En la sesión anterior hablé acerca de los diferentes efectos que la Palabra de Dios produce en nosotros que la creemos. Quiero retomar brevemente dos de ellos porque se relacionan y quiero usarlos para ilustrar uno más. En primer lugar, mencioné que la fe viene por el oír la Palabra de Dios. Esa es una verdad maravillosa sobre la cual es imposible enfatizar demasiado. Si usted no tiene fe, no tiene que quedarse sin fe, porque la fe viene, viene por el oír la Palabra de Dios.

Luego, al final de la sesión anterior, expliqué cómo la Palabra de Dios sirve para traer salud o medicina a todo nuestro cuerpo. Lo ilustré brevemente con un ejemplo de mi propia experiencia, pero solo brevemente. El pasaje que analizamos en Proverbios 4, me gustaría que volviéramos allí un momento porque es una ilustración perfecta de lo que significa oír. De modo que si usted se pregunta lo que significa oír la Palabra de Dios, puedo darle un ejemplo basado en mi propia experiencia personal con Proverbios 4. Mientras estaba allí en el hospital y descubrí estos versículos, me di cuenta de que me ofrecían salud o medicina. Y me dije: qué voy a hacer. Estoy agradecido por lo que los médicos han hecho, pero no han podido darme sanidad, así que voy a tomar la Palabra de Dios como mi medicina. Cuando dije esto me dio la impresión de que Dios me había hablado, no de manera audible pero sí claramente. Él dijo: cuando los médicos prescriben a alguien una medicina, las instrucciones para tomarla están en el frasco. Luego me dijo: este es el frasco de mi medicina y las instrucciones están escritas en él, así que te recomiendo leerlas. Entonces me dí vuelta y observé que hay cuatro instrucciones para tomar la Palabra de Dios como medicina. Como sabrá, si un médico le da una medicina en el mundo secular pero usted no la toma conforme a las instrucciones, el médico dirá que no puede esperar ninguna mejoría. Así que si usted tiene este pasaje delante de usted o si lo oye, le daré las cuatro instrucciones para tomar la Palabra de Dios como medicina. Y tal vez no exista una sola persona que no necesite estas instrucciones en algún momento de su vida. Muy pocas personas logramos vivir la vida entera sin algún encuentro con la enfermedad. Así pues, tome nota y téngalas a mano cuando surja la necesidad. Estas son las cuatro instrucciones:

Número uno, está atento a mis palabras.

Número dos, inclina tu oído a mis razones.

Número tres, que no se aparten de tus ojos.

Y número cuatro, guárdalas en medio de tu corazón.

Pensemos ahora un poco lo que hay implícito en estas cuatro instrucciones. En primer lugar, preste atención. Cuando usted acude a la Biblia y a la Palabra de Dios, tiene que darle su atención absoluta y exclusiva. No se distraiga, trate de desconectarse de todas las demás voces, influencias o impresiones. Preste total atención a la Palabra de Dios. Después de todo, es Dios hablándole a usted, y vale la pena escuchar lo que Él tiene para decir.

La segunda instrucción es inclina tu oído o reclina el oído. Y ese es un acto de humildad. De hecho, esto me hace pensar en África, porque me he referido a esto. Sucede que en la escuela primaria o intermedia en África, si un alumno se presenta ante el profesor con su libro de ejercicios, se pone de pie delante del profesor con el libro abierto e inclina su cabeza, inclina su oído. En otras palabras, con ese gesto dice: usted es el profesor, yo el alumno. ¿Lo comprende? Así que esa actitud de inclinar su oído significa: quiero que me enseñen, estoy dispuesto a aprender, necesito aprender.

Como verá, yo mismo tenía ese problema porque mi impresión del Cristianismo hace mucho tiempo era que si alguien se volvía cristiano, debía esperar una vida infeliz. Y mi actitud era: no estoy seguro de que valga la pena ser infeliz por eso. Y yo mantuve esta actitud incluso después de haber nacido de nuevo. Así que cuando estudié la Biblia, parecía que todo el tiempo me decía: Dios quiere que estés sano, Él quiere que seas fuerte, Él quiere que seas exitoso. Y yo seguía diciéndome: eso es demasiado bueno para ser verdad, no es posible que eso sea lo que la Biblia quiera decir. Debe ser otra cosa. Entonces mientras razonaba otra vez conmigo mismo el Señor me habló de forma inaudible y esta vez dijo: ¿Quién es el maestro y quién es el alumno? Yo dije: Señor tú eres el maestro y yo soy el alumno. Y luego dijo: ¿me permitirías enseñarte? Como puede ver, me di cuenta de que yo no estaba inclinando mi oído. No estaba preparado para escuchar. Yo tenía mis propias ideas preconcebidas de lo que yo pensaba que Dios iba a decirme. Y si decía algo diferente, yo no podía oírlo.

Ahora bien, aquellos que no tienen un trasfondo cristiano tal vez no tengan ese problema. En muchos sentidos tienen una ventaja, empiezan con una mente abierta. Pero para aquellos de nosotros, y somos muchos aquí, que tenemos algún tipo de trasfondo cristiano, hemos heredado quizás una gran cantidad de tradiciones e ideas preconcebidas que no se conforman a la Biblia. Y con frecuencia nos resulta muy difícil oír lo que Dios dice porque es algo diferente de lo que esperamos oír de Él. De modo que la solución para esto es inclinar su oído, agachar su cabeza, ser humilde, ser enseñable.

He sido maestro bajo diversas circunstancias. Sé que es imposible enseñarle a personas que no quieren ser enseñadas. Puede hacer todos los ademanes, puede ir a todas las conferencias pero sin resultados. Tiene que haber un deseo de ser enseñado, una actitud de estar dispuesto a aprender.

