Me alegro de estar nuevamente con Ud. en el comienzo de una nueva semana para compartir las verdades que la vida me ha enseñado, verdades que pueden hacer la diferencia entre el éxito y el fracaso en su vida, como lo ha sido en la mía.

En mis charlas de la semana pasada hablé de mis relaciones personales, expliqué que estas van en dos direcciones, como las vigas de la cruz, la viga vertical representa nuestra relación personal con Dios, y la horizontal representa nuestra relación con nuestro prójimo.

También expliqué que hay solo un fundamento sobre el cual se puede edificar una relación duradera y permanente con Dios; el fundamento del compromiso en un pacto, cuando una persona hace un compromiso total con Dios, abre la puerta a una relación personal, profunda e íntima con Dios, que en la esfera espiritual es análoga a la relación matrimonial de pacto, que en lo natural se produce entre un hombre y una mujer. Esta relación con Dios es la vertical.

Hoy y durante esta semana, voy a tratar sobre la otra clase de relación, la relación en el plano horizontal, la relación con el pueblo de Dios.

Voy a comenzar estableciendo un principio básico, en el mismo pacto que nos lleva a establecer una relación personal con Dios, es el mismo que produce la relación con su pueblo. De manera que esta relación con el pueblo de Dios está fundamentada también en un pacto. Esto es algo que todos necesitamos entender. Muchos cristianos hemos estado ciegos a esta verdad; en el momento en que se entra a una relación de pacto con Dios, se entra inevitablemente en una relación de pacto con su pueblo. Nadie se puede relacionar con Dios en un pacto y rehusar un vínculo con quienes se relacionan con Dios, por el mismo pacto. Las relaciones de pacto están siempre en dos planos: El vertical, hacia Dios, y el Horizontal, con el pueblo de Dios.

En mis charlas anteriores les señalé que hay una ley en el mundo físico que si una de las vigas está fuera de línea, la otra está automáticamente desalineada. Ahora, esto también es cierto en cuanto a las relaciones de pacto. Si nuestra relación con nuestros hermanos creyentes está fuera de línea, entonces la viga vertical, que es nuestra relación con Dios, tendría que estar desalineada; cuando uno está fuera de línea la otra también lo estaría. Si usted dice que está bien con Dios pero no tiene una buena relación con sus hermanos creyentes, lo sepa o no, se está engañando a sí mismo; esta situación es bien difícil.

Ahora quiero ver en el libro de Éxodo el ejemplo cuando Dios estableció un pacto con Israel. Éxodo 19: 5 - 6 describen las palabras que detallan el camino para que Israel tenga acceso a ese pacto. Lo siguiente es lo que Dios pidió a Moisés que dijera a Israel:

“Ahora pues, si en verdad escucháis mi voz y guardáis mi pacto, seréis mi especial tesoro entre todos los pueblos, porque mía es toda la tierra; 6 y vosotros seréis para mí un reino de sacerdotes y una nación santa”

La nueva relación que Dios ofrecía aquí a Israel estaba condicionada a que ellos guardaran Su pacto. Fue este pacto que los llevó a una relación especial con Dios, que los diferenciaba de todas las otras naciones. Es importante comprender que no había nada totalmente santo en Israel antes que Dios hiciera su pacto con ellos. Lo que los hizo santos fue su pacto, y eso es lo único que puede hacer al ser humano o a un pueblo santo, una relación de pacto con Dios.

Por lo tanto, en el lenguaje del Antiguo Testamento se mantiene cuidadosamente una distinción. A Israel se le llama “pueblo”; y a los otros pueblos étnicos “naciones”; a menudo usa también otra palabra “gentiles”. La palabra “pueblo” es reservada para Israel, porque para ser un “pueblo” se requiere tener una relación de pacto con Dios. Esto es lo que distingue a su “pueblo” de cualquier otra “nación”.

Tan pronto Dios estableció esta relación de pacto con Israel, El pasó inmediatamente a describirles en el siguiente capítulo, la manera en que tendrían que relacionarse unos con otros como miembros de este pacto. En otras palabras la relación con Dios no era solamente vertical; sino también horizontal con los otros israelitas; los que estaban dentro del mismo pacto con Dios.

Ahora, en el Nuevo Testamento en 1ra de Pedro 2: 9 y 10 (LBLA), donde Pedro está hablando a los creyentes de Jesucristo, él cita esas palabras de Dios a Israel, y aplica estos mismos principios; esto es lo que dice:

“Pero vosotros sois linaje escogido, real sacerdocio, nación santa, pueblo adquirido para posesión de Dios, a fin de que anunciéis las virtudes de aquel que os llamó de las tinieblas a su luz admirable; 10 pues vosotros en otro tiempo no erais pueblo, pero ahora sois el pueblo de Dios; no habíais recibido misericordia, pero ahora habéis recibido misericordia.”

