Me alegro de estar nuevamente con usted. Esta semana he estado compartiendo los puntos básicos en las relaciones personales. Hemos visto que un pacto es el fundamento bíblico para establecer una relación personal primeramente en el plano vertical con Dios mismo; en el plano horizontal con el pueblo de Dios. Los que entran en el pacto son requeridos a poner sus vidas y vivir un nuevo estilo de vida con quienes hicieron el pacto.

Es un estilo de vida totalmente nuevo. En el Nuevo Testamento griego hay una palabra especial que describe este estilo de vida, se llama KOINONIA, en nuestra versión castellana, la palabra se traduce COMUNIDAD/COMUNION. Algunas versiones la traducen como: “Compartir una vida en común”. El sustantivo griego KOINONIA se deriva del adjetivo KOINOS, un adjetivo muy usado que quiere decir común, simple y literalmente, koinonía significa tener las cosas en común.

Hoy quiero describir la clase de estilo de vida que representa a la koinonía. Voy a leer primeramente en la epístola de Primera de Juan Cap.1, vers.3, y dice así:

lo que hemos visto y oído, os proclamamos también a vosotros, para que también vosotros tengáis comunión con nosotros; y en verdad nuestra comunión es con el Padre y con su Hijo Jesucristo

Cuando Juan dice lo que “hemos visto y oído” se está refiriendo al registro que los apóstoles han dejado; el registro del Nuevo Testamento es lo que él está diciendo. Tenemos una declaración muy importante aquí, que el propósito del Nuevo Testamento es que tengamos el testimonio de los apóstoles y la finalidad de este testimonio, que también “vosotros tengáis comunión con nosotros”, con los apóstoles, Y luego sigue diciendo, y nuestra comunión, nuestra koinonía, verdaderamente es con el Padre y su hijo Jesucristo.

Creo que es correcto decir que en última instancia, el Evangelio es una invitación de la Deidad para compartir la koinonía, el estilo de vida de la Deidad. Es muy importante que veamos que esto es lo que Dios desea, porque muchas veces la religión se preocupa tanto por los “métodos” y perdemos de vista la “finalidad”. Pero los “métodos” no logran el fin deseado, es desperdiciar tiempo y esfuerzo.

Quiero decir con toda franqueza como predicador que soy, que la predicación no es un fin, es un medio; tiene éxito solo si alcanza el fin deseado, y ¿Cuál es este fin deseado? La koinonía, la comunión, el compartir juntos una vida con Dios y unos con los otros. Tengo la impresión de que muchos grupos religiosos si se preguntaran a que están apuntando, y si los medios que están usando, están realmente ayudando a lograr lo que deseen, bien pudiera ser que tuvieran que cambiar totalmente su procedimiento. Recuerdo una vez que estaba predicando en una iglesia, un domingo por la mañana, y había una atmósfera cálida y hermosa, y cuando terminé el mensaje, el pastor se levantó y dijo: “Hay una hermosa evidencia de la presencia del Señor aquí; no se vayan demasiado rápido, quédense y tómese un tiempo para estar en comunión unos con otros, denle la mano a media docena de personas”. Yo me pregunté a mi mismo: ¿y a eso lo llaman comunión? Darle la mano a media docena de personas; ¿es esa la clase de comunión que este pueblo necesita? Seguramente que esa no es la clase de relación que hay entre el Padre y el Hijo en la deidad. Va más allá de estrechar la mano el domingo por la mañana.

Quiero mencionar algunas cosas que Jesús dijo, con respecto a su relación con el Padre, manteniendo presente que todo esto es koinonía. En Juan 10:30, Jesús dijo:

“Yo y el Padre somos uno”

en otras palabras hay unidad; también hablando de la venida del Espíritu Santo en Juan 16:14-15, Él dijo:

El … tomará de lo mío y os lo hará saber. 15 Todo lo que tiene el Padre es mío; por eso dije que Él toma de lo mío y os lo hará saber

Entiende Ud. porque dijo eso? Porque no estaba reclamando como suyo nada propio. El dijo que todo lo que tenía era del padre. Es únicamente mío por que el Padre me lo ha dado. En otras palabras, Jesús no decía tener nada debidamente suyo, que fuera independiente de su relación con el padre; todo lo que tenía dependía de su relación con el Padre. Esta es la koinonía, luego en Juan 17:10, Jesús ora al Padre y dice:

Todo lo mío es tuyo, y lo tuyo mío

Esta es koinonía perfecta. Todo lo que tengo es tuyo y todo lo que tienes es mío. Este es el nivel divino de la koinonía. Es el estilo de vida de la Deidad. Quiero enfatizar esto, Dios no va a rebajar su koinonía al nivel de la humanidad, pero está dispuesto a elevar a la humanidad a su nivel de comunión al estilo de vida de la humanidad.

