lleno del Espíritu.
Luego, en 1 Tesalonicenses 5:16–18, están algunos de los versículos más cortos del Nuevo Testamento. Sin embargo, son sumamente elocuentes. 1 Tesalonicenses 5:16–18 dice:
Estad siempre gozosos.
Es muy fácil decirlo, ¿no es cierto?, pero se necesita bastante gracia para ponerlo por obra.
Orad sin cesar.
Nunca hay que dejar de orar. En otras palabras, usted no tiene que estar orando constantemente, pero nunca debe decir “Ya no voy a orar más”. Me parece haber oído que se decía de Smith Wigglesworth que nunca oraba por más de una media hora a la vez, pero tampoco dejaba que pasara una media hora sin orar. Este es un buen ejemplo de lo que significa orar sin cesar.
Y ahora llegamos al tercero de estos mandamientos cortos pero elocuentes.
Dad gracias en todo, porque esta es la voluntad de Dios para con vosotros en Cristo Jesús.
¿Cuál es la voluntad de Dios en Cristo Jesús? Que demos gracias en todo. De modo que si no está dando gracias, está fuera de la voluntad de Dios. ¿Está claro? He tratado con muchos obreros cristianos que se encontraban en el lugar justo, haciendo la obra que Dios quería que hicieran, pero que sentían que no estaban en la voluntad de Dios. Sin embargo, no era ni el lugar ni la obra que los hacía sentir así, sino el hecho de que habían dejado de dar gracias en todo. Entonces, recuerde que cada vez que usted deja de dar gracias en todo, está fuera de la voluntad de Dios, no necesariamente por lo que esté haciendo, sino porque no está respondiendo a Dios debidamente.
Y luego en Filipenses 4:6 dice:
Por nada estéis afanosos, sino sean conocidas vuestras peticiones delante de Dios en toda oración y ruego, con acción de gracias.
Nunca le presente a Dios una petición sin darle gracias.
Hace años me impresionaron mucho los diarios de John Wesley. Siempre me acuerdo del comentario que él hacía acerca de este versículo. En la Biblia de las Américas, el versículo dice: “en todo, mediante oración y súplica”. John Wesley hacía hincapié en esas tres palabras: “todo mediante oración”, y decía: “Estoy convencido de que Dios hace todo mediante la oración, y no hace nada sin ella”. Me parece que esa es realmente una verdad fundamental.
Pero aquí Pablo dice: “No le presente a Dios ninguna petición sin darle gracias. Sea cual sea su petición, preséntela a Dios con acción de gracias”.
Hablaremos ahora de un tema que mencionamos anteriormente: cómo acercarnos a Dios. Donde más claramente podemos ver lo que la Biblia dice al respecto es en el Salmo 100, un hermoso salmo que todos conocemos. En el versículo 4, habla de venir a la casa de Dios y acercarse a él y dice:
Entrad por sus puertas con acción de gracias, por sus atrios con alabanza; Alabadle, bendecid su nombre.
Fíjese que hay dos pasos para llegar a Dios: primero, tenemos que entrar por sus puertas y luego por sus atrios. Se pasa por las puertas para llegar a los atrios, y por los atrios para entrar a la casa de Dios en sí, pero es imposible llegar hasta allí sin tomar la ruta que él ha fijado, la cual es “entrar por sus puertas con acción de gracias y por sus atrios con alabanza”. Para entrar en la presencia de Dios, el primer paso es la acción de gracias, y el segundo la alabanza. Estoy convencido de que nadie puede entrar en la presencia de Dios y estar cerca de él si no viene con acción de gracias y alabanza, como Dios lo ha prescrito. Puede ser que a veces algunos de ustedes se sientan muy lejos de Dios cuando oran. Posiblemente la razón de esto sea que no han venido a Dios de la manera establecida por él. Usted puede estar fuera de los atrios y gritarle a Dios, y él oirá y tendrá misericordia de usted, pero no tendrá entrada a Dios a menos que venga con acción de gracias y alabanza. Es un requisito que Dios ha establecido, y no lo piensa cambiar.
Pero usted me dirá, o quizás usted no lo diga, pero otras personas sí pudieran decirlo: “La verdad es que no tengo nada que agradecerle a Dios. ¿Por qué debo darle gracias? Nada me está saliendo bien y mi vida está en un estado de confusión total. ¿Por qué debo darle gracias a Dios?” Bueno, el salmista le ha dado tres razones en el versículo 5. Dice así:
Alabadle, bendecid su nombre. [¿Por qué?] Porque Jehová es bueno; para siempre es su misericordia, y su verdad por todas las generaciones.
Estas tres verdades no varían. No importa cómo usted se sienta, ni cuáles sean sus circunstancias; estas cosas nunca cambian. El Señor es bueno siempre; para siempre es su misericordia, y su verdad para todas las generaciones. Así que tenemos tres razones permanentes e inalterables para darle gracias a Dios. No ponga sus ojos en sus emociones, ni en su situación, sino en estos aspectos eternos e inmutables del carácter de Dios y de su trato con nosotros. Al hacer esto, estará constantemente dándole gracias a Dios. Todos tenemos tanto que agradecerle a Dios que sería una lástima no hacerlo.
Ahora bien, no creo que haga falta buscarlo, pero en Lucas 17 está el relato de los diez leprosos que salieron al encuentro de Jesús. Recuerde que, como leprosos, no les era permitido acercarse a las personas, ya que eran inmundos. Tenían que pregonar constantemente “¡Inmundo! ¡inmundo!” para advertirles a las demás personas que no se acercaran ya que su enfermedad era tan contagiosa. Pero dice que se pararon de lejos y alzaron la voz, diciendo: “¡Jesús, Maestro, ten misericordia de nosotros!” Y Jesús les respondió de una manera muy sencilla al decirles que fueran a mostrarse a los sacerdotes. Ahora bien, cualquier persona que fuera curada o limpia de lepra tenía que presentarse ante el sacerdote para que éste certificara que ya su enfermedad no podía contagiar a nadie. Así que, al decirles que fueran a presentarse al sacerdote, Jesús estaba diciendo: “Serán sanados en el camino. Ya cuando lleguen, el sacerdote podrá atestiguar que ya no tienen lepra”. Eso es lo que significa tener fe. A veces somos sanados en el camino. Si no actuamos, si decimos que no hemos recibido nada, efectivamente, nunca recibiremos nada.
Bueno, todos fueron limpiados de la lepra, pero uno solo, un samaritano y no un judío, volvió para darle gracias a Jesús. Este se postró en tierra y le dio gracias. Jesús dijo: “¿No son diez los que fueron limpiados? Y los nueve, ¿dónde están? ¿Por qué sólo volvió este extranjero a darme gracias?” Y entonces le dijo al hombre: “Ve, tu fe te ha salvado”. Así dice en el griego, y es un punto muy importante. En algunas traducciones no queda muy claro. Los diez fueron limpiados, pero sólo el que regresó para dar gracias fue salvo. Todos ellos fueron sanados en lo físico, pero sólo el que regresó a dar gracias recibió la sanidad espiritual eterna que es la salvación. Y él fue el único que se acercó a Jesús. Así que podemos ver que sin acción de gracias no tenemos entrada a la presencia de Dios.
