Liberación de la Maldición - Primera Parte

Derek Prince
Published: 1990
Last Updated: julio de 2026
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En 'Liberación de la Maldición - Parte 1', Derek Prince explora la profunda verdad del sacrificio de Cristo en la Cruz. Comprende cómo, a través de la Resurrección, Jesús nos redimió de la maldición de la ley, rompiendo nuestras cadenas y liberándonos. Descubre el poder transformador de vivir en esta libertad y reclama la promesa del Espíritu mediante la fe.
Transcript
El tema de mi charla—y habrá dos charlas sobre el mismo tema, una después de la otra—será “Liberación de la maldición”. Hablaré de verdades que Dios me ha estado enseñando mayormente, yo diría, en los últimos cinco años. Verdades que han cambiado por completo mi vida, así como la vida de incontables personas a las que he tenido el privilegio de ministrar esta verdad. En algunos sitios que he ministrado, al preguntarles a las personas al final del mensaje si quieren recibir lo que Dios ofrece por medio de esta verdad, noventa y cinco por ciento de los presentes han respondido. Y hemos visto cambios radicales en la gente.
Recuerdo haber hablado en Zambia, en el centro de África, hace varios años. Enseñé este tema y al final un hombre se acercó a mí; los africanos, en general, no son ricos, pero él era un hombre bien vestido y educado. Se lanzó al suelo a mis pies y habría besado mis pies si se lo hubiera permitido. Luego se levantó—y probablemente tenía alrededor de cuarenta años—y dijo: “Toda mi vida he estado en dolor y he sido miserable. No he conocido un solo día feliz.” Pero dijo: “Desde que hice esa oración con usted, todo ha cambiado en mí. Estoy totalmente libre del dolor, soy una persona diferente.”
Así que este es un mensaje que tiene poder. Es apropiado que busquemos Gálatas 3:13–14 como base de este mensaje. Gálatas 3:13–14:
“Cristo nos redimió de la maldición de la ley, hecho por nosotros maldición (porque está escrito: Maldito todo el que es colgado en un madero), para que en Cristo Jesús la bendición de Abraham alcanzase a los gentiles, a fin de que por la fe recibiésemos la promesa del Espíritu.”
Estos versículos revelan un intercambio que se llevó a cabo estando Jesús en la cruz. Dice en el Antiguo Testamento, en el libro de Levítico, que cualquiera que muere colgado en un madero es maldito. Así que cuando Jesús fue colgado en el madero de la cruz, fue hecho maldición. Lo que se llevó a cabo fue un intercambio divino que estos versículos expresan claramente. Jesús cargó con la maldición, con cada maldición que merecíamos nosotros, para que pudiéramos ser redimidos de la maldición y alcanzar la bendición que Dios ha preparado para su pueblo. Se trata de un intercambio práctico y muy sencillo. Jesús fue hecho maldición para que nosotros pudiéramos recibir la bendición.
Para hacer esto real para usted, le invito a unirte a mí diciendo eso. Y me gustaría que usaras sus manos; su mano izquierda para la cosa mala, su mano derecha para la cosa buena. Míreme una vez y luego lo haremos juntos. “Jesús se convirtió en una maldición para que pudiéramos recibir la bendición.” ¿Está bien? Ahora recuerden, tu mano izquierda es opuesta a mi derecha, así que no se confundan por mí. Y no le des un golpe a tu vecino en la nariz, ¡solo haganlo con tacto! ¿Están listos? “Jesús se convirtió en una maldición para que pudiéramos recibir la bendición.”
Lo que voy a hacer ahora es explicarles qué son exactamente las maldiciones y las bendiciones. Son dos temas bíblicos muy importantes. Creo que la palabra “bendecir” en diferentes formas, aparece en la Biblia unas 600 veces. Y la palabra “maldición” tal vez unas 300 veces. Pero por experiencia me he dado cuenta que la mayoría de los cristianos no tienen conocimiento de lo que son bendiciones y maldiciones. Creo que el propósito de Dios es que mediante la redención de Cristo, seamos librados de maldiciones y disfrutemos de las bendiciones. Pero dondequiera que viajo, encuentro a muchos creyentes que sobrellevan maldiciones cuando deberían estar disfrutando de bendiciones. Una de las razones principales es que no saben reconocer lo que es una maldición y lo que es una bendición.
La segunda razón es que aun si lo reconocen, tal vez no sepan cómo ser liberados de la maldición y recibir la bendición. Así que quisiera empezar por darles una definición sencilla de bendiciones y maldiciones. Ambas cosas son instrumentos de poder espiritual. Es muy importante entender que no estamos tratando con algo meramente natural. Va más allá de lo natural. Son instrumentos de poder espiritual, para bien, si son bendiciones, y para mal, si son maldiciones. Y una de sus características es que muy a menudo se perpetúan de generación en generación. Muchas veces hasta que alguien sepa romperlas, en el caso de las maldiciones. Por eso, muchas personas—y hay algunos aquí esta noche—sufren en su vida las consecuencias de cosas que tal vez sucedieron muchas generaciones atrás. Y hay que encontrar la raíz del problema y tomar las medidas apropiadas a fin de ser liberado.
Ahora bien, las bendiciones y maldiciones generalmente operan mediante las palabras. Pueden ser palabras habladas, escritas o simplemente palabras pronunciadas interiormente. Sin embargo, tanto las bendiciones como las maldiciones pueden transferirse o transmitirse mediante objetos, objetos tangibles. De modo que no siempre se trata de palabras solamente. Para dar un ejemplo muy sencillo, en la comunión que celebramos como cristianos, Pablo dice que la copa de bendición que bendecimos, ¿no es la comunión del cuerpo de Cristo? De modo que, mediante esa copa, que es un objeto tangible que contiene vino, Dios nos transmite una bendición.