La tercera instrucción es: no se aparten de tus ojos. Y eso, creo yo, significa enfocarse. Enfocarse en la Palabra de Dios. No mire la Biblia a medias y otras cosas a medias porque éstas pueden contradecir lo que la Biblia dice. Es todo en realidad, en un sentido, todo lo que significa encerrarse con Dios y con lo que Él le dice por medio de la Biblia. No se distraiga; no permita que ninguna otra influencia lo aparte de lo que Dios está diciendo.

En la enseñanza profesional—y estoy seguro de que algunos de ustedes son maestros— solíamos enseñar la escuela primaria, y enseñábamos a los estudiantes que hay dos canales principales a la atención de un niño. El canal del oído y el canal de la vista. Y una buena enseñanza usa los dos. Por eso un vídeo es de alguna manera más eficaz que una grabación de audio, ¿comprende? Porque usa tanto el canal visual como el canal auditivo. Como ve, Dios se adelantó unos 3.000 años a las enseñanzas de los psicólogos porque Dios habla de la vía del oído y la del ojo.

Luego el resultado final es guardarlas en medio de su corazón. El propósito de todas estas instrucciones es tener la Palabra de Dios en su corazón, en el centro mismo de la personalidad humana.

El siguiente versículo de Proverbios, versículo 23, dice:

Sobre toda cosa guardada, guarda tu corazón; porque de él mana la vida.

En otras palabras, lo que hay en su corazón determinará el curso de su vida. Así que guarde su corazón.

Recuerdo que uno de los idiomas africanos de mis estudiantes decía: guarda tu corazón con toda tu fuerza, porque todo en la vida sale de él. No puedo exagerar la importancia de esto. Para cada uno de ustedes aquí, lo que está en su corazón es lo que determinará en última instancia el curso de su vida. Usted no puede tener algo equivocado en su vida y vivir de manera correcta. Y no puede tener lo correcto en su corazón y vivir de manera equivocada. Porque el corazón es la fuente de toda nuestra manera de vivir. Y el propósito de estas instrucciones es mostrarle cómo puede obtener la Palabra de Dios en su corazón a través del canal auditivo, a través del canal visual, a través de una atención enfocada, a través de la humildad y de una actitud enseñable.

Y cuando reúne todos estos elementos, de eso se trata el oír. Así es como viene la fe. Ya sea la enfermedad que está enfrentando o cualquier otro problema, si necesita fe, este pasaje de Proverbios 4 describe cómo puede obtenerla.

Muy bien, proseguiremos brevemente con otros efectos de la Palabra de Dios. El siguiente es victoria sobre el pecado. Y en el Salmo 119:11 David dice al Señor:

En mi corazón he guardado tus dichos, para no pecar contra ti.

Ahora, cuando David dice guardado, una traducción moderna dice atesorado o guardado como un tesoro. David dice: he guardado tu palabra como un tesoro en mi corazón, en el centro mismo de mi ser. ¿Se da cuenta de nuevo cuán importante es el corazón? Si usted guarda la Palabra de Dios en su corazón, ella va a dirigir el rumbo de su vida. Y por eso él dice: no quiero pecar, mi protección contra el pecado es guardar tu palabra en mi corazón.

Alguien dijo: el pecado lo alejará de la Biblia o la Biblia lo alejará del pecado. Tarde o temprano el uno o el otro prevalecerá. Si la Biblia vence, lo guardará de pecar.

En el Salmo 17:4 tenemos otro testimonio de David. David era un hombre muy sincero. Puede leer sus salmos y ver que tuvo muchos problemas con el pecado en su propia vida. Pero gracias a Dios que por medio de sus luchas puede orientarnos y ayudarnos. Salmo 17:4 (RVA)

“Para las obras humanas, por la palabra de tus labios Yo me he guardado de las vías del destructor”

El destructor es un título de Satanás. De modo que Satanás ofrece caminos hacia los cuales quisiera desviarlo porque conducen a la destrucción. Y algunos tienen letreros engañosos. Dicen éxito, felicidad, fama. Y usted cree que va a seguir ese camino. Pero es un camino que no conduce a aquello que promete, porque el diablo es el que pone los letreros. Y si quiere cuidarse de seguir esos caminos que lo desviarán y lo llevarán a la destrucción, tiene que prestar atención a la Palabra de Dios. Ella es la que lo advierte, lo alerta, lo dirige y le señala los peligros y las trampas.

En el Salmo 119, para retomar esto un momento, versículo 9, solo dos versículos antes el salmista dice:

¿Con qué limpiará el joven su camino? Con guardar tu palabra.

Este es un verdadero problema para los jóvenes. No es solo para jóvenes sino específicamente para cierta edad en la vida. Vuelvo a pensar en África. En esencia, la actitud de los africanos es que es imposible que un joven o una jovencita lleven una vida pura. No es natural. Y tuvimos que refutar eso con la Palabra de Dios. Y David hace la pregunta: ¿cómo puede el joven limpiar su camino? Es una pregunta muy real, ¿no es así? Quiero decir, nadie sugeriría que es sencillo, pero David dijo que guardando tu Palabra. Una vez más, la Palabra de Dios lo alejará del pecado o el pecado lo alejará de la Palabra de Dios. Si usted descubre que empieza a interesarse menos en la Biblia, será mejor que evalúe qué está desplazando el lugar de la Biblia en su vida, porque podría ser algo desastroso.

