Me alegro de estar nuevamente con usted para seguir en la Escritura el desarrollo de nuestro tema para esta semana, "Victoria sobre la muerte".

Ayer señalé que si localizamos la fuente suprema en el mundo invisible de la vida y la muerte, nos encontraremos cara a cara con dos personas: “El que da Vida y el que quita la Vida”.

Hoy voy a hablar de Jesús como nuestro pariente redentor, aplicando una de las imágenes más vívidas y hermosas de Él encontrado en el Antiguo Testamento. Primero vamos a ver, una vez más, el propósito por el cual Jesús vino. Esta vez, como se dice en 1 Juan 3:8:

El Hijo de Dios fue enviado precisamente para destruir las obras del diablo

Esto está muy claro, ¿no le parece? ¿Cuáles son las obras del diablo? Ayer hemos hablado de que el diablo vino para robar, matar y destruir. El Hijo de Dios, vino a deshacer todo lo que el diablo vino a hacer en contra nuestro. Necesitamos enfocar nuestra vista en esa verdad: Jesús es el que da vida; y Satanás es el que la quita.

Para poder cumplir con el propósito por el que Jesús vino, Él tuvo que identificarse con cada uno de nosotros de la raza humana. Uno de sus títulos favoritos que Él usaba para si mismo más que cualquier otro en los Evangelios fue el del “Hijo del Hombre”, el “Hijo de Adán” y un “descendiente de Adán”, un miembro de la raza humana. Esto está muy bien declarado en Hebreos 2:14:

Por tanto, ya que ellos son de carne y hueso, él también compartió esa naturaleza humana para anular, mediante la muerte, al que tiene el dominio de la muerte —es decir, al diablo—,

Observe, las dos personas y las responsabilidades citadas anteriormente. El diablo es el que tenía el poder de la muerte. Jesús vino para destruirlo, para vencerlo y romper su poder. Este continúa diciendo:

y librar a todos los que por temor a la muerte estaban sometidos a esclavitud durante toda la vida. (Hebreos 2:15, NVI)

Mientras la gente tenga temor a la muerte van a estar esclavizadas a ella porque la amenaza de la muerte puede forzarles a hacer cosas que de otra manera nunca lo harían. El temor a la muerte es la peor forma de esclavitud. Jesús vino a liberarnos de esta esclavitud, del temor a la muerte. Él compartió de nuestra humanidad porque nosotros, en nuestra naturaleza humana, participamos de carne y sangre. Luego en Hebreos, en este mismo capítulo 2 leemos:

Por eso era preciso que en todo se asemejara a sus hermanos (Hebreos 2:17)

Es claro que, en todos los aspectos Jesús se asemejó a nosotros sin que su divinidad cese. Él se hizo un miembro de la raza humana, el Hijo del Hombre. De esta forma, Él cumplía con los requisitos para ser aquello que la Biblia llama “el pariente redentor”. Éste es un concepto muy importante que se nos fue presentado en el Antiguo Testamento, el cual sigue en el Nuevo Testamento.

Déjeme darle una breve explicación de lo que es “el pariente redentor”. La palabra hebrea para describir este rol es ga’al, la cual es traducida en diferentes maneras dependiendo de su contexto. Hay varias traducciones que significa: justiciero o vengador de sangre, redentor, el pariente próximo o el pariente cercano. En su significado de “redentor”, la palabra hebrea ga’al es aplicada a Dios mismo casi unas veinte veces en el Antiguo Testamento. Bajo la Ley mosaica y la cultura de Israel en el tiempo del Antiguo Testamento, el pariente redentor tenía dos responsabilidades principales. La primera responsabilidad del pariente redentor es vengar a un pariente cercano, si es que el había sido asesinado. Esta primera responsabilidad está declarada en Números 35:19:

El vengador [el ga’al] de sangre, él mismo dará muerte al asesino.

La segunda responsabilidad de los ga'al o del pariente-redentor está bellamente ilustrada en la historia de Rut. Rut, la moabita, regresó a Belén con su suegra Noemí. Y Noemí le dijo a Rut que tenía un pariente cercano en esa región cuyo nombre era Booz, un hombre rico e influyente. Rut fue a recoger espigas en los campos de Booz, y se estableció entre ellos una relación que luego terminó en un matrimonio. Sin embargo, se requería ciertos pasos a tomar antes de que Booz pudiera casarse con Rut. Voy a leer una parte del libro de Rut capítulo 3:7-10:

Booz comió y bebió, y se puso alegre. Luego se fue a dormir detrás del montón de grano. Más tarde Rut se acercó sigilosamente, le destapó los pies y se acostó allí.8 A medianoche Booz se despertó sobresaltado y, al darse vuelta, descubrió que había una mujer acostada a sus pies.9 —¿Quién eres? —le preguntó.—Soy Rut, su sierva. Extienda sobre mí el borde de su manto, ya que usted es un pariente que me puede redimir.10 —Que el Señor te bendiga, hija mía. Esta nueva muestra de lealtad de tu parte supera la anterior, ya que no has ido en busca de hombres jóvenes, sean ricos o pobres.