Luego, otra verdad muy importante con respecto a la acción de gracias es que es una llave que abre la puerta al poder milagroso de Dios. Le daré un ejemplo que lo muestra muy claramente. Se trata de la alimentación de los cinco mil en Juan 6. Se acordará que Jesús tenía ante él una multitud de cinco mil personas, todas hambrientas. Y el único recurso que tenía era el almuerzo de un niño: cinco panes pequeños y dos pescados. Pero él dijo: “Díganles que se sienten; vamos a darles de comer”. Y esto es lo que ocurrió en el versículo 11 de Juan 6:
Y tomó Jesús aquellos panes, y habiendo dado gracias, los repartió entre los discípulos, y los discípulos entre los que estaban recostados; asimismo de los peces, cuanto querían. Y cuando se hubieron saciado, [Todos comieron lo que querían y todavía sobró] dijo a sus discípulos: Recoged los pedazos que sobraron, para que no se pierda nada.
Quisiera señalar el hecho de que Jesús no oró. No le pidió nada a Dios. Lo único que hizo fue dar gracias a Dios por lo que tenía en la mano. Y esto ha debido impresionar a Juan, porque al hablar de algo que pasó después, de unas barcas que habían arribado “no vamos a entrar en detalles”, pero en el versículo 23, Juan dice:
Pero otras barcas habían arribado de Tiberias junto al lugar donde habían comido el pan después de haber dado gracias al Señor.
Así que a Juan se le quedó grabado que el milagro no había sucedido por haber hecho Jesús una oración larga, sino simplemente porque dio gracias. Creo firmemente que muchas veces Dios no obra con poder en nuestra vida simplemente porque dejamos de abrirle la puerta al no dar gracias.
Un poco más adelante, en el capítulo 11 de Juan, encontramos a Jesús de pie ante la tumba de Lázaro, quien tenía cuatro días de sepultado. No hizo una oración larga. Simplemente dijo: “Padre gracias te doy por haberme oído”. Eso fue lo único que dijo. Y luego le habló a Lázaro y éste salió de la tumba. En verdad, estoy convencido de que a menos que cultivemos el hábito de darle gracias a Dios como lo hizo Jesús aquí, no veremos la plenitud del poder sobrenatural de Dios. Por lo general, no encuentro que las oraciones largas hacen que se manifieste el poder de Dios. En la Biblia la mayoría de oraciones que tienen verdadero poder son muy cortas. Me viene a la mente la oración de Moisés por Miriam cuando ésta fue afligida con lepra por haber criticado a su hermano. Él dijo: “Te ruego, oh Dios, que la sanes ahora”. Eso fue lo único que dijo. Creo que si en el momento de orar fuéramos más agradecidos, nuestras peticiones serían más cortas pero más efectivas.
Ahora tenemos que examinar la otra cara de la moneda, es decir, ver lo que la Biblia dice acerca de las consecuencias bastante funestas de no ser agradecido. La Biblia tiene mucho que decir acerca de la falta de gratitud. Simplemente voy a señalar ciertas escrituras que, a mi juicio, son sumamente significativas. En Romanos 1, Pablo resume, de manera magistral, cómo la raza humana, habiendo empezado con el conocimiento de Dios, va en decadencia hasta caer en la más profunda maldad. Romanos 1 termina con una de las descripciones bíblicas más horrendas de la degeneración, perversidad y desdicha humanas. Pudiéramos preguntarnos cómo la raza humana fue capaz de decaer a tal punto. Y la respuesta se encuentra en Romanos 1, en el versículo 21, donde dice:
Pues habiendo conocido a Dios, no le glorificaron como a Dios, ni le dieron gracias.
Estos son los primeros dos pasos que dio la humanidad para descender al abismo tenebroso que vemos al final del capítulo. ¿Cuáles son los dos pasos? Ambos son negativos. No glorificaron a Dios, ni le dieron gracias. Quiero que sepa que cada vez que dejamos de ser agradecidos, estamos emprendiendo un camino resbaloso que conduce hacia el abismo. Es muy peligroso. Más vale ni siquiera empezar a caminar por allí, ya que es difícil dar la vuelta y volver a subir.
Luego, en 2 Timoteo 3, tenemos otra lista horripilante. Es interesante comparar Romanos 1 y 2 Timoteo 3. Yo diría que Romanos 1 es el cumplimiento lógico y 2 Timoteo 3 es el cumplimiento histórico de la decadencia de la raza humana. ¿Cómo será la humanidad en los últimos días al final de este siglo? Aquí tenemos un cuadro de cómo será, empezando en el versículo 1 de 2 Timoteo 3:
También debes saber esto: que en los postreros días vendrán tiempos peligrosos.
¿Cuál es la causa de que vengan tiempos peligrosos? La decadencia del carácter humano.
Porque habrá hombres amadores de sí mismos, [Esa es la raíz de todo el problema] avaros, vanagloriosos, soberbios, blasfemos, desobedientes a los padres, ingratos, [¿Cuál es la siguiente palabra?] impíos...
¿Se da cuenta de dónde viene la palabra “ingratos” en la lista? Al lado de la palabra “impíos”. Lo cierto es que ser ingrato es ser impío. Es imposible ser santo y a la vez ingrato. El ser agradecido le ayudará grandemente a ser santo.
¿Qué es lo contrario de ser agradecido? ¿Qué tipo de conducta tiene una persona ingrata? Creo que pudiéramos encontrar varias palabras, pero me parece que la palabra bíblica es “murmuración”. Hoy día diríamos “queja”. En realidad, lo que quiero que entienda es que todo lo que decimos es o positivo o negativo. Casi no decimos nada que sea neutral. Así que, si no somos agradecidos, es casi seguro que terminaremos murmurando y quejándonos. No quiero de ninguna manera que me lo hagan saber, pero ¿cuántos de ustedes viven con un cónyuge que siempre está quejándose? Una señora levantó la mano; ¡simplemente no podía dejar de levantarla! Creo que estarán de acuerdo que es muy desagradable. No sea una persona que se queja.
Veamos lo que dice Pablo en 1 Corintios 10:10. Está advirtiendo a los creyentes que no cometan los mismos errores que cometió el pueblo de Israel después de que fue librado de Egipto. Dice en el versículo 7:
Ni seáis idólatras, como algunos de ellos...[versículo 8:] Ni forniquemos... [versículo 9:] Ni tentemos al Señor...[Y luego dice en el versículo 10:] Ni murmuréis, como algunos de ellos murmuraron, y perecieron por el destructor.
Hay muchos ejemplos de esto, pero si miramos en Números 21, el pueblo de Israel se desanimó e impacientó a causa del viaje largo y penoso. Empezaron a murmurar en contra de Dios y de Moisés, y Dios envió entre ellos serpientes ardientes que empezaron a morder al pueblo, y muchos murieron. Así que, entre otras cosas, no es una buena idea murmurar porque la murmuración lo expone a serpientes ardientes. No necesariamente lo morderán serpientes en lo físico, pero mediante la murmuración y la ingratitud todo tipo de veneno entrará en usted.
Así que, en realidad, sólo tenemos dos opciones: ser agradecidos, o bien, murmurar. Tome una determinación fija y resuelva ser agradecido. Diga: Voy a ser agradecido. Voy a buscar en la Biblia las razones por las que debo ser agradecido y voy a ofrecerle acción de gracias a Dios en todo momento.
ALABANZA
Dije anteriormente que estas tres actividades del espíritu humano: acción de gracias, alabanza y adoración, nos permiten relacionarnos con tres aspectos diferentes de la naturaleza de Dios. Mediante la acción de gracias, reconocemos la bondad de Dios, es decir, su benignidad y todas sus misericordias hacia nosotros. Mediante la alabanza reconocemos la grandeza de Dios. Es la respuesta adecuada a su gloriosa e imponente majestad. Y luego, mediante la adoración, reconocemos la santidad de Dios.
