Me alegro de estar nuevamente con usted para compartir las verdades que la vida me ha enseñado, verdades que han hecho la diferencia entre el éxito y el fracaso en mi vida y que pueden hacer lo mismo en la suya.

Esta semana estoy compartiendo sobre la clave que Dios nos ofrece para resolver una situación, “el ministerio de la intercesión”. En mis charlas previas sobre el ministerio de intercesión he tomado tres ejemplos de los grandes siervos de Dios: Abraham, Moisés y Daniel. De nuestros ejemplos están surgiendo ciertas características, que distinguen a los hombres y a las mujeres que han entendido este arte de la intercesión.

Mencionaré algunos: Primero, intimidad con Dios.Segundo, valentía para acercarse a Dios.Tercero, convicción de la justicia absoluta de Dios, tanto positiva como negativa, que Dios guardará a los justos y rectos, pero juzgará a los impíos.Cuarto, preocupación por la gloria de Dios e ignorar los intereses y ambiciones personales.Quinto, una dedicación a las tareas, aun cuando nos cueste la vida, aun cuando signifique ser arrojado a los leones.Sexto, disposición para identificarse con quienes se intercede. Esta clase de oración no es como la del fariseo que dijo: “Oh Dios, te doy gracias porque no soy como otros hombres”. Sino por el contrario, esta persona se identifica con aquellos por quienes se ora. Decimos: “Hemos pecado”, y no “ellos han pecado”.

Nuestro cuarto ejemplo del ministerio de intercesión será la historia de la Reina Ester. El acontecimiento que vamos a estudiar está tomado del libro de Ester, en el cuarto capítulo. Pero primero necesitamos proporcionar los antecedentes históricos. Ester era una hermosa judía que vivía en el imperio pérsico durante el exilio del pueblo judío. Era huérfana y la había criado su tío Mardoqueo. Mardoqueo era un oficial importante en la del emperador. Ester había sido escogida para ser la nueva reina del imperio pérsico y había alcanzado una posición importante y de tremenda influencia en el palacio del Rey. Sin embargo, Ester, nunca había revelado públicamente que era judía.

Después de que ella fue hecha reina, un antisemita, un oficial de la del emperador llamado Amán, había hecho un plan aprobado por el Rey para destruir a todos los judíos que vivían en el reino pérsico. Su plan fue un genocidio total, la destrucción de todo el pueblo judío. Y probablemente en ese tiempo, todos los judíos en el mundo estaban viviendo dentro de las fronteras del imperio pérsico. Así que era una situación inquietante.

Al promulgarse este decreto, Mardoqueo le envió un mensaje a Ester, diciéndole que su responsabilidad era acercarse al Rey para persuadirlo de tal manera que cambiara de idea acerca del decreto. Ester contestó con otro mensaje diciendo, que no había tenido contacto con el Rey por algún tiempo. Entonces Mardoqueo mandó a decirle que ella se acercara a favor de su pueblo. Entonces ella contesta de la siguiente manera, y lo encontramos en Ester, capítulo 4, versículo del 11 al 17:

“11 «Todos los servidores del rey y el pueblo de las provincias del reino saben que, para cualquier hombre o mujer que, sin ser invitado por el rey, se acerque a él en el patio interior, hay una sola ley: la pena de muerte. La única excepción es que el rey, extendiendo su cetro de oro, le perdone la vida. En cuanto a mí, hace ya treinta días que el rey no me ha pedido presentarme ante él».12 Cuando Mardoqueo se enteró de lo que había dicho Ester, 13 mandó a decirle: «No te imagines que por estar en la casa del rey serás la única que escape con vida de entre todos los judíos. 14 Si ahora te quedas absolutamente callada, de otra parte vendrán el alivio y la liberación para los judíos, pero tú y la familia de tu padre perecerán. ¡Quién sabe si no has llegado al trono precisamente para un momento como este!»15 Ester le envió a Mardoqueo esta respuesta: 16 «Ve y reúne a todos los judíos que están en Susa, para que ayunen por mí. Durante tres días no coman ni beban, ni de día ni de noche. Yo, por mi parte, ayunaré con mis doncellas al igual que ustedes. Cuando cumpla con esto, me presentaré ante el rey, por más que vaya en contra de la ley. ¡Y, si perezco, que perezca!»17 Entonces Mardoqueo fue y cumplió con todas las instrucciones de Ester.”

Nuevamente, esta es la imagen de un intercesor. Note el compromiso: si perezco que perezca. Sea que viva o muera no es el asunto más importante. Lo importante es hacer lo que pueda a favor de mi pueblo.

Note lo que Mardoqueo dice, ¡Quién sabe si no has llegado al trono precisamente para un momento como este! Esto se aplica a nosotros como cristianos. Somos un reino de sacerdotes. Hemos llegado a una posición de realeza. No podemos ignorar nuestras responsabilidades y ser indiferentes, así como no lo fue Ester. Debemos estar dispuestos a identificarnos con el resto del pueblo de Dios. No podemos escondernos en un palacio y decir: “Esta crisis no me involucra a mí’. Debemos ser como Daniel o como Ester, dispuestos a dar nuestra vida, a arriesgarlo todo por el pueblo de Dios, identificarnos con los propósitos de Dios y tomar la carga de oración. Y luego notemos que Ester, al igual que Daniel, supo que hay ocasiones en que orar a solas no es suficiente. Ella dijo: ”Ve y reúne a todos los judíos que están en Susa, para que ayunen por mí. Durante tres días no coman ni beban, ni de día ni de noche. Yo, por mi parte, ayunaré con mis doncellas al igual que ustedes. Cuando cumpla con esto, me presentaré ante el rey...”.

