Me alegro de estar nuevamente con usted para compartir las verdades que la vida me ha enseñado, verdades que han hecho la diferencia entre el éxito y el fracaso en mi vida y que pueden hacer lo mismo en la suya.

El tema que estoy desarrollando esta semana se titula “gobernando a través de la oración”. Expliqué que Dios espera que los cristianos oren inteligentemente por su gobierno. Y cuando lo hacen en fe, Dios interviene en el curso del gobierno, y el destino de la nación para alinearlos a Su voluntad.

En mi charla de ayer, di ejemplos de cómo yo vi cambiar la historia a través de la oración. Hoy voy a hablar sobre la situación que surge cuando el pueblo de Dios no ora como debe por el gobierno de su nación y como resultado el curso de los sucesos en el gobierno como un todo no estaba alineado con la voluntad de Dios. Más bien ha habido una decadencia moral y ética, tanto en el liderazgo de la nación, como en toda la cultura nacional. Y fueron desatadas muchas fuerzas malignas y destructivas que están en oposición con los propósitos y con el pueblo de Dios. Es muy obvio que esta es la situación que prevalece en muchos lugares actualmente. Por lo tanto, el tema de mi charla de hoy es muy relevante a nuestra situación contemporánea.

Presentaré mi tema en forma de pregunta; supongamos que hemos reconocido nuestro fracaso en ejercer nuestra influencia potencial para el bien de nuestra nación, sea esto por la falta de oración y de otras maneras.

¿Hay algo que podemos hacer para remediar esta situación?

Mi respuesta es sí. La Biblia tiene una respuesta muy clara y práctica a esta pregunta, pero antes de ver la respuesta que la Biblia nos da, primero enfrentemos nuestra responsabilidad como cristianos de ser una influencia única y decisiva en la sociedad en que vivimos.

Jesús nos declaró esto en el sermón del monte. El usa en serie tres vividas metáforas: la sal, la luz, y una ciudad situada sobre un monte. Esto es lo que Jesús dice en Mateo 5, versículos 13 y 14 (NBLA):

13 »Ustedes son la sal de la tierra; pero si la sal se ha vuelto insípida, ¿con qué se hará salada otra vez? Ya no sirve para nada, sino para ser echada fuera y pisoteada por los hombres. 14 »Ustedes son la luz del mundo. Una ciudad situada sobre un monte no se puede ocultar

Allí están las tres metáforas sobre: la sal, la luz y una ciudad situada sobre un monte.

Veamos el significado particular de cada metáfora, las explicaré en el orden contrario a la que Jesús las mencionó: Primero, los cristianos somos una ciudad situada sobre un monte, ¿Que significa eso? Creo, la palabra que lo resume esto es que somos conspicuos. Podemos ser visibles desde todos los ángulos y a todas horas. Y siempre somos observados. Eso es cierto. Al momento en que usted hace saber que es cristiano, que cree en Jesucristo, que es uno de sus seguidores comprometidos, que asiste a tal iglesia, las personas empiezan a verlo de una manera diferente. Analizan su vida, su conducta, y su comportamiento. Se preguntan si es real o será solo una farsa religiosa la que está mostrando. No lo miran en la iglesia, pero si lo harán en lugares como en la oficina, la fábrica, la cocina, o donde sea. Recuerde entonces que todos los que profesamos fe en Jesús, somos colectivamente una ciudad situada sobre un monte; somos observados todo el tiempo.

Segundo, Jesús dice somos la luz del mundo. Hay una característica importante acerca de la luz, y es que no puede ser sustituida. Nada puede tomar el lugar de la luz. Y eso es cierto de nosotros los cristianos en este mundo; no podemos ser sustituidos, nadie más puede remplazarnos o hacer nuestro trabajo. También otra característica de la luz: esta es la única respuesta a la oscuridad. No hay ninguna otra manera de contrarrestar la oscuridad sino con la luz. Y donde está la luz, en realidad, no hay más problemas con la oscuridad. La luz se encarga automáticamente de la oscuridad; y así Dios espera que seamos en el mundo, que seamos una luz que neutralice automáticamente a la oscuridad.

La tercera imagen que Jesús usa es el de la sal de la tierra: Por supuesto que la sal es muy conocida y hay muchas cosas que podríamos decir acerca de ella. Pero solo quiero destacar dos funciones básicas de la sal: la primera es, la de dar sabor; la segunda es detener la corrupción. Por ejemplo si un alimento, tal vez un huevo, no tiene mucho sabor, ¿qué hace? Le agrega un poco de sal, la sal da sabor a lo que de otra manera sería desabrido. Así que somos la sal de la tierra, somos como unos pocos granos de sal esparcidos sobre la superficie de la tierra. Nuestra responsabilidad es darle sabor a la tierra, ¿para quién da ese sabor? La respuesta por supuesto, es para Dios. Nuestra presencia debería hacer que la tierra sea aceptable para Dios, de tal manera que no lo sería si no fuésemos cristianos, viviendo nuestras vidas en la gracia y en el amor de Dios, adorando, orando y alabando a Dios. Nuestra presencia es la que marca la diferencia cómo Dios ve esta tierra. En realidad, creo que el mundo se dará cuenta de eso un día cuando Dios nos lleve de aquí, pero ese día no ha llegado aún, y mientras tanto nuestra responsabilidad es ser la sal de la tierra.