Ahora vamos a concentrarnos en la alabanza. A la luz de lo que he dicho acerca de reconocer la grandeza de Dios, creo que es conveniente empezar en el Salmo 48:1:
Grande es Jehová, y digno de ser en gran manera alabado; en la ciudad de nuestro Dios, en su monte santo.
Así que reconocemos la grandeza de Dios alabándolo en gran manera. En otras palabras, debemos alabarlo conforme a su grandeza, lo cual quiere decir que nuestra alabanza nunca tiene fin. Nunca podemos agotar el poder y las posibilidades de la alabanza.
Luego, al hablar de la acción de gracias en el Salmo 100, vimos que la acción de gracias es el primer paso para acercarse a Dios. El segundo paso es la alabanza. Después de haber dado gracias, pasamos a alabar a Dios. Quisiera comentar que tanto la acción de gracias como la alabanza tienen un efecto sicológico muy importante. Si venimos a Dios con grandes peticiones, con cosas que parecen muy difíciles, cuanto más le damos gracias a Dios por todo lo que ya ha hecho, más fácil será creer que él también contestará las peticiones que estamos presentando. Pero si no venimos con acción de gracias, sicológicamente es más difícil tener fe. Así que vamos a volver a mirar el Salmo 100, versículos 4 y 5:
“Entrad por sus puertas con acción de gracias, y por sus atrios con alabanza. Dad gracias a él; y bendecid su nombre.”
No es penoso volver a repetir las tres razones invariables por las que debemos dar gracias a Dios y alabarlo.
Porque Jehová es bueno; para siempre es su misericordia, y su verdad por todas las generaciones.
Si tiene abierta su Biblia en cualquier versión que tenga aunque sea el más mínimo parecido a ésta, ¿por qué no leemos esta escritura todos juntos, como un acto de fe? “Porque Jehová es bueno; para siempre es su misericordia. Y su verdad por todas las generaciones”. Ahora digamos: “Gracias Señor”. Amén. De esta manera estamos aplicando lo que hemos aprendido.
Ahora bien, quisiera mostrarle otro hermoso cuadro en Isaías 60. Se trata de uno de los gloriosos pasajes en los últimos capítulos de Isaías. Isaías 60:18 es una descripción de la ciudad de Dios, la ciudad a la cual tenemos derecho de entrar mediante la salvación y la sangre de Jesús. Isaías 60:18 nos pinta un hermoso cuadro de esta ciudad:
Nunca más se oirá en tu tierra violencia, destrucción ni quebrantamiento en tu territorio...
Podemos llegar a un lugar en la presencia de Dios donde la violencia y la destrucción son tan sólo un rumor lejano que no tiene ningún poder sobre nosotros. ¿Cómo podemos entrar a este lugar?
... sino que a tus muros llamarás Salvación, y a tus puertas Alabanza.
El muro que rodea la presencia de Dios es la salvación, pero todas sus puertas tienen un solo nombre: Alabanza. En otras palabras, si quiere entrar por los muros, ¿por qué puerta tiene que pasar? Así es, por la puerta de la alabanza. Sin alabanza no hay entrada. Es la única manera de ser obediente y entrar en la presencia de Dios.
En lo que queda de esta conferencia quisiera señalar siete realidades bíblicas con respecto a la alabanza. Hay muchas más, pero me parece que éstas son importantes, y que le ayudarán a edificar su fe. Antes que nada, busquemos el Salmo 22:3, donde David se dirige al Señor. Mi versión dice:
Pero tú eres santo, tú que habitas entre las alabanzas de Israel.
La palabra en hebreo que se traduce “habita” también quiere decir “estar sentado en”. De hecho, cuando la gente en Israel nos pregunta a mí y a Ruth dónde vivimos, contestamos en hebreo y decimos: “Estamos sentados en Jerusalén”. Esa es la palabra normal en hebreo para “habitar”. Así que, aunque es correcto decir “tú eres santo, tú que habitas...” también significa “tú que estás sentado en las alabanzas de Israel”. ¿Dónde está sentado Dios? En un trono. Una versión en inglés dice: “Tú eres santo, tú que estás entronado en las alabanzas de Israel” y la versión “Dios habla hoy” en español dice: “Tú eres santo; tú reinas, alabado por Israel”. Entonces, cuando alabamos a Dios, él es digno de que, como rey, le ofrezcamos un trono, como dice un coro conocido: “Estamos edificando un trono para que él venga y tome su lugar entre nosotros”. Pero él es muy condescendiente; no es exigente. Él se paseará entre nosotros, pero no estaremos reconociendo que él es rey hasta que no lo hayamos entronado mediante nuestra alabanza.
De ahora en adelante, cuando se reúna y empiece a alabar a Dios, imagínese que le está ofreciendo a Jesús un trono donde él se pueda sentar como rey. “Tú eres santo; tú reinas, alabado por Israel”.
Luego, en otro salmo, el Salmo 106:47, vemos que la alabanza es una de las cosas que atrae la bendición de Dios y que nos hace caminar en victoria. De paso, quiero decirle que la palabra en hebreo para “salmos” es te-he-leem, que quiere decir “alabanzas”. Ese es el título del libro. Y si estudia la Biblia, el libro más largo de todos es el libro de los Salmos. El título de este libro es “alabanzas”. Así que, de cierta manera, esto nos muestra que la alabanza a Dios es uno de los elementos principales de la revelación completa que Dios nos ha dado. Si a usted le parece difícil alabar a Dios, le sugiero que pase bastante tiempo leyendo los salmos. Si es posible, léalos en voz alta, estando solo. Simplemente léalos y diga “Señor, ésta es mi oración; te la estoy leyendo. Fue una oración que hizo el Espíritu Santo a través del salmista, y te la estoy leyendo”. Creo que después de un tiempo, se le hará mucho más fácil alabar a Dios y empezará a cultivar el hábito de la alabanza.
De todas maneras, miremos lo que el salmista dice aquí en el Salmo 106:47:
Sálvanos, oh Señor, Dios nuestro, y reúnenos de entre las naciones, para dar gracias a tu santo nombre, y para gloriarnos [literalmente “jactarnos”] en tu alabanza. (Biblia de las Américas)
Fíjese una vez más que el orden es el mismo: acción de gracias y luego alabanza. Cuando alabamos a Dios, y nos gloriamos o jactamos en él, triunfamos. Un triunfo en la antigua cultura de Roma y el mundo antiguo no implicaba el hecho de haber ganado una batalla, sino más bien era la celebración de esta victoria. Así que, en realidad, cuando alabamos a Dios, no le estamos pidiendo que nos dé victoria, sino celebrando el hecho de que la victoria ya ha sido ganada. Nos unimos a su triunfo. Pablo dijo en 2 Corintios 2:14:
Gracias a Dios [fíjese en la palabra “gracias”] que siempre nos lleva en el desfile victorioso de Cristo Jesús. (Dios habla hoy)
Un desfile victorioso era la celebración de una victoria en la cual el general victorioso se paseaba por las calles de Roma en un carro tirado por un caballo blanco, y todos los habitantes de la ciudad se aglomeraban en las aceras para aclamarlo. Todos sus prisioneros, es decir, todos los enemigos que había apresado estaban encadenados e iban caminando detrás del carro. Ese es el cuadro. ¿Qué lugar nos corresponde a nosotros? No estamos caminando encadenados detrás del general. Ni siquiera estamos en la acera aclamándolo. ¿Dónde estamos? Así es, en el carro. ¿Cómo nos subimos al carro? Mediante la alabanza. Esa es la manera de entrar en el carro.