Un poco más adelante en el mismo capítulo 1 de Juan, el apóstol regresa a este tema de la koinonía, que es uno de los temas principales de esta epístola, en el vers.7 dice:

Pero si andamos en luz, como él está en luz, [esto dice que Jesús está en luz, y esto dice que Jesús está en la norma de la koinonía; la norma es siempre de Dios, no del hombre]. Si andamos en luz como él está en luz, tenemos comunión unos con otros, y la sangre de Jesucristo su hijo, nos limpia de todo pecado.

Es importante que veamos esta palabrita “SI”. Ese “SI” establece una condición. “Si” hacemos algo hay ciertos resultados que siguen. ¿Cuál es esta condición? Si andamos en luz, los dos resultados son: Primero, si tenemos comunión unos con otros; la sangre de Jesús nos limpia de todo pecado. Entienda bien que la limpieza de la sangre de Jesús no está bajo nuestro control. Está disponible si solo cumplimos la condición. ¿Y cuál es esta? Andar en la luz, si andamos en la luz el resultado es comunión, koinonía unos con los otros; y somos limpiados por la sangre de Jesús.

Esto se aplica a la inversa también, si no andamos en la luz no tenemos koinonía, ni somos limpiados por la sangre de Jesús. La condición esencial para recibir una limpieza constante de la sangre de Jesús es andar en la luz; si andamos en la luz tenemos koinonía unos con los otros. Si no tenemos koinonía, si estamos fuera de la comunión, entonces no andamos en la luz; y si no andamos en la luz la sangre de Jesús no nos limpia. Puede ver cuán importante y esencial es el hecho de tener koinonía.

Entonces ¿Cuáles son las condiciones de la koinonía? Quiero sugerirle dos: La primera, un compromiso de pacto. Solo si están dispuestos a hacer el compromiso del pacto, el uno con el otro, pueden estar en koinonía. El compromiso de pacto es la puerta para la comunión. No hay otra manera de entrar. Este es el requisito inicial.

Luego está el requisito continuo para la comunión, este requisito es andar en la luz. ¿Qué significa andar en la luz? Quiero sugerir dos cosas, antes que nada, obediencia a Dios. La desobediencia es andar en las tinieblas. En el momento que nos salimos de la obediencia, nos salimos de la luz y entramos en las tinieblas. En el momento en que infringimos la ley de Dios, ya no estamos en la luz. En el Segundo aspecto de andar en luz, es ser completamente honestos los unos con los otros, sin secretos, sin reservas, sin críticas o pensamientos malos en nuestras vidas, en nuestras mentes y corazones, sino en completa honestidad uno con el otro. Alguien dijo que el caminar en la luz significa quitar el techo y derrumbar las paredes. Bueno quizás algunos no tienen el problema quitar el techo para dejar que Dios mire adentro. Pero cuando se requiere quitar las paredes, para que nuestros hermanos vean adentro, ya ponemos límites, no obstante sino lo hacemos no tenemos koinonía. La comunión es posible únicamente cuando caminamos en luz.

Vea esta declaración de la iglesia primitiva en Hechos Cap. 4, quiero que vea la relación en el versículo 32;

Y ninguno decía ser suyo propio nada de lo que poseía, sino que tenían todas las cosas en común.

¿Qué es eso de tener “ las cosas en común”? Se llama KOINONIA, la palabra koinonía viene de la raíz griega que significa COMUN, ¿Cuál era el resultado? Vea en el versículo 34;

No había entre ellos ningún necesitado;

Puede ver que las bendiciones de Dios estaban sobre su pueblo porque estaban en koinonía, entonces tendremos todo lo que necesitamos y más. Estar fuera de comunión es andar fuera de la luz, fuera de la luz no hay limpieza de la sangre de Jesús. Este es uno del ultimátum divino, Dios nos invita a tener koinonía, pero Él nos pone las condiciones.

Muy bien nuestro tiempo de hoy terminó, regresaré mañana a la misma hora, mañana estaré hablando de la comida del pacto, el símbolo ordenado por Dios, de la koinonía.

Como
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