Relacion Con El Pueblo De Dios (Parte 2)

Derek Prince
Published: 1979
Last Updated: julio de 2026
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Descubre la profunda conexión entre tu relación con Dios y tus relaciones con otros creyentes. Aprende cómo el principio del pacto, simbolizado por la Cruz, requiere sacrificio y conduce a una comprensión más profunda del amor, tal como se explica en las Escrituras. Este mensaje de 'Relación con el Pueblo de Dios', Parte 2, de Derek Prince, te desafiará e inspirará.
Transcript
Me alegro de estar nuevamente con usted, en esta semana estaremos hablando de las relaciones con el pueblo de Dios.
Ayer expliqué que el mismo pacto que nos lleva a una relación con Dios también nos lleva a una relación común del pueblo de Dios, las dos relaciones tienen que ir juntas por necesidad, igual que las dos vigas que conforman una cruz; la vertical y la horizontal; en cada caso la base para una relación es el pacto. Si Ud. quiere visualizar la cruz en su mente; el punto donde las dos vigas se encuentran ese punto es el pacto. El pacto es tanto vertical como horizontal, se relaciona con Dios, pero también con nuestros hermanos.
Hoy voy a explicar la manera práctica, en como este principio de pacto opera con nuestros hermanos creyentes. Confío en poder ser bien práctico y básico.
En nuestras charlas anteriores les dije que un pacto requiere un sacrificio. Un pacto nunca fue válido sin un sacrificio y este sacrificio representa la muerte del que hace el pacto. Una persona entra en un pacto mediante su propia muerte. Esto no solo está establecido en el Antiguo Testamento, también continua en el Nuevo. En Hebreos Cap. 9, vers. 16-17, el escritor dice:
Por que donde hay testamento, es necesario que intervenga muerte del testador. Porque el testamento con la muerte se confirma; pues no es válido entre tanto que el testador vive.
Quiero repetir esa frase, “el testamento o [pacto], con la muerte se confirma”. Entonces, para entrar en un pacto tiene que hacerlo con su propia muerte. Esto tiene una aplicación muy práctica y la podemos ver en la primera epístola de Juan, 3:16 y 17;
En esto conocemos el amor: en que Él [ese es Jesucristo] puso su vida por nosotros; también nosotros debemos poner nuestras vidas por los hermanos. 17 Pero el que tiene bienes de este mundo, y ve a su hermano en necesidad y cierra su corazón[a] contra[ él, ¿cómo puede morar[c] el amor de Dios en él?
Hay algunos principios establecidos aquí, primero Jesús nos mostró el patrón del amor poniendo su vida, él dijo:” Nadie tiene mayor amor que este, que uno ponga su vida por sus amigos”; también dijo este es mi mandamiento, que “os améis unos a otros como yo os he amado”. Que nos amemos con el mismo amor de pacto que ese expresa poniendo nuestra vida por aquellos con quienes hemos hecho pacto; y Juan dice, que esta es la obligación de todos los creyentes; él dice: Debemos poner la vida por nuestros hermanos.
Ahora eso no quiere decir primordialmente, que estemos deseando una muerte de mártir, aunque puede ser que eso ocurra, pero eso no es lo que Juan dice primordialmente; pues el siguiente versículo lo explica, y es muy práctico y sencillo. En el lenguaje del mundo es “ir al grano de la cosa”. El que tiene bienes en este mundo, es decir dinero, alimento, ropa y otras cosas que la gente necesita; El que tiene bienes en este mundo y ve a su hermano tener necesidad, y cierra contra él su corazón, ¿cómo mora el amor de Dios en él? En otras palabras, poner nuestra vida, significa que nosotros y todo lo que tenemos está a disposición de nuestros hermanos, ya no reclamamos derecho absoluto de nuestras posesiones, ni decimos lo que haremos con lo que es nuestro; sino que lo ponemos a disposición de la totalidad del cuerpo de Cristo. Lo ponemos a disposición de nuestros hermanos. Eso significa poner nuestra vida, en un sentido bien práctico, una persona que pone su vida diariamente. Tiene que existir un proceso de negación propia todos los días de nuestra vida. Esta es la evidencia del amor. Es totalmente opuesto a la manera de sentir y operar del hombre natural sin ser regenerado.
El hombre natural está motivado por su ego. Todo se centra alrededor de sí mismo. Siempre dice: Yo quiero, yo pienso, yo siento. Esa es su motivación. Lo que la Escritura enseña es que si estamos en un pacto con Dios y unos con otros, ese ego tiene que morir. Ya no somos motivados por lo que Yo quiero, Yo pienso o lo que Yo siento. Algo más tiene prioridad. ¿Qué será eso? Es lo que mi hermano quiere, lo que mi hermano necesita, lo que mi hermano piensa, es lo que Dios dice en su Palabra. Estos se convierten en los factores principales y decisivos de mi estilo de vida. Entonces ese viejo “Yo”, ese viejo ego que siempre quiere salirse con la suya tiene que morir. Muere por medio del sacrificio del pacto. Ponemos nuestra vida uno por el otro. Esta es la marca de que realmente estamos en un pacto.