La Biblia no solo da la victoria sobre el pecado sino que da la victoria sobre Satanás. Eso es muy, muy importante. Satanás es el enemigo de todos los creyentes. Todo el tiempo nos ataca, busca desviarnos, nos lleva a la tentación. Pero él no tiene que prevalecer. Nosotros podemos vencerlo. Tenemos un arma y es la Palabra de Dios. En Efesios 6 Pablo habla de la honra de un cristiano y señala que todos estamos en una guerra, en una guerra espiritual, no física. No peleamos con carne y sangre. La Biblia dice que no peleamos con personas con cuerpo sino con seres espirituales y fuerzas espirituales. Puesto que es una guerra espiritual tenemos armas espirituales. Y Pablo enumera nuestras armas espirituales en Efesios 6, pero solo quiero enfocarme en la última, en el versículo 17 que dice:

Y tomad el yelmo de la salvación. . .

Eso es lo que protege su cabeza. Y permítame agregar que eso es esperanza. 1 Tesalonicenses 5:8 habla del yelmo de esperanza. No tenía planeado hablar sobre esto, pero creo que Dios quiere que lo haga porque muchas personas tienen problemas de depresión. No voy a hacerlo, pero si yo preguntara cuántos de ustedes aquí esta noche han luchado con la depresión, estados de ánimo decaídos, pesimismo, muchos de ustedes levantarían su mano. Yo sería el primero. Sufrí una tremenda batalla con la depresión en los primeros años de mi ministerio. Había sido salvo, bautizado en el Espíritu y ganaba almas para el Señor. Pero esta nube oscura se posaba sobre mí, me envolvía y me oprimía. Y yo luchaba contra ella, peleaba, hacía todo lo posible y nada funcionaba. De hecho, entre más me esforzaba peor se volvía. Y yo había llegado al punto de verdadera desesperación cuando resulté leyendo el profeta Isaías, capítulo 61, versículo 3 donde Dios dice que Él nos dará un manto de alegría en lugar del espíritu angustiado. Esa es la versión Reina Valera 1960. Y cuando leí esas palabras el Espíritu Santo me dijo: ese es tu problema. Es un espíritu, un espíritu malo que te atormenta. No eres tú, no es tu mente, es otra persona que opera en tu mente.

Bueno, solo me faltaba un versículo más que fue Joel 2:32:

Y todo aquel que invocare el nombre de Jehová será salvo.

Entonces oré al Señor: “Dios, líbrame de ese espíritu angustiado, de depresión, en el nombre de Jesús”.Y Dios me liberó. Luego me mostró que tenía que usar algo para proteger mi mente. Y yo pensé en la armadura y dije que debía ser el yelmo. Bueno, Efesios 6:17 lo llama el yelmo de salvación. Yo pensé para mí mismo: soy salvo pero, ¿tengo el yelmo de salvación? Pero Pablo manda a los cristianos salvos a tomar el yelmo de salvación. Y yo no sabía lo que eso era, pero busqué un pasaje paralelo en 1 Tesalonicenses 5:8 que dice:

La esperanza de salvación como yelmo.

Entonces me dije: Mi yelmo es la esperanza. Eso protegerá mi mente. Y luego estudié y vi que en la Biblia la esperanza es esperar confiadamente lo bueno. Y Dios me mostró que yo tenía que cambiar por completo mi manera de pensar. Yo era por naturaleza un pesimista. En mi familia si alguien no estaba preocupado ¡debía preocuparse por el hecho de no estar preocupado! Entonces me di cuenta de que tenía todo un trasfondo por cambiar. Tenía que ponerme el yelmo de la esperanza, esperar lo bueno.

La forma como lo logré fue que cada vez que tenía un pensamiento oscuro y negativo, hacía el esfuerzo de cambiarlo por algo bíblico positivo. Y poco a poco se volvió automático. De manera que hoy agradezco a Dios porque ya no tengo ese problema. Quiero decir, todos podemos recibir ataques con pensamientos negativos algunas veces, pero en general, la depresión ya no es mi problema. Es un asunto del pasado. Así que tuve que recibir liberación de ese espíritu, y luego aprender a proteger mi mente. No me propuse hablar de esto, pero tal vez convenga a las personas presentes. Hay un yelmo. Es la esperanza. Si usted, como cristiano estudia la Biblia, nunca habrá una razón por la cual no deba tener esperanza. Siempre hay una razón bíblica para tener esperanza, pero tiene que encontrar las razones y ponerlas en práctica.

Quiero continuar con la siguiente declaración que me proponía tratar:

. . . tomad… la espada del Espíritu, que es la palabra de Dios . . .

Entonces nuestra arma de ataque contra Satanás es la Palabra de Dios. Algunos de ustedes tal vez han oído de esto porque hay muchas enseñanzas sobre esto en la actualidad, que hay dos palabras griegas diferentes para referirse a la Palabra. Son logos y rhema. Logos es la totalidad de la Palabra de Dios, todo el consejo de Dios, el Dios eterno, la Palabra de Dios. Rhema es la palabra hablada de Dios. Y la palabra que se usa aquí es rhema. Tome la espada del Espíritu, que es la palabra rhema de Dios. En otras palabras, no es la Biblia junto a su cama o en su biblioteca la que lo protegerá, sino la Biblia que usted la declara con fe y la cita. Esa es la espada del Espíritu y es tan cortante que cada vez que usted la usa contra el diablo él retrocede. Él teme a la espada del Espíritu.

Y nuestro modelo perfecto para esto es Jesús. En Mateo 4, cuando Satanás vino a tentarlo, ¿cómo respondió Jesús? ¿Qué respondió tres veces? Escrito está. ¿Qué es eso? Es la espada del Espíritu. Y Satanás lo dejó. No tiene respuesta frente a la espada del Espíritu. Usted puede darle toda clase de razones psicológicas y a él eso no le impresiona. Pero cuando sencillamente cita las Escrituras y las aplica a su situación personal, puede alejarlo de usted.

