Es apropiado que comencemos con una proclamación. Después, enseñaré sobre el tema de la proclamación, y terminaremos haciendo varias proclamaciones. Cuando ministramos, Ruth y yo siempre empezamos así. Es algo que Dios nos ha enseñado a hacer. Nos hemos dado cuenta de que el proclamar la Palabra en fe al principio de una reunión cambia completamente el ambiente y hace que haya más unción sobre el predicador. Proclamaremos Isaías 55:10-11, que es una de nuestras proclamaciones favoritas. Con frecuencia, usamos esta escritura para confesar la Palabra sobre nuestro ministerio radial y su alcance a toda la tierra. La escritura dice así:

Porque como desciende de los cielos la lluvia y la nieve, y no vuelve allá, sino que riega la tierra, y la hace germinar y producir, y da semilla al que siembra, y pan al que come, así será mi palabra, que sale de mi boca; no volverá a mí vacía, sino que hará lo que yo quiero, y será prosperada en aquello para que la envié.

Ahora, quisiera hablar un poquito acerca de la palabra "proclamación", y el verbo "proclamar". Vienen de una palabra en latín que significa vocear o pregonar. Es una palabra fuerte. En el lenguaje del Nuevo Testamento, hay dos palabras que tienen relación entre sí: "confesión" o el verbo "confesar", y "proclamación" o "proclamar". "Confesar" significa "decir lo mismo que". Para los que creemos lo que dice la Biblia, la confesión es decir con nuestros labios lo mismo que Dios ya ha dicho en su Palabra. Hacemos que las palabras de nuestra boca concuerden con la Palabra de Dios, lo cual hace que podamos recibir todo el respaldo y la autoridad de Jesús. El autor de Hebreos dice en Hebreos 3:1:

Jesús es el sumo sacerdote de nuestra profesión.

Esa es una afirmación muy importante. Sin confesión, no tenemos sumo sacerdote. Él es el sumo sacerdote de lo que confesamos. En otras palabras, cada vez que decimos con nuestra boca lo que la Biblia dice acerca de nosotros, como creyentes en Jesús, Jesucristo, nuestro sumo sacerdote en el cielo, envía su autoridad y su bendición. Pero si no decimos nada, de cierta manera paralizamos su ministerio como sumo sacerdote. Y si hacemos una confesión indebida, es aun peor para nosotros. De cierta manera, nos abrimos a fuerzas negativas, permitiendo que éstas nos rodeen e influyan en nuestra vida.

En realidad, proclamar es confesar de manera agresiva. Proclamar la Palabra es hacer guerra espiritual mediante las palabras que pronunciamos. Es enviar la autoridad de la Palabra de Dios a cierta situación, ya sea nuestra vida, la vida de la iglesia, la situación política o cualquier otra situación. Hay muchísimas situaciones en las que se necesita el poder de Dios. Ya sea que se trate de nuestra propia vida, nuestra familia, nuestra iglesia, nuestra nación o cualquier otra área, la proclamación constituye la manera más eficaz de enviar el poder de Dios a una situación. En realidad, la proclamación es la labor de un heraldo. La palabra "heraldo" no se usa mucho hoy día, pero el heraldo era una persona bajo la autoridad de un rey, duque u otro noble, que iba a cierto lugar y hacía una declaración pública de lo que quería, o lo que había decidido hacer el noble en aquel lugar.

No sé si habrán oído hablar de esto, pero, anteriormente, los heraldos solían decir: "¡Oíd! ¡Oíd!" y luego hacían la proclamación. Cuando decían: "¡Oíd!" todos escuchaban atentamente, sabiendo que el que hablaba era el vocero del gobernante, el cual tenía toda autoridad en ese lugar.

En el Nuevo Testamento, aunque no es evidente en la mayoría de las traducciones, la palabra que se traduce "predicar" da a entender la voz de un heraldo. Es una palabra que quiere decir proclamar. Una de mis escrituras favoritas es Mateo 24:14:

Y será predicado este evangelio del reino...

Pero nosotros preferimos decir:

Y será proclamado este evangelio del reino en todo el mundo, para testimonio a todas las naciones; y entonces vendrá el fin.

He sido maestro bíblico por cincuenta años, y siempre sentí que mi deber era interpretar la Biblia, es decir, explicar su significado a fin de ayudar a las personas a entenderla. Pero hace unos doce años, el Señor empezó a poner en mi corazón la palabra "proclamar". De cierta manera sentí que él me estaba desafiando a ir más allá de la enseñanza, y más bien proclamar. De este sentir surgió mi ministerio radial de enseñanza bíblica, el cual empezó transmitiéndose por ocho emisoras en los Estados Unidos en 1979, y ahora se transmite en diez idiomas, y en realidad alcanza una gran parte de la población mundial. Y es realmente un ministerio de proclamación. Creo que el versículo clave que me tocó el corazón fue Mateo 24:14, que dice:

“Este evangelio del reino será proclamado en todo el mundo como testimonio a todas las naciones; y entonces vendrá el fin.”

Me di cuenta que el fin no puede venir hasta que no hayamos hecho la obra que nos corresponde como Iglesia de Jesucristo, y sus testigos en la tierra: la de proclamar el evangelio en todo el mundo para testimonio a todas las naciones. Me he dado cuenta, por experiencia propia, del tremendo poder que tiene la Palabra de Dios cuando ésta se proclama de manera sencilla y en fe. Al proclamar la Palabra de esta manera, se producen grandes milagros.

