Me alegro de estar con Ud. nuevamente para estudiar juntos uno de los asuntos más importantes de la vida, ¿Cómo encontrar el plan de Dios para su vida?

En mis charlas previas de esta semana he sintetizado tres pasos prácticos que usted necesita tomar para su vida: Primero, permita que Dios lo rehaga, que lo cree de nuevo de acuerdo con su patrón y su propósito. Segundo, debe poner su cuerpo en el altar de Dios, como un sacrificio vivo, para estar disponible para Dios totalmente y sin reservas. Tercero, al hacer esto Dios por su parte renueva su mente, le imparte a una nueva manera de pensar y de ver las cosas; los valores diferentes, los principios, los motivos, y los propósitos diferentes. Sólo cuando su mente está renovada podrá volver a descubrir en su experiencia personal, la voluntad de Dios para su vida. Cuánto más progrese en descubrir la voluntad de Dios, se convierte en algo mejor. En su primera fase es buena, en su segunda fase es aceptable, pero en su tercera fase es perfecta, es completa y total, provee para cada necesidad, cubre toda situación.

Hoy voy a explicarles el cuarto paso que sigue a las tres que ya resumí. El cuarto paso es encontrar su lugar en el cuerpo de Cristo, eso es en la unión corporal y comunidad comprometida de todos los verdaderos creyentes. Volvamos a Romanos 12:3; el versículo que vimos ayer en conexión con la mente renovada, y leeremos de allí los dos versículos siguientes, para ver lo que sigue inmediatamente después de la mente renovada; versículos 3, 4 y 5:

“Digo, pues, por la gracia que me es dada, a cada cual que está entre vosotros, que no tenga más alto concepto de sí que el que debe tener, sino que piense de sí con cordura, conforme a la medida de fe que Dios repartió a cada uno. 4 Porque de la manera que en un cuerpo tenemos muchos miembros, pero no todos los miembros tienen la misma función, 5 así nosotros, siendo muchos, somos un cuerpo en Cristo, y todos miembros los unos de los otros.”

Así que, nuestra mente renovada nos guía a nuestro lugar en el cuerpo. Nos damos cuenta de que somos solo un miembro, incompleto en nosotros mismos, incapaz de funcionar como Dios quiere, y que para ser completo y funcionar de acuerdo con el propósito y el plan de Dios, debemos ser un miembro del cuerpo. Debemos unirnos con otros miembros con un tipo de compromiso que nos permita trabajar juntos, y no solo como individuos aislados.

Muchas veces me he maravillado al viajar en avión, y cuando el radar del avión recoge la señal del aeropuerto y se une para que el avión baje en el lugar exacto, a la velocidad correcta y haga un aterrizaje seguro y perfecto. Yo quiero sugerirle que puede pensar de su mente renovada como el radar de un avión. Al hacer ese contacto con el Espíritu de Dios entonces su mente renovada lo lleva exactamente en el lugar correcto, y usted se convierte en un miembro del cuerpo de Dios, del cuerpo de Cristo, la iglesia. Compare lo que Pablo dice en primera de Corintios Cap. 12, del 12 al 18;…

“12 Porque así como el cuerpo es uno, y tiene muchos miembros, pero todos los miembros del cuerpo, aunque son muchos, constituyen un solo cuerpo, así también es Cristo. 13 Pues por un mismo Espíritu todos fuimos bautizados en un solo cuerpo, ya judíos o griegos, ya esclavos o libres, y a todos se nos dio a beber del mismo Espíritu. 14 Porque el cuerpo no es un solo miembro, sino muchos. 15 Si el pie dijera: Porque no soy mano, no soy parte del cuerpo, no por eso deja de ser parte del cuerpo. 16 Y si el oído dijera: Porque no soy ojo, no soy parte del cuerpo, no por eso deja de ser parte del cuerpo. 17 Si todo el cuerpo fuera ojo, ¿qué sería del oído? Si todo fuera oído, ¿qué sería del olfato? 18 Ahora bien, Dios ha colocado a cada uno de los miembros en el cuerpo según le agradó”

Hay tres cosas que debemos ver en lo que Pablo dice allí. Primero, Dios escoge donde vamos a estar en el cuerpo y lo que vamos a hacer, eso no es nuestra elección. Dios ha colocado los miembros. No es algo que nosotros decidimos, es algo que Dios ha decidido y nos lo revela.

Segundo, al suceder esto en nuestras vidas, unimos nuestra vida a una unidad más grande, el cuerpo. Y aun así mantenemos nuestra individualidad. Es como el dedo meñique que encuentra su lugar en la mano, al lado de los cuatro dedos y por lo tanto está conectado a la vida total de una energía y un propósito del cuerpo total. Y por otro lado, no es como una gota de agua que cae al mar y pierde su identidad individual. Como cristianos nunca perdemos nuestra identidad individual, pero formamos parte de un grupo corporal más grande, sin perder nuestra individualidad; aun continuamos siendo el miembro particular que Dios ha ordenado que fuésemos. Esto es un verdadero contraste entre el mensaje de la fe cristiana y los cultos orientales y las filosofías que son muy comunes en nuestros días. Estudié algunos por un tiempo antes de ser un cristiano comprometido y esos cursos orientales básicamente tratan al hombre como una pequeña gota de agua que cae al mar y pierde su identidad. Pero esa no es una propuesta muy atractiva. Yo no quiero hacer eso. Yo quiero mantener mi identidad y a la vez formar parte de un cuerpo más grande, y es eso lo que Dios ha provisto para nosotros en Cristo.