Así pues, la espada el Espíritu, la Palabra de Dios, es nuestra arma contra Satanás. Permítame darle otros dos pasajes nada más. 1 Juan 2:14, en la segunda parte del versículo, Juan dice:

. . . Os he escrito a vosotros, jóvenes, porque sois fuertes, y la Palabra de Dios permanece en vosotros, y habéis vencido al maligno.

¿Quién es el maligno? Satanás. Juan hace tres declaraciones acerca de esos jóvenes. Son fuertes, han vencido a Satanás, y la razón es la tercera declaración: la Palabra de Dios permanece en vosotros. Si en usted mora la Palabra de Dios ella le dará la fortaleza y la victoria sobre Satanás.

En Apocalipsis 12:11 tenemos un ejemplo de esto. Es una imagen, creo, del tremendo conflicto del fin de los tiempos entre el pueblo de Dios y el pueblo de Satanás. Y el diablo mismo, en persona, está involucrado. Pero el versículo 11 de Apocalipsis nos da la clave para la victoria. Dice:

Y ellos [el pueblo de Dios] le han vencido [a Satanás] por medio de la sangre del Cordero y de la palabra del testimonio de ellos, y menospreciaron sus vidas hasta la muerte.

¿Cómo vencemos entonces a Satanás? Por medio de la sangre del Cordero, por la palabra de nuestro testimonio.

Ahora, tengo una manera de explicar esto y que he usado con miles de personas. Les digo: si ustedes pudieran pagarme no hay cantidad de dinero que pueda expresar el valor de esto. Pero yo no pido pago alguno, como entenderá. Esta verdad no tiene precio. ¿Cómo vencemos a Satanás por medio de la sangre del Cordero y de la palabra de nuestro testimonio? Esta es mi explicación. Vencemos a Satanás cuando damos testimonio personal de lo que la Palabra de Dios declara que la sangre de Jesús hace a nuestro favor. Permítame decirlo otra vez. Vencemos a Satanás cuando damos testimonio personal de lo que la Palabra de Dios declara que la sangre de Jesús hace a nuestro favor. Como entenderá, la clave para esto es conocer lo que dice la Palabra de Dios. Y luego hacerla personal aplicándola a su propia vida.

Ruth y yo tenemos una forma de testimonio que practicamos a diario y que aplica estos pasajes de las Escrituras. Entonces en lugar de predicarlo se lo demostraré. ¿Está bien?

Mi cuerpo es templo del Espíritu Santo; ha sido redimido, limpiado y santificado por la sangre de Jesús. Mis miembros, las partes de mi cuerpo, son instrumentos de justicia consagrados a Dios para su servicio y para su gloria. El diablo no tiene lugar en mí, ni poder sobre mí, ni reclamos pendientes en mi contra. Todo ha sido saldado por la sangre de Jesús. Yo venzo a Satanás por medio de la sangre del Cordero y de la palabra de mi testimonio, y no amo mi vida como para temer la muerte. Mi cuerpo es para el Señor y el Señor es para mi cuerpo.

Cada una de esas declaraciones ha sido tomada de la Biblia, ¿lo ve?

Ahora bien, yo no sé por qué deberíamos tener todas las bendiciones mientras usted está allí sentado deseando tenerlas. 00Así que vamos a declararlo otra vez frase por frase y a darle la oportunidad de decirlo. Esta es su confesión. No la está diciendo porque nosotros la digamos, sino porque la Biblia lo dice. ¿Lo comprende? Si usted cree la Biblia, cree estas palabras. Entonces diremos frase por frase y usted repetirá después de nosotros. Ahora, usted no está hablándonos a nosotros, sino al mundo espiritual invisible y ahí es donde sus palabras tienen un efecto que usted no puede siquiera empezar a imaginar. ¿Le parece? ¿Está listo ahora? Frase por frase, después de nosotros, no al tiempo con nosotros.

Mi cuerpo es templo del Espíritu Santo; ha sido redimido, limpiado y santificado por la sangre de Jesús. Mis miembros, las partes de mi cuerpo, son instrumentos de justicia consagrados a Dios para su servicio y para su gloria. El diablo no tiene lugar en mí, ni poder sobre mí, ni reclamos pendientes en mi contra. Todo ha sido saldado por la sangre de Jesús. Yo venzo a Satanás por medio de la sangre del Cordero y de la palabra de mi testimonio, y no amo mi vida como para temer la muerte. Mi cuerpo es para el Señor y el Señor es para mi cuerpo. Amén.

Si usted realmente cree esto, tiene que dar gracias a Dios. Dedique un momento nada más a darle gracias. Esa es la expresión de su fe.

Ahora, solo quiero señalar una cosa más. Solo hay una clase de cristiano que tiene el derecho de decir eso. Dice acerca de estos cristianos que ellos menospreciaron su vida hasta la muerte. En otras palabras, estaban totalmente comprometidos. Para ellos lo más importante no era permanecer vivos sino hacer la voluntad de Dios. Entonces tiene que evaluarse. ¿Está usted comprometido? Satanás no teme a los cristianos que no están comprometidos, se ríe de ellos. Pero los cristianos comprometidos son una amenaza para él porque no puede derrotarlos, ¿se da cuenta?

Muy bien. Ese es solo un ejemplo de la Palabra de Dios usada como un arma contra Satanás. Ahora pasemos a otro aspecto de la Palabra de Dios que es limpiar, lavar o santificar. Se pueden usar varias palabras. Usted sabe que la palabra santificar significa hacer santo. Así que la Palabra de Dios lo lava, lo limpia, lo santifica. No por fuera sino internamente.