Había una mujer en los Estados Unidos que era todo lo que el cristianismo enseña que no debiera ser la mujer. Era marxista, lesbiana y feminista, y lo tomaba muy en serio. Quiero decir, compraba revólveres para dispararles a los hombres. De alguna manera u otra, llegó a estar en una pequeña nave en el mar de la China con algunos de sus compañeros de maldad. Se dirigían a su destino para hacer alguna fechoría. Parece que se aproximaba una tormenta, de modo que los demás le dijeron que bajara a la cala y prendiera el radio para ver si oía algunas noticias con respecto al tiempo. Prendió el radio, y por casualidad oyó mi programa radial de enseñanza bíblica que se transmitía desde Manila, en las Filipinas, ¡y se salvó en la cala de aquella nave! Quiero decir, no ha podido tomar más de quince minutos, porque ese es el tiempo que dura el programa. Ahora es una persona completamente diferente. Está tan comprometida con Cristo como una vez lo estuvo para hacer lo malo.

Ese es sólo un ejemplo. Lo que ella oyó no fue enseñanza. Yo no estaba dando muchas explicaciones; la proclamación de la Palabra hizo su obra.

Ahora quisiera tomar un ejemplo de la vida de Moisés, cuando Dios lo llamó a regresar a Egipto para librar a Israel. Recuerden que Dios se le apareció en la zarza ardiendo, y luego, en Éxodo 4, le dijo: "Ahora quiero que vuelvas a Egipto para librar a Israel". Moisés había perdido toda la confianza en sí mismo que había tenido a los cuarenta años. A la edad de ochenta, ya no tenía confianza en sí mismo. Dijo: "¿Por qué me escoges a mí, Señor? No puedo hacerlo; no tengo manera de hacerlo. ¿Cómo lo lograría?" Y el Señor, siempre tan práctico, le preguntó: "¿Qué tienes en la mano?" Moisés miró y dijo: "Una vara". Era el tipo de vara que lleva todo pastor de ovejas en el Medio Oriente. Moisés no le encontró nada de particular a su vara. Pero el Señor dijo: "Échala en tierra", y al echarla Moisés, se convirtió en una serpiente, y Moisés huyó de su propia vara. En otras palabras, aquella vara que tenía en la mano tenía un potencial que él nunca había esperado ni imaginado.

Luego, el Señor dijo: "Tómala por la cola". Todo el que maneja culebras sabe que nunca se toma una culebra por la cola, pero Moisés la tomó. Creo que ha debido estar temblando al tomarla. Y la culebra se volvió vara en su mano. En realidad, Dios le estaba diciendo: "Ahora bien, ve con tu vara. Eso es todo lo que necesitarás. Puedes hacer toda la obra con esa sola vara". Y si analizamos el resto de esa parte del libro de Éxodo, veremos que toda la liberación de Israel de Egipto se realizó a través de esa vara. Cada vez que Moisés quería que Dios interviniera, extendía su vara, y Dios intervenía. El resultado fue que, en un sentido, Moisés le quitó el reinado de Egipto a Faraón mediante el uso que le dio a su vara.

Por último, vemos a los israelitas pasando por las aguas del Mar Rojo. Cuando fue necesario que las aguas se dividieran, Moisés extendió su vara, y se dividieron las aguas. Cuando los egipcios cruzaban el Mar Rojo y los perseguían, Moisés extendió su vara y las aguas se volvieron sobre los egipcios y los destruyeron. De modo que la única herramienta que le fue necesaria para cumplir toda la obra que Dios lo había llamado a hacer fue aquella vara de pastor, que al tenerla en la mano al principio, no le parecía tener ninguna importancia.

Si usted es un creyente comprometido que cree en la Biblia, quiero decirle lo siguiente: usted tiene una vara. ¿Sabe lo que es? Es su biblia. Si tiene aquí una biblia, quisiera que la levantara en alto. Quisiera que dijera: "Esta es mi vara. Con ella puedo hacer todo lo que me dice Dios que haga". Bien, pueden bajar su biblia.

Ahora bien, lo primero que tenemos que entender de las Escrituras es el poder que tiene la Palabra de Dios. Tenemos que darnos cuenta de que la Biblia es un libro sobrenatural. Así como la vara de Moisés, tiene poder que no pareciera tener a simple vista. Sin embargo, cuando uno empieza a entenderla, en realidad su poder es infinito. Les daré ahora unas cuantas escrituras que muestran el poder que tiene la Palabra de Dios. Salmo 33:6 dice:

Por la palabra de Jehová fueron hechos los cielos, y todo el ejército de ellos por el aliento de su boca.

La palabra en hebreo que se traduce "aliento" es la palabra usual para designar el espíritu: ruach. De modo que la creación entera surgió a través de dos fuerzas: la Palabra de Dios y el Espíritu de Dios. Todo lo que existe, lo que en algún momento existió o existirá en el futuro le debe su origen a estas dos fuerzas: la Palabra y el Espíritu de Dios obrando conjuntamente.

La Palabra debe obrar junto con el Espíritu. Creo que quizás fue por eso que el salmista lo tradujo "aliento" y no "espíritu". No sé si ustedes habrán estudiado algo de esto, pero yo tuve que aprender los principios básicos de la fonética cuando enseñaba inglés como segundo idioma a estudiantes africanos. Me enteré de algunas cosas interesantes con respecto a las palabras. Piensen en lo sencillas que son las palabras, pero al mismo tiempo, el tremendo poder que tienen. ¿Qué hacemos al hablar? Sacamos aire de los pulmones. Este aire nos sale por la boca, o quizás por la nariz, y el proceso por el cual pasa en la boca y la nariz determina qué palabra será formada. Pero la realidad fundamental es que no se puede hablar sin respirar. Para hablar, es necesario respirar. Es igual en el caso de Dios. Cada vez que él habla, su aliento acompaña sus palabras. Su aliento es su Espíritu. Por lo tanto, la Palabra y el Espíritu de Dios siempre van juntos. La Palabra y el Espíritu de Dios crearon el universo, y también lo sostienen. Hay una escritura muy significativa en 2 Pedro 3, que nos dice tres cosas: que la Palabra crea, sustenta y también destruye. 2 Pedro 3, empezando en el versículo 5, dice:

Estos ignoran voluntariamente, que en el tiempo antiguo fueron hechos por la palabra de Dios los cielos, y también la tierra, que proviene del agua y por el agua subsiste, por lo cual el mundo de entonces pereció anegado en agua; pero los cielos y la tierra que existen ahora, están reservados por la misma palabra, guardados para el fuego en el día del juicio y de la perdición de los hombres impíos.

