Me alegro de estar nuevamente con usted en el comienzo de otra semana para compartir las verdades que la vida me ha enseñado, verdades que han hecho la diferencia entre el éxito y el fracaso en mi vida y que pueden hacer lo mismo en la suya.

Primero, déjenme agradecer a aquellos de ustedes que me han estado escribiendo. Antes de terminar esta charla, les daremos una dirección postal a la que pueden escribir. Siéntanse libres de compartir con nosotros sus necesidades personales, sus problemas, sus solicitudes de oración.

Esta semana hablaré de uno de mis temas favoritos, el tema de la oración. Supongo que, para algunas personas, la oración es un deber religioso y tedioso. Por mi parte a mí me gusta orar, y lo que es más, recibo lo que pido en oración. Eso es justamente de lo que le hablaré esta semana, Como orar eficazmente.

Al acercarnos a Dios en oración, la mayoría de nosotros debemos empezar por cambiar nuestra imagen negativa y poco agradable de Dios, la que de alguna manera nos estorba y se interpone entre Dios y nosotros. No sé cómo será entre ustedes y Dios, pero me acuerdo cuando yo era niño en la escuela, pasé muchos largos y aburridos años en el internado. Mi idea de Dios era como la de un director de escuela. Y en realidad no me gustaban mucho los directores, me imaginaba a Dios como un director sentado, detrás de su escritorio en su oficina, al final de un corredor muy largo. Y si alguna vez, tenía que ir a ver al director, caminaba casi en puntas de pie en el corredor y el piso hacía ruido dando aviso de que estaba en camino. Entonces tocaba la puerta y una voz gruñona decía que entrara, y comenzaba probablemente regañando por algo que uno había hecho o dejado de hacer. Creo que esa imagen del director era una idea que yo tenía de Dios. Así que, para poder orar eficazmente, ese cuadro tuvo que cambiar en mí. Y esa imagen semejante está en la mente de muchos; de ese dios que está muy lejos y que no quiere ser molestado, que probablemente nos va a castigar, y la mejor cosa que podemos hacer es estar lo más alejado de él como nos fuera posible.

Pero esa no es la realidad acerca de Dios. En verdad, cuando nos acercamos a Dios, Él no nos regaña, nos da la bienvenida nos dice, ¿porque has esperado tanto? En el capítulo 15 del Evangelio de San Lucas hay un hermoso cuadro de cómo Dios nos da su bienvenida cuando nos acercamos a Él. Es la conocida historia del hijo pródigo que se fue de su casa, desperdició todo su dinero, se metió en muchísimos problemas y terminó miserable, totalmente en quiebra y sin recursos. Y cuando llegó al final de todo eso pensó, “tengo que volver a casa, tal vez mi padre me reciba, no podría pedirle que me trate como un hijo, pero quizás como uno de sus jornaleros”. Esto es lo que dice en Lucas 15, versículo 20:

“Así que emprendió el viaje y se fue a su padre. »Todavía estaba lejos cuando su padre lo vio y se compadeció de él; salió corriendo a su encuentro, lo abrazó y lo besó.”

Vea el recibimiento que obtuvo tan pronto estuvo dispuesto a regresar a casa. Nunca tuvo una oportunidad para pedir que lo recibiera como un siervo, porque su padre estaba valorando y acogiéndolo como a un hijo. Ese es un hermoso cuadro de cómo nos recibe Dios. No nos regaña, no nos culpa, él no es severo y distante, es amoroso, cálido, y misericordioso. Cuando tengamos ese cuadro de Dios, cambiará por completo nuestra manera de orar.

Hay otra declaración en la epístola de Santiago, capitulo 1, al orar por sabiduría dice en el versículo 5,

“Si a alguno de ustedes le falta sabiduría, pídasela a Dios, y él se la dará, pues Dios da a todos generosamente sin menospreciar a nadie”

Note que Dios da abundantemente y sin reproche. Recuerde eso cuando piense en la oración. Dios da abundantemente y sin reproche.

Jesús vino a representar al padre ante la humanidad. Y la enseñanza de Jesús sobre la oración fue tan positiva, como cualquiera otra área de su enseñanza. Esto es lo que dice en el sermón del monte en Mateo 7, versículos 7 y 8:

“7 »Pidan, y se les dará; busquen, y encontrarán; llamen, y se les abrirá.  8 Porque todo el que pide, recibe; el que busca, encuentra; y al que llama, se le abre.”

Observe esas tres declaraciones positivas, todo el que pide recibe, el que busca encuentra, el que llama se le abre. Nuevamente en Mateo 21:22;

“22 Y todo lo que pidan en oración, creyendo, lo recibirán».”

Todo lo que pida en oración lo recibirá, y en Marcos 11:24 Jesús dice:

“24 Por eso les digo: Crean que ya han recibido todo lo que estén pidiendo en oración, y lo obtendrán.”

¿Qué más podría incluirse en esas declaraciones? Todo lo que pida en oración, cualquier cosa que pida. Y note lo que Jesús dice en el segundo contexto. Él dice: “Crean que ya han recibido todo…”. Es muy importante saber que al orar ya recibiremos. Tal vez tengamos que esperar la manifestación de lo que pedimos, pero por fe lo recibimos cuando oramos. En sus últimas palabras a sus discípulos, en el evangelio de San Juan, Jesús nos asegura tres veces que Dios contestará sus oraciones. Escuche estas palabras, Juan 14, versículos 13 y 14;

“13 Y todo lo que pidan en Mi nombre, lo haré, para que el Padre sea glorificado en el Hijo. 14 Si me piden algo en Mi nombre, Yo lo haré.”

