Me alegro de estar nuevamente con usted para seguir compartiendo sobre el ministerio de la intercesión, una de las llaves de Dios que resuelve lo imposible.

En mi charla de ayer hablé de Abraham, intercediendo por Sodoma. Lo vimos en la postura que tipifica al intercesor, cuando se pone en medio de lo que intercede. Abraham estaba entre el Señor y el objeto de su justa ira; que en ese momento era la ciudad de Sodoma.

Particularmente mencioné tres cualidades del carácter de Abraham y su relación con DiosPrimero, su intimidad con Dios.Segundo, Su valentía Tercero, su convicción de la justicia absoluta de Dios, tanto positiva como negativa. Positivamente, que Dios guardaría a los justos, en lo negativo, que Dios juzgaría a los impíos.

También resalté dos aspectos del carácter de Dios, revelados en este incidente. Primero, que Dios responde a las oraciones de su siervo y segundo, que Dios se deleita en demostrar su misericordia si oramos.

Hoy nuestra lección sobre el poder de la intercesión será tomada de la vida de Moisés. Empezaremos con un incidente, en el que Moisés había estado en el Monte Sinaí, en comunión con Dios, recibiendo de él la revelación de su propósito y su plan para el futuro de Israel. En cierto momento en esta comunión, entre Dios y Moisés, Dios cambió el tema de la conversación y le dijo a Moisés que mientras él estaba allí en la montaña, los israelitas que estaban al pie de la montaña se habían apartado de los caminos de Dios y habían entrado en la idolatría, y hasta habían hecho un becerro de oro y lo estaban adorando. La actitud de Dios era, Moisés déjame y destruiré a este pueblo y haré de ti una nación mayor, leeremos ahora las palabras que describen el incidente, empezando en Éxodo capítulo 32, versículo 7;

7 Entonces el Señor habló a Moisés: «Desciende pronto, porque tu pueblo, que sacaste de la tierra de Egipto, se ha corrompido.

Quiero señalar algo aquí que es casi cómico en medio de esta situación intensamente seria. Ni Dios, ni Moisés querían aceptar la responsabilidad por Israel, cada uno de ellos estaba tan disgustado con Israel, Dios le dijo a Moisés: tu pueblo, que sacaste de la tierra de Egipto. Mas adelante veremos que Moisés le dijo al Señor: Tu pueblo, que sacaste; así que Israel estaba en un estado de tal degradación, que ni Dios, ni Moisés querían ser identificados con ellos. Seguiré leyendo; Dios le dice a Moisés:

8 Bien pronto se han desviado del camino que Yo les mandé. Se han hecho un becerro de fundición y lo han adorado, le han ofrecido sacrificios y han dicho: “Este es tu dios, Israel, que te ha sacado de la tierra de Egipto”». 9 El Señor dijo además a Moisés: «He visto a este pueblo, y ciertamente es un pueblo terco. 10 Ahora pues, déjame, para que se encienda Mi ira contra ellos y los consuma. Pero de ti Yo haré una gran nación».

Note la palabra “déjame”, volveremos a ella más adelante, ahora tenemos la respuesta de Moisés:

11 Entonces Moisés suplicó ante el Señor su Dios, y dijo: «Oh Señor, ¿por qué se enciende Tu ira contra Tu pueblo, que Tú has sacado de la tierra de Egipto con gran poder y con mano fuerte? 12 ¿Por qué han de hablar los egipcios, diciendo: “Con malas intenciones los ha sacado, para matarlos en los montes y para exterminarlos de la superficie de la tierra”? Vuélvete del ardor de Tu ira, y desiste de hacer daño a Tu pueblo. 13 Acuérdate de Abraham, de Isaac y de Israel, Tus siervos, a quienes juraste por Ti mismo, y les dijiste: “Yo multiplicaré la descendencia de ustedes como las estrellas del cielo, y toda esta tierra de la cual he hablado, daré a sus descendientes, y ellos la heredarán para siempre”». 14 Y el Señor desistió de hacer el daño que había dicho que haría a Su pueblo.

Escojamos las características más sobresalientes de este tremendo incidente, este extraordinario ejemplo del poder de la intercesión. Ya dije que ni Dios ni Moisés en ese momento querían ser identificados con Israel; Dios le dice a Moisés, “tu pueblo” que sacaste, y Moisés le dijo a Dios: “Tú pueblo” que sacaste. También en el versículo 10, Dios le dice a Moisés: déjame, para que se encienda Mi ira contra ellos. ¿Ha considerado eso? que Dios en cierto sentido dijo: Moisés, “si te haces a un lado para que yo pueda actuar; pero si te mantienes delante de mí, no podré actuar”; esa es toda la fe del intercesor, su presencia entre Dios y el objeto de su ira hace que el juicio de Dios se detenga. Imagínese al Dios todopoderoso diciendo: “Déjame”. Pero vemos que lo maravilloso de Moisés, es que no lo abandonó a Dios, se quedó allí, se mantuvo firme.

Luego, observe la motivación de Moisés. Dios le dio la promesa más maravillosa. Consumiré a este pueblo y haré de ti una nación grande. ¿Cuántas personas se hubieran agradado con el prospecto de ser la única cabeza y fundador de esa gran nación? Pero a Moisés no le interesaba su propia gloria, él estaba muy preocupado por la gloria de Dios, cuando le contestó a Dios, lo primero que dijo fue: «Oh Señor, ¿por qué se enciende Tu ira contra Tu pueblo, que Tú has sacado de la tierra de Egipto con gran poder y con mano fuerte?  ¿Por qué han de hablar los egipcios, diciendo: “Con malas intenciones los ha sacado, ¿para matarlos en los montes y para exterminarlos de la superficie de la tierra”? Moisés no estaba interesado en su propia gloria, sino en la gloria de Dios.