En el Antiguo Testamento, hay varios ejemplos de maldiciones que se transmitieron mediante objetos. En particular, bajo la ley de Moisés, si se le acusaba a una mujer de ser infiel a su esposo, tenía que pasar por una prueba especial. El sacerdote la llevaba al tabernáculo, escribía una maldición y luego mojaba la tinta en un vaso de agua de modo que las palabras de la maldición se disolvieran en el agua. Se le obligaba a la mujer a tomar el agua y pronunciar sobre sí misma la maldición. Si era inocente, no le pasaba nada. Su esposo nunca más podría acusarla. Pero si era culpable, sufría en su cuerpo terribles consecuencias físicas. Digo esto sólo para darles un ejemplo de una maldición transmitida mediante un objeto, en este caso, un vaso de agua.
He llegado a entender esta verdad por experiencia personal. Casi nunca predico nada que sea sólo una teoría abstracta. Durante toda mi vida, casi todas las enseñanzas que he dado han estado relacionadas de alguna manera con cosas que han pasado en mi vida. Y esto se aplica en especial a este mensaje. Quiero relatarles tres incidentes en mi vida personal que fueron alertándome. Esta verdad no me fue revelada de una sola vez; fue un proceso gradual. Creo que Dios supervisó mi adiestramiento al permitir que tuviera ciertas experiencias y tratara con ciertos casos que me abrieron los ojos a estas cosas.
A finales de los años sesenta, cuando vivía en Fort Lauderdale, Florida, con mi primera esposa, Lydia, había heredado de mi abuelo materno varios objetos de arte y cultura chinos. Como punto de interés, sucedió así porque mi abuelo, que era oficial del Ejército Británico, fue el comandante de un cuerpo expedicionario que el gobierno británico envió a la China en 1904 para reprimir una sublevación que se conoce como la Rebelión Bóxer. Y regresó con varios artículos que había adquirido en la China. Con el tiempo, heredé algunos de éstos de mi mamá.
Entre ellos había cuatro hermosos dragones bordados, cada uno en una pieza de material separada. Quiero decir, los colores eran preciosos. Aprendí de alguien que sabía un poco sobre la cultura china que eran Dragones Imperiales porque tenían cinco garras. Los dragones ordinarios solo tienen cuatro garras, pero los Dragones Imperiales tienen cinco garras. Y realmente era muy cerca a mi abuelo, así que esto significaba mucho para mí. Cuando establecimos nuestra casa en Fort Lauderdale, tenía estos cuatro dragones enmarcados en la pared de nuestra sala de estar. Pero después de un tiempo, el Espíritu Santo comenzó a inquietarme. ¿Alguna vez has sido inquietado por el Espíritu Santo? ¿Sabes qué hacemos primero? Lo ignoramos y decimos que eso es una tontería, Él no haría eso. De todos modos, el Espíritu Santo me decía: “Ahora, en la Biblia, ¿qué representa el dragón?” Bueno, conocía la Biblia lo suficiente como para saber la respuesta a eso. El dragón representa al diablo muy claramente en Apocalipsis 12:9 y así sucesivamente. Bueno, entonces Él me decía: “¿Es apropiado para ti, como siervo de Cristo, tener en la pared de tu sala de estar algo que publicita al diablo?” Bueno, ya sabes, luché con esto por un tiempo y dije: “Está bien, Dios, tú ganas. Me desharé de los dragones.” Y lo hice.
Ahora, no lo hice con ningún motivo sino el de obedecer a Dios. Pero los resultados fueron increíbles. Hasta ese momento, en cuanto a finanzas, recibía justamente lo necesario para subsistir. Viajaba y predicaba y recibía honorarios, los cuales cubrían nuestras necesidades, pero en realidad no teníamos ningún excedente. Además, aun en mi familia estaban pasando ciertas cosas raras. Se me estaba haciendo difícil comunicarme con mi esposa. Luego tenía derecho a recibir una herencia de mis padres—una suma de dinero bastante importante—y por ciertos actos irresponsables de parte de otras personas, la herencia estaba tardando muchísimo en llegar a mis manos. Pues, me deshice de los dragones, pero empecé a notar que había pasado a otro nivel de prosperidad. El siguiente año, hice lo mismo que venía haciendo, pero mis ingresos doblaron sin yo hacer ningún cambio.
Luego recibí la herencia; todo impedimento fue quitado. Y mi primera esposa y yo pudimos comprar una casa, lo cual fue un paso de fe bastante grande para nosotros, pero sentíamos muy claramente que Dios nos estaba guiando a comprar esa casa.
Ahora bien, no estoy predicando prosperidad en sí, porque creo que ese tema hay que tratarlo con mucho cuidado. Pero sí prosperidad con un propósito. Nos mudamos a esa casa, vivimos en ella por nueve años y la vendimos por más de tres veces lo que pagamos. Con el dinero que conseguimos, mi segunda esposa, Ruth, y yo pudimos construir una casa en Jerusalén, lo cual es muy caro. Dios proveyó las finanzas por medio de la venta de esa casa. No fue algo que planificamos. Yo no tenía ninguna intención de hacerlo, pero me di cuenta que una fuerza sombría y maligna había invadido mi hogar mediante esos dragones. Y hasta que esa fuerza no fuera desalojada y totalmente expulsada no podría seguir caminando según el plan perfecto de Dios para mi vida y ministerio.
Una cosa muy interesante era que ni siquiera sabía qué era aquello que Dios tenía para mí que se me estaba impidiendo alcanzar, ¿me explico? He visto esto en la vida de muchas personas. Cuando hay una maldición sobre una persona, ésta no sabe cómo sería si fuera liberada de la maldición. No se lo puede imaginar.