Note que antes de entrar a un pacto con Dios por medio de Jesucristo, ellos no eran un pueblo, pero cuando entraron en un pacto con Dios se convirtieron en un pueblo. Lo que es cierto con Israel en el Antiguo Testamento es cierto con la iglesia de Jesucristo en el Nuevo. Lo que hace de la iglesia un pueblo, es nuestro pacto en la relación con Dios; y el mismo pacto que nos relaciona con Dios, nos relaciona también uno con el otro. Igual que Israel bajo el Antiguo Pacto, nosotros también, bajo el Nuevo Pacto, tenemos obligaciones específicas unos con los otros como miembros en el pueblo de un pacto. El Antiguo Pacto fue iniciado en el Sinaí; el Nuevo Pacto fue iniciado en la última cena. Leemos estas palabras en Mateo, 26:27-28 (LBLA); Jesús dijo a sus discípulos mientras le ofrecía la copa;

“Bebed todos de ella;… [luego Él dijo] porque esto es mi sangre del nuevo pacto”

Era muy importante que cada discípulo tome la copa con Jesús, pero al hacerlo estaban compartiéndola unos con los otros; en otras palabras el mismo acto simbólico del pacto que los llevó a cimentar una relación con Jesús, los llevó a establecer una relación de pacto, unos con los otros. Esta es la lección que debemos ver y tomar en serio, que si decimos tener una relación de pacto con Jesús, por medio de la sangre del nuevo pacto, que El derramó para el perdón de todos nuestros pecados, no podemos evadir las responsabilidades de una relación de pacto con los otros creyentes. El pacto que nos lleva a tener una relación con Jesús nos lleva también a una relación mutua; unos con otros y el efecto de nuestro pacto incluye el cumplimiento de nuestras responsabilidades con otros hermanos creyentes, así como nuestra responsabilidad hacia Jesús.

Pablo elabora más de esto en Primera de Corintios, Cap. 10, vers. 16 al 17; hablando del sacramento o el mandamiento de la Santa Cena, comunión, o la eucaristía, como quiera llamarlo, Él dice lo siguiente:

“La copa de bendición que bendecimos, ¿no es la participación en la sangre de Cristo? El pan que partimos, ¿no es la participación en el cuerpo de Cristo? 17 Puesto que el pan es uno, nosotros, que somos muchos, somos un cuerpo; pues todos participamos de aquel mismo pan.”

Note el énfasis en las palabras “participación”, y “uno”. Pablo está diciendo, si participamos de esa copa que es Jesús, entonces somos participantes con todos los que toman de la copa, somos llevados a una relación, unos con los otros, como miembros de un solo cuerpo. Yo quiero enfatizar sobre este punto que muchos cristianos no lo ven. El mismo sacramento, que lo lleva a Ud. a una relación con Jesús. Necesariamente nos lleva a una relación, con todos los que creen en Jesús. Ud. no puede reclamar tener una relación con Jesús y negar su relación con sus hermanos creyentes.

La semana pasada vimos que nuestra relación con Dios nos lleva a una unión con El; de igual manera este mismo pacto nos lleva a una unión con el pueblo de Dios. El propósito final del pacto es la unión.

Hay dos lados en esto; primeramente no podemos tener verdadera unión sin un pacto. Creo que los acontecimientos en el mundo de hoy explican esto. Los hombres hablan de unidad, y la unión en tantas cosas; y la verdad es que no hay unión sin un pacto. Hay un comentario que es interesante en la historia de los Estados Unidos, que el nombre hebreo para este país es Artzot haBrit, que significa “las tierras de pacto”. Este nombre significa que esta nación está fundada en un pacto y si uno busca en la historia cuando se formó este pacto, es interesante que la primera razón dada para establecer ese pacto fue lograr una unión más perfecta entre los estados. La verdad emerge en la historia de las naciones, que si se quiere la unión tiene que ser por medio de un pacto. No existe ningún otro fundamento para tener una unión permanente. Sin embargo, el otro lado de la moneda es este que si Ud. está en el pacto tiene que estar en unidad. Se engaña asimismo si Ud. tiene una relación de pacto, y niega sus implicaciones de unidad con otros creyentes.

Voy a resumir de otra manera, el producto de un pacto es siempre la unidad, y en las charlas que hemos tenido, la hemos visto en tres relaciones; entre Dios y el creyente, entre el esposo y la esposa; entre el pueblo y Dios. Donde quiera que haya un pacto, si funciona, el resultado es la unidad.

Bueno nuestro tiempo de hoy terminó, regresaré mañana a la misma hora; mañana estaré hablando del Desarrollo práctico de un pacto en nuestra relación con nuestros hermanos creyentes.

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