Usted sabe cuán terrible es estar realmente sucio, acalorado y pegajoso sin tener la posibilidad de lavarse. Ahí está, y le toca soportarlo. Por ejemplo, como soldado en el ejército en tiempos de guerra con frecuencia nos encontrábamos en ese estado. Pero piense cuánto más serio será estar sucio por dentro y no tener manera de lavarse. Qué privilegio inestimable es saber cómo podemos limpiarnos. Piense en los billones de personas hoy sobre la tierra que no saben cómo ser limpios. Qué privilegio tenemos. Leamos Efesios 5:25–27. Pablo compara la relación entre un esposo y su esposa a la relación que hay entre Cristo y su iglesia que se llama la novia de Cristo. He aquí lo que dice:

Maridos, amad a vuestras mujeres . . .

Permítame hacer aquí una pausa para decir a los esposos que esta no es una recomendación, es un mandato. Hay un libro, no sé si ya lo ha visto o no, tiene un título largo: Hágase un favor a usted mismo: ame a su esposa. Y realmente, es una tontería no amar a su esposa, se lo aseguro. Muy bien.

Maridos, amad a vuestras mujeres, así como Cristo amó a la iglesia, y se entregó a sí mismo por ella, para santificarla, habiéndola purificado en el lavamiento del agua por la palabra [la Palabra de Dios] . . .

Y esa es rhema, la palabra hablada, no logos.

. . . a fin de presentársela a sí mismo, una iglesia gloriosa, que no tuviese mancha ni arruga ni cosa semejante.

Esa es la iglesia que Jesús se dispone a tomar como su esposa. Pero a fin de que la iglesia llegue a esto debe ser limpia y santificada con el lavamiento de agua por la enseñanza, la predicación y la enseñanza de la Palabra de Dios. He predicado en muchas congregaciones en todo el mundo y realmente he descubierto que hoy día los carismáticos y los pentecostales tienen cierto conocimiento de la alabanza y la adoración. Hemos tenido coros maravillosos que nos han acompañado para cantar; podemos aplaudir, gritar, emocionarnos. Eso es bueno, pero he descubierto que hay una diferencia en una congregación que recibe con regularidad la enseñanza de la Palabra de Dios. Hay una pureza y una santidad en su adoración que no se encuentra en una congregación que simplemente viene y expresa sus sentimientos pero que no ha experimentado la limpieza de la Palabra de Dios. La única manera de tener una adoración pura y verdadera es que las personas reciban la limpieza y la santificación por medio de la Palabra de Dios. Y esa es realmente la responsabilidad del ministerio en la iglesia, asegurarse de que el pueblo de Dios se limpie constantemente con la Palabra de Dios.

Por supuesto, nosotros también tenemos nuestra responsabilidad personal, cada uno de nosotros, de exponer nuestros corazones, nuestras mentes y nuestras vidas a la Palabra de Dios, y permitirle que nos lave, nos limpie y quite toda clase de impureza, suciedad y obstáculos que frenan nuestra vida y crecimiento espiritual. Este es otro efecto de la Palabra de Dios.

Y otro aspecto realmente importante de la Palabra de Dios es que es un espejo. Vamos a la epístola de Santiago por un momento, capítulo 1 versículo 23. Santiago dice:

Porque si alguno es oidor de la palabra [la palabra de Dios] pero no hacedor de ella, éste es semejante al hombre que considera en un espejo su rostro natural . . .

La imagen aquí es la Palabra de Dios como un espejo. Pero no es un espejo que le muestre lo que refleja un espejo normal que es su apariencia física, sino un espejo que le muestra cómo es usted en su interior. Le muestra su verdadera condición espiritual. Y Santiago nos advierte que no debemos mirar solamente al espejo, mirar cómo somos y luego irnos y olvidarlo sin hacer nada al respecto. En cambio, dice que si en realidad miramos la Palabra de Dios como un espejo, ella nos mostrará nuestra verdadera condición interior.

A menudo, cuando predico a las congregaciones, levanto la Biblia y digo que estoy levantando un espejo delante de usted. No voy a decirle acerca de usted. Mire nada más el espejo y vea lo que le dice. Cuando estoy predicando sobre liberación de espíritus malos, lo cual hago de vez en cuando, las personas se ponen más bien nerviosas y yo digo no se pongan nerviosos, todo está bien. No voy a saltar desde la plataforma, ni a poner mi dedo en su frente para decirle que tiene un demonio. No se trata de eso, no es así como yo lo hago. Simplemente levanto el espejo y dejo que usted mismo se mire. Y después usted mismo decide lo que hará respecto a lo que el espejo le revela.

Mirar en el espejo es extremadamente importante para nuestro crecimiento y bienestar espiritual. En 2 Corintios 3:18 Pablo dice algo que es realmente hermoso. Él dice:

Por tanto, nosotros todos, mirando a cara descubierta como en un espejo la gloria del Señor, somos transformados de gloria en gloria en la misma imagen, como por el Espíritu del Señor.