Ella reclamaba que él cumpliera con su responsabilidad como pariente redentor. Sin embargo, había un pariente más cercano que Booz, pero se le recordó que si quería redimir la propiedad, también tendría que casarse con Rut. En el capítulo 4 de Rut, comenzando en el versículo 3, Booz le dijo lo siguiente al pariente redentor:

—Noemí, que ha regresado de la tierra de Moab, está vendiendo el terreno que perteneció a nuestro hermano Elimélec. 4 Consideré que debía informarte del asunto y sugerirte que lo compres en presencia de estos testigos y de los ancianos de mi pueblo. Si vas a redimir el terreno, hazlo. Pero, si no vas[a] a redimirlo, házmelo saber, para que yo lo sepa. Porque ningún otro tiene el derecho de redimirlo sino tú y, después de ti, yo tengo ese derecho.—Yo lo redimo —le contestó.5 Pero Booz le aclaró—El día que adquieras el terreno de Noemí, adquieres también a Rut la moabita, viuda del difunto, a fin de conservar su nombre junto con su heredad.6 —Entonces no puedo redimirlo —respondió el pariente redentor—, porque podría perjudicar mi propia herencia. Redímelo tú; te cedo mi derecho. Yo no puedo ejercerlo.

Puede ver que se requería que el pariente redentor recomprara la propiedad del hombre muerto y también tenía que casarse con la viuda y criar a los descendientes en nombre de la víctima; todo esto era para asegurarse de que el nombre del individuo muerto no fuese borrado de Israel.

Entonces, esas son las dos responsabilidades del ga’al o pariente redentor. Primero, vengar al asesinado y segundo, recomprar y restaurar la herencia, casarse con la viuda del pariente, y crear descendientes para que continúe el nombre de la familia.

He dicho que Jesús es nuestro ga’al, o nuestro pariente redentor. ¿Cómo cumplió Jesús con sus responsabilidades en ese aspecto? Primero, Él luchó con el asesino, Satanás, y puso fin a todo su poder sobre nosotros. Él fue el vengador de nuestra carne, El fue contra quien era responsable de nuestra muerte. Segundo, Él tomó a la iglesia como su novia, así como Booz se casó con Rut, y El restauró nuestra herencia. Esta parte se ilustra en Romanos 7:4–6, donde Pablo dice esto:

4 Así mismo, hermanos míos, ustedes murieron a la ley mediante el cuerpo crucificado de Cristo, a fin de pertenecer al que fue levantado de entre los muertos. De este modo daremos fruto para Dios. 5 Porque, cuando nuestra naturaleza pecaminosa aún nos dominaba, las malas pasiones que la ley nos despertaba actuaban en los miembros de nuestro cuerpo, y dábamos fruto para muerte.6 Pero ahora, al morir a lo que nos tenía subyugados, hemos quedado libres de la ley, a fin de servir a Dios con el nuevo poder que nos da el Espíritu, y no por medio del antiguo mandamiento escrito

Ahora, apliquemos esto a la imagen de Jesús como nuestro pariente redentor. Pablo dice que en cierto sentido, estábamos casados con la Ley, pero por la muerte de Jesús en la cruz, somos liberados de esa obligación de la Ley. Entonces somos libres para casarnos con otro, con Jesús, con nuestro pariente-redentor, el que resucitó de entre los muertos. Sin embargo, como en el caso de Rut y Booz, había otro que también tenía el derecho legal de ser el redentor de nuestra naturaleza carnal. Pero nuestra naturaleza carnal no estaba dispuesta y no puede ayudar. Así que, como Rut, tuvimos que recurrir a nuestro Booz celestial. (Por cierto, el nombre Booz significa "en El hay fortaleza").

Cristo nos tomó como su novia. Él hizo por nosotros lo que Booz hizo por Rut. Y a través de nuestra unión con Él, nuestra heredad nos es restaurada y traemos frutos agradables a Dios. Así que en esa costumbre u orden del Antiguo Testamento del pariente-redentor, vemos iluminada por el Espíritu Santo en la hermosa imagen de Jesús como nuestro pariente redentor, quien vino para vengar nuestra muerte de manos de Satanás. Él logró esto tomando nuestra muerte sobre si mismo, pagando nuestra penalidad y luego, de esta manera, nos liberó del temor a la muerte. Y al tomarnos como su novia nos restauró a nuestra heredad.

Recuerde que Satanás era el ladrón que vino a robar. Pero Jesús dijo: "he venido para que tengan vida, y la tengan en abundancia". Jesús nos devolvió nuestra heredad. Él nos tomó como Su novia. Somos libres del cautiverio de la ley. Somos libres del temor a la muerte. Ya no estamos más en esclavitud por la amenaza continua de la muerte. El temor a la muerte nos ha sido quitado y en su lugar tenemos una nueva herencia, una herencia eterna en Jesucristo. Estamos relacionados con Él como el esposo de nuestra alma y en esa relación, en vez de los actos pecaminosos producidos por nuestra naturaleza carnal bajo la ley, ahora traemos los frutos de justicia, somos agradables y aceptables a Dios. La condenación se ha ido. El temor se ha ido. Como dijo Juan: "las tinieblas van pasando, y la luz verdadera ya alumbra.". Nuestro pariente-redentor ha venido y nos ha tomado para sí mismo, ha vengado el asesinato y ha restaurado nuestra herencia legítima. Medite en esta imagen hasta que se vuelva real para usted. Es tan hermoso.

Bueno, nuestro tiempo por hoy ha terminado, pero regresaré mañana a esta misma hora para continuar con un paso más allá de la obra de Jesús a nuestro favor. Hablaré de la expiación, la obra de Jesús para nosotros a través de Su muerte.

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