De modo que los cielos y la tierra fueron creados mediante la Palabra de Dios. Por la Palabra de Dios subsisten, y por su Palabra, cuando llegue el tiempo que Dios ha fijado, serán destruidos. Por lo tanto, la Palabra de Dios crea, sustenta y elimina.

A veces, cuando veo cómo el hombre está echando a perder este planeta, me alegro de que la Palabra de Dios algún día pueda ponerle fin a este desastre. La Palabra de Dios creó el universo, lo sostiene y terminará con él. Todo eso lo hace Dios por su Palabra.

Confesemos otra vez la escritura que Ruth y yo confesamos al principio. Isaías 55:10-11 señala lo que acabo de explicar: que la Palabra tiene que salir de la boca de Dios. De lo contrario, no tiene ningún efecto. Vamos ver cómo lo decimos.

Porque como desciende de los cielos la lluvia y la nieve, y no vuelve allá, sino que riega la tierra, y la hace germinar y producir, y da semilla al que siembra, y pan al que come, así será mi palabra que sale de mi boca; no volverá a mí vacía, sino que hará lo que yo quiero, y será prosperada en aquello para que la envié.

Fíjense que Dios dice: "Mi palabra que sale de mi boca". En otras palabras: "Mi palabra cuando es dirigida por mi aliento". En 2 Corintios 3:6, Pablo dice:

...la letra mata...

En otras palabras, la Palabra sola, sin el aliento de Dios no vivifica. Tiene que ser la Palabra junto con el Espíritu. Un sermón seco, que está lleno de escrituras, pero que no ha sido tocado por el aliento de Dios, no da vida, sino muerte. ¿Me explico? La Palabra y el Espíritu tienen que obrar conjuntamente.

Ahora quisiera valerme de la experiencia de Moisés para mostrarles cómo podemos hacer que la Palabra de Dios obre mediante la proclamación. Proclamar la Palabra es enviarla a una situación dada. Requiere confianza y denuedo; no es para tímidos. Tenemos que decidirnos a creer la Palabra y decir: "Es la Palabra de Dios, y cuando la confieso, creyéndola en mi corazón, el Espíritu de Dios es el que habla a través de mí, y mi confesión es tan eficaz como lo sería si Dios mismo la hiciera". ¿Pueden creerlo? No tiene que ser Dios el que pronuncia las palabras. Si el Espíritu Santo dirige la Palabra de Dios a través de nuestra boca, es tan eficaz como cuando Dios creó el universo mediante su Palabra.

En el caso de Moisés, lo primero que aconteció fue que éste tuvo temor. Echó en tierra su vara, la cual se volvió una culebra, y huyó de ella. Quiero señalar que antes que podamos proclamar de manera eficaz, tenemos que aprender a temer la Palabra de Dios. Tenemos que aprender a temblar ante la Palabra de Dios. Isaías lo dice, o más bien, Dios lo dice a través de Isaías, en Isaías 66, el último capítulo de Isaías. Los primeros dos versículos de Isaías 66 dicen:

Jehová dijo así: El cielo es mi trono, y la tierra estrado de mis pies; ¿dónde está la casa que me habréis de edificar, y dónde el lugar de mi reposo? Mi mano hizo todas estas cosas, y así todas estas cosas fueron, dice Jehová.

En otras palabras, el Señor dice: "No puedes construirme ningún templo o edificio que me inpresione, porque yo creé todo el universo". Y luego dice: "Pero sí hay una cosa, una sola cosa, que atrae mi favor". Dice lo siguiente:

...pero miraré a aquel...

Otra traducción dice: "Miraré con aprobación". ¿A quién mirará Dios con aprobación? ¿A quién tomará en cuenta?

...a aquel que es pobre y humilde de espíritu, y que tiembla a mi palabra.

De modo que, como Moisés, tenemos que empezar por sentir temor y reverencia ante la Palabra de Dios. Hay una gran falta de temor de la Palabra de Dios en la Iglesia de hoy. La conocemos tan bien y la citamos tan frecuentemente que ya no mostramos respeto ni verdadera reverencia hacia ella. Tenemos que cambiar esta actitud.

Ahora permítanme darles dos razones en el evangelio de Juan por las que deberíamos temblar ante la palabra de Dios. La primera está en Juan 12:47-48. Jesús es el que habla, y dice:

Al que oye mis palabras, y no las guarda, yo no le juzgo; porque no he venido a juzgar al mundo, sino a salvar al mundo. El que me rechaza, y no recibe mis palabras, tiene quien le juzgue; la palabra que he hablado, ella le juzgará en el día postrero.

De modo que Jesús dice que él no será nuestro juez. Seremos juzgados por la Palabra de Dios. Imagínese que estuviera delante del Dios Todopoderoso, y que tuviera que rendirle cuentas de su vida, lo cual pienso que todos tendremos que hacer algún día. En esta situación, estaría temblando; estaría bastante preocupado. Lo que dice Jesús es que deberíamos tener la misma actitud hacia la Palabra de Dios, ya que es ella la que nos juzgará. Si sólo pudiéramos entender que cada vez que abrimos las páginas de esta Palabra y la leemos, estamos mirando el libro que algún día nos va a juzgar. ¡Bien debiéramos temblar!

Luego, más adelante en Juan 14:23, Jesús hace otra afirmación asombrosa. Dice:

El que me ama, mi palabra guardará; y mi Padre le amará, y vendremos a él, y haremos morada con él.