Bueno, un poco más tarde estaba ministrando en una iglesia, una Iglesia Presbiteriana en algún lugar de lo que llaman el Medio Oeste de los Estados Unidos. Había terminado mi mensaje y estaba de pie detrás del púlpito. No sabía muy bien qué iba a hacer a continuación y vi a una familia en la primera fila a mi izquierda: padre, madre e hija adolescente. Y mientras los miraba, sentí que el Espíritu Santo decía que había una maldición sobre esa familia. No había predicado sobre eso, no estaba pensando en eso y no sabía muy bien qué hacer al respecto. Así que simplemente esperé y volvió a llegar muy claramente: “hay una maldición sobre esa familia”. Entonces me acerqué al padre y le dije: “Señor, creo que Dios me ha mostrado que hay una maldición sobre su familia. ¿Le gustaría que lo liberara de ella en el nombre de Jesús?” Realmente no tenía experiencia, solo estaba actuando por fe. Él inmediatamente dijo: “Sí”. Más tarde aprendí de él que había habido tantas cosas desastrosas sucediendo en su vida y en la vida de su familia que aceptó el hecho de que había una maldición. Luego hice una oración corta y simple en voz alta liberando a la familia de la maldición. Cuando dije “En el nombre de Jesús”, hubo una reacción visible y física en cada miembro de la familia, aunque no estaba tocando a ninguno de ellos. Así que retrocedí y luego noté que la hija adolescente tenía una pierna enyesada desde la parte superior del muslo hasta la planta del pie. Así que volví y dije: “¿Le gustaría que orara por la sanación de la pierna de su hija?” Él inmediatamente dijo que sí, pero agregó: “Deberías saber que se ha roto la misma pierna tres veces en dieciocho meses y el médico dijo que no sanará.” Bueno, si escuchara eso hoy, que alguien se ha roto la misma pierna tres veces en dieciocho meses, realmente no dudaría de que había una maldición en operación, pero era nuevo para mí. Dije: “Todo lo que puedo hacer es simplemente levantar la pierna en mis manos y decir una oración simple”, que es lo que hice.
Unas semanas más tarde recibí una carta de este hombre dándome las gracias y diciéndome específicamente que cuando regresaron a la clínica con la hija para hacerle radiografías de la pierna, la radiografía mostró que la pierna estaba sanada. Y al poco tiempo, le quitaron el yeso.
Al meditar acerca de esto, me di cuenta de una cosa: la maldición sobre la familia que Dios me había mostrado era una barrera que impedía que se sanara la pierna de la hija. Mientras no se removía esa barrera, no daría ningún resultado orar para que se sanara su pierna. Y este es un principio que he visto ya cientos de veces: una maldición sobre una familia o un individuo puede ser una barrera invisible que impide que estas personas reciban la bendición que Dios quiere que tengan. En el caso mío, con los dragones, era la prosperidad financiera y el ser libre para hacer la voluntad de Dios. En el caso de esta muchacha, la bendición era la sanidad de su pierna fracturada, pero la maldición era la barrera.
Después de esto, empecé a enseñar sobre este tema, y grabé unos casetes, entre ellos una serie de tres casetes llamada “Maldiciones: causa y curación”. Éstas empezaron a circular y empecé a oír testimonios increíbles de lo que estaba pasando, no sólo en la vida de individuos, sino en congregaciones enteras. Una de estas series de tres casetes llegó hasta Sudáfrica, y un tiempo después, Ruth y yo estábamos ministrando allí en Sudáfrica, en Ciudad del Cabo, y nos encontramos con una señora judía que se había entregado al Señor Jesús y lo reconocía como su salvador y mesías. Ella nos contó este relato de su propia boca. Ella era lo que llaman una secretaria ejecutiva, muy cualificada. Tenía un trabajo muy bien pagado con un hombre que era presidente de su propia empresa. Al poco tiempo, descubrió que el presidente y todos los ejecutivos de la empresa pertenecían a una extraña secta dirigida por una gurú. Entonces, el presidente le pidió que escribiera algunas bendiciones que esta gurú había pronunciado sobre los ejecutivos. Cuando la mujer empezó a escribirlas, se dio cuenta de que no eran nada para los cristianos, así que fue a ver a su jefe y le dijo: «Lo siento, pero no me siento libre de escribir estas bendiciones». El jefe, amablemente, le dijo: «Lo siento. Si hubiera sabido que iba en contra de tu conciencia, no te lo habría pedido». Y ahí quedó todo.
Ahora tenemos que inferir algo. Estoy seguro que a la guía espiritual le contaron acerca de una tal secretaria que se negaba a escribir sus bendiciones. Y quién sabe lo que habrá hecho. Tal vez haya orado, o posiblemente haya pronunciado una maldición. Pero en boca de una persona así, daba lo mismo. A las pocas semanas, esta secretaria—llamémosla Miriam; ese no era su nombre—los dedos de Miriam empezaron a ponerse tiesos y a encorvarse, y al poco tiempo le dolían muchísimo y no los podía doblar. Nos dijo que el dolor era terrible. No podía dormir en la misma cama que su esposo porque cada vez que él daba una vuelta en la cama y la cama se movía, el dolor en sus dedos era insoportable. Fue a ver a un especialista que le tomó radiografías y le dijo que era artritis reumatoide. En un sentido, había llegado a ser inválida.
Otra dama, una dama carismática, había recibido estas tres cintas mías y sintió que esta dama Miriam debía escucharlas. No creo que Miriam estuviera realmente muy emocionada por ellas, era una dama bastante sofisticada y creo que la idea de las maldiciones era algo remoto y medieval a sus ojos. De todos modos, esta otra dama prevaleció, así que se sentaron y escucharon las tres cintas. Y al final de la tercera cinta, yo guío a las personas en una oración mediante la cual se liberan de cualquier maldición sobre sus vidas. En el momento en que comenzó la oración, la cinta se atascó. No avanzaba, no retrocedía y no se expulsaba. Eso no es puramente natural. Así que Miriam dijo: “Bueno, entonces no puedo decir la oración.” Esta dama incansable dijo: “¡Oh no, tengo la oración escrita! La traeré.” Así que persuadió a Miriam, creo que bastante en contra de su propio juicio, para que leyera esta oración. Ahora, podrías leer la oración en tres minutos, no tomaría tanto. Así que Miriam simplemente leyó la oración de manera obediente y entre el momento en que comenzó a leer la oración y el momento en que terminó, sus dedos y sus manos fueron totalmente liberados. No había rastro de artritis. Volvió al médico, quien confirmó médicamente la sanación.
Lo que quiero enfatizar es lo siguiente: ella no estaba orando para recibir sanidad. No estaba en su mente hacerlo. Simplemente se estaba liberando de una maldición. Pero al romperse la maldición, ya no quedaba ninguna razón para que hubiera enfermedad, ¿me explico? Otro ejemplo de una barrera invisible.
