Me alegro de estar nuevamente con usted. He estado compartiendo sobre el tema Lo que la Palabra de Dios hará por Usted. Ayer hablé de la Palabra de Dios como nuestro espejo, expliqué que cuando nos miramos en la Palabra de Dios esta no nos muestra nuestras características externas sino que refleja lo que en realidad somos. Eso es un espejo.

Hoy voy a hablarle de la Palabra de Dios como nuestro juez. El juicio es algo que a muchas personas no les gusta pensar, pero que en la realidad el juicio es parte de todo el trato de Dios con la raza humanal. Aún más, al final de cuentas el juez supremo es Dios mismo.

Esto se presenta claramente a través de toda la Biblia. Dios es presentado como el juez supremo de toda la raza humana. Algún día todos vamos a rendirle cuenta a Dios. Veamos algunos pasajes que revelan esto:

Génesis 18:25- “El juez de toda la tierra, ¿no ha de hacer lo que es justo?”

Jueces 11:27, “…Jehová que es el juez, juzgue hoy...”

Salmo 58:11 “…Ciertamente hay Dios que juzga en la tierra”.

Isaías 33:22 “Porque Jehová es nuestro juez…”

Debemos enfrentar esta realidad de que habrá un juicio y que el principal juez de todos es Dios. Es necio e insensato tratar de huir de la realidad de que vamos a ser juzgados y Dios mismo es el juez supremo. La Escritura revela que hay un orden divino de juicio. En otras palabras, Dios tiene su plan de cómo se va a llevar a cabo el juicio. Muy sencillamente es así, cuando hay que administrar el juicio, Dios Padre lo delega a Jesucristo el Hijo, pero el Hijo delega a la Palabra. Así que Dios el Padre es el juez, pero Él ha hecho a su hijo Jesús el juez, y por su parte Jesús ha hecho que la Palabra sea el juez. Veamos cómo se presenta esto en la Escritura.

Primero veamos lo que dicen acerca de Dios, el Padre como juez; Primera de Pedro capítulo 1:17, recuerde que estas palabras están dirigidas a los creyentes, Pedro dice:

“Y si invocáis por Padre a aquel que sin acepción de personas juzga según la obra de cada uno, conducíos en temor todo el tiempo de vuestra peregrinación”

Obviamente, estas palabras están dirigidas a cristianos porque somos los que tenemos el derecho y el privilegio de llamar a Dios “Padre”, por nuestra relación con El a través de Jesucristo. Pero ese mismo pasaje que nos recuerda que, aunque Él es nuestro padre, también es nuestro juez y juzga imparcialmente de acuerdo con lo que hacemos. Y a la luz de eso Pedro dice: “Conducíos en temor todo el tiempo de vuestra peregrinación”, camine muy cuidadosamente, ande en el temor de Dios. No sea orgulloso, rebelde o presumido. Eso es lo que dice la Escritura acerca de Dios Padre como juez.

Veamos ahora como el Padre ha delegado el juicio al Hijo, veamos en Juan capítulo 5:22-23, Jesús dice:

“Porque al Padre nadie juzga, sino que todo el juicio dio al Hijo, para que todos honren al Hijo como honran al Padre. El que no honra al Hijo no honra al Padre que lo envió.”

Entonces vemos que Dios Padre ha delegado todo al Hijo. Leemos más adelante en Juan 5:26 -27, Jesús dice:

“Porque como el Padre tiene vida en sí mismo, así también ha dado al Hijo de tener vida en sí mismo y también le dio autoridad de hacer juicio, por cuanto es el Hijo del Hombre.”

Dios Padre dio autoridad a Jesús el Hijo para ejecutar juicio porque es el Hijo del Hombre. En ese pasaje de Juan capítulo 5, Jesús nos da dos razones porque Dios el Padre ha nombrado a Jesús el Hijo como juez. La primera es que todos deben honrar al Hijo como juez, como honran al Padre. Y Jesús dice muy específicamente: “Si no honran al Hijo, no honran al Padre”. Una cosa es muy clara de que en cualquier de justicia humana, la persona más honorable que está presente es siempre el juez. Toda la se centra alrededor de él, y todo se arregla para que sea tratado con respeto y tiene mucha autoridad. Y basado en esto y de esa manera así debemos relacionarnos con Jesús el Hijo, debemos honrarlo porque Dios lo ha hecho juez.

La segunda razón es, que Jesús es el Hijo del Hombre. No solo tiene naturaleza divina, sino también naturaleza humana y por ser el Hijo del Hombre, nos entiende, entiende nuestras debilidades, nuestras flaquezas y nuestras tentaciones. Entonces es un juez justo y misericordioso, porque comparte nuestra naturaleza. Así que Dios Padre ha delegado el juicio al Hijo, pero ahora necesitamos entender que el Hijo ha delegado su autoridad como juez a la Palabra.