Este es uno de los pocos lugares en la Biblia donde se usa el nombre plural al referirse a Dios. Dice "vendremos a él", es decir el Padre y el Hijo vendrán. ¿Cómo vendrán? ¿Mediante qué? Mediante la Palabra. En otras palabras, cuando nos abrimos a la Palabra de Dios, si es que lo podemos creer, Dios mismo, el Padre y el Hijo, vendrán a nuestra vida para hacer su morada con nosotros. Si de alguna manera, aunque fuera en una visión, usted llegara a ver al Señor Jesucristo entrando a su hogar, se conmovería. Sentiría un temor santo. Querría postrarse a sus pies. Jesús dice: "No sólo vendré yo, sino que vendrá el Padre. Vendremos nosotros". ¿Mediante qué? Mediante la Palabra. ¿Está claro?

Me parece que en la Iglesia de hoy, la mayoría de nosotros tenemos que cambiar nuestra actitud hacia la Palabra de Dios. Debemos sentir reverencia y temor santo hacia ella. La Palabra sólo tendrá efecto en nuestra vida de la manera que estoy hablando cuando hayamos aprendido a reverenciarla.

Lo primero que le sucedió a Moisés fue que empezó a temblar ante la Palabra. De repente se dio cuenta del poder que tenía su vara, y huyó de ella. Estaba impresionado.

La segunda cosa que hizo fue asir la vara. Por fe la tomó, y se volvió a convertir en vara en su mano. De modo que después que hayamos temblado, necesitamos asir la Palabra de Dios. Debemos empuñarla. Hay una escritura hacia el final del libro de los Salmos que me impresiona mucho. Salmo 149, los últimos versículos. Salmo 149, empezando en el versículo 5 dice:

Regocíjense los santos por su gloria, y canten aun sobre sus camas.

A mi juicio, al decir "los santos", se refiere a cada creyente verdaderamente comprometido. La palabra "santo" es la palabra hebrea hasid. ¿Cuántos han oído hablar del judaísmo hasídico, una forma de judaísmo sumamente ortodoxa? La palabra "hasid" indica una persona que tiembla ante la Palabra de Dios, una persona que está completamente comprometida a la Palabra.

Regocíjense los santos por su gloria, y canten aun sobre sus camas. Exalten a Dios con sus gargantas, y espadas de dos filos en sus manos, para ejecutar venganza entre las naciones, y castigo entre los pueblos; para aprisionar a sus reyes con grillos, y a sus nobles con cadenas de hierro; para ejecutar en ellos el juicio decretado; gloria será esto para todos sus santos.

Si usted puede creer que es uno de los santos, esta es una serie de afirmaciones asombrosas. Aquí dice que tenemos que tener en la mano la espada de dos filos, que es la Palabra de Dios, y exaltar a Dios con nuestra boca, para así ejecutar venganza entre las naciones, y castigo entre los pueblos. ¿Puede imaginarse haciendo esto? ¿Sabía usted que esto es algo que Dios tiene para usted? Para aprisionar a sus reyes con grillos, y a sus nobles con cadenas de hierro. Me parece que esto se refiere en parte a los principados satánicos que rigen las naciones, pero no solamente a ellos.

Luego dice en el versículo final: "Para ejecutar en ellos el juicio decretado". Y dice que será una gloria para todos sus santos. En otras palabras, esto será un honor o un privilegio que tendrán sus santos. ¿Ha meditado alguna vez acerca de esto? Dios nos ha dado el privilegio de ejecutar el juicio decretado sobre las naciones. La vida de oración de muchos de nosotros sería diferente si empezáramos a vernos desde este punto de vista. Dice que ejecutemos el juicio decretado, o en otra versión, la sentencia escrita. ¿Dónde está escrita la sentencia? ¿Dónde encontramos el juicio decretado? Así es, levántenla en alto. Así es, está aquí. No somos nosotros los que decretamos el juicio. Dios ha decretado el juicio, pero nosotros tenemos el privilegio de ejecutar el juicio decretado sobre las naciones y sus gobernantes. En otras palabras, tenemos un papel único y decisivo que desempeñar en la historia. ¿Ven qué tan importante es esto? Y la verdad es que muchísimos creyentes ni siquiera han empezado a entender todo lo que Dios ha puesto a nuestro alcance, y todo lo que él espera de nosotros.

Pero quiero enfatizar que nosotros no decretamos los juicios. Encontramos los juicios en la Palabra escrita de Dios, pero los ejecutamos. ¿Cómo ejecutamos los juicios de Dios? ¿Mediante qué exactamente? Mediante la proclamación, así es. Hacemos que se cumplan los juicios de Dios que ya están escritos en las Escrituras. Los proclamamos; somos los heraldos. Nos ponemos de pie en las plazas de este mundo y clamamos: "¡Oíd, oíd!", y luego anunciamos los decretos de Dios.

Voy a tratar de explicárselo de manera muy práctica y sencilla. Ahora llegamos a la próxima etapa después que Moisés asió la vara. Al llegar otra vez a Egipto, ¿qué hizo? Extendió su vara. Ejerció la autoridad que estaba en ella. Pienso que nosotros tenemos que hacer lo mismo. Necesitamos tomar la Palabra escrita de Dios y extenderla en cualquier situación en que se necesite la autoridad de Dios. Y una de las maneras de hacer esto es mediante la proclamación, cuando se proclama en fe y bajo la unción del Espíritu Santo, porque recuerden que la Palabra debe ir dirigida por el aliento. No digo que sea la única manera, pero por muchas razones, me parece que es la manera más eficaz de desatar la autoridad de Dios en una situación dada. Cuando el Espíritu y la Palabra trabajan conjuntamente, cuando el aliento de Dios, el Espíritu de Dios, dirige la Palabra de Dios que sale de nuestra boca, podemos desatar la Palabra en una situación dada, y tendrá toda la autoridad del Dios Todopoderoso.

