Me alegro de estar nuevamente con usted al comienzo de una nueva semana para compartir las verdades que la vida me ha enseñado, verdades que han hecho la diferencia entre el éxito y el fracaso en mi vida; y que pueden hacer lo mismo en la suya.

Primero déjenme decir "Gracias" a aquellos de ustedes que me han estado escribiendo. Antes de terminar esta charla, les daremos una dirección postal a la que pueden escribir. Siéntanse libres de compartir con nosotros sus necesidades personales, sus problemas, sus peticiones de oración.

Durante las últimas dos semanas he estado compartiendo con ustedes cómo, en nuestra situación mundial actual, Dios está llevando a cabo Sus propósitos de restauración para los dos pueblos a los que Él se ha comprometido mediante un pacto que nunca romperá; es decir, Israel y la iglesia.

Esta semana me enfocaré en el tema La restauración de Israel. La restauración es el proceso en la que se vuelven a poner las cosas en su lugar y su condición apropiada. El hecho de que algo necesite restauración, nos indica que las cosas que deben ser restablecidas, no han estado en su lugar y en su condición correcta.

Sin embargo, hay una diferencia importante en el orden de la restauración para Israel y para la iglesia. La restauración de la iglesia es principalmente espiritual, aunque esto, a su vez, producirá inevitablemente resultados que se manifestarán en el ámbito natural. Por otro lado, la restauración de Israel es inicialmente política y geográfica, pero no será completa hasta que llegue a un clímax de plenitud espiritual.

En mi charla de hoy hablaré de la situación, que ha hecho necesaria, la restauración de Israel como pueblo. Explicaré como salieron de su correcto lugar y condición.

En el libro de Deuteronomio, antes de que Israel entrara en la tierra prometida, dada por Dios, Moisés predijo claramente tres cosas: Primero, que Israel sería desobediente e infiel a Dios; segundo, como juicio Dios los desarraigaría y los dispersaría entre los gentiles y las otras naciones; el tercero es que la tierra se volvería seca y desolada.

Aquí está una de esas predicciones encontradas en Deuteronomio 28, empezando con el versículo 58 y los siguientes, desde el 63 al 66:

58 Si no cuidas de poner en práctica todas las palabras de esta ley que están escritas en este libro, temiendo este nombre glorioso y temible, el Señor tu Dios,59 entonces el Señor hará horribles tus plagas y las plagas de tus descendientes, plagas severas y duraderas, y enfermedades perniciosas y crónicas.60 Y traerá de nuevo sobre ti todas las enfermedades de Egipto de las cuales tenías temor, y no te dejarán.61 También toda enfermedad y toda plaga que no están escritas en el libro de esta ley, el Señor traerá sobre ti hasta que seas destruido.62 Y quedaréis pocos en número, aunque erais multitud como las estrellas del cielo; porque no obedeciste al Señor tu Dios.63 Y sucederá que tal como el Señor se deleitaba en vosotros para prosperaros y multiplicaros, así el Señor se deleitará en vosotros para haceros perecer y destruiros; y seréis arrancados de la tierra en la cual entráis para poseerla.64 Además, el Señor te dispersará entre todos los pueblos de un extremo de la tierra hasta el otro extremo de la tierra; y allí servirás a otros dioses, de madera y de piedra, que ni tú ni tus padres habéis conocido.65 Y entre esas naciones no hallarás descanso, y no habrá reposo para la planta de tu pie, sino que allí el Señor te dará un corazón temeroso, desfallecimiento de ojos y desesperación de alma.66 Y tendrás la vida pendiente de un hilo; y estarás aterrado de noche y de día, y no tendrás seguridad de tu vida.

Veamos por un momento, la perspectiva histórica en el cumplimiento de estas profecías. Históricamente hubo dos grandes exilios de Israel; el primero tuvo lugar en el año 720 y el 600 a. C. En esta dispersión que se llevó a cabo en dos etapas: Primero, el reino del Norte conocido como Israel, fue llevado al exilio por Asiria; y luego el reino del Sur, conocido como Judá, fue llevado por Babilonia. Hubo un regreso parcial del exilio en Babilonia aproximadamente en el año 530 a.C. y los años siguientes.

La Segunda gran dispersión, comparado a muchos fue la más grande, se llevó a cabo aproximadamente en el año 70 d.C. cuando virtualmente toda la nación judía residente en la tierra de Israel fue aniquilada o llevada al exilio por los romanos. La mayoría del pueblo judío permaneció disperso hasta que se formó el Estado de Israel, a mediados de este siglo. Pero aun ahora, solo un cuarto de los judíos en el mundo reside en su propia tierra.

En la mayor parte de este periodo durante la segunda dispersión, la que había comenzado en el año 70 d.C., la condición de los judíos correspondía exactamente con la profecía de Deuteronomio, capítulo 28, en los versículos que leí.

Veamos nuevamente algunas de las cosas que Moisés le dijo a Israel.