Ahora miremos el Salmo 30. Es importante ver cuántos de estos pasajes son tomados de los salmos. Busquen el Salmo 30:11-12. Ahora bien, hace unos trece años, perdí a mi primera esposa, lo cual fue la experiencia más difícil de mi vida. Quiero decirle que el versículo 11 en verdad funciona; es una realidad.
Tú has cambiado mi lamento en danza, has desatado mi cilicio y me has ceñido de alegría; [Luego el próximo versículo nos dice el propósito] para que mi alma [o literalmente, “mi gloria”] te cante alabanzas y no esté callada. Oh Señor, Dios mío, te alabaré por siempre. (Biblia de las Américas)
Fíjese que cuando Dios nos quita el cilicio y nos libra de nuestro lamento, él lo hace con un propósito. ¿Cuál es ese propósito? Es para que nuestra gloria le cante alabanzas. Ahora bien, ¿qué es nuestra gloria? No trate de buscar una explicación porque le voy a dar una respuesta directamente de las Escrituras. Es muy importante. Para entender bien, hay que juntar dos pasajes. Primero veamos el Salmo 16:9, donde el salmista dice:
Por tanto, mi corazón se alegra y mi alma [literalmente “gloria”] se regocija; también mi carne morará segura. (Biblia de las Américas)
Otra vez se refiere a nuestra gloria. Muchas versiones lo traducen de otra manera, pero en Hechos 2:26, el apóstol Pedro, inspirado por el Espíritu Santo, cita el Salmo 16:9. En vez de “gloria”, el dice directamente “lengua”, así que Hechos 2:26 dice:
Por lo cual mi corazón se alegró y mi lengua se regocijó... (Biblia de las Américas)
Entonces, ¿qué es nuestra gloria? La lengua. ¿Sabe por qué es nuestra gloria? ¿Por qué nos dio Dios una lengua? Así es, para alabarlo. Es el miembro con el cual mejor podemos alabar a Dios. Es nuestra gloria. Y de cierta manera, cualquier uso de la lengua que no glorifica a Dios es un mal uso. Porque Dios le dio una lengua para que lo glorificara a él, y cuando usted usa su lengua para este fin, llega a ser su gloria.
Ahora buscaremos Isaías 61:3. Una vez más, éste es un mensaje para los que han estado deprimidos y desconsolados. Fue mediante este versículo que el Señor me libró hace muchos años de un espíritu de depresión.
Para conceder que a los que lloran en Sion se les dé diadema en vez de ceniza, aceite de alegría en vez de luto, manto de alabanza en vez de espíritu abatido... (Biblia de las Américas)
Y de eso fue que Dios me libró, del espíritu abatido y del luto. Pero fíjese que la escritura dice que tendremos el manto de alabanza en vez del espíritu abatido. Así que si no quiere estar deprimido y no quiere que Satanás lo ataque con sus temores y pensamientos negativos cíñase el manto de alabanza, y él no se le acercará.
Creo que tengo tiempo de relatar este pequeño incidente. Hace muchísimos años, cuando estaba pastoreando una pequeña congregación en Bayswater, conocía a dos hermanas rusas judías que habían salido milagrosamente de la Unión Soviética, y habían conocido al Señor y sido llenas del Espíritu Santo. Solían venir a visitarme a mí y a mi primera esposa, y orábamos juntos. Ellas eran rusas y miembros de la Iglesia Bautista, pero alababan al Señor con más celo que la mayoría de pentecostales en el oeste. ¡Realmente sabían alabar al Señor! Bueno, los cuatro estábamos allí, alabando al Señor juntos y gozándonos, cuando sonó el timbre. Fui a ver quién era, y allí estaba una mujer que era miembro de la iglesia. Tenía asido de la mano a un hombre y dijo: “Este es mi esposo. Acaba de salir de la cárcel y tiene un demonio. ¿Puede orar por él?” Bueno, en esa época, no me acercaba por nada a los demonios. Quiero decir, no sabía cómo tratar con ellos, y me sentía incómodo. No tenía idea de qué hacer. Dije: “Suban, que estamos orando”. Fue lo único que se me ocurrió.
Así que simplemente seguimos orando. Estábamos haciendo bastante ruido, y el hombre se me acercó cautelosamente y dijo: “Esto no me gusta. Es demasiado estrepitoso”. Dios inspiró mi respuesta. Dije: “Escuche, a quien no le gusta el ruido es al diablo, porque estamos alabando a Jesús, y eso lo odia él”. “Ahora bien,” le dije, “tiene dos opciones. Si se va ahora, el diablo se irá con usted. Si se queda, el diablo se ira sin usted”. Y él dijo: “Me quedaré”. Unos diez minutos después, vino a mí y dijo: “Se fue. Sentí que salió por mi garganta”. Nunca lo olvidaré porque es una muestra tan clara de cómo la alabanza incomoda al diablo mucho más de lo que él nos puede incomodar a nosotros.
Así que, si se siente tentado a deprimirse o a estar melancólico o taciturno, cíñase el manto de alabanza en vez del espíritu abatido. Sé que funciona porque funcionó en mi vida.
En el Salmo 33:1, el salmista dice:
Alegraos, oh justos, en Jehová; En los íntegros es hermosa la alabanza.
Es una prenda hermosa para su espíritu.
Luego en Jeremías 33:11, vemos otro aspecto de la alabanza o la acción de gracias, y se usan ambas palabras, lo cual es importante. Está hablando de la restauración del pueblo de Dios y menciona lo que se oirá en las calles de Jerusalén. Hay una hermosa canción moderna hebrea que se basa en estas palabras. Dice así:
...voz de gozo, y voz de alegría, la voz del novio y la voz de la novia, la voz de los que dirán: “Dad gracias al Señor de los ejércitos, porque el Señor es bueno, porque para siempre es su misericordia”, [fíjese que ahí están dos de las tres razones] y de los que traerán sacrificio de alabanza a la casa del Señor.
Creo que otras versiones dicen: “sacrificio de acción de gracias”. Es importante entender que la alabanza es un sacrificio. Nos cuesta algo; no siempre es fácil. Y el momento en que más debemos alabar al Señor es cuando menos tenemos ganas de hacerlo. No permita que sus sentimientos guíen sus acciones. Es la Palabra de Dios la que le dice qué debe hacer, aun si va totalmente en contra de sus sentimientos.
Hebreos 13 saca a relucir esta verdad. Hebreos 13:15–16 dice así:
Por tanto, ofrezcamos continuamente mediante El [es decir, Jesús], sacrificio de alabanza a Dios, es decir, el fruto de labios que confiesan su nombre. (Biblia de las Américas)
¿Cuánto deberíamos alabar a Dios, y con qué frecuencia? Aquí dice que lo alabemos continuamente, en todo momento.
Y no os olvidéis de hacer el bien y de la ayuda mutua; porque de tales sacrificios se agrada Dios. (Biblia de las Américas)
Así que alabar y dar gracias a Dios es un sacrificio, y mientras más nos cuesta, más le agrada a Dios. Cuando todo parece estar en contra nuestra, ése es el momento en que más debemos alabar a Dios en fe. Es un sacrificio hacerlo.
Y luego en el Salmo 8:2, vemos que la alabanza es un arma espiritual. Esta es una de mis escrituras favoritas; no sé cuántas veces la cito. Por alguna razón, me es difícil predicar por mucho tiempo sin referirme al Salmo 8:2. Dice así:
De la boca de los niños y de los que maman, fundaste [es decir, el Señor fundó] la fortaleza, a causa de tus enemigos, para hacer callar al enemigo y al vengativo.
