Me alegro de estar nuevamente con usted para continuar con nuestro tema de esta semana, “el ministerio de la intercesión.”

En mis dos charlas previas de esta semana, tomé ejemplos de este ministerio de la intercesión en la vida de los dos grandes siervos de Dios, Abraham y Moisés. Surgieron ciertos rasgos que son característicos entre los hombres y mujeres que entendieron este arte de la intercesión, por ejemplo: intimidad con Dios, valentía para dirigirse a Dios, luego la convicción de la justicia absoluta de Dios, tanto para juzgar a los impíos y para salvar a los justos y rectos, y la preocupación por la gloria de Dios. Por el contrario, ignoran los intereses y ambiciones personales.

En mi charla de hoy, hablaré de Daniel, otro gran siervo de Dios. El incidente del que voy a hablar está en el capítulo 9 de Daniel; pero antes quiero que veamos lo que sucedió en el capítulo 6 de Daniel. Quiero que vea los antecedentes de la oración habitual en Daniel. Algunas cosas no vienen automáticamente en un momento. Algunas cosas en nuestras vidas tienen que ser cuidadosamente cultivadas como buenos hábitos. Y Daniel era un hombre que había cultivado el hábito de orar. En este momento en particular de su vida, él era lo que podríamos llamar, el primer ministro del Imperio Pérsico. Pero algunos de sus subordinados estaban celosos y trataban de quitarlo de su puesto. No pudieron encontrar nada con que criticar la manera en que hacía su trabajo, eventualmente se dieron cuenta de que la única manera de atraparlo sería en base a su religión. Así que persuadieron al emperador de Persia para que decretara una ley, que por treinta días nadie orara sino al emperador. Por supuesto para Daniel, que era un judío ortodoxo disciplinado, esa era una situación imposible. Daniel siempre oraba tres veces al día, con su ventana abierta hacia Jerusalén, y cuando fue decretada esta ley, cuyo incumplimiento significaba la muerte; él siguió haciendo lo mismo. Esto es lo que leemos en Daniel 6:10 (NVI):

10 Cuando Daniel se enteró de la publicación del decreto, se fue a su casa y subió a su dormitorio, cuyas ventanas se abrían en dirección a Jerusalén. Allí se arrodilló y se puso a orar y alabar a Dios, pues tenía por costumbre orar tres veces al día.

Quiero resaltar algunos rasgos significantes que son: Primero, tres veces al día, todos los días, esto habla de perseverancia. La ventana abierta hacia Jerusalén habla del enfoque de la oración; Daniel es un ejemplo de la oración constante y enfocada, es muy importante que estemos enfocados y seamos perseverante en nuestras oraciones, en objetivos específicos que estén de acuerdo con la voluntad de Dios.

También quiero que note cuán importante era la oración para Daniel. Esta era importante para él que no iba a renunciar a ella, aunque significara ser arrojado a los leones. Vea también que las oraciones de Daniel fueron muy eficaces, Satanás temía tanto a las oraciones de Daniel, que cambió las leyes del imperio pérsico solo para detenerlas. Quiero que nos preguntemos ¿nuestras oraciones asustan tanto al diablo que hace cambiar las leyes? Puede ser que sí.

Ahora quiero continuar con el capítulo 9, de Daniel, de un incidente en particular que vamos a ver con más detalle. Esto es lo que dice en los primeros tres versículos, y Daniel habla:

1-2 «Corría el primer año del reinado de Darío hijo de Asuero, un medo que llegó a ser rey de los babilonios, cuando yo, Daniel, logré entender ese pasaje de las Escrituras donde el Señor le comunicó al profeta Jeremías que la desolación de Jerusalén duraría setenta años.3 Entonces me puse a orar y a dirigir mis súplicas al Señor mi Dios. Además de orar, ayuné y me vestí de luto y me senté sobre cenizas.

Lo que tenemos que ver allí es que nuestra fuente de entendimiento y dirección son las escrituras. Daniel no solo era un hombre que oraba con regularidad, sino que leía las escrituras regularmente. Y es importante que nuestra primera y principal fuente de inspiración, de dirección y entendimiento de la voluntad de Dios venga siempre de las Escrituras. Segundo, quiero que note como Daniel respondió a la revelación que encontró en las Escrituras. Encontró que la desolación de la ciudad de Jerusalén duraría setenta años. Por su posición de influencia y autoridad en el imperio pérsico, él tenía acceso a los registros del imperio, y sabía que estaba a punto de vencerse los setenta años. En otras palabras, ya era tiempo para que Dios restaurara al pueblo judío a Jerusalén, y la ciudad sea edificada nuevamente.

Ahora, cuando algunas personas reciben cierta revelación de las escrituras se le va a la cabeza, se vuelven obstinados y súper espirituales y le cuentan a todos lo que han encontrado en las Escrituras, y tratan de explicar los planes y propósitos de Dios. Yo no creo que esa revelación sea dada para hacernos sentir súper espirituales. Daniel respondió a esta revelación con una acción apropiada. El no dijo solamente, “que interesante, pronto Dios va a restaurar a Jerusalén”. El sintió la responsabilidad que si la voluntad de Dios era restaurar a Jerusalén entonces era su deber asociarse con el propósito de Dios y comprometerse en oración y ayuno a lo que Dios quería hacer.