Ahora quisiera mirar, en las Escrituras, cómo se manifiestan las bendiciones y las maldiciones. Hay un capítulo en particular en el Antiguo Testamento que habla única y exclusivamente de bendiciones y maldiciones. ¿Cuántos saben cuál es? Deuteronomio 28. Bien. En catorce versículos se habla de bendiciones, y en cincuenta y cuatro versículos, de maldiciones. No podemos entrar en detalles porque no tenemos tiempo, pero si están interesados, les sugiero que estudien este capítulo con detenimiento cuando puedan. Yo lo he estudiado muchas veces, y voy a resumirlo en mis propias palabras. Pero les pido que juzguen ustedes mismos si lo que digo es exacto.
He aquí mi resumen de las bendiciones y maldiciones principales. En realidad, las dos cosas están completamente contrapuestas. Aquí hay siete bendiciones. Número uno, el ser exaltado quiere decir ser enaltecido. Ya no vivimos por debajo de las cosas. Número dos, el ser fructífero. La persona que está en la bendición de Dios da fruto en cada área de su vida. Número cuatro, prosperidad o éxito. Número seis, Moisés dijo que seríamos la cabeza y no la cola. Y número siete, que estaríamos encima y no debajo.
Cuando estaba estudiando esto hace algunos años, le pregunté al Señor cuál es la diferencia entre la cabeza y la cola. Siento que me dio una respuesta simple. La cabeza toma las decisiones, la cola simplemente es arrastrada. Entonces, ¿de qué manera estás viviendo? ¿Estás tomando las decisiones? ¿Estás a cargo de la situación? O, ¿simplemente estás siendo arrastrado como una cola por circunstancias y fuerzas que no entiendes y que no puedes controlar? Si eres una cola, es muy posible que estés bajo una maldición.
No estoy diciendo que cada una de esas bendiciones se debe a esto; eso lo decide usted. Hay un solo experto en esta materia, y su nombre no es Derek Prince. Es el Espíritu Santo. Él es el que tiene que mostrarle a usted personalmente. Yo puedo predicar la verdad general, pero usted tiene que permitir que el Espíritu Santo le muestre cómo esa verdad se aplica a su vida específicamente.
Ahora miremos las maldiciones. Son exactamente lo contrario. Humillación, el no poder reproducirse, es decir, la esterilidad. Yo diría básicamente que la esterilidad casi siempre tiene que ver de alguna manera con una maldición. Número tres, enfermedad de todo tipo. Y si ha leído Deuteronomio 28, se dará cuenta que no hay enfermedad que no se mencione en esa lista. Número cuatro, pobreza o fracaso. Número cinco, derrota. Y número seis, ser la cola y no la cabeza. Número siete, estar debajo y no encima. Probablemente hayan oído hablar de dos cristianos que se conocieron. Uno de ellos le preguntó: «¿Cómo estás, hermano?». Y él respondió: «Bueno, dadas las circunstancias, no me va mal». Y el primer cristiano le preguntó: «¿Y qué haces bajo las circunstancias?». Deberías estar por encima, no por debajo.
A través de los años, independientemente de esta lista, he elaborado una pequeña lista de indicadores que me avisan que probablemente haya una maldición. Sólo digo probablemente. Hice esta lista independientemente de Deuteronomio 28, pero es increíble qué tan parecida es. Resulta ser que la lista mía tiene siete indicadores. Quiero recalcar lo siguiente: No estoy diciendo que si usted tiene una de estas cosas es seguro que esté bajo una maldición. Usted necesita considerar la posibilidad y buscar a Dios. Pero si tiene varias de estas cosas, mientras más tenga, más posibilidades hay de que esté bajo una maldición.
He aquí mi pequeña lista. Número uno, el colapso nervioso y/o emocional. Donde a la persona le da un colapso nervioso. Esa es la frase que se usa hoy. Dicen: “A fulano de tal le dio un colapso nervioso”. De eso estoy hablando: emocionalmente, mentalmente o ambas cosas. Número dos, las enfermedades repetidas o crónicas, especialmente si son hereditarias, porque las maldiciones pasan de generación en generación. También en situaciones donde los doctores no encuentran ninguna causa natural. Número tres, los llamados problemas femeniles. Esterilidad, una tendencia a perder el embarazo, y problemas con la menstruación. Ruth y yo hemos tratado con tantos casos así que cada vez que alguien pide oración en esta área simplemente procedemos como si fuera una maldición. De hecho, hemos llegado al punto de sentir muchas veces que estamos perdiendo el tiempo ministrando a los enfermos sin primero enseñarles cómo ser librados de la maldición.
Una vez pedimos que pasaran adelante las damas que tuvieran problemas femeniles, ¡y ahí en la fila estaba un hombre! Así que al llegar a él, le dije: “¿Cuál es su problema? ¿Cómo puede tener un problema femenil?” Él dijo: “Mi problema es depresión, y ese es un problema de las mujeres”. Pero no estuve de acuerdo con su planteamiento.
El siguiente es la separación de los cónyuges y la desintegración del hogar, donde los matrimonios y las familias se separan y los hijos quedan alejados de sus padres y sus hermanos. Es sumamente probable que esté operando una maldición. El siguiente, la necesidad económica. Quiero tener cuidado cómo digo esto. No creo que un período de pobreza...puede ser una prueba enviada por Dios. Pero si siempre está corto de dinero, si nunca tiene lo suficiente y se gana la vida a duras penas, creo que es muy probable que esté bajo una maldición. El siguiente es lo que llaman la propensión a sufrir accidentes. Es decir que usted es de esas personas que sufre accidentes constantemente, ¿me explico? Esto puede medirse de manera objetiva; las compañías de seguros investigan la vida de las personas y les aplican una prima más alta si las clasifican como propensas a sufrir accidentes. Quiero decir, no es natural fracturarse el tobillo cada vez que va a cruzar la calle, o agarrarse los dedos cada vez que su esposa cierra la puerta del auto, y cosas así. O tal vez los pequeños insectos voladores siempre entran a los ojos suyos. Quiero decir, no es natural si estas cosas pasan todo el tiempo.