Así que Dios tiene enemigos. Es importante saberlo. Y tiene un enemigo en particular que se llama “el enemigo y el vengativo”. ¿A quién se refiere? A Satanás. Y dice que hay una manera de hacer callar a Satanás.
Estaba predicando en Lausanne, Suiza, con la ayuda de un intérprete. Cuando llegué a este versículo, como entiendo el francés, escuché lo que decía el intérprete. En francés, el versículo dice: “Dios le impone el silencio al diablo”. Nunca me he olvidado de eso. Dios impone silencio. Él le dice al diablo: “¡Cállate!” ¿Cuándo? Cuando alabamos a Dios. Nuestra alabanza hace callar al diablo. ¿Por qué tenemos que hacerlo callar? ¿Qué está haciendo él continuamente, día y noche? Nos está acusando. Quizás usted le diga a Dios: “Por qué no haces callar tú al diablo?” Dios dice: “Porque te he dado a ti el arma para poder hacerlo”.
Ahora bien, en el Salmo 8:2, dice: “fundaste la fortaleza”, pero el Nuevo Testamento esclarece lo que dice el Antiguo Testamento. Busque Mateo 21, y empezaremos leyendo en el versículo 15. Es la última semana del ministerio de Jesús en Jerusalén.
Pero los principales sacerdotes y los escribas, viendo las maravillas que hacía, y a los muchachos aclamando en el templo y diciendo: ¡Hosanna al Hijo de David! se indignaron y le dijeron: ¿Oyes lo que éstos dicen? Y Jesús les dijo: [ahora cita el Salmo 8:2], Sí; ¿nunca leísteis: De la boca de los niños y de los que maman perfeccionaste la alabanza?
Así que donde el salmista dice: “Fundaste la fortaleza”, Jesús dice: “Perfeccionaste la alabanza”. ¿Qué nos dice esto? La fortaleza que Dios ha establecido para su pueblo es la alabanza perfecta. Y no importa qué tan débiles somos, la alabanza es un arma irresistible. Así que el salmista escoge el ejemplo de los más débiles --los niños y los que maman--, y dice que aun ellos le imponen silencio al enemigo cuando alaban a Dios.
Para mí, me emociona y me da mucho gozo saber que podemos hacer callar al diablo.
Luego, la séptima verdad de esta lista de verdades bíblicas es que la alabanza prepara el camino para que Dios intervenga sobrenaturalmente. Primeramente miremos el Salmo 50. ¿Se está fijando cuántas veces estamos mirando los salmos al tratar este tema de la alabanza? Busque el Salmo 50, el último versículo, es decir, versículo 23. Dios está hablando, y dice:
El que ofrece sacrificio de acción de gracias me honra; y al que ordena bien su camino, le mostraré la salvación de Dios. (Biblia de las Américas)
En la versión que tengo yo la palabra “bien” está en itálicas, lo cual quiere decir que los traductores incluyeron esa palabra. Hay otra manera legítima de traducir la oración:
El que ofrece alabanza prepara un camino para que yo pueda mostrarle la salvación de Dios.
Al que lo alaba, Dios le prepara un camino para que se manifieste la salvación en su situación.
Hay unos ejemplos muy buenos de esto. Por ejemplo, en 2 Crónicas 20, cuando Josafat era rey de Judá, un ejército formidable marchó contra él desde el sudeste, y él sabía que no tenía ni la gente ni los recursos para enfrentarse a aquel ejército. Pero proclamó un ayuno y convocó a toda Judá, y mientras oraban y ayunaban, el Señor habló de manera profética a través de un levita y les dijo lo que tenían que hacer. Dijo: “Sólo tienen que bajar a cierto lugar. No tendrán que librar esta batalla; el Señor luchará por ustedes”. Y Josafat dijo: “Creed en Jehová, y creed a sus profetas, y seréis prosperados”. Así que, al día siguiente, se pusieron en marcha. Y esto fue lo que ocurrió. Estamos leyendo del versículo 21 de 2 Crónicas 20:
Y habido consejo con el pueblo, puso a algunos que cantasen y alabasen a Jehová, vestidos de ornamentos sagrados, mientras salía la gente armada, y que dijesen: Glorificad a Jehová, porque su misericordia es para siempre.
Fíjese que se vuelve a mencionar la razón por la que debemos alabar a Dios. Ahora escuche esto:
Y cuando comenzaron a entonar cantos de alabanza, Jehová puso contra los hijos de Amón, de Moab y del monte de Seir, las emboscadas de ellos mismos que venían contra Judá y se mataron los unos a los otros.
Y si lee el resto del relato, no tuvieron que luchar, no tuvieron que usar ningún arma militar. Mediante el arma de la alabanza obtuvieron victoria total. Sus enemigos empezaron a luchar entre sí, y se mataron. Y cuando llegaron al campo de batalla, todos sus enemigos estaban muertos. Lo único que tuvieron que hacer fue recoger el botín. ¡Qué maravilloso ejemplo del poder de la alabanza!
Y ahora fijémonos un momento en el pobre Jonás, con todos sus problemas. Usted sabe la historia. Está en el vientre de un pez y está orando. Sigue orando bastante tiempo. Luego dice en Jonás 2:2:
Y dijo: En mi angustia clamé al Señor, y El me respondió. Desde el seno del Seol pedí auxilio, y tú escuchaste mi voz... (Biblia de las Américas)
Y su oración dura siete versículos, y no pasa nada. En el octavo versículo, empieza a dar gracias a Dios, y el pez ya no puede retenerlo. El versículo 9 dice:
Mas yo con voz de acción de gracias te ofreceré sacrificios.
¡Y verdaderamente fue un sacrificio! Para dar gracias a Dios estando en el vientre de un pez, ¡realmente se tendría que estar resuelto a hacerlo! Pero valió la pena, porque dio resultado. ¿No le parece?
Lo que prometí pagaré. La salvación es del Señor. [Y luego dice:] Entonces el Señor dio orden al pez, y éste vomitó a Jonás en tierra firme.
¿Cuándo le dio orden al pez el Señor? Cuando Jonás empezó a alabar y dar gracias al Señor.
También hay un hermoso ejemplo en el ministerio de Pablo y Silas, en el libro de los Hechos. Habiendo empezado a moverse en el ministerio de la liberación, Pablo había echado fuera un demonio de una mujer adivina y la ciudad entera estaba conmocionada. Pablo y Silas fueron azotados con muchos azotes y terminaron en la cárcel de máxima seguridad. Era la medianoche. Un hermano, que es muy buen amigo mío, comenta que hubieran podido dialogar de la siguiente manera: Silas ha podido decirle a Pablo: “¿Por qué empezaste con eso de la liberación? ¡Todo iba bien hasta que empezaste a echar fuera demonios!” Pero no fue lo que ocurrió. Vamos a leer lo que hicieron. Hechos 16:25 dice:
Pero a medianoche [la hora más sombría], orando Pablo y Silas, cantaban himnos a Dios [en la cárcel de máxima seguridad]; y los presos los oían.
Nunca antes habían tenido personas así en la cárcel.
Entonces sobrevino de repente un gran terremoto, de tal manera que los cimientos de la cárcel se sacudían; y al instante se abrieron todas las puertas, y las cadenas de todos se soltaron.
