Lo Que La Palabra De Dios Hara Por Usted (Parte 8) - Purificación y Santificación

Derek Prince
Published: 1979
Last Updated: julio de 2026
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¡Experimenta la limpieza y santificación que el Señor ofrece! Descubre cómo la Palabra de Dios provoca cambios vitales en tu vida, como se explica en Efesios 5:25-27. Este mensaje de Derek Prince, parte 8 de 'Lo que la Palabra de Dios hará por ti', revela el poder transformador de las Escrituras.
Transcript
Me alegro de estar nuevamente con Ud. en esta semana para continuar con el tema: Lo que la palabra de Dios hará por Usted.
Ayer expliqué como a través de su Palabra, Dios ha hecho posible que tengamos victoria continua sobre el pecado y Satanás. Hoy voy a hablar sobre dos efectos más que producirá la Palabra de Dios en su vida, ellos son: La purificación y La santificación.
Primero leamos Efesios, capitulo 5:25 al 27, aquí Pablo dirige estas palabras a los esposos pero el verdadero significado de lo que habla a los esposos humanos y sus relaciones con sus esposas, es de su relación con Cristo como el novio y su novia, la iglesia. Y nos hablan dos importantes provisiones que Cristo como Señor, salvador, y esposo ha hecho para la iglesia. Esto es lo que dice.
Maridos, amad a vuestras mujeres, así como Cristo amó a la iglesia, y se entregó a sí mismo por ella, para santificarla, habiéndola purificado en el lavamiento del agua por la palabra, a fin de presentársela a sí mismo, una iglesia gloriosa, que no tuviese mancha ni arruga ni cosa semejante, sino que fuese santa y sin mancha.
Note las dos cosas que Jesús ha hecho para la iglesia. Dos provisiones vitalmente esenciales para el bienestar de su pueblo. La primera es, se entregó a sí mismo por ella, murió en la cruz para redimir a su pueblo, él dio su sangre por su pueblo. Así que la primera cosa que Jesús hizo fue redimirnos con su sangre para sí mismo. Pero dice que nos redimió con su sangre con un propósito más, para santificarnos. Habiéndonos purificado en el lavamiento de agua por la Palabra. La Palabra significa por supuesto la Palabra De Dios. Así que la Palabra de Dios allí, como en otras partes de las escrituras se compara con el agua pura, que nos purifica y santifica. Y las escrituras indican que ambas provisiones de Cristo son esenciales para que seamos el tipo de iglesia que Él quiere como esposa.
Primero debemos saber que hemos sido redimidos por la sangre de Jesús, pero esto no es todo. Va más allá que eso debemos someternos a la obra de su Palabra en nuestros corazones y vidas, para purificarnos y santificarnos para que seamos santos y sin mancha. Esa es una tremenda meta que Dios ha puesto para nosotros y porque Dios ha puesto la meta sabemos que también nos ha dado los medios para alcanzarla.
Es importante que entendamos de una manera simple, la diferencia entre santificación y purificación. La palabra purificación es una palabra común, de uso casi diario, significa limpiar, hacer puro; la primera obra que hace la Palabra de Dios es que purifica nuestras mentes, nuestros corazones, nuestros pensamientos y motivos. Quita todo lo que es pecaminoso, sucio, degradante, pero también nos santifica. Ahora, la palabra santificar, tiende a ser una palabra religiosa, que muchas veces asusta a las personas, pero lo explicaré de esta manera, quiero explicar que cualquier palabra verbal con terminación en “ificación”, es común en muchas palabras, y siempre denota la acción de algo que se hace. Por ejemplo, purificación expresa la acción y efecto de purificarse. Ahora, la palabra santificación es una derivación del término santo. Por lo tanto el significado literal de santificación es la “acción y el efecto de hacer santo”
Hay dos aspectos de la santificación; uno negativo y otro positivo. En el aspecto negativo santificación, significa ser separado del pecado o de todo lo que sea impuro e inaceptable a Dios. Pero más que eso hay también un aspecto positivo de la santificación que significa ser partícipe de la santidad de Dios. Ser santos con la santidad de Dios. Esto está expuesto en Hebreos 12:10 y 14. El escritor habla de la relación entre la disciplina de los padres humanos y de la disciplina de Dios como nuestro Padre Celestial, dice así:
Aquellos, [nuestros padres naturales], ciertamente por pocos días nos disciplinaban como a ellos les parecía, pero este, (Dios), para lo que nos es provechoso, para que participemos de su santidad.
Así que el propósito principal en el trato y la disciplina de Dios en nuestra vida es que participemos de su santidad. No es solo negativo. No es solo abstenerse del pecado y de lo que es impuro, sino es recibir en nosotros la misma naturaleza y santidad de Dios, para que seamos santos con la santidad de Dios. Y luego en el versículo 14 en el mismo Contexto, el autor de Hebreos dice:
Seguid la paz con todos, y la santidad sin la cual nadie verá al Señor.
