Elementos de una Oración Exitosa 2 - Motivo Correcto: Para la Gloria de Dios

Derek Prince
Published: 1979
Last Updated: julio de 2026
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En 'Elementos de una Oración Exitosa 2 - Motivo Correcto: Para la Gloria de Dios', Derek Prince destaca la importancia de orar con la intención de honrar a Dios. Explica que, a diferencia de las prácticas religiosas que se centran en las apariencias externas, Dios prioriza los motivos del corazón. A través de las Escrituras, como 1 Samuel 16, Prince subraya que Dios mira más allá de la superficie, buscando oraciones que realmente busquen Su gloria.
Transcript
Me alegro de estar nuevamente con ustedes, en esta semana estoy compartiendo sobre los elementos que se necesitan para una oración completa y exitosa.
Ayer hablé del primer elemento de la oración exitosa desde dos puntos de vistas: el positivo, que debemos venir con confianza; el negativo, que debemos venir sin condenación. Los comparé con las dos caras de una moneda, la cara positiva, es con confianza, y la cara negativa, es sin condenación. Expliqué las condiciones básicas que nos permiten venir sin condenación.
Hoy hablaré del segundo elemento básico de la oración exitosa, y es que oremos con el motivo correcto y es muy importante saber cuál es ese motivo correcto. El motivo correcto es: para la gloria de Dios.
Las personas religiosas tienden a enfocarse en lo externo. Se preocupan por la manera en que visten las personas, sus entretenimientos o lo que comen. En los tiempos de los fariseos había todo tipo de reglas que ellos insistían que se cumplieran, tales como lavarse las manos antes de comer. Honestamente hablando la religión comienza desde afuera y mira lo externo. Es difícil para las personas religiosas darse cuenta de que Dios empieza desde adentro y trabaja desde adentro hacia afuera. Dios mira debajo de la superficie. Hay un ejemplo muy vívido de esto en el Primer libro de Samuel, capítulo 16. Dios había mandado a Samuel a la casa de Isaí para que ungiese a uno de sus hijos como futuro Rey de Israel. Isaí le trajo siete hijos, todos hombres jóvenes, finos, apuestos, fuertes y erguidos. Cada vez que Samuel veía a uno de estos hijos pensaba: “este debe ser”; pero cada vez Dios le corregía y le decía: “ese no es”. Y entonces Dios le dio esta explicación. Está en el capítulo 16 versículo 7:
“…No mires a su apariencia, ni a lo alto de su estatura, porque lo he desechado; porque Dios no ve como el hombre ve, pues el hombre mira la apariencia exterior, pero el Señor mira el corazón.”
Recuerde eso cuando ore. Dios mira el corazón. En otra parte de las escrituras dice que el Señor es quien escudriña el corazón, prueba los pensamientos. El discierne nuestros pensamientos y las intenciones de nuestro corazón. Una de las cosas en particular que El escudriña, son nuestros motivos. Dios no solo se preocupa que lo que le pedimos sea bueno, también se preocupa del porqué de nuestra petición. Esto está explicado mejor en el libro de Santiago capítulo 4, versículo 2 y 3. Santiago dice lo siguiente en el versículo 2:
“…No tienen, porque no piden.”
Ahí está una razón muy simple y práctica de porque muchas personas no reciben algunas cosas de Dios, simplemente porque no piden. Al recordar ciertas situaciones de mi vida, reconozco que no tuve cosas simplemente porque no se lo pedí y sé que Dios me hubiese dado gustosamente. Así que recuerde: una de las razones que no tenemos lo que Dios quiere que tengamos es porque no pedimos. Sin embargo, esa no es la única razón, en el siguiente versículo, el 3, Santiago también dice esto:
3 Piden y no reciben, porque piden con malos propósitos, para gastarlo en sus placeres. (NBLA)
Note esto, aquí tenemos a personas que oran pero que no reciben porque oran con motivos incorrectos y particularmente el propósito malo que Santiago describe aquí es gastarlos en sus placeres. Eso nos lleva otra vez a la diferencia entre el hombre viejo y el hombre nuevo del que hablé en una de mis charlas la semana pasada. Recuerde que Pablo dice que tenemos que despojarnos del viejo hombre y luego tenemos que vestirnos del nuevo hombre. Les dije que el hombre viejo es un rebelde, impone su voluntad, es egoísta, impone sus propios deseos y necesidades. Yo quiero esto y lo otro, yo pienso esto y lo otro. Y Dios no negocia con el hombre viejo, en verdad Dios solo tiene un remedio para el hombre viejo y es la ejecución. Las buenas noticias del Evangelio es que esa ejecución tuvo lugar en Jesucristo cuando El murió en la cruz. Nuestro hombre viejo fue crucificado juntamente con Él. Pero esto tiene que ser eficaz en la vida de cada uno de nosotros. Así que cada uno de nosotros, en base a lo que Jesús hizo en la cruz, tenemos que despojarnos de ese hombre viejo, con su egoísmo, con su propia voluntad, su énfasis en sus propios placeres y necesidades. Mientras oremos con esos propósitos malos es muy posible que por esa razón Dios no nos da lo que pedimos aunque en sí mismo el pedido sea bueno. Así que nos preguntamos ¿Cuál es el buen motivo correcto en la oración? Jesús lo dice claramente en Juan, Capítulo 14:13:
“Y todo lo que pidan en Mi nombre, lo haré, para que el Padre sea glorificado en el Hijo”.