¿Qué fue lo que provocó el terremoto? Quiero decir, fue un terremoto sobrenatural que hizo que las cadenas de todos se soltaran; no fue simplemente un terremoto común y corriente. ¿Qué fue lo que lo causó? Sí, fue la alabanza. Así que el que ofrece alabanza prepara un camino para que Dios le muestre su salvación.
Permítame terminar rápidamente con una pequeña lista de escrituras. No vamos a buscarlas ya que las referencias están en su guía. Primeramente, ¿cuándo debemos alabar a Dios? La respuesta es: todos los días, por siempre y para siempre, en todo momento y continuamente. No cabe la menor duda.
Luego, ¿cómo debemos alabar a Dios? Con todo nuestro corazón, con nuestro entendimiento, con manos alzadas, con boca y labios gozosos, levantando nuestras manos, como la ofrenda de la tarde, con danza, con pandero y danza. Las referencias bíblicas están anotadas.
¿Quién debe alabar a Dios? El Salmo 148 da una lista de treinta y dos diferentes seres creados que han de alabar a Dios. Y si todavía tiene dudas, el Salmo 150 dice que todo lo que respira debe alabarlo. Ahí no falta nadie.
Sólo hay un grupo de personas que no alaba al Señor. ¿Quiénes son? Los muertos. Así que, ¡ya sabe cuál es su problema! Si no está alabando al Señor, ya sabe lo que le pasa. No está muerto físicamente, pero sí lo está espiritualmente.
ADORACIÓN
Acción de gracias, alabanza, adoración. Mediante la adoración, reconocemos la santidad de Dios. A mi juicio, la adoración es la actividad más sublime del cual es capaz el ser humano. La acción de gracias y la alabanza son, ante todo, expresiones verbales; es decir, expresamos nuestra acción de gracias y alabanza mediante palabras, cánticos o hasta gritos de júbilo. Sin embargo, la adoración no es primordialmente una expresión verbal. Encuentro que muy pocas personas entienden este concepto, y es muy importante.
Que yo sepa, en el idioma original de la Biblia, ya sea el hebreo del Antiguo Testamento o el griego del Nuevo Testamento, cada palabra que se usa para hablar de la adoración, se refiere a una actitud del cuerpo. La adoración en realidad no es una expresión verbal, sino una actitud; no solamente una actitud del cuerpo, por supuesto, sino una actitud de todo el hombre interior.
En la Biblia hay ciertas actitudes específicas que son propias de la adoración. Primeramente, está el inclinar la cabeza. Después que Moisés habló con Dios en la zarza ardiendo, regresó a los israelitas en Egipto para darles las buenas nuevas de que Dios los iba a librar. Cuando les dio este mensaje a los ancianos, la Biblia dice que todos inclinaron la cabeza y adoraron. Fue lo primero que hicieron. No fue una expresión verbal, sino una actitud.
Muchas veces se inclina no sólo la cabeza, sino también la parte superior del cuerpo. A menudo también se extienden las manos con las palmas hacia arriba. Es interesante que la palabra hebrea para “gracias”, too-dah, está directamente relacionada con la palabra en hebreo que significa “mano”. El hebreo es un idioma que pone mucho énfasis en lo físico; no hace hincapié en conceptos abstractos sino en cosas concretas. Así que, la palabra “gracias” también significa “extender las manos”. Cuando extendemos las manos a Dios, estamos diciendo “gracias”.
También me parece que extendemos las manos hacia arriba para recibir cualquier cosa que él quiera impartirnos.
Luego, el arrodillarse también es una actitud muy propia de la adoración. Me agrada el hecho de que las iglesias litúrgicas hayan retenido esta práctica de arrodillarse. Ya que me crié en la Iglesia Anglicana, yo sabía exactamente cuándo había que arrodillarse. A mi juicio, el arrodillarse es una parte muy importante de nuestra adoración. Creo que algunos evangélicos se están perdiendo de esto. He estado en algunos cultos donde, en el punto culminante de lo que Dios estaba haciendo, he sugerido que toda la congregación se arrodille. Hemos tenido algunas de nuestras más poderosas visitaciones del Espíritu Santo estando todos arrodillados delante de Dios. Por supuesto, me doy cuenta que puede ser solamente un formalismo religioso que ya casi no tiene ningún significado, pero no deje que eso le robe la bendición de arrodillarse delante de Dios.
Luego la adoración también es postrarse en tierra delante de Dios, y creo que este es probablemente el concepto más importante. Siempre me sonrío porque oigo a muchas personas cantando ese himno que dice “Que los ángeles caigan postrados”, pero a la mayoría de los que lo cantan nunca se les ocurriría postrarse delante de Dios. Dirían: “Está bien que lo hagan los ángeles, pero yo no pienso rebajarme a hacer tal cosa”. Casi todos los grandes hombres de Dios en la Biblia en algún momento u otro terminaron postrándose en tierra delante de Dios. Este es quizás el acto supremo de adoración.
Generalmente, cuando Ruth y yo vamos a algún sitio para predicar, buscamos prepararnos de antemano. No es que lo hagamos siempre, pero por lo general, en algún momento terminamos postrados en tierra. Es una manera de decirle a Dios: “Señor, dependemos totalmente de ti. No tenemos nada que dar; no tenemos ninguna fortaleza, ni justicia, ni sabiduría sino la que viene de ti”.
John Bunyan dijo lo siguiente: “El que se ha humillado no tiene que temer caerse. El de corazón sencillo no tiene que temer ningún orgullo. El que es humilde siempre tendrá a Dios como su guía”. Me inspiran mucho estas palabras y siempre las recuerdo. Cuando estamos tendidos en el piso, ya no podemos bajar más, así que ya no hay que temer caerse. El estar postrado delante de Dios con el rostro en tierra es un lugar seguro.
Quisiera que buscáramos en el libro del profeta Isaías, capítulo 6, versículos 1 al 3, un ejemplo de adoración celestial que me parece que nos muestra unos principios muy importantes. Aquí Isaías tiene una visión del Señor en su gloria en el cielo. Este siempre ha sido un capítulo muy importante para mí porque la primera vez que fui a un culto pentecostal—sin saber lo que era, ni que existían personas que se llamaban “pentecostales”—se predicó sobre este texto bíblico. En aquel tiempo, era soldado del Ejército Británico y, sin entrar en detalles, estaba viviendo tal como hace todo soldado. No lo vamos a leer aquí esta noche, pero cuando Isaías vio al Señor en su gloria, dijo: “¡Ay de mi! Porque perdido estoy, pues soy hombre de labios inmundos y en medio de un pueblo de labios inmundos habito”. (Biblia de las Américas) Al oír esas palabras, yo, un inconverso y un “hombre de labios inmundos, que habitaba en medio de pueblo de labios inmundos”, me dije a mí mismo: “Esa es la descripción más exacta de ti que jamás he oído”. Y de ahí en adelante, le presté atención al predicador, aunque en realidad no entendía de qué estaba hablando.
De todas maneras, leamos los primeros tres versículos:
En el año de la muerte del rey Uzías vi yo [Isaías] al Señor sentado sobre un trono alto y sublime, y la orla de su manto llenaba el templo. Por encima de El había serafines... (Biblia de las Américas)
Ahora bien, la palabra “serafín” está relacionada directamente con la palabra para fuego. Los serafines son criaturas ardientes, entre sus otras cualidades. A continuación, Isaías los describe:
...cada uno tenía seis alas; con dos cubrían sus rostros, con dos cubrían sus pies y con dos volaban. Y el uno al otro daba voces, diciendo: Santo, Santo, Santo, es el Señor de los ejércitos, llena está toda la tierra de su gloria.