Miren, Dios no bajó del trono, no tomó la vara de la mano de Moisés y dijo: “Moisés, yo lo haré.” Eso es lo que la mayoría de nosotros, creo, espera que suceda. Dios dice: “Tienes la vara. Tú lo harás.” Pero se llama la vara de Dios en el libro de Éxodo. Era la vara de Dios, pero Moisés la sostenía. Moisés la extendió. Moisés y Aarón juntos. No importaba si era Moisés o Aarón. Era la vara la que hacía el trabajo.

Así que voy a tomar ahora varias situaciones que pudieran darse, empezando con las que sólo tienen que ver con mi vida personal, y continuando con las que tienen que ver con sucesos nacionales o internacionales. Simplemente les mostraré diferentes maneras en que podemos extender la vara. Ahora bien, voy a pedirle a Ruth que venga otra vez a pararse a mi lado. Todas las proclamaciones que vamos a hacer ahora son proclamaciones que hacemos regularmente en nuestro tiempo devocional privado. Les diré que nuestro tiempo devocional no es siempre un tiempo de quietud. Algunas veces gritamos. Después de todo, proclamar es vocear o pregonar en voz alta. No digo que al gritar haya más poder; todo depende de lo que el Espíritu Santo lo guíe a hacer. Probablemente tengamos entre cien y doscientas proclamaciones que hacemos regularmente, y cuando Ruth estaba en peligro de morir, esta era nuestra arma principal. Hemos hecho algunas de estas proclamaciones miles de veces.

La verdad es que si hemos tenido muchas influencias negativas en nuestra vida, y estamos acostumbrados a ser pesimistas, decir algo una vez no cambiará mucho la situación. Tenemos que seguir diciéndolo hasta que pensemos de esa manera, hasta que reaccionemos según lo que confesamos cuando surge cualquier situación adversa.

Soy británico de origen, como la mayoría de ustedes saben. Les digo a mis compatriotas británicos que no tengo miedo de decírselo a los estadounidenses, los británicos tienden a ser extremadamente negativos. Son pesimistas por naturaleza. Yo era un pesimista entre los pesimistas. Dios ha estado revolucionándome gradualmente, le ha tomado mucho tiempo. Pero uno de mis extraños hábitos mentales, creo que debe remontarse a mi infancia, es que cuando estoy en una situación, automáticamente empiezo a pensar en todos los problemas que podrían surgir, todos los inconvenientes que podrían aparecer. Me subo a un coche para conducir y pienso, ahora, si hubiera un accidente, etcétera, etcétera. Tal vez algunos de ustedes tengan el mismo problema. Y he estado usando la arma de la palabra de muchas maneras diferentes, pero hay un versículo, no puedo darles la referencia exacta. Está en Jeremías 29 y el Señor está hablando a Israel y dice:

Porque yo sé los planes que tengo para vosotros, planes de bienestar y no de calamidad...

Otra traducción dice planes de prosperidad y no de calamidad.

...para daros un futuro y una esperanza.

Así que cada vez que me encuentro comenzando a entretener alguna imagen negativa de algún desastre, digo: “Señor, te agradezco que sé los planes que tienes para mí, planes de bien y no de mal, planes de prosperidad y no de calamidad, para darme un futuro y una esperanza.” Y puede que tenga que decirlo varias veces. Pero al final de eso, lo negativo se ha disipado. Y tengo una actitud fuerte, segura y positiva. Ruth, no creo que haya aprendido esto. ¿Tú? No. Así que lo diré. No es parte de nuestro repertorio, pero probablemente lo será. El Señor dice:

Porque yo sé los planes que tengo para vosotros, planes de bienestar y no de calamidad, para daros un futuro y una esperanza.

Empiece a decir eso cada vez que se monte en su auto. Va a tener un buen viaje. Va a lograr hacer todo lo que se ha propuesto. Su actitud es sumamente importante. Afecta la manera en que las personas lo tratan. Si al entrar en una tienda, entra con una actitud positiva, le darán lo que necesita. Si entra esperando que va a tener problemas o que el dependiente le va a dar mal servicio o tratarlo mal, lo más probable es que suceda exactamente lo que se ha imaginado. ¿Me explico?

Bien. ¡Eso lo digo de paso, sin costo adicional!

Ahora vamos a hacer algunas proclamaciones modelo, pero antes que nada, recuerden que la palabra tiene que ir acompañada del aliento de Dios. En otras palabras, el Espíritu Santo tiene que inspirarlo. En segundo lugar, lo personalizaremos, lo cual me parece muy buena idea. De modo que donde la Biblia dice "ustedes", diremos "nosotros". En otras palabras, estaremos afirmando que lo que decimos se aplica a nuestra vida ahora mismo. Empezaremos con el tema de cómo defendernos, es decir, lo que debemos hacer cuando somos atacados. Pudiera seguir hablando de este tema durante toda la reunión, pero estoy cansado de ministrar acerca de las necesidades personales. Hay tantos creyentes que jamás van más allá de sus propias necesidades. Así que voy a hablar brevemente de este tema, y luego hablar del tema de cómo contraatacar, es decir, atacar al enemigo, en vez de defenderse.

Así que, supongamos que tienes una gran sensación de oscuridad y negatividad. Y estás pensando continuamente en lo que pasaría si murieras. Quiero decir, hay muchas personas con esta actitud, algunas de ellas están aquí esta noche. Te ha dicho el médico, como le dijo a Ruth: “Bueno, no podemos garantizar que salgas de esto. Haremos nuestro mejor esfuerzo.” Aquí hay un versículo que debemos haber usado varias miles de veces. Quiero decir, Ruth en ciertos momentos simplemente se acostaba en la cama y decía eso, eso es todo lo que decía. Salmo 118:17:

No moriré, sino que viviré, y contaré las obras de JAH.