Luego la Tercera verdad, que encontramos en las palabras de Pablo sobre el cuerpo es que, corporalmente somos capaces de representar en plenitud a Cristo en el mundo. Ninguno de nosotros puede representar a Cristo adecuada y completamente como individuos, pero cuando estamos unidos a un cuerpo entonces podremos representar corporal y totalmente a Jesucristo en el mundo.

Quiero continuar un poco más con esta imagen de un pueblo que encuentra su lugar como miembro de un cuerpo. Tomaré una ilustración del Antiguo Testamento, en el capítulo 37 de Ezequiel, una visión profética del pueblo de Dios, al final de esta era, una visión que yo creo que se está cumpliendo en la iglesia de hoy. Ezequiel, tuvo una visión en la que vio al pueblo de Dios como huesos secos, pero cuando Dios empezó a moverse con su espíritu, algo pasó a esos huesos, recibieron vida, empezaron a moverse y fueron juntados como miembros de un cuerpo. Leamos este pasaje, Ezequiel 37, versículos del 1 al 7:

“La mano del Señor vino sobre mí, y me sacó en el Espíritu del Señor, y me puso en medio del valle que estaba lleno de huesos. 2 Y Él me hizo pasar en derredor de ellos, y he aquí, eran muchísimos sobre la superficie del valle; y he aquí, estaban muy secos. 3 Y Él me dijo: Hijo de hombre, ¿vivirán estos huesos? Y yo respondí: Señor Dios, tú lo sabes. 4 Entonces me dijo: Profetiza sobre estos huesos, y diles: «Huesos secos, oíd la palabra del Señor. 5 Así dice el Señor Dios a estos huesos: “He aquí, haré entrar en vosotros espíritu, y viviréis. 6 Y pondré tendones sobre vosotros, haré crecer carne sobre vosotros, os cubriré de piel y pondré espíritu en vosotros, y viviréis; y sabréis que yo soy el Señor”». 7 Profeticé, pues, como me fue mandado; y mientras yo profetizaba hubo un ruido, y luego un estremecimiento, y los huesos se juntaron cada hueso con su hueso”

Ese es un cuadro de los individuos que fueron esparcidos sin tener relaciones adecuadas, por la obra del Espíritu de Dios llegan a tener una relación buena, y adecuada el uno con el otro. Yo creo que muchas secciones de la iglesia han sido como esos huesos secos, regados, inertes, separados, sin encontrar la vida del cuerpo, sin una buena relación del uno con el otro. Pero también creo que una de las grandes cosas que Dios está haciendo por su Espíritu hoy es dar vida a esos huesos, juntándolos, y haciendo una estructura que forme la base, para un cuerpo completo.

Piense por ejemplo en su brazo. La estructura básica de su brazo consiste en tres huesos. Sus nombres médicos son: el húmero, el radio y el cúbito. Imagínese cada uno de esos huesos por separado. Un hueso firme y fuerte. En cierto sentido puede moverse y pegarse con otros huesos; pero eso es todo lo que puede hacer. Este no puede hacer nada útil y efectivo. Antes de convertirse en un brazo funcional tiene que unirse con otros dos huesos y de esa unión surge un brazo efectivamente funcional.

Así somos Ud. y yo, podemos estar aislados, podemos chocar con otros huesos en una reunión o en una conferencia, pero nunca seremos útiles o eficaces en el reino de Dios hasta que permitamos unirnos con los otros huesos; entonces seremos una parte funcional que forme parte de un cuerpo funcional. Y creo que eso es lo que Dios está diciendo hoy a su pueblo y que al renovarse nuestras mentes, ese radar nos llevará, al lugar y a la función en el cuerpo que Dios ha determinado para nosotros.

Veamos un último cuadro del cuerpo, en Efesios 4:15-16:

“15 sino que hablando la verdad en amor, crezcamos en todos los aspectos en aquel que es la cabeza, es decir, Cristo...”

Note, que el propósito de Dios es que crezcamos, que no siempre seamos pequeños infantes espirituales. Y el proceso del crecimiento, nos lleva al cuerpo completo. El siguiente versículo dice:

“16 de quien todo el cuerpo (estando bien ajustado y unido por la cohesión que las coyunturas proveen), conforme al funcionamiento adecuado de cada miembro, produce el crecimiento del cuerpo para su propia edificación en amor.”

Así que el propósito de Dios no es solamente para huesos aislados sino para un cuerpo completo y funcional donde los miembros estén unidos unos a otros, de tal manera que uno reciba de su unión con nosotros lo que este suministra. Recuerde que es solo en el cuerpo completo donde todas las necesidades son suplidas. Y al encontrar su lugar en el cuerpo completo encontrará que Dios le ha dado la medida de fe que necesita para cumplir la función que Dios le dio. Recuerde que la fe y la función van juntos. Cuando encuentre su función tendrá la fe que necesita.

Nuestro tiempo por hoy ha terminado regresaré mañana, a la misma hora, para explicar, el quinto y el último paso para encontrar el plan de Dios para su vida.

Como
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