Siempre me ha parecido que las tres veces que se repite la palabra “santo” corresponde a las tres personas de la Trinidad. Santo es el Padre; santo es el Hijo; santo es el Espíritu. Pero imagíneselo un momento. Creo que este texto nos da un magnífico cuadro de la relación que existe entre la adoración y la alabanza. La alabanza se expresa verbalmente. Así que estaban alabando al Señor y proclamando su santidad. “Santo, santo, santo es el Señor”.
Pero eso no fue lo primero que vio Isaías. Lo primero que vio fue adoración. Esos serafines tenían seis alas. Con dos se cubrían el rostro, y con dos se cubrían los pies. ¿Qué es eso? Es una actitud, ¿no es cierto? Es adoración. Tener el rostro y el cuerpo cubiertos es una manera de reverenciar a Dios, e implica un acto de adoración.
También tenían otras dos alas, y con éstas volaban. Si el volar corresponde al servicio, y el cubrir el rostro y los pies a la adoración, entonces podemos ver que la proporción es cuatro alas para adorar y dos alas para servir. Me parece que es una buena proporción. Creo que en nuestro ministerio al Señor, le deberíamos dar dos veces más tiempo y énfasis a la adoración que lo que le damos al servicio.
Además, creo que el servicio debería provenir de la adoración. A mi juicio, no deberíamos en ningún momento empezar a servir a Dios sin primero habernos acercado a él mediante la adoración. Me parece que nuestro servicio sería completamente diferente si siempre proviniera de la adoración.
Por otra parte, adoración sin servicio es hipocresía. Veamos las palabras de Jesús en Mateo 4:10, cuando Satanás lo tentó a postrarse delante de él y adorarlo. Jesús le contestó citando un pasaje de Deuteronomio.
Entonces Jesús le dijo: Vete, Satanás, porque escrito está: AL Señor TU DIOS ADORARAS, Y A EL SOLO SERVIRAS.
Fíjese que el orden es el mismo: primero adoración, luego servicio.
Sin embargo, el servicio siempre debe seguir a la adoración. Es importante entender esto. Había una época en que había muy poca adoración en la mayoría de iglesias. Las personas asistían a un culto dominical y lo llamaban un culto de adoración, pero en realidad, por lo general no había adoración. Había alabanza y proclamación, pero no adoración directa.
En las últimas dos décadas, las iglesias han empezado una vez más a practicar la adoración. De cierta forma, ahora está de moda la adoración. Uno puede ir a ciertas congregaciones donde se especializan en la adoración. Pueden hasta enorgullecerse de qué tan bien adoran a Dios. Pero si las personas simplemente adoran a Dios para gozarse y sentirse bien, sin que la adoración las lleve a servir a Dios, son hipócritas. Personas que simplemente se regocijan en el culto de adoración del domingo por la mañana y luego regresan a casa y viven para sí el resto de la semana no han oído las palabras de Jesús. “Al Señor tu Dios adorarás, y a él sólo servirás”. Estas dos cosas nunca debieran separarse. El servicio nunca se debiera separar de la adoración, y la adoración nunca se debiera separar del servicio.
Ahora bien, hay un hermoso pasaje en el Salmo 95 que me parece que describe a la perfección cómo se entra progresivamente a adorar a Dios. Los primeros dos versículos hablan de alabar a Dios con júbilo y en voz alta, en voz más alta de lo que permiten algunas iglesias. Dice así:
Venid, aclamemos alegremente a Jehová; cantemos con júbilo a la roca de nuestra salvación.
“Aclamar” quiere decir gritar o dar voces, no cantar alto. La Biblia Latinoamericana lo traduce “lanzar vivas”.
Lleguemos ante su presencia con alabanza; aclamémosle con cánticos.
Fíjese una vez más en los pasos para entrar en su presencia: acción de gracias y alabanza. Recuerde lo que dijimos anteriormente: no hay ninguna otra manera de entrar en la presencia de Dios.
Luego los próximos tres versículos nos dan la razón por la que debemos alabar y dar gracias a Dios. La Biblia es un libro muy lógico. No sólo nos pide que le demos gracias a Dios y lo alabemos, sino que nos dice por qué debemos hacerlo. Recordará que el Salmo 100 nos daba tres razones: Jehová es bueno; para siempre es su misericordia, y su verdad por todas las generaciones. Son tres razones inmutables por las cuales alabar a Dios. Y aquí en los versículos 3-5 tenemos las siguientes razones:
Porque Jehová es Dios grande, y Rey grande sobre todos los dioses.
Recordará que dije que mediante la alabanza reconocemos la grandeza de Dios. Aquí la palabra “grande” se usa dos veces. El Señor es Dios grande, y Rey grande sobre todos los dioses. Y reconocemos su grandeza alabándolo con gran gozo y júbilo.
Y luego lo vemos como el creador todopoderoso.
Porque en su mano están las profundidades de la tierra, y las alturas de los montes son suyas. Suyo también el mar, pues él lo hizo; y sus manos formaron la tierra seca.
Así que nos acercamos a él dándole gracias y alabándolo por las maravillas de su creación.
Pero aquí sólo estamos entrando en su presencia. En el versículo 6, venimos a adorar. Así que, la alabanza y la acción de gracias en realidad son la manera de entrar en adoración. Y en cuanto empezamos a adorar, es evidente que la adoración es una actitud. El versículo 6 dice:
Venid, adoremos y postrémonos; arrodillémonos delante de Jehová nuestro Hacedor.
Hemos pasado de una expresión verbal a una actitud. Empezamos con alabanza y acción de gracias, pero esa no era la meta. Cuando los creyentes no van más allá de la alabanza y la acción de gracias no alcanzan la meta que Dios ha fijado. Esta meta es adoración, la cual no es una expresión verbal, sino una actitud.
Venid, adoremos y postrémonos; arrodillémonos delante de Jehová nuestro Hacedor. [¿Por qué? Versículo 7:] Porque él es nuestro Dios...
¿Cuál es la mejor manera de reconocer que él es Dios? Mediante la adoración, porque Dios es el único que es digno de ser adorado. Así que por el mismo hecho de adorarlo, estamos reconociendo que él es nuestro Dios.
...nosotros el pueblo de su prado, y ovejas de su mano.
De modo que, como pueblo de Dios, lo apropiado es que lo adoremos, ya que al hacerlo, estamos reconociendo que él es nuestro creador y redentor, y nosotros su pueblo.
Ahora bien, hay algo curioso. Si busca en su Biblia, si la tiene abierta, verá que el versículo no termina allí. Parece que hubiera una división extraña porque la primera parte de la siguiente oración forma parte del versículo 7. ¿Se da cuenta? Dice:
Si oyereis hoy su voz, no endurezcáis vuestro corazón... [y después sigue]
¿Por qué está incluida la oración: “Si oyereis hoy su voz...” en la parte que habla de la adoración? El maravilloso secreto es éste: es cuando adoramos que realmente oímos la voz de Dios. Al adorar, dejamos de hablar. Ya hemos alabado con voz de júbilo, y es bueno que lo hayamos hecho, pero no es el fin. En un sentido, el fin es adoptar una postura de reverencia ante Dios en la que guardamos silencio ante él. Acallamos nuestra alma y esperamos en él.
