Me alegro de estar nuevamente con usted al llegar al final de otra semana. Nuestro tema para esta semana ha sido “Cómo orar y obtener lo que usted ora”. Hasta hoy he hablado de tres requisitos importantes para acercarnos a Dios en oración. Primero, debemos renunciar a nuestra propia voluntad. Segundo, debemos acercarnos a Dios en fe. Tercero, debemos orar en el nombre de Jesús. Todos estos requisitos de alguna manera tienen que ver con la manera en que nos acercamos a Dios.

Hoy hablaré sobre otro requisito que tiene que ver con la manera en que nos acercamos a Dios. Tenemos que venir al Señor con: Adoración, Con Alabanza y Con Acción de Gracias.

Estos tres requerimientos están muy ligados entre sí, pero aun así son muy diferentes, pero cada uno es muy importante cuando nos acercamos a Dios. Primero hablaré de La Adoración; la adoración es algo que pocos entienden en el cristianismo contemporáneo. La adoración no es orar, no es solo cantar himnos, es algo diferente; todas las palabras que se traducen como adoración en el Antiguo y Nuevo Testamento describen principalmente una actitud del cuerpo. Hay diferentes actitudes representadas por unas palabras: Una significa: inclinar la cabeza. Otra significa: inclinar la parte superior del cuerpo y extender las manos. Una tercera significa: postrar todo el cuerpo con el rostro abajo, ante la presencia del que se adora. Pero todas las palabras que se usan describen una actitud, la adoración no es tanto lo que decimos, sino la actitud con que nos acercamos.

En el sexto capítulo de Isaías el profeta tuvo una visión del trono de Dios, y sobre el vio a los serafines, las criaturas temibles que rodean el trono de Dios, pueden ver que cada uno tenía seis alas y lo que hacían con ellas. Con un par de alas se cubrían sus rostros con el segundo par se cubrían los cuerpos, y con el tercer par volaban. Note que lo último que hacían era volar. La lección es que la adoración, viene antes que el servicio. Y la Adoración es doblemente tan importante como el servicio. Se dan cuatro alas para adorar y dos para servir; y las alas dadas para adorar son descritas antes que las alas del servicio. La adoración es en cierto sentido cubrirse el rostro, cubrirse el cuerpo, inclinar el cuerpo y la cabeza, es una actitud; por supuesto no tiene que ser una actitud física estamos hablando del espíritu. Al acercarnos a Dios en espíritu. Jesús dijo: Los verdaderos adoradores adoraran al Padre en Espíritu y en verdad; estamos hablando de una adoración en el Espíritu, una actitud del Espíritu, un corazón reverente que se inclina ante la presencia de Dios.

Esto está representado en la oración de Jesús, el padre nuestro, Jesús nos dice en Mateo 6:9

Vosotros, pues, oraréis así: Padre nuestro que estás en los cielos, santificado sea tu nombre.

Al dirigirnos a Dios, lo que luego decimos es: Santificado sea tu nombre. Tu nombre es Santo. Es un privilegio aun poder decir tu nombre. Lo hacemos con reverencia, humildad, temor, y respeto, honor y devoción. Eso es adoración, el corazón inclinado con reverencia en la presencia de Dios. El verdadero adorador debe adorar a Dios en Espíritu y en verdad, es una actitud del espíritu.

Veamos ahora: La alabanza, yo diría que la alabanza es vocal, es una declaración articulada. Es diferente de la adoración. La adoración es una actitud, la alabanza es la expresión oral, alabamos a Dios por lo que es, por, lo que hace en general. Esto es lo que dice en el Salmo 48, versículo 1:

Grande es el Señor, y muy digno de ser alabado.

La alabanza debe ser conforme a la propia persona de Dios. Él es grande y muy digno de ser alabado. La alabanza es la respuesta del corazón humano a la grandeza de Dios: grande en sabiduría, grande en poder, grande en sus obras creativas, grande en sus obras redentoras, grande en su trato con nosotros. Todo lo que Dios es y hace es grande. Y la alabanza que El recibe de nosotros debe ser proporcional a su grandeza: “Grande es el Señor, y muy digno de ser alabado”. Nunca se puede pasar demasiado tiempo alabando a Dios, la mayoría de nosotros lo hacemos muy poco.

En el Salmo 100 versículo 4, vemos que la alabanza es esencial, para entrar en la presencia de Dios. Estas son palabras muy conocidas:

Entren por Sus puertas con acción de gracias,Y a Sus atrios con alabanza. Denle gracias, bendigan Su nombre.