Ahora note la base de la apelación a Dios. Apeló a dos cosas a la palabra y a la promesa de Dios, dijo:  Acuérdate de … Tus siervos, a quienes juraste por Ti mismo, y les dijiste: “Yo multiplicaré la descendencia de ustedes como las estrellas del cielo, y toda esta tierra de la cual he hablado, daré a sus descendientes”. En base a todas esas promesas el intercesor viene a Dios. En base a la Palabra de Dios, a la promesa de Dios y al pacto de Dios. Y dice: Dios eres fiel para cumplir tus pactos, confío en que guardarás esa promesa que has hecho y la guardarás. Creo que estoy aquí porque creo eso.

Además, vea lo que dije anteriormente con respecto a Abraham. Dios responde a las oraciones de sus siervos. La versión que leí dice que Dios “se arrepintió”. Eso me asombra mucho, que un hombre con sus oraciones puede hacer que Dios se arrepienta. Pero la Escritura dice que así fue. Dios quiere ser influenciado. Dios quiere que nuestras oraciones cambien la dirección de Su voluntad más alta, pero El espera que nosotros lo hagamos.

Con ese acto de intercesión, Moisés salvó a toda una nación, ese es el poder y la posibilidad de la intercesión.

Ahora veamos otro ejemplo del poder intercesión en la vida de Moisés. Pero esta vez Moisés no fue el único intercesor. Moisés y Aarón intercedieron juntos. Pienso que eso es muy significativo. Porque en ocasiones anteriores Aarón fue en realidad la fuente del problema. Pero gracias a Dios que Aarón progresó desde ese incidente a tal punto en que fue parte de la solución. El relato está en Números, capítulo 16. Allí encontramos que en los líderes de varias tribus surgió una clase de rebelión contra el liderazgo de Moisés y Aarón, algunos de ellos se levantaron y dijeron: Somos del mismo tipo de personas que Moisés y Aarón, ellos no tienen ninguna preeminencia sobre nosotros. Dios había intervenido con un juicio haciendo que se abriera la tierra, y se tragara a algunos que habían dirigido la rebelión; al día siguiente la congregación de Israel se volvió en contra de Moisés y Aarón y los responsabilizó por la muerte de los que fueron tragados y por el castigo de Dios.Leemos adelante en Números, Cap. 16: 41 al 48 9 (NBLA)

41 Pero al día siguiente, toda la congregación de los israelitas murmuró contra Moisés y Aarón, diciendo: «Ustedes son los que han sido la causa de la muerte del pueblo del Señor». 42 Sucedió, sin embargo, que cuando la congregación se había juntado contra Moisés y Aarón, se volvieron hacia la tienda de reunión y vieron que la nube la cubría, y la gloria del Señor apareció. 43 Entonces Moisés y Aarón fueron al frente de la tienda de reunión, 44 y el Señor habló a Moisés y dijo: 45 «Apártense de en medio de esta congregación, para que Yo la destruya en un instante». Entonces ellos cayeron sobre sus rostros. 46 Y Moisés le dijo a Aarón: «Toma tu incensario y pon en él fuego del altar, y echa incienso en él; tráelo entonces pronto a la congregación y haz expiación por ellos, porque la ira ha salido de parte del Señor. ¡La plaga ha comenzado!». 47 Aarón tomó el incensario como Moisés le había dicho, y corrió hacia el medio de la asamblea, pues vio que la plaga ya había comenzado entre el pueblo. Y echó el incienso e hizo expiación por el pueblo. 48 Entonces se colocó entre los muertos y los vivos, y la plaga se detuvo.

Veamos algunas de las características sobresalientes de este incidente; primero me asombra la paciencia y la tolerancia de Moisés. Este pueblo había murmurado, se había quejado y desobedecido una y otra vez. Ahora Dios está diciendo que los iba a destruir y Moisés, suplicó a Dios por ellos. Yo pienso que muchos de nosotros hubiéramos dicho: “Al fin Señor, te has dado cuenta del tipo de pueblo que son. Adelante se lo merecen”. Pero Moisés no fue así.

Esa solución que Moisés le dio a Aarón es un hermoso cuadro; el incensario con el fuego del altar y sobre él el incienso de donde sale un fragante humo blanco. Eso tipifica al corazón que ora. El corazón que ora debe ser como el fuego, y debe subir como el incienso blanco y fragante hasta Dios.

Luego notamos la postura de Aarón. Se paró entre los muertos y los vivos. Esa es la posición de un intercesor. El que está en medio y desde donde subió el incienso, allí se detuvo la plaga. Ese es un ejemplo de lo que puede ser la oración de un intercesor. Aarón había sido parte del problema la primera vez, ahora fue parte de la solución. ¿No es eso un consuelo para usted y para mí? ¿No le inspira a moverse en fe y ser un intercesor para levantar ese humo fragante y blanco de la intercesión, que puede cambiar la situación y salvar a los que están condenados a muerte?

Nuestro tiempo por hoy ha terminado, regresaré mañana a la misma hora para hablar de una lección, para el poder de la intercesión en la vida de Daniel.

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