Leímos que Daniel encontró en las escrituras que la desolación de Jerusalén duraría setenta años, es importante que nos preguntemos ¿Dónde encontró Daniel esto en las Escrituras?

Un pasaje donde esto está expuesto claramente es Jeremías, capítulo 29, versículo del 10 al 13, indudablemente esta predicción de Jeremías estaba en manos de Daniel en aquel tiempo. Leamos esto en Jeremías 29, versículos 10-13 (NVI):

10 Así dice el Señor: «Cuando a Babilonia se le hayan cumplido los setenta años, yo los visitaré; y haré honor a mi promesa en favor de ustedes, y los haré volver a este lugar. 11 Porque yo sé muy bien los planes que tengo para ustedes —afirma el Señor—, planes de bienestar y no de calamidad, a fin de darles un futuro y una esperanza. 12 Entonces ustedes me invocarán, y vendrán a suplicarme, y yo los escucharé. 13 Me buscarán y me encontrarán cuando me busquen de todo corazón.

Así que hubo una indicación clara que después de setenta años, Dios empezaría a restaurar al pueblo judío, a Jerusalén y a la ciudad misma. Pero Dios dijo: “Lo haré cuando se hayan cumplido los setenta años, pero ustedes mi pueblo, tendrán que cumplir condiciones, me invocarán, y vendrán a suplicarme, y yo los escucharé”  Daniel sabía que su responsabilidad no era solamente tener una revelación interesante, que el tiempo de restaurar a Jerusalén había llegado; sino que su responsabilidad era cumplir con la parte del pueblo de Dios de orar. Y Dios dijo que tendría que orar de una manera especial. Tendrá que orar realmente. Dios dijo, me buscarán y me encontrarán cuando me busquen de todo corazón. Cuando se entregue sin reserva para buscar a Dios en oración, entonces él responderá y hará lo que se ha comprometido a hacer.

Es indudable que Daniel leyó esas palabras, cuando me busquen de todo corazón ¿Cómo respondió?, el mismo dice: Entonces me puse a orar y a dirigir mis súplicas al Señor mi Dios. Además de orar, ayuné y me vestí de luto y me senté sobre cenizas. En esos tiempos el cilicio y la ceniza eran muestra de lamentación. Daniel en cierto sentido se convirtió en alguien que está de luto. Lloraba la desconsolación de Jerusalén. Hay un tipo de llanto que estaba muy cerca del corazón de Dios; Jesús dijo en el sermón del monte, “Bienaventurados los que lloran porque ellos serán consolados”. Isaías 61:3 dice: Dios;…consuela a todos los que lloran,…concede que a los que lloran en Sión se les dé diadema en vez de ceniza, aceite de alegría en vez de luto,manto de alabanza en vez de espíritu abatido”. No se trata de una aflicción centrada en sí mismo, sino en un llanto por el pueblo y la situación de la ciudad de Dios; es un llanto en Sión, y Daniel era ese tipo de persona y eso le agradaba mucho a Dios.

Daniel no solo se vistió de luto y ceniza, sino que también ayunó. El ayuno es la manera establecida por Dios de humillarnos y entrega total y sin reservas a un compromiso de oración.

Leeré en Segunda de Crónicas 7, done Dios dice en el versículo 14:

14 si mi pueblo, que lleva mi nombre, se humilla y ora, y me busca y abandona su mala conducta, yo lo escucharé desde el cielo, perdonaré su pecado y restauraré su tierra.

De acuerdo con las escrituras hay ciertas maneras específicas que Dios ha establecido para que su pueblo se humille ante él. Esto es por medio del ayuno. Di varios ejemplos de David, del Día de la Expiación, de Esdras y los exiliados que regresaron, otro ejemplo de un grupo del pueblo de Dios que cumplió con los requisitos de Dios para la restauración.

Ahora quiero mostrarle el tipo de oración de Daniel en este tiempo de oración, de lamento, de ayuno y búsqueda de Dios con todo su corazón. Es un patrón muy interesante para todos nosotros; dice en Daniel 9, del 4 al 7:

4 Esta fue la oración y confesión que le hice»“Señor, Dios grande y terrible, que cumples tu pacto de fidelidad con los que te aman y obedecen tus mandamientos: 5 Hemos pecado y hecho lo malo; hemos sido malvados y rebeldes; nos hemos apartado de tus mandamientos y de tus leyes. 6 No hemos prestado atención a tus siervos los profetas, que en tu nombre hablaron a nuestros reyes y príncipes, a nuestros antepasados y a todos los habitantes de la tierra.7 »”Tú, Señor, eres justo. Nosotros, en cambio, somos motivo de vergüenza en este día; nosotros, pueblo de Judá, habitantes de Jerusalén y de todo Israel, tanto los que vivimos cerca como los que se hallan lejos, en todos los países por los que nos has dispersado por haberte sido infieles.

Note que “nosotros” se encuentra varias veces en este pasaje corto. Daniel era uno de los hombres más rectos y justos, que se menciona en las escrituras, en realidad no se habla de ningún pecado en la vida de Daniel. Él pudo fácilmente haber tomado una actitud de justicia y rectitud propia con respecto a los israelitas y haber dicho: “Estas son gente malvada. Este es el pueblo que merece su juicio”. Pero no lo hizo; él se identificó con el pueblo de Dios. Tomo parte como uno de ellos y dijo: “Hemos pecado, hemos fallado, merecemos el juicio”.

Como
Compartir