Y finalmente, un historial de suicidios o de muertes no naturales en una familia. Si es que esto pasa a menudo en la familia.
Permítanme repasar rápidamente. El colapso nervioso y/o emocional, enfermedades crónicas o repetidas, especialmente cuando son hereditarias, problemas femeniles, la desintegración del matrimonio y de la familia, la necesidad económica, la propensión a sufrir accidentes y en una familia, un historial de suicidios o muertes no naturales.
Ahora bien, eso no lo incluye todo, así que además, trato de presentar lo que llamo un cuadro general, porque hay muchas cosas que pudieran ser el resultado de una maldición que no están en esa lista. Y esto es lo que he aprendido al haber tratado con muchas personas diferente. Pudiéramos decir que una maldición es como un brazo largo de maldad que se extiende desde el pasado, sin que la persona sepa de dónde viene exactamente. Se extiende, y cada vez que la persona está a punto de tener éxito o llegar adonde quiere estar, este brazo maligno la hace tropezar, y tiene que levantarse y volver a empezar. Llega a cierto punto y entonces vuelve a tropezar. Y esto se repite vez tras vez en su vida. Es sorprendente cuántas personas me han contado algo similar. Y muchas veces dicen: “Pues, lo mismo le pasó a mi padre o a mi abuelo. En otras palabras, parece que viene de familia”.
Otra imagen sencilla es la de una sombra negra sobre su vida que se proyecta desde el pasado, y que no deja que brille la luz de la bendición de Dios. Uno ve a otras personas caminando en la luz, y sabe que la luz está ahí y que es una realidad, pero por alguna razón, en su vida pareciera que la luz muy rara vez brilla con toda su fuerza. Pues si cualquiera de estas cosas está en su vida, debe buscar a Dios mientras terminamos este mensaje para que el Espíritu Santo le revele cuál es su necesidad o problema particular.
En Proverbios 26:2, el autor de los Proverbios hace una declaración muy importante. Dice:
Como el gorrión en su vagar, y como la golondrina en su vuelo, así la maldición nunca vendrá sin causa.
En otras palabras, si hay una maldición, siempre es por una razón. Hubo algo que lo causó. Mi experiencia ha sido que al ayudar a las personas, muchas veces para poder romper la maldición, es recomendable y a veces necesario, descubrir la causa. Ahora voy a tomar un tiempo para hablar de las causas bíblicas de las maldiciones. Será un tema bastante largo; seguiremos hablando de él en la próxima reunión.
Busquemos en Deuteronomio 28 lo que yo llamaría las causas principales, tanto de las bendiciones como de las maldiciones. Y afortunadamente son muy sencillas. Los dos primeros versículos de Deuteronomio dicen los siguiente:
Acontecerá que si oyeres atentamente la voz de Jehová tu Dios, para guardar y poner por obra todos sus mandamientos que yo te prescribo hoy, también Jehová tu Dios te exaltará sobre todas las naciones de la tierra. Y vendrán sobre ti todas estas bendiciones, y te alcanzarán, si oyeres la voz de Jehová tu Dios.
La Reina Valera Actualizada dice “Si escuchas diligentemente la voz de Jehová tu Dios”, y en hebreo, esa frase se forma repitiendo la palabra “escuchar”. Para enfatizar la idea, dice “Si escuchas escuchando” la voz del Señor tu Dios, y haces lo que él dice. De modo que muy sencillamente, el origen principal de todas las bendiciones es escuchar la voz de Dios y hacer lo que él dice.
Y la causa principal de todas las maldiciones es exactamente lo contrario. En el versículo 15 del mismo capítulo dice:
Pero acontecerá, si no oyeres la voz de Jehová tu Dios, para procurar cumplir todos sus mandamientos y sus estatutos que yo te intimo hoy, que vendrán sobre ti todas estas maldiciones, y te alcanzarán.
¿Qué es lo que produce las maldiciones? El no escuchar la voz de Dios y el no hacer lo que él dice. De modo que ahí tenemos las dos causas de raíz. El origen de la bendición: el escuchar la voz de Dios y hacer lo que él dice. El origen de la maldición: el no escuchar la voz de Dios y no hacer lo que él dice. Quiero decirles ahora mismo que si más adelante empezamos a ministrar y ustedes son liberados de maldiciones, si quieren permanecer en la bendición tendrán que cumplir con esta condición: tendrán que escuchar la voz de Dios y hacer lo que él dice. Si empiezan otra vez a no escuchar y no hacer su voluntad, posiblemente caigan otra vez bajo una maldición.
También hay en la Biblia varias fuentes y varias causas específicas de maldiciones. Ya hemos hablado de la causa general; hablemos ahora más específicamente. La primera fuente de maldiciones—y esto tal vez sorprenda a algunos de ustedes—es Dios mismo. Hay muchas maldiciones en la Biblia que Dios mismo pronuncia. Tal vez una de las maneras más comunes de Dios juzgar a personas o naciones desobedientes es pronunciar sobre ellas una maldición. Y al tomar efecto la maldición, toma efecto el juicio de Dios. ¿Entienden? Dios bendice y también maldice.
Así que antes que nada vamos a hablar de maldiciones que proceden de Dios mismo. En Éxodo 20:3-5, vemos la principal fuente de maldiciones. Es la primera parte de los diez mandamientos. Permítanme decir, antes de leerlo, que lo que más ocasiona maldiciones en la vida de las personas es el hecho de quebrantar los dos primeros mandamientos. De hecho, me inclino a creer que es imposible quebrantar esos mandamientos sin caer bajo una maldición. Ahora permítanme leer estas palabras.
No tendrás dioses ajenos delante de mí.
Pero en hebreo significa también “además de mí”. No es cuestión de tener al Señor como nuestro Dios principal y tener también otros dioses. Él dice: “Yo soy el Señor y aparte de mí no hay ningún otro dios”. De modo que no debemos reconocer a ningún dios sino al Dios verdadero.
El segundo habla de lo que nosotros llamaríamos idolatría.
No te harás imagen, ni ninguna semejanza de lo que esté arriba en el cielo, ni abajo en la tierra, ni en las aguas debajo de la tierra. No te inclinarás a ellas, ni las honrarás; porque yo soy Jehová tu Dios, fuerte, celoso, que visito la maldad de los padres sobre los hijos hasta la tercera y cuarta generación de los que me aborrecen.