Hay una promesa amplia de que cualquier cosa que pidamos Jesús lo hará. Pero note que Él lo hará en base a que “el Padre sea glorificado en el Hijo”. Así que el motivo correcto para orar es que la respuesta traiga gloria a Dios.
En realidad ese motivo no es solo el motivo correcto para orar, sino que es el motivo correcto para vivir. El propósito supremo de la vida cuando lo vemos correctamente es para glorificar a Dios. El privilegio más grande que cualquiera pueda tener es darle gloria a Dios, y la oración es solo una de las maneras en que Dios ha dispuesto para que le demos gloria cuando nuestras oraciones son contestadas en el nombre de Jesús.
He dicho que solo hay un motivo correcto para orar y es para la gloria de Dios. Podríamos examinar esto del lado opuesto. Podemos ver lo que es la esencia del pecado. La esencia del pecado; es eso: vivir mal, es todo aquello que roba la gloria que Dios se merece. Muchas personas no lo han visto, pero esto está declarado varias veces en la epístola de los Romanos, por ejemplo en Romanos capítulo 1, versículo 21, aquí Pablo habla de cómo toda la raza humana se ha apartado de Dios y ha descendido a una vida de oscuridad, ignorancia, maldad e iniquidad o vanidad. En el versículo 21 de ese capítulo Pablo describe los pasos que llevaron a este horrible descenso a los abismos oscuros del pecado. Eso es lo que dice:
21 A pesar de haber conocido a Dios, no lo glorificaron como a Dios ni le dieron gracias, sino que se extraviaron en sus inútiles razonamientos, y se les oscureció su insensato corazón.
¿Cuáles son los primeros dos pasos hacia abajo? El primero, no darle gloria a Dios, el segundo, no darle gracias. Y cuando el hombre dio esos dos primeros pasos descendientes, se fueron por un camino resbaladizo que conducen a una condición que al final es muy horrible. Por lo tanto cuando oramos debemos tener cuidado de no cometer esos errores. Debemos empezar con un motivo para glorificar a Dios en una expresión de agradecimiento a Él. Pablo destaca eso nuevamente en Romanos 3, versiculo 23:
“Pues todos han pecado, y están privados de la gloria de Dios”
¿Cuál es la esencia del pecado? No es necesariamente robar un banco, adulterar o hacer algo terrible ante los ojos de las personas religiosas. La esencia del pecado es no vivir para la gloria de Dios, que nuestras vidas nieguen la gloria que Dios se merece. Por otro lado, la vida de rectitud y justicia que está basada en la fe restaura la gloria de Dios. Hay un ejemplo en Romanos capítulo 4, habla de cómo Abraham creyó en la promesa de Dios de un heredero a pesar de los desalientos y de todo lo que parecía estar yendo mal. Pablo dice:
20 Ante la promesa de Dios no vaciló como un incrédulo, sino que se reafirmó en su fe y dio gloria a Dios, 21 plenamente convencido de que Dios tenía poder para cumplir lo que había prometido.”
Note que Abraham al creer la promesa de Dios en fe, dio gloria a Dios. El invirtió el resultado negativo del pecado y eso es lo que Dios espera de cada uno de nosotros que creemos en él y que venimos a través de Jesús. Quiere librarnos de la dominación negativa del pecado y restaurarnos al motivo correcto y el propósito primordial de la vida que es darle gloria a Dios. Así que cuando oramos con este motivo, que Dios sea glorificado, entonces Dios dice algo verdaderamente maravilloso. Dice que todas sus promesas están disponibles para nosotros. Eso está en Segunda de Corintios 1:20:
20 Todas las promesas que ha hecho Dios son «sí» en Cristo. Así que por medio de Cristo respondemos «amén» para la gloria de Dios.
¡Esto es extraordinario! No importa cuántas promesas Dios haya hecho y alguien ha estimado que hay ocho mil promesas de Dios en las Escrituras, todas son “si” en Cristo. Cuando venimos a Dios en el nombre de Cristo, Él nunca nos dice “oh no fue mi intención darle esa promesa”, o ”usted no puede tener esa promesa”. Él dice que todas ellas son “sí”. Pero la respuesta de fe es que al “sí” de Dios, nosotros también respondamos “amen”. Y es nuestro “amen” el que sella el “Sí” de Dios y hace que esa promesa sea nuestra. Sin embargo, decimos “amén” para la gloria de Dios. Déjeme leer 2 Corintios 1:20 nuevamente:
“Todas las promesas que ha hecho Dios son «sí» en Cristo. Así que por medio de Cristo respondemos «amén» para la gloria de Dios”.
Esa es la manera en la que podemos reclamar las promesas de Dios, si lo hacemos para la gloria de Dios. He parafraseado el versículo de esta manera, terminaré con esto, para que medite con este pensamiento:
“Cada promesa que se ajuste a mi situación y suple mi necesidad es mía ahora, sí la declaro en el nombre de Jesús y si la reclamo para la gloria de Dios”.
Nuestro tiempo por hoy ha terminado, regresare mañana a la misma hora, hoy hablé sobre los motivos correctos, mañana hablaré del siguiente elemento de una oración exitosa que es “Buenas Relaciones”.

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