Ahora, todo está en tiempo presente, lo que se llama en ocasiones presente continuo. Mientras nos miramos continuamente en el espejo vemos continuamente la gloria de Dios revelada en el espejo. Y cuando nos miramos, el Espíritu Santo nos transforma en la semejanza de lo que vemos de gloria en gloria. Eso es maravilloso pero solo funciona en tanto que usted se mire en el espejo. Si aparta sus ojos del espejo, el Espíritu Santo ya no obra. Entonces tiene que mirar continuamente en el espejo de la Palabra de Dios para ver lo que Dios trata de hacer de usted. Y mientras más mire más glorioso será. No es estático. Pablo dice que va de gloria en gloria. Puede vislumbrar lo que Dios quiere hacer de usted en Cristo y a usted le parece maravilloso. Y la próxima vez que usted mira Dios le muestra que esa era una etapa nada más pero que hay mucho, muchísimo más. Pero por favor comprenda esto: el Espíritu Santo no puede obrar a menos que usted se mire en el espejo. Cuando usted aparta sus ojos del espejo, el Espíritu Santo deja de obrar en usted. Entonces si usted desea ser cambiado, pase tiempo mirándose en el espejo y cuando lo haga el Espíritu Santo será fiel en transformarlo.

Verá, algo que observo en el mundo de hoy es que en mi opinión la mayoría de las personas tienen una pobre imagen de sí mismas. No tienen un buen concepto de sí mismas. No piensan de ellas en términos positivos. Y desafortunadamente también esto es cierto en miles de cristianos. Pienso que tal vez no existe un problema con el cual luchen más los cristianos hoy que una imagen pobre de sí mismos. Creo que la verdadera solución bíblica es mirarse constantemente en el espejo porque el espejo le mostrará en primer lugar cómo es, y eso asusta. Pero si sigue mirando entonces el espejo empieza a mostrarle lo que Dios puede hacer de usted. Y le muestra cuán valioso es a los ojos de Dios.

Como ve, si pasamos más tiempo con la Biblia, no podríamos realmente pensar de nosotros mismos como inferiores o insignificantes. He ayudado a muchas personas de esa manera. Algo que le digo a las personas es esto: Escuche, el valor de cualquier cosa se mide por el precio que alguien paga por ella. Si usted tiene una casa y quiere venderla, y el vendedor de bienes raíces le dice que vale, por ejemplo, $200.000. Pero nadie pagará más de $120.000, de modo que el verdadero valor de esa casa no es 200.000 sino 120.000. El valor de algo es lo que alguien paga por tenerlo. ¿Cuál es entonces su valor? ¿Cómo descubre su valor? Descubriendo lo que Dios ha pagado por usted. Y Dios lo ha comprado con lo más valioso que existe en todo el universo, la sangre de Jesús. Ese es su verdadero valor, lo que Dios está dispuesto a pagar por usted. ¿Comprende? No permita que la gente le infunda un sentimiento de inferioridad, no se mida conforme a otras personas, no escuche toda clase de insinuaciones negativas sino diga nada más —he aconsejado esto a mucha gente— yo soy infinitamente valioso a los ojos de Dios. Porque Dios me compró con lo más valioso que existe en el universo, la sangre de Jesús. ¿Le gustaría decir esto? Al menos la primera parte. Yo lo diré, y usted repetirá después de mí.

Yo soy infinitamente valioso a los ojos de Dios, porque Dios me compró con lo más valioso que existe en el universo, la sangre de Jesús. Y eso determina cuán valioso soy.

Y entonces puede decirle al diablo que no lo fastidie con todas sus acusaciones e insinuaciones porque yo sé mi propio valor. Pero usted no lo sabrá a menos que pase tiempo en la Biblia. Solo cuando oye lo que Dios le dice acerca de usted y de su amor por usted, podrá escapar al problema de la baja autoestima. Dedique pues tiempo frente al espejo.

La mayoría de ustedes las damas pasan al menos un buen rato frente al espejo cada día. Yo he criado a nueve hijas adoptivas, ¡así que no hablo de teorías cuando me refiero al tiempo que pasan las jovencitas frente al espejo! ¿Cuánto más tiempo pasa frente al espejo de Dios? No estoy diciendo que no deba cuidar su apariencia exterior, yo creo que es conveniente. Pero ¿cuánto más tiempo dedica a las cosas que son permanentes? Un día toda esa belleza exterior va a desaparecer pero lo que usted es por dentro, es algo con lo que va a vivir para siempre. Vale la pena dedicar tiempo a embellecerse a los ojos de Dios.

Hay una bella declaración en Cantar de los Cantares que es el diálogo entre la novia y su novio. También es una imagen de cómo Jesús como el novio habla a su iglesia. Uno de los versículos del pasaje, el novio dice: toda tú eres hermosa, amiga mía, y en ti no hay mancha. Y es así como Jesús nos habla en virtud de lo que la sangre de Jesús ha hecho por nosotros y lo que la Palabra de Dios hace por nosotros. Quizá nos sintamos inferiores, tal vez no sintamos que valemos mucho, pero si podemos pasar tiempo frente al espejo descubriremos que Él nos dice: toda tú eres hermosa, en ti no hay mancha. Vale la pena pasar tiempo frente al espejo.

Ahora me gustaría resumir esta enseñanza acerca del efecto de la Palabra de Dios a través de un pasaje de Juan 14. Juan 14:23. Creo que este es uno de los versículos más maravillosos de la Biblia. Yo le digo a la gente: si nunca se ha sorprendido con lo que la Biblia dice es porque nunca ha escuchado realmente lo que dice, porque es un libro sorprendente. Jesús habla aquí a sus discípulos y les dice:

El que me ama, mi palabra guardará. . .

¿Cuál es la señal del amor a Jesús? Guardar su Palabra. No es la iglesia a la que asistimos; no es la denominación. Es guardar su Palabra. Esa es la prueba de nuestro amor. Y luego, con base en esto, Él dice:

. . . y mi Padre le amará, y vendremos a él, y haremos morada con él.