¿Le gustaría decir eso? No requiere mucho memorizar, ¿verdad? Está bien. “No moriré, sino que viviré y declararé las obras del Señor.” Otra vez. “No moriré, sino que viviré y declararé las obras del Señor.”

Ahora, una cosa que pueden hacer para asegurarse de que realmente son valientes es girarse en frente de  alguien, mirarlo directamente a la cara y decirle: “No moriré, sino que viviré.” Se necesita una cierta cantidad de lo que los judíos llaman chutzpah o agallas. “No moriré, sino que viviré y declararé las obras del Señor.” Amén. Se sienten mejor ahora, ¿verdad?

Imagínese que muchas personas empiezan a criticarlo y a hablar mal de usted. Algunos elevan oraciones en contra de usted. En realidad, esto sí sucede a veces, y los predicadores son un blanco especial para este tipo de ataque. ¿Qué hay que hacer? La solución está en Isaías 54:17. Si quieren buscarlo en la Biblia, lo confesaremos. Lo decimos de una manera bastante particular, pero está basado en esta escritura, según la Biblia de las Américas.

Ningún arma forjada contra nosotros prosperará, y condenaremos toda lengua que se alce contra nosotros en juicio. Esta es nuestra herencia, como siervos del Señor, y nuestra justificación viene de ti, oh Señor.

¿Encontraron la escritura? ¿Vieron cómo la personalizamos? Confesémoslo otra vez. Les diré un secreto que, en realidad, ya no es secreto; tarde o temprano lo sabrán todos en todas partes del mundo. Es lo siguiente: nosotros decimos esto cada noche antes de acostarnos. Bien.

“Ningún arma forjada contra nosotros prosperará, y condenaremos toda lengua que se alce contra nosotros en juicio. Esta es nuestra herencia, como siervos del Señor, y nuestra justificación viene de ti, oh Señor.”

Podemos condenar las lenguas que nos acusan porque dichas lenguas acusan la justicia de Dios. ¿Me explico? El que hace eso, siempre pierde.

Quisiera decir lo siguiente para que todos lo sepan. Cuando ciertos individuos hablan u oran en contra de nosotros, o bien buscan que nos acontezca algún mal, perdonamos a estas personas, y después de perdonarlas, las bendecimos en el nombre del Señor. Sustituimos lo negativo con lo positivo, porque la Biblia dice que si las personas nos maldicen, no debemos maldecirlas, sino más bien bendecirlas. Pablo nos exhortó a no ser vencidos por el mal, sino vencer el mal con el bien. La única fuerza lo suficientemente poderosa como para vencer el mal es el bien. De modo que tenemos que aprender a hacerle frente a lo negativo y vencerlo con lo positivo. Sin embargo, todo debe ser basado en la Palabra.

Imaginémonos, por ejemplo, que atacaran nuestro ministerio. O pudiera ser nuestro hogar o nuestra familia. Tenemos fama de hacer una confesión que viene de Deuteronomio 33: 25-27. Hacemos esta confesión de la versión Reina Valera de 1960, y es poderosa. Deuteronomio 33:25-27 dice:

Hierro y bronce serán nuestros cerrojos, y como nuestros días serán nuestras fuerzas. No hay como el Dios de Jesurún, quien cabalga sobre los cielos para nuestra ayuda, y sobre las nubes con su grandeza. El eterno Dios es nuestro refugio, y acá abajo los brazos eternos; El echó de delante de nosotros al enemigo, y dijo: Destruye.

¡Amén! ¡Eso sí que asusta a Satanás! Hemos aprendido que hay que destruirlo. Dios lo echará de delante de nosotros, pero nosotros somos los que tenemos que destruirlo. Hay que poner el pie sobre el cuello del enemigo. No entraremos en detalles al respecto, porque es demasiado sangriento.

Permítanme señalar que al hablar de nuestros enemigos, no estamos hablando de seres humanos, sino de fuerzas espirituales en los lugares celestiales. Su pastor no es su enemigo, ni tampoco lo es su esposo. Quizás a veces le parezca que sea así, pero no lo es. Tenemos que aprender que no estamos luchando en contra de seres humanos. Estas armas son muy poderosas, pero se tienen que usar en el contexto apropiado.

Ahora supongamos que usted tuviera algún tipo de necesidad. Estoy seguro de que ninguno de ustedes está necesitado, pero imagínese que surgiera alguna necesidad. Pudiera ser una necesidad financiera, o quizás se sienta incapaz de llevar a cabo la obra que Dios le ha encomendado. Tal vez esté enfermo. Tenemos una proclamación para cada una de estas situaciones. Primeramente, una necesidad financiera. 2 Corintios 9:8. Cambiamos un poquito las palabras, pero básicamente son de la versión Reina Valera de 1960.

Y poderoso es Dios para hacer que abunde en nosotros toda gracia, a fin de que, teniendo siempre en todas las cosas todo lo suficiente, abundemos para toda buena obra.

En realidad, empieza con cuatro palabras sencillas. Y poderoso es Dios. ¿Creen ustedes que él es poderoso? Es importante. Luego dice lo que él es poderoso para hacer. Este es un versículo grandioso. La palabra "todo" aparece cuatro veces, y la palabra "abundar" dos veces. Sería imposible, en un solo versículo, hacer mayor hincapié en lo que es la abundancia, que la que hizo Pablo. Lo importante aquí es la gracia. Fíjense, ¿cómo se recibe la gracia? Por fe. Por gracia sois salvos por medio de la fe, así es. No es algo que podamos ganarnos; no depende de nuestro salario, aunque puede ser que tenga algo que ver. Pero lo recibimos por medio de fe en la gracia de Dios. Lo confesaremos una vez más. Yo diría que esta es la base financiera de nuestro ministerio. Cada vez que oramos para que Dios nos provea fondos, partimos de esta base. Y así tenemos una actitud positiva. De modo que haremos esta confesión una vez más.