En Juan 12:47- 48, Jesús explica lo siguiente:

“Al que oye mis palabras y no las guarda yo no le juzgo, porque no he venido a juzgar al mundo sino a salvar el mundo.”

Esa es la misma esencia de la naturaleza divina, ser misericordioso y compasivo; y aun así el juicio es esencial. Sin embargo, el Padre delega el juicio al Hijo, y él dice: “Yo no he venido a juzgar al mundo, sino a salvar al mundo", así que delega a la Palabra. Y el continúa en el versículo 48, dice:

“El que me rechaza, y no recibe mis palabras tiene quien le juzgue; la palabra que he hablado, ella le juzgará en el día postrero.”

Finalmente el juez que nos juzgará no será el Padre, ni el Hijo, sino la Palabra, La Palabra es nuestro juez. Expliqué ayer que la palabra es nuestro espejo, nos muestra como somos realmente por dentro, pero también es nuestro juez. Tenemos que rendir cuenta a la Palabra de Dios. Esa va a ser la medida de juicio. Todo lo que está allí va a determinar nuestro destino, así que debemos tener cuidado con nuestra actitud hacia la Palabra de Dios. Debemos tratarla con el honor que merece un juez. Tal vez eso nos hace entender lo que dice en Isaías 66:2. Él dice:

“Pero miraré a aquel que es pobre y humilde de espíritu y que tiembla a mi palabra.”

¿Por qué debemos temblar ante la Palabra de Dios? Porque es nuestro juez. Porque determina nuestro destino. Porque es el representante de la autoridad divina en nuestras vidas y debemos rendir cuenta como si lo hiciéramos ante un juez. Cultivemos ese Espíritu cada uno de nosotros. Ser humilde, tener un espíritu quebrantado y temblar ante la Palabra de Dios reconociendo que es nuestro juez.

En Primera de Corintios 11:31, Pablo nos da una aplicación muy práctica. Él está hablando de las personas que han merecido el juicio de Dios por haber participado de la cena del Señor indignamente; dice que no tenemos que traer ese tipo de juicio sobre nosotros. Esto es lo que dice:

“Si, pues nos examinásemos a nosotros mismos, no seriamos juzgados.”

En otras palabras, podemos escapar al juicio de Dios si nos juzgáramos a nosotros mismos ¿Cómo podemos juzgarnos a nosotros mismos? La respuesta es mirándonos en el espejo de la Palabra de Dios, aceptando lo que nos refleja y reconociendo que no solo es nuestro espejo, sino que también es nuestro juez. Dicho de otra manera, la humildad, el arrepentimiento y la obediencia a la Palabra de Dios, nos libera del miedo al juicio. Se nos ha dado la oportunidad por la misericordia de Dios, de no tener que enfrentar el juicio de la condenación o la ira de Dios sobre nuestras vidas ¿Cómo podemos hacer eso? Vemos a la Palabra de Dios, vemos lo que requiere, cumplimos con los requisitos y luego la Biblia habla de la respuesta de una buena conciencia que se requiere al profesar nuestra fe en Cristo a través del bautismo.

¿Cómo podemos tener la respuesta de una buena conciencia? No es porque no fuésemos pecadores, ni porque no nos mereciéramos el juicio de Dios, sino porque hemos visto que en Su Palabra hay misericordia y perdón y lo hemos reclamado por fe. Y luego hemos visto los requerimientos en la Palabra de Dios de cómo debemos vivir como creyentes y hemos aplicado esos requerimientos y principios a nuestras vidas. Y como resultado ya no tenemos que temer el juicio de Dios. Ya nos hemos juzgados a nosotros mismos por la Palabra, no tenemos que enfrentar el juicio de Dios en nuestras vidas.

Nuestro tiempo por hoy ha terminado, esta fue mi última charla sobre el tema: Lo que la palabra de Dios hará por Usted. Regresaré la próxima semana a la misma hora, de lunes a viernes, para compartir otro tema nuevo y emocionante. Antes de cerrar, permítanme hacerles una pregunta práctica. ¿Alguna vez han querido estudiar la Biblia por su cuenta pero no han sabido por dónde empezar? Bueno, he preparado un libro especialmente para ayudarles, un Curso de Estudio Bíblico Personal. Es un curso completo de 14 lecciones que pueden trabajar completamente por su cuenta. Incluye respuestas correctas, notas explicativas y trabajo de memoria coordinado. A lo largo de los años, cientos de personas nos han escrito para contarnos sobre la ayuda que han recibido de este curso. Así que, quédense atentos ahora para recibir instrucciones sobre cómo pueden obtener el Curso de Estudio Bíblico Personal y otros materiales útiles también.

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