Esa es una verdad muy solemne, debemos ser santos si hemos de ver al Señor. Y la provisión de Dios para hacernos santos es el “lavamiento del agua por la palabra” que nos purifica. Esta nos santifica.
Sin embargo hay una diferencia importante en la manera que Dios trabaja para santificarnos y los métodos que muchas veces siguen la religión. La religión tiende a obrar de fuera hacia adentro, empieza con lo externo y dice: haga esto y no aquello, entonces será santo”. Jesús habla de este tipo de santidad en Mateo capítulo 23 y la desecha por inadecuado e insatisfactorio. Esa era la santidad de los escribas y de los fariseos. Esto es lo que dice en el vers. 23 y 26:
¡Ay de vosotros escribas, y fariseos, hipócritas! porque diezmáis la menta y el eneldo y el comino, y dejáis lo mas importante de la ley: La justicia, la misericordia y la fe; esto era necesario hacer sin dejar de hacer aquello. ¡Fariseo ciego!, limpia primero lo de dentro del vaso y del plato, para que también lo de fuera sea limpio.
Entienda lo que Jesús les está diciendo, Fariseos ustedes trabajan todo el tiempo limpiando lo externo del plato y del vaso, pero no limpian lo interno, porque lo que está dentro ensuciará siempre, no importa cuántas veces traten de limpiar lo externo. El error en esa clase de religión es que trata de hacernos santos desde afuera hacia adentro, y hay muchas cosas que corresponden a eso en las iglesias, donde la santidad se quiere alcanzar por una serie de reglas hechas por el hombre. El problema es eso nunca cambia al hombre internamente.
La manera de Dios para hacernos santos es obrando de adentro hacia afuera. Compare lo que Jesús dice en Mateo capítulo 5 versículo. 8:
Bienaventurados los de limpio corazón, porque ellos verán a Dios.
Jesús dice, si su corazón es puro eso lo llevará a la misma presencia de Dios. Si su corazón es puro, entonces sus palabras, sus pensamientos y sus acciones serán puros, porque en Proverbios 44:23, la Escritura dice: Que del corazón mana la vida. Últimamente, todo en nuestra vida procede del corazón. Si su corazón es puro, la vida será pura, pero Ud. no puede tener una vida pura con un corazón sucio. Dios nos hace puros internamente, renovando nuestras mentes, cambiando nuestra manera de pensar. Así lo leemos en Romanos 12:2 está:
No os conforméis a este siglo, sino transformaos por medio de la renovación de vuestro entendimiento, para que comprobéis cual sea la voluntad de Dios agradable y perfecta.
Se nos dice que no debemos ser como la gente del mundo que no sirve a Jesucristo, y no honra a Dios. Que debemos ser diferentes, pero no debemos ser cambiados por reglas externas y reglamentos, sino por la renovación de nuestra mente. El cambio debe suceder adentro y Pablo nos dice, que una vez que nuestra mente sea renovada podemos comprobar o descubrir por experiencia personal lo que es bueno, aceptable y perfecto. Encontraremos la verdadera voluntad de Dios para nuestras vidas. La voluntad de Dios no se revela a una mente que nos fue renovada. Solo la mente renovada puede apreciar y entrar en la voluntad de Dios.
¿Cómo la Palabra de Dios renueva nuestra mente? Yo sugiero que la veamos en tres etapas: Primero nos limpia de las impurezas nos limpia de la humillación, de los pensamientos impuros, del lenguaje sucio y de los deseos malignos. Nos limpia de todas esas cosas. Segundo, cambia nuestros valores. Recibimos un estándar de vida diferente. Miramos las cosas de una manera diferente. Evaluamos las cosas como Dios las evalúa. Empezamos a llamar al pecado, pecado y a la justicia, justicia. No nos engañamos con términos psicológicos, con lo que le desagrada a Dios. Tercero, la Palabra de Dios obrando en nosotros nos identifica con los propósitos de Dios. Nuestros motivos cambian. Ya no nos preocupamos principalmente por lo que queremos, sino por lo que Dios quiere. Nos identificamos con los propósitos de Dios que se desarrollan en la tierra. En el Padre Nuestro, Jesús nos enseña a decir: “Venga a nosotros tu reino”. Ese se vuelve el propósito más grande en nuestras vidas, que el reino de Dios sea establecido en la tierra. Con esta motivación, no podemos evitar vivir de otra manera.
Ahora todos estos cambios producidos en nuestra mente se reflejará los cambios en nuestro comportamiento externo; pero Dios empieza con su Palabra en la mente.
Nuestro tiempo por hoy ha terminado, regresaré mañana a la misma hora para continuar con este tema de lo que La Palabra de Dios hará por Usted. Hablaré de un aspecto de la Palabra de Dios que no es muy conocido, la Palabra de Dios como nuestro espejo.

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