La resurrección

Derek Prince
Published: 1979
Last Updated: julio de 2026
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¡Celebra la verdad central del cristianismo: la Resurrección de Jesucristo! En 'Victoria sobre la Muerte', Parte 5, Derek Prince explica que la Resurrección del Señor no es solo una historia, sino un hecho histórico que fundamenta el Evangelio y nuestra esperanza de vida eterna. Este poderoso mensaje revela la importancia de la Resurrección para los creyentes, basado en las Escrituras.
Transcript
Me alegro de estar con usted nuevamente en la conclusión de otra semana. Ha sido un privilegio echar un vistazo a unas de las riquezas inescrutables de Cristo al continuar con nuestro tema de la semana, "Victoria sobre la muerte".
Ayer les hablé de la expiación, del acontecimiento que hizo posible que Dios y el hombre se reconciliaran. Revelé tres verdades de Isaías 53 relacionada con esto: la primera, Jesús como nuestro pariente-redentor murió nuestra muerte; el segundo, Su alma, derramada en Su sangre, fue la ofrenda del pecado para toda la humanidad; tercero, al regresar de la muerte, Él nos impartió Su justicia.
Hoy voy a hablar del acontecimiento más grande de toda la historia hasta este momento. La resurrección de Jesucristo. La resurrección es el corazón del mensaje cristiano. De hecho, sin la resurrección no hay mensaje cristiano. Toda gira alrededor de la muerte y la resurrección de Jesucristo.
No es una filosofía, ni es una teoría, es una verdad histórica. Este es un hecho verdadero o es algo que no tiene ninguna consecuencia. Si es solo una teoría, un romance, una filosofía, no tiene poder para ayudar a la humanidad. Pero gracias a Dios, es una verdad, un hecho de la historia. Veamos lo que Pablo dice al respecto en 1 Corintios 15:1, 3 y 4:
“1Ahora, hermanos, quiero recordarles el evangelio que les prediqué, el mismo que recibieron y en el cual se mantienen firmes. 3 Porque ante todo les transmití a ustedes lo que yo mismo recibí: que Cristo murió por nuestros pecados según las Escrituras, 4 que fue sepultado, que resucitó al tercer día según las Escrituras...” (NVI)
Pablo basa todo su mensaje y ministerio en estas tres simples verdades históricas: primero, que Cristo murió; segundo, que fue sepultado; tercero, que fue resucitado de entre los muertos. Si elimina cualquiera de esas verdades y no tenemos ningún mensaje. El cristianismo no tiene ningún otro fundamento.
¿Qué debemos decir de la resurrección de Jesucristo? Permítanme citarles una declaración del profesor Marcus Dodds, un conocido profesor de historia de la Universidad de Cambridge quien vivió en la generación anterior, un historiador de respeto. Esto es lo que tenía que decir:
“La resurrección de Jesucristo es uno de los hechos mejor atestiguados de la historia.”
Esa es la opinión de un historiador profesional. Permítanme señalarles cinco hechos relacionados con la resurrección que atestiguan su validez. Primero, fue comprobado por un número de testigos confiables mucho más grande de los que se requerían para establecer una verdad en la ley. Segundo, produjo un cambio dramático y permanente en aquellos testigos para quienes no hay una explicación satisfactoria alterna. Tercero, a muchos de ellos les costó la vida por adherirse a su testimonio. No tenían nada que ganar con ello en el sentido normal de obtener una ganancia. Cuarto, ha producido un cambio radical y permanente en el curso de la historia. La historia nunca será la misma y no hay una explicación satisfactoria alterna para ese cambio. Quinto, el Cristo resucitado ha continuado revelándose personalmente como un Cristo vivo a millones de personas en los siglos siguientes y yo soy uno de ellos. Yo mismo soy un testigo.
En 1941, mientras servía como soldado en el ejército británico, una noche en la habitación del cuartel tuve una revelación personal y directa de Jesús. No era demasiado religioso. Tampoco fui una persona que buscaba algo especial, fantástico o fuera de lo común. No había nada inusual en mi psicología en ese momento. Pero Jesús se me reveló tan real y de una manera personal que desde ese día hasta hoy nunca he podido dudar de que Él está vivo. Y, si Él está vivo, ese es la verdad más importante de la historia.
He dicho que la resurrección de Jesucristo es una realidad histórica y, no obstante, por supuesto hay muchos que la rechazan. ¿Por qué lo rechazan? ¿Por qué no reciben la evidencia? Les sugiero que hay dos razones principales. El primero es psicológico; el segundo es espiritual. Psicológicamente, la gente no quiere reconocer la posibilidad de la intervención directa y sobrenatural de Dios en los asuntos humanos. Ellos resisten la idea que de alguna manera Dios puede cambiar lo que ellos consideran como el curso determinado de las cosas. Y, sin embargo, no hay ninguna razón lógica o científica para esta actitud. Me atrevo a hablar con cierta autoridad porque una vez yo fui profesor de filosofía y uno de los temas que estudié con cierto detalle fue la ciencia lógica. Y me atrevo a decir que la ciencia no puede ofrecer una razón lógica del porque la resurrección de Jesucristo no tuvo que haber sucedido. No es científico afirmar que no sucedió. En realidad, no es científico rechazar la evidencia válida de lo que sucedió.