La segunda función de la sal es detener la corrupción. En los tiempos, antes de la refrigeración, cuando los marineros hacían sus viajes largos ¿Cómo conservaban la carne? ¿Cómo lograban que no se descompusiera muy pronto?

Ellos salaban la carne. Y nuestra responsabilidad es ser la sal de la tierra, de detener las fuerzas de la corrupción, corrupción moral, social y política hasta que se cumplan los propósitos de Dios de misericordia y gracia para nuestro mundo.

Suponga que fallamos en nuestra función de ser la sal, de dar sabor, de detener la corrupción. Escuche lo que Jesús dice: si la sal se ha vuelto insípida. Se da cuenta que eso se aplica a nosotros, si no hacemos lo que debemos, Ya para nada sirve, excepto para una cosa, sino para ser echada fuera y pisoteada por los hombres. ¿Cómo se sentiría Ud. si esto sucediera?

Esto es un dato muy real, que hay millones y millones de personas en la superficie de la tierra hoy, para quienes seria su privilegio más grande pisotear a todos los cristianos en el mundo. Dios no va a descender y pisotearnos. Él nos entregará a quienes odian el cristianismo y todo lo que este representa. Y la reacción más amarga de tal momento podría ser, ¿lo merecemos? Jesús nos advirtió, si la sal se ha vuelto insípida… Ya para nada sirve, sino para ser echada fuera y pisoteada por los hombres.

¿Hay un remedio para esto?, ¿hay alguna salida? o ¿Será inevitable que seamos echados fuera y pisoteados por los hombres? Yo creo que Dios nos ofrece una alternativa, una alternativa de misericordia, una manera de cambiar la situación para bien. Hay un pasaje clave, en Segunda de Crónicas, capítulo 7, versículo 14 (NVI), donde Dios dice:

14 si mi pueblo, que lleva mi nombre, se humilla y ora, y me busca y abandona su mala conducta, yo lo escucharé desde el cielo, perdonaré su pecado y restauraré su tierra.

Consideremos por un momento a quien se está refiriendo. Dios dice mi pueblo, que lleva mi nombre, en el hebreo dice “sobre quien mi nombre es invocado”. Eso nos describe a usted y a mí como cristianos exactamente. Somos cristianos porque el nombre del Señor Jesucristo es invocado sobre nosotros. Somos su pueblo, así que esa promesa se aplica a nosotros. Dios dice que requiere de nosotros que hagamos cuatro cosas. Entonces, si las hacemos El hará tres cosas.

Veamos primero las tres cosas que Dios dice que El hará. El dice: yo lo escucharé desde el cielo, perdonaré su pecado y restauraré su tierra. Note que Dios no se compromete a escuchar todas las oraciones, en el sentido de tener que responder a todas, pero Dios dice que si cumplimos sus condiciones, él escuchará y responderá a nuestra oración, y perdonará nuestros pecados. Note que es el pecado de su pueblo. Tenemos que entender eso. Lo que se interpone entre Dios y su intervención en esta tierra, no es el pecado de los incrédulos sino el pecado del pueblo de Dios.

La tercera cosa que Dios dice que El hará, es sanar nuestra tierra. Echemos un vistazo a nuestra tierra por un momento y veamos si esta necesita sanidad. ¿Qué diría usted? En ningún momento de la historia de nuestro país nunca hubo tanta necesitad de sanidad como lo es hoy. Y Dios dice que hay una manera en que sanará nuestra tierra. Con seguridad esa es una promesa para nosotros hoy día. Pero recuerde que es una promesa condicional. Dios dice que primero tenemos que hacer ciertas cosas, antes de que El haga esas tres cosas: yo lo escucharé desde el cielo, perdonaré su pecado y restauraré su tierra.

¿Qué es lo que Dios requiere de nosotros? ¿Cuáles son las cuatro cosas que Dios pide que hagamos? Aquí están. La primera es que nos humillemos. La segunda es que oremos. La tercera, es que busquemos su rostro. La cuarta, es que dejemos nuestra mala conducta. La primera cosa que tenemos que hacer es humillarnos. La Escritura dice, “Que Dios resiste a los soberbio pero da gracia a los humildes”. Podemos orar, pero si lo hacemos con orgullo, arrogancia y justicia propia, Dios no oirá nuestra oración. Así que tenemos que humillarnos y Dios pone sobre nosotros la responsabilidad. Yo no creo que sea bíblico orar, “Señor hazme humilde”; porque Dios dice: Humíllense.

Segundo, una vez que nos hemos humillados luego oramos. Tercero, buscar a Dios, ¿qué significa eso? Yo creo que significa, más que una reunión de oración. Las reuniones de oración empiezan a las 7 y media y terminan a las 9, pero buscar el rostro de Dios, significa, que oramos a Dios hasta que hallemos a Dios, y sabemos que la respuesta a nuestra oración está en camino. Y cuarto, tenemos que dejar nuestra mala conducta. Reconozcamos el hecho, de que son nuestros malos caminos los que han causado problemas en nuestra tierra. Nuestra falta de oración, el hecho de que no testificamos, nuestra falta de justicia y rectitud sincera que desafía al impío. La responsabilidad es nuestra.

Nuestro tiempo por hoy a terminado. Regresaré mañana a la misma hora para explicar mejor las cuatro cosas que Dios requiere que hagamos. En particular le mostraré, una manera específica y práctica sobre la humillación.

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