Fíjense que esta es una característica específica de las maldiciones: se perpetúan por lo menos por tres, y probablemente por cuatro generaciones. Piensen en las miles de millones de personas sobre la tierra cuyos antepasados adoraron a ídolos por incontables siglos. Piensen en la gran acumulación de maldiciones que eso representa. Hagan un viaje por el sudeste de Asia. En mi opinión, no vale la pena ministrar en el sudeste de Asia si no se habla de maldiciones, porque en realidad, noventa y cinco por ciento de las personas allí están bajo una maldición. Eso no quiere decir que sean personas malas. Me parece que son magníficas personas. Pero hay algo que viene del pasado.
Es muy importante entender que el tener otro dios aparte del Dios verdadero incluye todo tipo de práctica oculta. No puedo tomar el tiempo esta noche de hablar de todas las prácticas ocultas que existen porque hay un sinfín de ellas. Pero cada vez que una persona va a otra fuente que no es el Dios verdadero para pedir cosas que sólo es lícito pedirle al Dios verdadero, en realidad está haciendo un dios de esa otra fuente, cualquiera que sea. De modo que si uno va a consultar a un adivino para averiguar lo que va a pasar en el futuro cuando Dios nos ha prohibido recibir esa información de esa fuente, por medio de ese adivino, uno está haciendo un dios de la potestad detrás del adivino. Si juega con una tabla de ouija. O si participa en todo tipo de experiencias ocultas de sectas que niegan la verdad de la Biblia. En todas estas cosas está haciendo un dios que no es el Dios verdadero. Por eso es muy importante decir lo siguiente: las maldiciones pronunciadas a causa de haber quebrantado los dos primeros mandamientos incluyen toda práctica oculta.
Ahora, el Señor dice hasta la cuarta generación. Basta hacer un poco de matemáticas y remontarse hasta la cuarta generación. Cada uno de nosotros tiene treinta antepasados. ¿Cuántos de nosotros podemos decir a ciencia cierta que ninguno de nuestros treinta antepasados jamás estuvo involucrado en el ocultismo? No lo sé; tal vez unos cuantos. Yo no podría afirmar tal cosa.
Para darles un ejemplo muy sencillo de esto, hace varios años, estaba en una reunión de oración en un hogar que era típica de las reuniones que se hacían es ese entonces. Estaba sentado al lado de un joven de unos veinte años. Le dije—supongo por inspiración del Espíritu Santo— ¿Has recibido el Espíritu Santo? Y él me dijo —Sí, pero... Cuando alguien contesta “Sí, pero” a esa pregunta, ya se sabe cuál es el “pero”. —Pero no hablo en lenguas. Me parecía que realmente quería hablar en lenguas. Yo no estaba tratando de obligarlo. No discutí con él, pero el Señor me instó a preguntarle: —¿Alguna vez has consultado a un adivino? Él se puso a pensar y entonces dijo: —Sí, una vez cuando tenía como quince años. Pero sólo lo hice como juego; no lo hice en serio. —Sin embargo, fuiste— le dije. Me dijo que sí, y le dije: —Sabes que Dios prohíbe ese tipo de cosa. Él se mostró un poco reacio a reconocerlo, pero al fin lo reconoció. Yo le pregunté: —¿Puedo guiarte en una oración mediante la cual confesarás que fue pecado y te librarás de las consecuencias? —Está bien— dijo él. Creo que sólo dijo que sí para que yo lo dejara de molestar. Pues, lo guié en una oración sencilla: “Señor, confieso que fue pecado el haber consultado a ese adivino etc.” No le dije más nada, puse mi mano sobre su hombro y oré por él. Inmediatamente empezó a hablar con fluidez en una lengua desconocida. Dentro de unos minutos, estaba totalmente absorto. Pues, había una barrera invisible que le había impedido hablar en lenguas libremente. ¿Qué era? El ocultismo. Ese es un ejemplo sencillo.
Ahora, en Deuteronomio 27:15–26 se pronuncian doce maldiciones, y cuando los israelitas entraron a la Tierra Prometida, tuvieron que pronunciar todas estas maldición sobre sí mismos. Si desobedecían la Ley, automáticamente caían bajo estas maldiciones. No podían entrar en la Tierra Prometida sin esto. Me parece que de cierta forma también es así cuando llegamos a tener una relación con Dios; si somos obedientes, recibimos las bendiciones, pero si somos desobedientes, estamos en peligro de caer bajo las maldiciones.
Les daré el resumen mío de las cosas por causa de las cuales se pronuncian las maldiciones en Deuteronomio 27:15 y lo que sigue. Número uno, una vez más, es idolatría, dioses falsos. Eso siempre está al principio de la lista. Número dos, el irrespetar a los padres. Esto se repite en el Nuevo Testamento, en Efesios 6:
Honra a tu padre y a tu madre, que es el primer mandamiento con promesa; para que te vaya bien, y seas de larga vida sobre la tierra.
Mi convicción personal es que jamás le irá bien al que no honra a sus padres. Se me ocurren muchísimos ejemplos de personas así. Eso no quiere decir que esa persona no pueda salvarse, hablar en lenguas e ir al cielo cuando muera. Pero hasta que no cambie la relación que tiene con sus padres, su calidad de vida será deficiente. No quiere decir que tenga que estar de acuerdo con sus padres, o hacer todo lo que ellos dicen, pero sí tiene que respetarlos.
Me viene a la mente otro joven que conocí. Él tenía una relación pésima con su padre. El padre había fallecido, y estaba sepultado en un cementerio a una distancia de más de mil quinientos kilómetros de donde estábamos. Cuando esta verdad penetró en su mente, viajó mil quinientos kilómetros para ir al cementerio donde estaba sepultado su padre, fue a su tumba, se arrodilló, le confesó a su padre sus malas actitudes, lloró y derramó su corazón, y al levantarse, era una persona cambiada. Y desde ese momento, el rumbo de su vida cambió. Sé que especialmente hoy día hay muchos hijos que tienen muchas razones por las cuales tener rencor contra sus padres. Eso lo entiendo. Siempre digo que no hay hijos delincuentes, sino más bien padres delincuentes. Sin embargo, si quiere que le vaya bien, más vale que haga lo que Dios dice. No puede darse el lujo de no hacerlo.