Y poderoso es Dios para hacer que abunde en nosotros toda gracia, a fin de que, teniendo siempre en todas las cosas todo lo suficiente, abundemos para toda buena obra.

Ahora bien, imagínese que Dios lo desafía a hacer algo que usted no puede hacer. Simplemente no es capaz de hacerlo; quizás no tenga la educación necesaria, o tal vez físicamente no sea lo suficientemente fuerte para llevar a cabo esta obra. Depende de qué se trata. Sin embargo, Dios lo ha desafiado a hacerlo. Pues recurrimos a Filipenses 4:13. Pero esta es la versión Prince. Da la casualidad que yo entiendo el griego, y creo que el Señor me ha dado una muy buena traducción del griego que saca a relucir el significado mejor que cualquier otra versión que haya oído. Pero la verdad es que no está publicada. Hay personas que vienen y me preguntan dónde pueden comprar esta versión. No está a la venta.

Puedo hacer todo por medio de aquel que me fortalece interiormente.

Lo diré otra vez.

Puedo hacer todo por medio de aquel que me fortalece interiormente.

Uso la palabra "fortalecer" porque la palabra en griego viene de la palabra dunamis, que generalmente se traduce "poder" o "fuerza". De modo que hay una fuente de poder dentro de nosotros que es desatada cuando proclamamos la Palabra. "Puedo hacer todo por medio de aquel que me fortalece interiormente". No tenemos la educación, ni la fuerza; pero cuando es la voluntad de Dios, cuando se trata de una tarea que nos ha encomendado Dios, hay alguien dentro de nosotros que nos fortalece interiormente.

Supongamos ahora que el problema es la enfermedad. Una de mis escrituras favoritas es 1 Pedro 2:24:

Jesús llevó él mismo nuestro pecados en su cuerpo sobre el madero, para que nosotros, estando muertos a los pecados, vivamos a la justicia; y por cuya herida fuimos sanados.

Miren, lo pone en tiempo pasado. Si te das cuenta, cuando habla sobre la sanación en la expiación, nunca usa el futuro. 700 años antes de que viniera Jesús, Isaías dijo: “por sus heridas somos sanados.” Después de la expiación, mirando hacia atrás, Pedro dijo: “por cuyas llagas fuisteis sanados.” Eso nos da una perspectiva totalmente nueva. No significa que automáticamente dejes de estar enfermo, pero te da una base diferente sobre la cual enfrentar y desafiar la enfermedad. Y a veces tienen que seguir diciéndolo durante mucho tiempo. Simplemente tienen que decidir cuál es más confiable, la palabra de Dios o tus síntomas.

Entremos ahora a una área de mayor lucha. Hablaremos acerca de intervenir en los acontecimientos nacionales e internacionales. Ruth y yo pasamos mucho tiempo orando por asuntos que no están relacionados con nuestras necesidades. Oramos por la situación mundial, y el destino de las naciones. He aquí algunas escrituras que los ayudarán y les dará ánimo. Una de mis favoritas que casi siempre terminamos confesando es Daniel 2:20-22 y 4:34-35. Las primeras palabras fueron pronunciadas por Daniel, y las que siguen, por Nabucodonosor, pero el mensaje es el mismo. Una vez más, las escrituras son Daniel 2:20-22 y Daniel 4:34-35.

Sea bendito el nombre de Dios de siglos en siglos, porque suyos son el poder y la sabiduría. El muda los tiempos y las edades; quita reyes, y pone reyes; da la sabiduría a los sabios, y la ciencia a los entendidos. El revela lo profundo y lo escondido; conoce lo que está en tinieblas, y con él mora la luz....cuyo dominio es sempiterno, y su reino por todas las edades. Todos los habitantes de la tierra son considerados como nada; y él hace según su voluntad en el ejército del cielo, y en los habitantes de la tierra, y no hay quien detenga su mano, y le diga: ¿Qué haces?

Tengan en cuenta que estas palabras las dijo Nabucodonosor, un emperador no creyente. Creo que ya para este momento, sí era creyente, pero imagínense la tremenda obra que Dios había hecho en la vida de Nabucodonosor. Eso debe convencernos de que Dios puede cambiar a los gobernantes impíos y malvados si nosotros aprendemos a orar.

También tenemos dos pasajes de 2 de Crónicas. Ambas son un solo versículo. Las tomamos de la Biblia de las Américas. Ambas son oraciones. De modo que si vamos a orar, digamos, por la situación en el Oriente Medio o lo que sea, antes de orar específicamente, hacemos estas dos oraciones porque nos ayudan a empezar a orar. 2 de Crónicas 14:11 dice:

Señor, no hay nadie más que tú para ayudar en la batalla entre el poderoso y los que no tienen fuerza; ayúdanos, oh Señor Dios nuestro, porque en ti nos apoyamos y en tu nombre hemos venido contra esta multitud. Oh Señor, tú eres nuestro Dios.

Disculpen, no dije la última parte. Confesemos ésa otra vez.

Señor, no hay nadie más que tú para ayudar en la batalla entre el poderoso y los que no tienen fuerza; ayúdanos, oh Señor Dios nuestro, porque en ti nos apoyamos y en tu nombre hemos venido contra esta multitud. Oh Señor, tú eres nuestro Dios; que no prevalezca hombre alguno contra ti.

Y luego 2 de Crónicas 20:6 dice:

Oh Señor, Dios de nuestros padres, ¿no eres tú Dios en los cielos? ¿Y no gobiernas tú sobre todos los reinos de las naciones? En tu mano hay poder y fortaleza y no hay quien pueda resistirte.

Amén. Ahora confesaremos el Salmo 33:8-12. Ahora tenemos que avanzar rápidamente. Al tratarse de la situación mundial, esta es una afirmación sumamente poderosa.