¡Qué declaración tan maravillosa! Hay muy pocos lugares en la Biblia donde se utiliza el pronombre plural para Dios. Hay unos pocos. En Génesis el Señor dice que el hombre se ha vuelto como uno de nosotros. Y hay otros pasajes, pero son muy pocos. Pero aquí Jesús no dice “yo” para referirse a sí mismo, no dice Él o el Padre, sino que dice nosotros —Padre e Hijo— vendremos a él y haremos morada con él. ¡Qué declaración tan extraordinaria! El Dios Todopoderoso, el Creador del universo, el Padre y el Hijo, quieren venir a nosotros seres humanos débiles e indignos y hacer su morada con nosotros. ¿No le parece algo sorprendente? Pero ¿cuál es la condición? Guardar su Palabra. Oírla, hacerla, ponerla en práctica, vivirla. Y sobre ese fundamento cada uno de nosotros se puede convertir en un hogar para el Dios Todopoderoso.

Un hecho asombroso de la Biblia es que realmente el propósito del evangelio no es llevarnos al cielo, sino traer el cielo a nosotros. El último capítulo de la Biblia no nos muestra a todos yendo al cielo, sino la Nueva Jerusalén descendiendo a la tierra. Y en seguida dice que el tabernáculo de Dios es con los hombres. Esto es algo que nuestras mentes nunca pueden entender completamente. Dios quiere vivir con nosotros. Cuando medito en la clase de criaturas que somos, me asombra descubrir que el mensaje de la Biblia es coherente. Y Dios dijo: vendremos y haremos nuestra morada contigo si tú guardas mis palabras.

Ahora permítame dedicar parte de mi conclusión para darle algunas sugerencias acerca de cómo recibir la Palabra de Dios. He hablado acerca de lo que ella hará, algunos de sus efectos, porque hay muchos más. Ahora permítame dedicar un momento para explicarle cómo la puede recibir. Me gustaría empezar con un pasaje que podría sorprenderle en Isaías 66, el último capítulo de Isaías, los dos primeros versículos. Esto tiene que ver precisamente con lo que estaba diciendo acerca de que Dios quiere hacer su morada con nosotros.

Jehová dijo así: El cielo es mi trono, y la tierra el estrado de mis pies; ¿dónde está la casa que me habréis de edificar, y dónde el lugar de mi reposo?

¿Qué clase de edificación van a construir par a mí, qué clase de templo, qué clase de catedral? Dios dice: eso no me impresiona. Él dice:

Mi mano hizo todas estas cosas, y así todas estas fueron hechas, dice Jehová.

Ahora viene el mensaje.

. . . pero mirará a aquel que es pobre y humilde de espíritu, y que tiembla a mi palabra. . .

Allí hay tres requisitos. Sentirse pobre. Usted recuerda que Jesús dijo: bienaventurados los pobres en espíritu, porque de ellos es el reino de los cielos. Eso no significa que seamos cobardes o tímidos, significa que vemos cuán pobres somos por nosotros mismos, cuán necesitados estamos de Dios.

Y luego dice humilde de espíritu. Eso significa que lamentamos todas las cosas que hemos dicho y hecho que han contristado a Dios y lo han alejado de nuestra vida, que han hecho imposible para Él realmente hacer su morada con nosotros.

Y luego dice —y esto es sorprendente— el que tiembla a mi palabra. Así que uno de los requisitos para recibir la Palabra de Dios es temblar ante ella. El temblor demuestra miedo, y reverencia. Creo que lo que acabo de mencionar explica la razón. Si nos dijeran que Dios Padre y Dios Hijo van a venir a este edificio dentro de cinco minutos, yo no sé usted qué haría pero yo temblaría. Me preguntaría ¿estoy listo? ¿Qué van a hacer? ¿Cómo podemos nosotros, pobres seres terrenales y humanos, estar frente a Dios Padre y Dios Hijo? Pero Jesús dijo: si guardan mi palabra, mi Padre y yo vendremos y haremos morada con ustedes. Entonces comprendo por qué Dios espera, en cierto sentido, que temblemos a su Palabra. Porque es Dios en persona que viene a nuestra vida.

He dicho muchas veces a las personas que si quieren saber cuál es su actitud hacia Dios, examinen cuál es su actitud hacia su Palabra. Porque esa es su actitud hacia Dios. Usted no ama a Dios más de lo que ama su Palabra. Usted no obedece a Dios más de lo que obedece su Palabra. Usted no tiene más lugar en su vida para Dios de lo que le dedica a su Palabra. Entonces si quiere saber cuánto significa Dios para usted, descubra cuánto significa para usted su Palabra. Esa es la respuesta, porque la Palabra es la forma como Dios viene a nuestra vida.

No creo que Dios nos quiera atemorizados, pero sí creo que nos quiere reverentes. Creo que Él desea un temor reverencial. No puedo entrar en detalle, pero una de las frases que usa la Biblia con frecuenta es “el temor del Señor”. Eso no significa que tengamos miedo de ser castigados, sino que tenemos un gran temor reverencial. Y si mira especialmente el libro de Proverbios y los Salmos, lo que la Biblia dice acerca del temor del Señor, no hay nada que contenga promesas de bendición más grandes en toda la Biblia que el temor del Señor. La Biblia dice que el temor del Señor es para vida, con él vivirá lleno de reposo el hombre y no será visitado de mal. Piense en esto. Es para vida. Si usted lo tiene siempre vivirá lleno de reposo y nunca será visitado de mal. Si tiene una concordancia o alguna otra manera de encontrarlo, dedique tiempo a estudiar lo que dice la Biblia acerca del temor del Señor.