Alguien dijo alguna vez que los evangélicos temen el silencio, y creo que es verdad. Pero hay un momento para guardar silencio y nadie sabe cuánto tiempo durará ese silencio. ¿Le parece que estaríamos dispuestos a darle a Dios diez minutos? En la mayoría de iglesias, guardar diez minutos de silencio se consideraría totalmente fuera de lugar. No estoy diciendo que tienen que ser diez minutos; creo que Dios es el que decide el tiempo. Sin embargo, al tomar esta actitud, estamos abiertos a oír la voz de Dios.
Casi todos los días, Ruth y yo pasamos un tiempo alabando y adorando a Dios. Ruth es nuestra directora de canto, ya que yo no tengo muy buena voz. Muchísimas veces, cuando entramos en esa actitud de adoración, en el que nuestro espíritu está acallado en la presencia de Dios, él nos habla. Muchas veces, Dios mismo nos ha guiado, prevenido y animado. Siempre tengo mucho cuidado con las profecías. No siempre las creo. Pero si alguien da una profecía cuando hay un ambiente de adoración y la profecía se adapta al ambiente, por lo general, no me resulta difícil creer que Dios está hablando a su pueblo. Sin embargo, si nunca venimos a ese lugar de adoración, en realidad, nunca le damos a Dios la oportunidad de hablarnos.
Fíjese en la siguiente progresión. Primero alabamos a Dios con voz de júbilo y gran gozo y así entramos en la presencia de Dios. Lo alabamos por las razones que ya hemos citado. Pero después que entramos en su presencia, todo cambia. Pasamos de alabarlo verbalmente a tomar la actitud apropiada al estar en la presencia del Dios omnipotente. Y al tomar esa actitud, estamos abiertos a oír su voz.
Ahora miremos las palabras de Jesús con respecto a la adoración en el Nuevo Testamento. Busquen Juan 4, un pasaje muy conocido para los que leen la Biblia. En Juan 4, Jesús le está hablando a la mujer samaritana en el pozo de Jacob. Sin entrar en detalles, Jesús dice en el versículo 23:
Mas la hora viene, y ahora es, cuando los verdaderos adoradores adorarán al Padre en espíritu y en verdad; porque también el Padre tales adoradores busca que le adoren.
Esa es una afirmación extraordinaria, ¿no es cierto? El Dios todopoderoso está buscando personas que lo adoren. Pero tenemos que adorarlo como él lo desea: en espíritu y verdad.
Luego Jesús sigue diciendo en el próximo versículo:
Dios es Espíritu; y los que le adoran, en espíritu y en verdad es necesario que adoren.
Así que, en la adoración, es nuestro espíritu el que se relaciona directamente con Dios. Según la Biblia, el hombre está compuesto de tres partes: espíritu, alma y cuerpo. Me parece que cuando alabamos y damos gracia, nuestra alma es la que obra, pero cuando adoramos, es nuestro espíritu el que entra en comunión directa con el Espíritu de Dios. Tenemos que adorarlo en espíritu y verdad.
En realidad, sin el Espíritu Santo, no podemos adorar. Creo que los que han sido llenos del Espíritu Santo estarán de acuerdo: esta experiencia cambia nuestra manera de adorar. Nos hace entrar en una nueva dimensión de adoración. No quiere decir que seamos perfectos ni mejores que nadie, sino que ha despertado algo en nosotros que nos da la habilidad de entender lo que es la verdadera adoración.
Pero también dice que adoremos en verdad. Me parece que esto quiere decir con sinceridad. Estoy convencido de que es sumamente importante que aprendamos a ser sinceros al adorar a Dios. Para darle un ejemplo de esto, quisiera que miráramos el libro de Levítico. Levítico es el libro del Antiguo Testamento que habla de los sacrificios y ordenanzas sacerdotales. ¿Cuál es el Levítico del Nuevo Testamento? Así es, el libro de Hebreos.
En cuanto a los sacrificios, el Señor da indicaciones acerca de lo que puede y no puede ser ofrecerse. En los versículos 1 y 2 de Levítico 2, Dios pide que en cada sacrificio se incluya el “incienso”, una resina aromática. Leamos en Levítico 2:1–2:
Cuando alguna persona ofreciere oblación a Jehová, su ofrenda será flor de harina, sobre la cual echará aceite, [el cual es un tipo del Espíritu Santo] y pondrá sobre ella incienso, y la traerá a los sacerdotes, hijos de Aarón; y de ello tomará el sacerdote su puño lleno de la flor de harina y del aceite, con todo el incienso, y lo hará arder sobre el altar para memorial; ofrenda encendida es, de olor grato a Jehová.
Ahora bien, el sacrificio tenía varios elementos: había harina, y había aceite. Sólo se quemaba una porción de estos. Sin embargo, se quemaba todo el incienso. En el Antiguo Testamento, el incienso es un tipo de la adoración. Nuestras ofrendas a Dios también aprovechan a los ministros de Dios, es decir, al sacerdocio. Sin embargo, hay una parte de nuestra ofrenda que nunca se le ofrece a nadie sino a Dios: el incienso, es decir, la adoración. Es de suma importancia recordar que no debemos en ningún momento ofrecer adoración a ningún ser humano, sino únicamente al Señor.
El incienso es una resina aromática, que se extrae de un árbol. Cuando se quema, despide un aroma muy fragante. En realidad, no tiene en sí nunguna belleza, pero sí despide un perfume muy agradable. Eso es lo que Dios quiere; así es nuestra adoración: un perfume fragante y oloroso que sube ante él.
Por otra parte, hay algo que no se debe ofrecer a Dios. Si miramos el versículo 11 del mismo capítulo, dice:
Ninguna ofrenda que ofreciereis a Jehová será con levadura; porque de ninguna cosa leuda, ni de ninguna miel, se ha de quemar ofrenda para Jehová.
Antes de ser quemada, la miel es dulce y tiene buen sabor, pero al quemarla se vuelve un pegote negro. Lo que el Señor está diciendo es: “No me ofrezcas adoración que no sea capaz de pasar por el fuego. Ofréceme incienso, porque cuanto más se quema, más dulce es su aroma. No me ofrezcas adoración que, al ser probada, se vuelva un pegote negro”. Medite acerca de esto. Pregúntese: “¿Estoy añadiendo miel a mis oraciones, o bien las ofrezco al Señor junto con incienso? ¿Estoy prometiéndole a Dios cosas que no voy a cumplir, o estoy adorando en espíritu y verdad?
Por último, hay un cuadro muy gráfico de lo que es la adoración en 1 Corintios 6:16–17. La Biblia es un libro que dice las cosas como son, y este es un pasaje muy explícito. Pablo dice:
¿O no sabéis que el que se une con una ramera [o prostituta], es un cuerpo con ella? Porque dice: Los dos serán una sola carne. Pero el que se une al Señor, un espíritu es con él.
Tenemos que ser prácticos y analizar el contraste. Primeramente se habla de una unión sexual inmoral, pero luego Pablo compara esta unión a la unión espiritual que existe cuando el creyente se une a Dios. En otras palabras, existen dos tipos de unión: la unión física y la unión espiritual. ¿Qué es la adoración? Es eso mismo. Es la única manera en que nuestro espíritu puede unirse al Espíritu de Dios. Esa unión da fruto. La adoración es lo que hace que seamos productivos espiritualmente. ¿Entiende la idea? De manera que cuando piense en la adoración, dése cuenta de que su espíritu se está uniendo con el Espíritu de Dios.

Materiales de estudio
Cuando esté disponible, esta enseñanza incluye un bosquejo del sermón y una transcripción para uso personal, preparación de mensajes o discusiones de estudios bíblicos.
Código: MV-4267-100-SPA