Aquí el Salmista habla tanto de la acción de gracias, como de la alabanza. Indica que para entrar en la presencia de Dios, debemos entrar con ambos, con acción de gracias y con alabanza; debemos empezar nuestras oraciones no con peticiones, sino con adoración, acción de gracias y alabanza. Hay una hermosa frase en Isaías 60, versículo 18. Es una declaración profética de la ciudad de Dios, la morada de Dios, el lugar donde Dios vive, el lugar del pueblo de Dios, el lugar de la salvación. Isaías dice refiriéndose a este hermoso lugar, a esta ciudad:

Sino que llamarás a tus murallas salvación y a tus puertas alabanza. (NBLA)

Note que esta ciudad está rodeada por muros, que son salvación. Esa es la provisión de Dios, y la protección para su pueblo. Salvación es la palabra que incluye todo lo que Dios ha provisto para su pueblo a través de la muerte de Jesús en la cruz. Es cada beneficio y cada bendición que han sido comprados por la sangre derramada de Cristo en la cruz; eso es la salvación. Pero en esta ciudad, cuyos muros son salvación, hay puertas.

En el Nuevo Testamento, el libro de Apocalipsis nos dice muy claramente que la única manera de entrar en la ciudad es a través de las puertas. Isaías nos dice que las puertas son de alabanza ¿Qué nos dice eso? Dice que si Ud. quiere entrar en la ciudad de Salvación, si Ud. quiere entrar en la presencia de Dios, si quiere disfrutar de toda la provisión, toda la protección y las bendiciones de Dios para su pueblo, solo hay una manera de entrar; tiene que entrar por las puertas, y las puertas son alabanza. Así que no hay ninguna otra entrada a la presencia de Dios, sino solamente por las puertas de alabanza. Ud. puede clamar a Dios desde lejos y él lo oirá. Como los leprosos que llegaron a Jesús durante su ministerio terrenal, dice que se pararon de lejos y alzaron la voz diciendo: “Jesús, Maestro ten misericordia de nosotros” y Jesús oyó su clamor. Y Dios puede oír su clamor; pero Ud. puede estar parado desde lejos; no es allí donde debe estar.

El leproso que fue sanado y se dio cuenta de su deuda y regresó, y ya no se quedó lejos. Cayó a los pies de Jesús y le adoró. Y eso es lo que Dios quiere que hagamos cada uno de nosotros, que nos acerquemos a través de la alabanza y la adoración.

Ahora hablaré un momento de: La acción de gracias, dije que la alabanza es ofrecida a Dios por lo que él es, y por lo que hace en general. Yo creo que agradecemos a Dios, por lo que Él ha hecho por nosotros en particular. La acción de gracias hace que la grandeza que es general y universal llega a ser personal a nuestro caso. Escuche lo que Pablo dice en Filipenses, capítulo 4, versículo 6:

6 Por nada estén afanosos; antes bien, en todo, mediante oración y súplica con acción de gracias, sean dadas a conocer sus peticiones delante de Dios.

Note que Pablo dice allí “en todo, mediante oración”. Hace muchos años en el diario de Juan Wesley, él hizo este comentario: “Estoy convencido que Dios lo hace todo por oración y nada sin ella”; y yo digo Amén a eso, Dios lo hace todo por oración y nada sin ella.

Pablo dice: “mediante oración y súplica”, pero añade, con “acción de Gracias”. En otras palabras, cuando se acerca a Dios con sus peticiones nunca deje de comenzar con agradecimiento.

Yo fui criado en Europa y allí los padres enseñan a sus hijos de cierta manera. Si un niño pide una galleta y estira la mano para recibirla, siempre se le enseña que dé las gracias antes de tener algo en la mano. Yo pienso que esa es una buena enseñanza para los niños; y creo que así es como Dios enseña a sus hijos también. Dios nos dice: “Dame las gracias y lo pondré en tus manos”.

Así que siempre acérquese a Dios con acción de Gracias como hemos leído: “mediante oración y súplica con acción de gracias”. Dar gracias es una función psicológica muy importante. Esto edifica nuestra fe. Cuantos más damos gracias a Dios por lo que Él ha hecho por nosotros, será más fácil creer que Él va a responder lo que pedimos más adelante.

Al orar regularmente, establezca un día de ayuno y oración, una vez a la semana. Haga una lista de las cosas por las que va a orar y ayunar, hemos descubierto que si escribe su petición específica; esto ayuda a entender claramente por lo que se está orando en realidad; pero nunca empezar con nuestras peticiones. Siempre iniciamos dando gracias. Es más, cuanto más agradecemos, cuanto más es nuestra lista de cosas por las que estamos agradecidos a Dios. Esta es más larga que nuestra lista de peticiones, y cuando hemos dado gracias a Dios por todas las cosas que Él ha hecho, es muy fácil creer que Él responderá a nuestras peticiones. Así que recuerde acérquese a Dios con Acción de Gracias.

Nuestro tiempo por hoy ha terminado, regresaré la próxima semana a la misma hora de lunes a viernes. Esta semana hablé de los requisitos, para acercarnos a Dios en Oración, la semana próxima continuaré con el tema de la oración, pero hablaré de las condiciones que debemos cumplir en nuestras oraciones propiamente dichas.

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