El próximo en la lista, y tenemos que avanzar rápidamente, es la traición en contra de un prójimo. El libro de Proverbios dice que nunca se apartará el mal de la casa del que da mal por bien.
Luego la injusticia hacia el débil o el indefenso. Personalmente, no se me ocurre nada que sea más débil o indefenso que un bebé en el vientre de su madre. Mi convicción es que cualquiera que se hace un aborto intencionalmente, cae bajo una maldición. Yo nunca ministraría a una persona tal sin primero quitar de en medio la maldición. Quiero que entiendan que no estoy diciendo que están bajo una maldición para siempre. Por favor, entiéndanlo. Les estoy diciendo cuál es el problema porque voy a mostrarles la solución.
Luego, el sexo ilícito o no natural, especialmente el incesto. Y no sé cuáles son las estadísticas aquí, pero hoy día en los Estados Unidos se estima que se ha abusado sexualmente de una de cada cuatro niñas de menos de diez años, y uno de cada cinco niños de menos de diez años. No creo que esto pueda pasar sin que caiga una maldición.
Sigamos con esta lista. En Génesis 12, vemos el llamado de Dios para Abraham. Tenemos que mirar esto porque aquí hay algo muy importante. Dios llama a Abraham, le hace ciertas promesas, y al terminar de llamarlo, en el versículo 3, le dice a Abraham:
Bendeciré a los que te bendijeren, y al los que te maldijeren maldeciré.
Aquí hay tanto una bendición como una maldición. Creo que fue necesario porque cuando Dios escoge a una persona para bendecirla, esa persona llega a ser el blanco de todo tipo de potestad satánica. Así que Dios incluyó una protección. Le dijo a Abraham: “Yo maldeciré a cualquiera que te maldiga”.
No vamos a seguir, pero en Génesis 27:29, mediante la bendición de su padre, Isaac, esa protección pasa a Jacob.
Malditos los que te maldijeren.
Notarán que ese linaje incluye a Abraham, Isaac y Jacob, que llegaron a formar ¿qué nación? Así es, Israel. ¿Y cómo le decimos cuando la gente maldice, insulta o abusa del pueblo judío? Antisemitismo. En mi opinión, el antisemitismo casi siempre acarrea una maldición para un individuo o para una nación. Y si estudiamos la historia de los últimos diecinueve siglos, veremos que una tras otra, muchas naciones cayeron bajo una maldición porque maldijeron al pueblo judío. Ruth y yo tenemos un amigo íntimo que es un árabe de Palestina nacido en Haifa, un ciudadano americano, que tuvo un encuentro dramático con Jesús hace unos años. Yo lo guié a recibir el bautismo en el Espíritu Santo. Para ese entonces, él era millonario. Escuchen esto, después de salvarse, se fue a la bancarrota. Tuvo la sensatez de decir: “Señor, ¿qué me estás diciendo?” Dios dijo: “Estoy quitando tu orgullo”. Pero Dios también le mostró otra cosa, que él y todos sus antepasados habían maldecido al pueblo judío con mucha regularidad. Y créanme, he vivido entre los árabes en Palestina. Es muy normal; con unas pocas excepciones, todos lo hacen. Dios le mostró que si él cambiaba esa actitud, le devolvería la bendición. Él se arrepintió y le pidió a Dios que le diera un amor por el pueblo judío. Y es un árabe de Palestina que está más a favor de Israel que la mayoría de los judíos. Y ahora es multimillonario. ¿Me explico? ¡Qué importante es averiguar por qué pasan ciertas cosas en su vida!
Luego se pronuncia otra maldición muy importante en el libro del profeta Jeremías que es muy corta, y creo que muchas veces la leemos sin apreciar su significado. Jeremías 17:5–6:
Así ha dicho Jehová: Maldito el varón que confía en el hombre, y pone carne por su brazo, y su corazón se aparta de Jehová. Será como la retama en el desierto, y no verá cuando viene el bien, sino que morará en los sequedales en el desierto, en tierra despoblada y deshabitada.
Quiero que se fijen que esta es una descripción bastante buena de alguien que está bajo una maldición. Hay muchas bendiciones a su alrededor, pero él vive en una tierra despoblada. La lluvia cae por todas partes menos sobre la tierra de él. ¿Cuál es el origen de esa maldición? El confiar en el hombre, y el poner carne por su brazo. Pero la escritura dice: “y su corazón se aparta de Jehová”. En otras palabras, este es un hombre que ha conocido la gracia sobrenatural y la bendición de Dios y que luego se aparta y vuelve a depender de sus propios esfuerzos. Le da la espalda a la gracia de Dios. Y eso trae una maldición.
Quiero que formen su propia opinión, pero yo diría que ese es el estado en que se encuentra la mayor parte de la Iglesia cristiana profesante en la actualidad. Casi todos los grandes movimientos en la Iglesia que conocemos hoy día, y no voy a nombrar ninguno, empezaron con una visitación sobrenatural soberana, obra del Espíritu Santo. De no ser así, no hubieran llegado a formar parte de la historia. Sin embargo, en la actualidad, yo diría que la mayoría de ellos se han apartado de la gracia y el poder sobrenaturales de Dios y han empezado a depender de sus propios esfuerzos y de lo que pueden lograr mediante su propia fuerza y habilidad. Y por esa razón están bajo una maldición. Me parece que este es un problema muy grande que tiene la Iglesia cristiana; deberíamos estar en la bendición, pero por haber desobedecido Jeremías 17:5, hemos caído bajo una maldición.