He estado diciendo que tenemos obligaciones mutuas cuando entramos en un pacto los unos con los otros; pudiera haber diferentes maneras de responder a la siguiente pregunta ¿Cuáles son esas obligaciones mutuas? Una de las maneras para responder es buscando en el Nuevo Testamento, y seleccionar donde se usa la frase “uno al otro”, o “cada uno” al referirse a los creyentes. Esto sería una tarea muy interesante y útil. Yo he encontrado en 19 lugares diferentes donde aparece esta frase con respecto a los creyentes en su relación mutua; estas son algunas de nuestras obligaciones mutuas, voy a leer estos 19 pasajes y enfatizaré lo que se requiere en cada uno.
El primero, es lavaros los pies los unos a los otros.
El segundo, que os améis unos a otros.
Edificaos unos a otros.
Prefiriéndoos los unos a los otros.
Exhortándoos unos a otros.
Saludaos unos a otros.
Servíos unos a los otros.
Sobrellevad los unos las cargas de los otros.
Soportándoos los unos a los otros.
Perdonándoos unos a otros.
Someted unos a otros.
Enseñar unos a otros.
Alentaos, los unos a los otros.
Sed benignos unos con otros.
Estimularnos al amor y a las buenas obras.
Confesaos vuestras ofensas unos a otros.
Orad unos por otros.
Hospedaos, los unos a los otros.
Revestíos de humildad.
Aquí tenemos 19 obligaciones específicas del Nuevo Pacto. Pienso que todos debemos preguntarnos, ¿Hasta dónde estamos cumpliendo con nuestras obligaciones? Y si en algunos casos, no estaremos haciendo totalmente lo opuesto, de lo que debiéramos hacer; se nos amonesta a amarnos los unos a los otros, a edificarnos los unos a los otros, sucede alguna vez que haya grupos de creyentes que en vez de edificar a otro grupo, más bien lo destruye, lo critica y lo ataca; esta conducta no es digna de un pacto. Somos amonestados para servirnos el uno al otro, para sobrellevar las cargas unos a los otros. Pero, si egoístamente velamos solo por nuestras metas de ambiciones y no prestamos atención a las necesidades y problemas de los demás, no estamos actuando como hermanos y hermanas de pacto, realmente estamos yendo contra las obligaciones del pacto.
Así que ¿Cómo vamos a resolver estas obligaciones?, si no lo hacemos no estamos cumpliendo las condiciones del Nuevo Pacto. Nuestra viga horizontal está fuera de línea y eso nos dice automáticamente que la línea vertical también está desalineada. Quiero sugerirle dos cosas para enfrentar sus obligaciones del pacto. La primera es que necesitamos una actitud nueva; en vez de hablar en términos de Yo, Yo quiero, Yo necesito, Yo estoy bien con Dios, Yo oro, Dios bendíceme a mí; debemos sustituir el YO con un nosotros, queremos, necesitamos, oramos, Dios bendícenos, ayúdanos.
Es muy significativo que la relación modelo que Jesús enseñó a sus discípulos empieza con la palabra Padre Nuestro, no solo mío. Lo primero que debemos recordar cuando oramos es que, no somos individuos viviendo para nosotros mismos, y sin obligaciones hacia nuestros hermanos. Es muy importante comprender todo lo que significa esa expresión: “Padre Nuestro”, para que haya una tremenda diferencia en nuestra actitud y consideración de nuestros hermanos.
Segundo, necesitamos adoptar un nuevo estilo de vida; si Ud. medita en esta lista de obligaciones que acabo de leerle, se dará cuenta de que muchas de ellas no se puede cumplir dentro de un edificio o programa eclesiástico; no es fácil lavarse los pies, no es fácil servirse mutuamente, no es fácil estar sujetos, unos a los otros, esencialmente en un marco religioso, el tipo de situaciones al que estamos acostumbrados, lo más que logramos es ver la nuca de las personas sentadas en frente, y lanzar una mirada a un predicador detrás de un púlpito. Eso da ciertos resultados pero no ofrece ninguna oportunidad para cumplir con muchas de estas obligaciones. Lo cierto es que necesitamos entrar en un nuevo estilo de vida; un patrón que ofrezca la oportunidad de desarrollar diariamente las obligaciones, cuando vivimos fuera del marco religioso. Necesitamos pasar más tiempos juntos en situaciones no religiosas; de otra manera no podemos cumplir con estas obligaciones hacia nuestros hermanos y hacia el Señor.
Bueno nuestro tiempo de hoy terminó, regresaré mañana a la misma hora, hablaremos un poco más de este nuevo estilo de vida propio del pueblo de Dios, bajo el nuevo pacto.

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