“Seréis arrancados de la tierra”

“El Señor te dispersará entre todos los pueblos de un extremo de la tierra hasta el otro extremo de la tierra”

“Y entre esas naciones no hallarás descanso”

“Y no habrá reposo para la planta de tu pie”

“El Señor te dará un corazón temeroso, desfallecimiento de ojos y desesperación de alma, Y tendrás la vida pendiente de un hilo; y estarás aterrado de noche y de día, y no tendrás seguridad de tu vida”

Cualquiera que conozca, aun en términos generales, la historia judía de los últimos dos mil años y con toda honestidad pueda admitir que esas profecías se han estado cumpliendo exacta y repetidamente en cada nación, en cada país del mundo. Y además tenemos que reconocer que el cumplimiento no cesó en los tiempos bíblicos, o hace muchos siglos, sino que ha continuado hasta el siglo presente.

Una predicción similar se encuentra en Levítico capítulo 26, del versículo 14 hasta el final del capítulo. De todo estos, tomaré solamente algunos versículos; los versículos 32, 33, 36 y 37; esto es lo que dice:

32 De tal manera asolaré al país, que sus enemigos que vengan a ocuparlo quedarán atónitos.33 Los dispersaré entre las naciones: desenvainaré la espada, y los perseguiré hasta dejar desolada su tierra, y en ruinas sus ciudades36»En cuanto a los que sobrevivan, tan profundo será el temor que les infundiré en tierra de sus enemigos, que hasta el susurro de una hoja movida por el viento los pondrá en fuga. Correrán como quien huye de la espada, y caerán sin que nadie los persiga.37 Como si huyeran de la espada, tropezarán unos con otros sin que nadie los persiga, y no podrán hacerles frente a sus enemigos. (NVI)

Nuevamente, podemos observar que esas profecías se han cumplido exacta y repetidamente en todos los siglos de la dispersión de Israel, en nación tras nación; y en continente tras continente.

En este pasaje, en Levítico capítulo 6, desde el versículo 14 al final, se dan dos razones básicas de porque Dios trató a Israel con tanta severidad; cada una de esas razones es dada cuatro veces en este pasaje: La primera es, “no me oyen”. La segunda es,” desdeñan mis decretos”, otra versión dice: “desprecian mis estatutos” (NVI).

Repetiré esas dos razones y recuerde que cada una aparece cuatro veces. Esas son las razones básicas para el juicio de Dios sobre Israel. Antes que nada; “no me oyen”, y segundo,” desdeñan mis decretos”. Yo lo resumiría con estas palabras: terquedad y oposición constante hacia Dios. Y yo diría que esto ha sido manifestado de dos maneras principales. Primero desobedeciendo la ley dada por Dios; segundo rechazando a los profetas enviados por Dios. Y yo creo que el último y el más grande de esos profetas fue Jesús de Nazaret.

En general, Israel es una advertencia escrita a través de las páginas de la historia, para todas las razas y naciones sobre las consecuencias de la terquedad, de la desobediencia a Dios y a sus mensajeros. Los mismos principios se aplican en la historia de todas las naciones. La historia de Israel está registrada en la Escritura, pero los mismos principios funcionan para todas las naciones, incluyendo a su propia nación.

Sin embargo gracias a Dios, porque Israel también es una demostración de la misericordia y la fidelidad del pacto de Dios. Casi todas las profecías bíblicas del juicio y de la dispersión de Israel, indican que estas nunca serán totales o irreversibles. La puerta siempre estará abierta para la misericordia de Dios.

En Oseas capítulo 3, versículos 4 y 5 se encuentra un buen ejemplo de juicio y misericordia estrechamente ligados:

4 Porque por muchos días los hijos de Israel quedarán sin rey y sin príncipe, sin sacrificio y sin pilar sagrado, y sin efod y sin ídolos domésticos.

Observe que cuando Oseas dio esa profecía, los hijos de Israel tenían esas seis cosas que se detallan allí. Ellos tenían rey, príncipe, realizaban sacrificios, pilares sagrados, efod e ídolos domésticos. Y era casi inconcebible para la mente natural que algún día serían despojados de todas esas cosas. Aun así el hecho continuo, de que por más de dos mil años los hijos de Israel han estado sin todas esas cosas. Esa predicción se ha cumplido exactamente.

Veamos ahora el siguiente versículo 5:

5 Después los hijos de Israel volverán y buscarán al Señor su Dios y a David su rey; y acudirán temblorosos al Señor y a su bondad en los últimos días.

Note que la revelación concluyente no es de juicio sino que la misericordia y la gracia de Dios hará que los hijos de Israel busquen al Señor con arrepentimiento.

Terminaré diciendo lo siguiente. Sería muy ilógico creer las profecías de dispersión pero rechazar las de restauración. Eso sería totalmente ilógico. Si una se ha cumplido así también se cumplirá la otra.

Nuestro tiempo por hoy ha terminado, regresaré mañana a la misma hora para hablar de las profecías de la restauración de Israel.

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