Voy a seguir rápidamente. En Zacarías 5:1–4, Zacarías tuvo una visión de un rollo que volaba, y había una maldición escrita en ambos lados del rollo. Una de las maldiciones era sobre todo aquel que hurtara, y la otra era sobre todo aquel que jurara falsamente. Y en la visión, el rollo entraba en una casa, permanecía allí, y la casa entera era consumida. Pues, así son las maldiciones. No afectan sólo un área en particular, sino que corroen todo lo que está a su alrededor. Debemos estar conscientes de esto. La próxima vez que vaya a llenar una declaración de impuestos—y estoy seguro que todos las llenan—recuerde que si no es honrado, se está exponiendo a una maldición. Porque me imagino que en la planilla se tendrá que afirmar que se ha hecho una declaración fiel.
Saben que por lo menos en los Estados Unidos, casi diez por ciento del costo de los artículos que se venden al detal, se debe a seguros contra robo. Imagínense qué diferente sería si la gente no robara. Básicamente, esa sería la respuesta para que no hubiera inflación. ¿Ven lo real que es esa maldición? Afecta toda una nación.
Y luego, en Malaquías 3, creo que tenemos que mirar esto. Malaquías 3:8–10:
¿Robará el hombre a Dios? Pues vosotros me habéis robado. Y dijisteis: ¿En qué te hemos robado? En vuestros diezmos y ofrendas. Malditos sois con maldición, porque vosotros, la nación toda, me habéis robado. Traed todos los diezmos al alfolí y haya alimento en mi casa; y probadme ahora en esto, dice Jehová de los ejércitos, si no os abriré las ventanas de los cielos, y derramaré sobre vosotros bendición hasta que sobreabunde.
Ahora, no estoy diciendo que todos los creyentes tengan que diezmar, porque según entiendo yo, el Nuevo Testamento dice que no estamos bajo la ley, sino bajo la gracia. Pero me parece que la gracia debería hacernos más generosos que la ley. La Biblia dice que tenemos un mejor pacto establecido sobre mejores promesas. ¿Creen que de ser así pudiéramos dar menos que los israelitas? Pero quiero enfatizar lo siguiente: la mezquindad para con Dios trae una maldición. Ser tacaño para con Dios es muy mala administración. Les digo a los cristianas en todas partes que en el momento de tomarse la ofrenda, Dios no necesita sus propinas. En realidad, si nos ponemos a pensar un momento, sólo darle a Dios una propina de un dólar o cincuenta centavos o algo así...¡no lo hagan! Ustedes no tienen que dar, pero están dando a Dios. Como ya dije, él no necesita sus propinas. Hay una gran falta de reverencia en la iglesia en cuanto a esto de dar. Deberíamos entender que el dar es un acto de adoración, y que debemos hacerlo como tal. Tengo que admitir que soy cien por ciento británico. Y en cuanto a mi propia nación, Gran Bretaña, creo que cayó bajo una maldición, básicamente porque los cristianos británicos eran tacaños. Le doy gracias a Dios que ahora eso está cambiando. Creo que viene un nuevo día para Gran Bretaña. Yo lo he vivido. Fui pastor por unos nueve años en Inglaterra. En Inglaterra, el lema de la junta directiva de las iglesias es: “Manténganlo humilde ustedes; nosotros lo mantendremos pobre”. ¡Y sí que cumplen su parte del convenio!
Y luego en Gálatas 1, hay otra declaración sumamente importante que afecta a la iglesia. Pablo está hablando del evangelio que le reveló sobrenaturalmente Jesús, y dice en Gálatas 1:8–9:
Mas si aun nosotros, o un ángel del cielo, os anunciare otro evangelio diferente del que os hemos anunciado, sea anatema. Como antes hemos dicho, también ahora lo repito: Si alguno os predica diferente evangelio del que habéis recibido, sea anatema.
La palabra griega allí es anathema, que ha pasado al idioma español. La palabra anathema quiere decir algo que es tan abominable a Dios que él nunca tendrá nada que ver con él. ¿Qué es lo que acarrea esa maldición? El predicar cualquier cosa bajo el nombre del evangelio que no es la verdad del evangelio. Si juntamos Jeremías 17:5 y Gálatas 1:8-9 y lo aplicamos a la iglesia contemporánea, es de maravillarse que todavía quede alguna bendición. Y más si añadimos Malaquías 3, maldito el que es tacaño para con Dios.
Hermanos, ¿saben lo que tenemos que hacer? Tenemos que arrepentirnos y cambiar nuestra forma de ser. Tenemos que tomar a Dios muy en serio. Hay muchas diferentes definiciones de la fe, pero les daré una que es muy sencilla. La fe es tomar en serio a Dios. Tomar en serio la Biblia.
Hemos llegado al final de esta reunión. Permítanme, muy brevemente si es posible, hacer un resumen de las causas principales de las maldiciones que hemos mirado. Antes que nada, dioses falsos: idolatría y ocultismo. Eso es lo primero en la lista, antes de cualquier otra cosa. Luego, falta de respeto por los padres, traición contra un prójimo, injusticia hacia el débil e indefenso, sexo ilícito o no natural o incesto, antisemitismo, el depender de la carne en vez de la gracia de Dios, robo o falso testimonio, mezquindad para con Dios y el pervertir el evangelio, es decir, predicar un mensaje que dice ser el evangelio pero que lo tergiversa.
Yo estuve en el Ejército Británico por cinco años y medio durante la Segunda Guerra Mundial, y oí predicar a muchísimos entre comillas “capellanes”. No conocía al Señor y no había oído el evangelio cuando me alisté en el ejército; conocí al Señor estando allí. No recuerdo haber oído ni un solo capellán predicar el evangelio, así que este es un problema bastante grave que enfrentamos.
Ha llegado el momento de terminar esta reunión, pero continuaremos en la próxima. Seguiré hablando del mismo tema. Hablaré de otras cosas que ocasionan maldiciones y luego llegaremos a la parte que en realidad es importante: cómo ser liberado de una maldición. Así que quiero pedirles que se mantengan en una actitud de oración. Eso no quiere decir que no puedan hablar con el que está a su lado, pero no permitan que la unción que está sobre ustedes en estos momentos se disipe, porque Dios tiene mucho que darles. Tiene mucho que darles a muchas personas aquí esta noche. Manténganse en una actitud que les permitirá ser liberados de la maldición y recibir la bendición.
Código: MV-4285-100-SPA