De hecho, esto nos introduce a lo que voy a enseñar ahora porque el siguiente requisito, que está directamente relacionado, es ser humilde y temer a Dios. El Salmo 25 es uno de mis Salmos favoritos y nos habla de la clase de persona a quien Dios se tomará el trabajo de enseñar. Ya sabe, usted puede inscribirse en una universidad o seminario bíblico, pero esto no significa necesariamente que Dios lo acepte como alumno. ¿Lo ve? Dios elige su alumno conforme al carácter, no a los logros académicos ni los títulos que se ostentan. Y el Salmo 25 nos dice lo que Dios busca en aquellos a quienes está dispuesto a aceptar como sus alumnos. Salmo 25:8–9:

Bueno y recto es Jehová; por tanto, él enseñará a los pecadores el camino. Encaminará a los humildes por el juicio, y enseñará a los mansos su carrera.

¿Cuáles son los requisitos aquí? Humildad, así es. Algunas traducciones antiguas decían mansedumbre, que es un término que prefiero porque creo que manso es de algún modo una palabra mejor.

Y luego en el mismo Salmo, versículo 12:

¿Quién es el hombre que teme a Jehová? Él le enseñará el camino que ha de escoger.

¿Cuál es aquí el requisito para que Dios le enseñe? El hombre que teme al Señor. Así es.

Y en el versículo 14:

La comunión íntima de Jehová es con los que le temen, y a ellos hará conocer su pacto.

La comunión íntima significa el consejo secreto del Señor. ¿Con qué clase de personas comparte Dios sus planes íntimos? Con quienes le temen, así es. Esta es la actitud que debemos cultivar.

En otro lugar la Biblia nos dice que debemos escoger el temor del Señor. Si no lo escogemos no lo tendremos. En Proverbios 1 dice que sobreviene el desastre a aquellos que no escogieron el temor del Señor.

Y luego en Santiago 1:21 lo encontramos de nuevo —todos son muy similares. De hecho, ahora que enseño acerca de esto me impresiona cuánto enfatizan todos la misma cosa. Santiago 1:21:

Por lo cual, desechando toda inmundicia y abundancia de malicia. . .

Este es el primer requisito, si desechamos todo lo que es inmundo e impuro, e inaceptable para Dios. Y hay básicamente una palabra que se usa para describir esto. ¿Cuál es esa palabra? No puedo oírle. Arrepentimiento, así es. Arrepentimiento significa apartarse de todo lo que es inaceptable y desagradable para Dios, y darle la espalda. Entonces Santiago dice:

Desechando toda inmundicia y abundancia de malicia, recibid con mansedumbre la palabra implantada [la Palabra de Dios], la cual puede salvar vuestras almas.

Entonces, ¿cómo debemos recibirla? ¿Con qué? Con mansedumbre, así es. Como ve, en realidad todos los pasajes dicen lo mismo.

Y luego tiene que estar preparado para actuar conforme a lo que dice la Palabra. En Juan 7:17 Jesús dijo:

El que quiera hacer la voluntad de Dios, conocerá si la doctrina es de Dios, o si yo hablo por mi propia cuenta.

Jesús dijo que si lo único que a usted le interesa es el conocimiento, Dios no se revelará a usted. Pero si usted quiere hacer la voluntad de Dios, entonces Dios le mostrará la verdad.

Por último me gustaría pasar al Salmo 119:11 de nuevo como una recomendación para todos ustedes. David dijo:

“En mi corazón he guardado tus dichos, Para no pecar contra ti.”

Le sugiero que si realmente quiere la bendición y la prosperidad de Dios en el sentido más verdadero, usted tiene que atesorar la Palabra de Dios en su corazón. Creo que una manera práctica de hacerlo es memorizar las Escrituras. La Biblia habla acerca de aquellos que meditan en la Palabra de Dios. Pero si en usted no mora la Palabra de Dios, no puede meditar en ella. Tiene que memorizarla para meditar en ella.

Me gustaría compartir algo que Rut y yo leímos en un libro titulado La iglesia en China, escrito por Carl Lawrence. No sé si alguno de ustedes lo ha leído. Yo diría que es un libro excelente. Si no lo ha leído, especialmente si usted es chino, debería leerlo. ¿Saben? Una cosa que me impresiona acerca de los chinos en Singapur, si puedo decirlo con franqueza, es que no se preocupan demasiado por los chinos en China. Eso me llama la atención. Pero bueno, en este libro este hombre dijo que durante la revolución cultural —¿sabe lo que fue la revolución cultural?— cuando los cristianos fueron perseguidos despiadadamente los únicos que sobrevivieron fueron los que habían memorizado las Escrituras. Todos los demás cometieron suicidio, se enloquecieron o traicionaron a sus hermanos en la fe. De manera que hay algo poderoso en memorizar la Palabra de Dios. Le da una fortaleza y una estabilidad que no se reemplaza con nada. Y mi recomendación para usted es que la aprenda de memoria. La mayoría de ustedes, me parece, son bastante jóvenes. Están en sus años de juventud. Tienen una capacidad para memorizar si deciden usarla. Pueden hacerlo. Y si no lo hacen se están privando de algo que tiene un valor enorme.

Yo no sé cuántos versículos de las Escrituras sabemos de memoria Rut y yo. Deben ser al menos 200 creo yo. Tal vez más. No lo hacemos para impresionar a otros; lo hacemos porque lo necesitamos. Vivimos en un combate espiritual permanente. Siempre estamos atacando las fortalezas de Satanás. Y si no tuviéramos la Palabra de Dios guardada en nuestros corazones no sobreviviríamos. La memorizamos, la creemos, la confesamos.

Así que esta es mi recomendación final para aquellos que quieren realmente prosperar en Dios. Pida al Espíritu Santo que le muestre cuáles pasajes necesita memorizar porque pueden ser muy diferentes de las que nosotros memorizamos. Que el Señor los bendiga.

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