Ahora leeremos cuando Ester entró para ver al rey. Sigamos en el capítulo 5 de Ester:

“1 Al tercer día, Ester se puso sus vestiduras reales y fue a pararse en el patio interior del palacio, frente a la sala del rey. El rey estaba sentado allí en su trono real, frente a la puerta de entrada. 2 Cuando vio a la reina Ester de pie en el patio, se mostró complacido con ella y le extendió el cetro de oro que tenía en la mano. Entonces Ester se acercó y tocó la punta del cetro.Esta era la evidencia de que él estaba preparado para mostrar misericordia, que no aplicaría la ley contra ella. Entonces Ester se acercó y tocó la punta del cetro. Con esa acción ella aprovechaba la misericordia que el rey le ofrecía. Pienso que eso es algo que necesitamos aprender hacer, tenemos que tocar la punta del cetro. Continúo en el versículo 3: 3 El rey le preguntó: —¿Qué te pasa, reina Ester? ¿Cuál es tu petición? ¡Aun cuando fuera la mitad del reino, te lo concedería!”

Ella lo había logrado. El resto del libro de Ester es el desarrollo de las consecuencias de su intercesión. Pero fue en ese momento que se ganó la victoria para el pueblo judío. Creo que siempre es ganada en la intercesión. Allí es donde se hace la historia, donde se cambia el curso y el destino de las naciones; es allí donde somos el tipo de líderes que Dios quiere que seamos.

Quiero que vea un hecho hermoso acerca de Ester, que cuando ella entró a ver al rey, no entró como una mendiga; ella no se rebajó. Ella se puso sus túnicas reales y entró a la presencia del rey, como una reina hermosa y encantadora.

Así que Ester entró como una reina. Se puso su atavío real. Ella entendió quién era. Tomó su propio lugar. Creo que lo mismo se aplica a nosotros como creyentes. Tenemos que reconocer quienes somos ante Dios, la posición donde Dios nos ha puesto. No tenemos que arrastrarnos. No tenemos que entrar como mendigos.

Escuche estas hermosas palabras en Isaías 52:1-2;

“1 ¡Despierta, Sión, despierta! ¡Revístete de poder! Jerusalén, ciudad santa, ponte tus vestidos de gala, que los incircuncisos e impuros no volverán a entrar en ti. 2 ¡Sacúdete el polvo, Jerusalén! ¡Levántate, vuelve al trono! ¡Libérate de las cadenas de tu cuello, cautiva hija de Sión!”

Creo que eso es un desafío para nosotros y la manera en que oramos. Debemos ser lo que Dios dice que somos. No debemos arrastrarnos. Debemos sacudirnos del polvo. Tenemos que levantarnos y sentarnos en el trono que Dios nos ha ofrecido para que podamos reinar con él en oración e intercesión. Note algunas de las cosas que implica este pasaje. Primero debemos vestirnos de fortaleza y hermosura. Hay un hermoso pasaje en el Salmo 96, versículo 6 (NVI), que dice:

“El esplendor y la majestad son sus heraldos; hay poder y belleza en su santuario.”

Dios quiere que nos vistamos de fortaleza y de gloria para que estemos debidamente ataviados en su santuario, en su atrio interior. Y debemos deshacernos de todo lo profano. Simbólicamente dice: los incircuncisos y lo inmundos no entraran. Debemos estar puros. Luego debemos deshacernos de todo lo que nos ata. Debemos liberarnos de las cadenas de nuestros cuellos, ¿Que clases de cadenas nos atan, cuando venimos a Dios en oración? Pienso que son cadenas como la duda, la incredulidad, el temor, actitudes incorrectas y malas relaciones. Debemos liberarnos de estas cadenas. Luego debemos tomar esta acción decisiva. Debemos levantarnos y no quedar más arrastrados. Debemos reconocer el tipo de personas que somos en Dios. Levantarnos y actuar de acuerdo con nuestro destino, así como Dios quiere que seamos.

Volvamos al cuadro de Ester por un momento. Ester había tomado el lugar de la otra reina, Vasti, quien había sido depuesta. Ella fue depuesta porque cuando el rey celebró un banquete, en el clímax del banquete él quiso presentar a su pueblo a la reina en toda su belleza, pero ella tenía su propio banquete y se rehusó a venir. Por esa razón ella fue depuesta. Y quiero mostrarle brevemente la diferencia entre Vasti y Ester como reinas; lo diré así: Vasti puso sus propios planes y actividades, antes que los deseos del rey, pero Ester puso los deseos del rey y las necesidades de su pueblo ante que su vida y sus propios deseos.

Yo creo que eso se aplica a la iglesia de hoy. Muchas veces la iglesia es como Vasti, ocupada con sus programas, sus planes, sus preocupaciones y no está abierta a lo que el rey tiene que decir. Oro que seamos una iglesia que pone la voluntad del rey y las necesidades del pueblo, antes que nuestra propia vida si es necesario, así como la Reina Ester.

Note que la decisión de Ester, cambió el curso de la historia y recuerde que usted y yo podemos hacer lo mismo.

Nuestro tiempo por hoy ha terminado, regresaré mañana a la misma hora, continuaré con el mismo tema, y mostraré como podemos aplicar esto de manera práctica en nuestras vidas.

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