La segunda razón de por qué la gente encuentra difícil creer en la resurrección de Jesús es espiritual. Pablo lo dice muy claramente en 2 Corintios 4:4. Él dice:
“El dios de este mundo ha cegado la mente de estos incrédulos, para que no vean la luz del glorioso evangelio de Cristo, el cual es la imagen de Dios.” (NVI)
La frase "dios de este mundo" es uno de los muchos títulos en la Escritura para Satanás. Hemos dicho que Satanás es el asesino, el ladrón, quien quita la vida. Jesús es el dador de la vida. En la cruz, Jesús confrontó y venció a Satanás. Lo derrotó finalmente y para siempre. Desde entonces, Satanás no tiene respuesta a la cruz. La cruz significa su derrota. Termina con su poder para dominar a la humanidad e infligir su voluntad cruel y las infinitas agonías de las que es responsable: emocional, física y espiritualmente. Por lo tanto, Satanás tiene ahora un objetivo supremo, impedir que los hombres y mujeres entiendan la verdad de lo que sucedió cuando Jesús murió y resucitó de entre los muertos.
Así dice Pablo que, “el dios de este mundo” ha cegado las mentes de los incrédulos. No pueden ver la verdad clara y simple del mensaje de salvación y liberación que se nos es dada por Jesucristo. Así que hay dos razones: una es psicológica: la gente no quiere reconocer que Dios puede intervenir en el universo, que Él creó. El segundo es espiritual: Satanás busca impedir que los hombres y las mujeres vean lo que se logró con la muerte y resurrección de Jesús porque eso significa el fin de su poder para dominar y atormentar a la humanidad.
Desde el punto de vista de Dios, la resurrección de Jesús fue ambos, lógico y necesario. Fue la vindicación de Dios de la obediencia y la justicia de Su Hijo Jesús. Esto lo declara Pablo en el primer capítulo de Romanos, en los versículos iniciales donde dice lo siguiente:
“1Pablo, siervo de Cristo Jesús, llamado a ser apóstol, apartado para anunciar el evangelio de Dios, 2 que por medio de sus profetas ya había prometido en las sagradas Escrituras. 3 Este evangelio habla de su Hijo, que según la naturaleza humana era descendiente de David, 4 pero que según el Espíritu de santidad fue designado con poder Hijo de Dios por la resurrección. Él es Jesucristo nuestro Señor.”
Jesús fue descendiente directo de David, pero en su naturaleza eterna Él era el Hijo de Dios y nuestro Señor. Y Dios demostró que Jesús era Su Hijo al resucitarlo de entre los muertos. La resurrección es la gran vindicación de Dios de Su Hijo. Es la demostración pública al universo de que Jesús, aunque murió como un criminal, rechazado por el hombre, fue en verdad y es el Hijo de Dios y nuestro Señor. Esto se resume en un párrafo de mi libro, La Resurrección de los Muertos, que me gustaría leer ahora:
“Previamente, Cristo fue llevado ante dos tribunales humanos: primero, el tribunal religioso del Consejo Judío, y luego al tribunal secular del gobernador romano, Poncio Pilato. Ambos tribunales rechazaron la afirmación de que Jesús es el Hijo de Dios y lo condenaron a muerte. Aun más, ambos tribunales se unieron para impedir que el sepulcro de Jesús fuese abierto. Con este fin, el Consejo Judío proporcionó su sello especial y el gobernador romano proveyó una guardia de soldados armados para que guarden la tumba. Sin embargo, al tercer día Dios mismo intervino. El sello fue quebrado; la guardia armada fue paralizada; y Jesucristo salió de la tumba. Con este acto, Dios revirtió las decisiones del Concilio Judío y del gobernador romano, y Él reivindicó públicamente la afirmación de que Cristo es el Hijo de Dios sin pecado.”
La justicia de Dios fue vindicada por la resurrección de Jesús. Jesús había sido marginado por la humanidad como un criminal, pero Dios, por la resurrección, respaldó su afirmación de ser el Hijo de Dios.
¿Cuál sería nuestra respuesta? Leeré un hermoso pasaje que describe la respuesta de las mujeres que fueron las primeras testigos de la resurrección. Mateo 28:8–9:
“8 Así que las mujeres se alejaron a toda prisa del sepulcro, asustadas pero muy alegres, y corrieron a dar la noticia a los discípulos. 9 En eso Jesús les salió al encuentro y las saludó. Ellas se le acercaron, le abrazaron los pies y lo adoraron.”
¿Qué otra podemos hacer al considerar quién es Él y lo qué Él ha hecho? No hay ninguna otra respuesta razonable sino venir a Él, caer a Sus pies y adorarlo. Hagamos eso.
Bueno, mi tiempo por hoy ha terminado, volveré con ustedes nuevamente la próxima semana de lunes a viernes a esta misma hora. Continuaré con este tema rico y maravilloso, "Victoria sobre la muerte". Responderé a la pregunta: "¿Qué significa la resurrección para nosotros?"
Esta semana estoy haciendo una oferta especial de mi libro, La Resurrección de los Muertos. Este libro contiene la verdad que puede librarle de todo temor e incertidumbre respecto a la muerte y capacitarle para enfrentar tanto la muerte misma como la eternidad que está más allá con una seguridad tranquila e inquebrantable. Manténgase en sintonía para más detalles.

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