Tema a Jehová toda la tierra; teman delante de él todos los habitantes del mundo. Porque él dijo, y fue hecho; él mandó, y existió. Jehová hace nulo el consejo de las naciones, y frustra las maquinaciones de los pueblos. El consejo de Jehová permanecerá para siempre; los pensamientos de su corazón por todas las generaciones. Bienaventurada la nación cuyo Dios es Jehová, el pueblo que él escogió como heredad para sí.

En otras palabras, ¿quién va a salir airoso de todo esto? La nación cuyo Dios es el Señor. Todos los planes de las naciones, así como de los gobiernos, incluyendo los de la Organización de Naciones Unidas, no son sino tonterías, si son contrarios al plan de Dios.

Para cerrar, vamos a hacer unas confesiones que se relacionan con el Oriente Medio, que es una de las zonas por las que más oramos. Tal vez ustedes no tengan la misma carga, pero pueden tomar los principios y aplicarlos a su situación. Antes que nada, quisiera señalar que el Oriente Medio y el norte de Africa son sin duda la zona más difícil en el mundo entero de penetrar con el evangelio. Y hay una razón muy importante por esto, una razón que saca a relucir el poder de la proclamación. Como saben, de cada mezquita musulmana sale una proclamación cinco veces cada veinte y cuatro horas que dice que no hay dios sino Alá, y que Mahoma es su profeta. Y por supuesto que Alá no es el Dios de la Biblia.

Ahora bien, el calendario musulmán se originó alrededor de 627 a.C., de modo que ha estado en vigor por más de mil trescientos años. Esa proclamación se ha hecho cinco veces cada día desde cada mezquita durante más de mil trescientos años. Permítanme hacer un pequeño cálculo. Si se ha hecho diariamente por mil trescientos años o más, eso equivaldría a 474,500 días. Un número redondo sería, digamos, medio millón de días. Y se hace cinco veces cada día, lo cual equivale a 2.5 millones de veces que esa proclamación se ha hecho desde cada mezquita. Si tomamos el número de mezquitas en existencia, y me imagino que habrá por lo menos medio millón de mezquitas en el Medio Oriente y en el norte de Africa, esta proclamación se ha hecho miles de millones de veces. ¿Por qué existe una fuerza que se opone al cristianismo tan extremadamente poderosa en esa área, más que en cualquier otra parte del mundo? ¿Qué es lo que lo produce? Es aquella proclamación. Aquí podemos ver el poder que tiene la proclamación, tanto para bien como para mal. ¿Cómo podemos romper el dominio de todas esas proclamaciones negativas? ¿Qué tenemos que hacer? Tenemos que hacer proclamaciones positivas.

Vamos a darles un ejemplo. Y por si acaso dicen que la confesión no dará ningún resultado, quiero recordarles lo que ocurrió cuando los hechiceros de Egipto confrontaron a Moisés, y echaron en tierra sus varas, las cuales se volvieron culebras. ¡La culebra de Moisés devoró las culebras de los egipcios! En otras palabras, nuestra proclamación vence cada proclamación negativa, si es que sabemos hacerla correctamente. Así que haremos dos proclamaciones bíblicas que tienen que ver específicamente con Israel y su tierra. La primera está en el Salmo 125:3, de la versión Reina Valera de 1960.

Porque no reposará la vara de la impiedad sobre la heredad de los justos.

Bien. ¿Cuál es la vara de la impiedad en este contexto? El Islam. ¿Cuál es la heredad de los justos? La tierra que es la heredad del pueblo de Dios. La Biblia dice, sin importar lo que digan o hagan los políticos, que la vara de la impiedad no reposará sobre la heredad de los justos.

Ahora bien, hay que decirlo en fe. El momento de decirlo es cuando todo pareciera estar contrario a lo que se está confesando. Están extendiendo aquella vara, y su culebra va a devorar a las culebras de los hechiceros.

Luego está el Salmo 129:5-6:

Serán avergonzados y vueltos atrás todos los que aborrecen a Sion. Serán como la hierba de los tejados, que se seca antes que crezca...

Notifico a todos los que aborrecen a Sion que nunca llegarán a la madurez, ni se desarrollarán completamente; se secarán antes de haber crecido. Esa es la palabra de Dios, y se cumplirá.

Y finalmente, permítanme darles una escritura más que habla acerca de la restauración de Israel en Jeremías 31. Si tenemos tiempo vamos a ponerla por obra. Vamos a hacer lo que dice la escritura. Por lo menos haremos lo mejor que podamos. Jeremías 31:7 en la Biblia de las Américas dice:

“Gritad con alegría por Jacob, y dad voces por la primera de las naciones; proclamad, dad alabanza y decid: "Oh Señor, salva a tu pueblo, al remanente de Israel."”

Si examinamos esta escritura, dice que debemos gritar, dar voces, proclamar, dar alabanza y orar. Son cinco cosas: gritar, dar voces, proclamar, dar alabanza y orar. Una de ellas es proclamar. Luego dice en el versículo 10:

“Oíd, naciones, la palabra del Señor, anunciad en las costas lejanas, [eso quiere decir Latinoamérica] y decid: El que dispersó a Israel lo reunirá, y lo guardará como un pastor a su rebaño.”

Eso es lo que le decimos al Medio Oriente en la situación actual. El mismo Dios que dispersó a Israel lo está reuniendo, y lo guardará como un pastor guarda a su rebaño. Digámoslo juntos.

“El que dispersó a Israel lo está reuniendo, y lo guardará como un pastor guarda a su rebaño.”

Ahora, ¿por qué no hacemos lo que dice la Biblia? Hemos llegado al final del mensaje. ¿Por qué no nos ponemos de pie y proclamamos, alabamos, damos voces y nos alegramos? Ven, Carl, y ayúdanos a alabar, proclamar y gritar. No importa que haya terminado el mensaje; todavía podemos regocijarnos.

17
Compartir