Cuan completo es esto. ¡Si me piden algo…!. Juan 15:7,

“»Si permanecen en Mí, y Mis palabras permanecen en ustedes, pidan lo que quieran y les será hecho.”

“Pidan lo que quieran y les será hecho”, ¿que se podría decir más que eso? Y otra vez en Juan 16, versículo 24:

“24 Hasta ahora nada han pedido en Mi nombre; pidan y recibirán, para que su gozo sea completo.”

Hay un gozo especial que viene al recibir la respuesta a nuestras oraciones. Al saber que el Dios todopoderoso, el creador del cielo y la tierra, el rey de todo el universo tiene su oído atento a nuestra oración individual y personal, que hará lo que le pedimos individualmente. Esa es una de las experiencias más emocionantes que cualquiera puede tener. Jesús quiere que tengamos ese gozo, ese gozo especial que viene cuando son contestadas nuestras oraciones. Así que dice: “pidan y recibirán, para que su gozo sea completo”.

Ahora quiero darle un cuadro final para esta charla de hoy, que ilustra lo que Dios quiere que seamos a través de nuestra relación con él en Jesucristo. El pasaje está en Apocalipsis capítulo 1, versículos 5 y 6:

“5 …Al que nos ama y que por su sangre nos ha librado de nuestros pecados, 6 al que ha hecho de nosotros un reino, sacerdotes al servicio de Dios su Padre, ¡a él sea la gloria y el poder por los siglos de los siglos! Amén.”

Note lo que somos a través del perdón de nuestros pecados y la sangre de Jesús, somos reyes y sacerdotes. Esta traducción dice, “un reino y sacerdotes” o “un reino de sacerdotes”. Pero, nosotros combinamos dos de las funciones más altas jamás disponibles para un hombre a través de la relación con Dios en Jesucristo. Somos reyes y sacerdotes, somos un reino de sacerdotes, ¿Qué significa eso? Preguntémonos cuales son las dos funciones especiales de reyes y sacerdotes. Creo que todos saben lo que hacen los reyes. Ellos rigen, gobiernan. No todos conocen la función especial de los sacerdotes. Pero las escrituras dicen muy claramente, que la función especial de los sacerdotes es la de ofrecer sacrificios. Así que como reyes debemos gobernar, como sacerdotes debemos ofrecer sacrificios. Pero somos un reino de sacerdotes. En otras palabras, para estar en el reino debemos ser sacerdotes, o para decirlo más sencillamente, solamente cuando aprendamos a ministrar como sacerdotes, podremos en verdad empezar a gobernar. Para gobernar como reyes, debemos primero aprender a ministrar como sacerdotes, tenemos que aprender a ofrecer el tipo de sacrificio que Dios quiere de los sacerdotes en esta era.

Este tipo de sacrificio está descrito en Primera de Pedro, capítulo 2, versículo 5, donde Pedro dice:

“…también ustedes son como piedras vivas, con las cuales se está edificando una casa espiritual… para ofrecer sacrificios espirituales que Dios acepta por medio de Jesucristo.”

Note lo que debemos ser en Cristo, un sacerdocio santo. Para ofrecer sacrificios espirituales aceptables a Dios, por medio de Jesucristo. Observe que una vez que se menciona la palabra sacerdocio, casi inmediatamente encontramos las palabras “ofrecer sacrificios”, que se refiere al sacrificio espiritual. Así que somos un sacerdocio santo, que ofrece sacrificios espirituales aceptables a Dios, por medio de Jesucristo. ¿Qué tipo de sacrificios espirituales espera Dios que ofrezcamos? Podemos ver el ejemplo de Jesús, registrado en Hebreos capítulo 5, versículo 7 que habla de la vida de Jesús en la tierra.

“7 En los días de su vida mortal, Jesús ofreció oraciones y súplicas”

¿Cuál fue su sacrificio? ¿Cuál fue su ofrenda? Ruegos y súplicas, ese es el tipo de ofrenda que Dios espera de nosotros como sacerdotes, ruegos y súplicas. Así que Dios quiere que gobernemos como reyes y que ofrezcamos ruegos y súplicas, como sacerdotes. Pero para poder gobernar, primero debemos aprender a ministrar como sacerdotes. En otras palabras, no estaremos calificados para gobernar y dirigir como reyes, hasta que primero aprendamos a ministrar en oración, como sacerdotes. Es decir, cuando aprendamos a orar, entonces estaremos calificados para gobernar. Para ponerlo de otra manera, aprendemos a gobernar por medio de la oración, pero primero tenemos que aprender a orar.

Ese será el tema del resto de mis charlas de esta semana ¿Cómo puede aprender a orar para poder gobernar?

Nuestro tiempo por hoy ha terminado, regresaré mañana a la misma hora, para empezar a hablar de la manera en que debemos acercarnos a Dios en oración. Creo que hay cuatro requisitos básicos para acercarse a Dios; mañana hablaré primero de estos requisitos.

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