Me alegro de estar nuevamente con Ud. en la conclusión de otra semana, desde el comienzo de mi charla hoy, quiero recordarle la definición de intercesión que di en el comienzo de la semana. El intercesor es alguien que se interpone, esta es la definición literal de la palabra, se pone en medio, entre Dios y el objeto de la justa ira de Dios y su juicio y dice: “Dios tienes todo el derecho de venir contra esta gente, si lo haces lo haces con justicia; pero yo estoy entre tú y ellos; Dios con toda reverencia, pero decididamente quiero decir que, si los hieres tienes que herirme a mí primero”. Esta es la posición del intercesor.

En mis charlas de esta semana he tomado ejemplos de tres grandes siervos de Dios y sus ministerios, Abraham, Moisés, Daniel y de la reina Ester. Ciertas características han surgido de estos ejemplos de hombres y mujeres que han entendido el arte de la intercesión. Quiero mencionar brevemente algunas de estas características, haciendo alguna referencia a quien mejor la representa:

-Primero, intimidad con Dios; yo creo que esto lo vemos particularmente en Abraham y Moisés. Ellos hablaron con Dios como quien habla con su amigo.-Luego, valentía. Hablaron claramente con Dios. En cierto sentido pareciera que desafiaron al Dios todopoderoso.-La tercera característica, convicción de la justicia absoluta de Dios. Esto lo vemos particularmente en el caso de Abraham y Daniel quienes reconocieron claramente que la sentencia de Dios sobre su pueblo era totalmente justa.-Cuarto, un interés por la gloria de Dios. Lo que por lo contrario demuestra un desinterés personal; vemos esto particularmente en el ejemplo de Moisés. Dios le prometió hacer de él una gran nación. Pero Moisés estaba más interesado en la reputación de Dios que en la suya propia.-En quinto lugar, dedicación a la tarea, aun a riesgo de su propia vida. Ambos Daniel como Ester tuvieron que arriesgar literalmente sus vidas para continuar con su ministerio de intercesión.-También, una disposición de identificarse con aquellos por quienes se intercede. Nuevamente Daniel y Ester reflejan mejor esta característica.Hice un contraste de esto con la oración del fariseo en el Nuevo Testamento; el fariseo dijo: “Dios te doy gracias porque no soy como los otros hombres.” Esta actitud egocéntrica es totalmente inconsistente con el espíritu de un intercesor.

Además, esta semana hemos visto situaciones resueltas cuando Dios ha encontrado un intercesor; la nación quizá fue salvada y la historia cambiada ¿Qué dice la Biblia sobre las situaciones donde no hay un intercesor?

En mi charla de hoy vamos a examinar esto; primeramente, leeremos en Isaías 59, que trata de los pecados y del alejamiento de Israel. Este es un cuadro terrible de Israel, el pueblo de Dios. Es una imagen de maldad y fracaso casi irremediable. Está escrito en la primera persona del plural. Es un reconocimiento de la propia condición del pueblo. Leeremos Isaías 59, versículo 12 en adelante hasta el 16 (NVI):

12 Tú sabes que son muchas nuestras rebeliones; nuestros pecados nos acusan. Nuestras rebeliones no nos dejan; conocemos nuestras iniquidades.13 Hemos sido rebeldes; hemos negado al Señor. ¡Le hemos vuelto la espalda a nuestro Dios! Fomentamos la opresión y la traición proferimos las mentiras concebidas en nuestro corazón.14 Así se le vuelve la espalda al derecho, y se mantiene alejada la justicia; a la verdad se le hace tropezar en la plaza, y no le damos lugar a la honradez.15 No se ve la verdad por ninguna parte; al que se aparta del mal lo despojan de todo. El Señor lo ha visto, y le ha disgustado ver que no hay justicia alguna.16 Lo ha visto, y le ha asombrado ver que no hay nadie que intervenga. Por eso su propio brazo vendrá a salvarlos; su propia justicia los sostendrá.

Que declaración más extraordinaria, ¿no le parece? Quiero leerla otra vez:

“El Señor…lo ha visto, y le ha asombrado ver que no hay nadie que intervenga”,

Me parece que la maldad del pueblo no fue lo peor de la situación, aunque era muy grave, sino lo que más alarmó a Dios, algo que ni él podía concebir, fue que no hubiera quien intercediera. Me parece que cuando no hay nadie que interceda es la última evidencia del pueblo de Dios que endurece el corazón y le da la espalda a Él. También a ese punto se debería decir que la situación es sin esperanza. Mientras haya un intercesor hay esperanza, pero donde no hay un intercesor, me parece que basados en la Escritura podemos decir que ya no hay esperanza. El uno persona que Dios busca en crisis como esta es al intercesor.

Hemos visto la situación descrita en Isaías 59 donde la nación estaba totalmente corrupta y que Dios estaba asombrado de que no hubiera quien interceda. Veamos una situación similar, un poco más adelante, en la historia de Israel encontramos un escenario semejante que nos describe Ezequiel, en el capítulo 22, comenzando con el versículo 23. El profeta dice lo siguiente:

23 Y vino a mí la palabra del Señor: 24 «Hijo de hombre, dile a Israel: “Tú eres tierra que no ha sido lavada ni mojada con la lluvia el día de la indignación”.

Está hablando de la tierra de Israel. En cierta ocasión me puse a pensar que cuando en una tierra hay maldad y está apartada de Dios, lo único que la puede limpiar es la lluvia. No hablo de la lluvia propiamente sino de la lluvia del Espíritu Santo. Y ya hemos hablado en ocasiones anteriores lo que dice Oseas, ¡Ya es tiempo de buscar al Señor!, hasta que él venga y les envíe lluvias de justicia. Solo esta clase de lluvia puede limpiar la tierra. Yo creo personalmente que es la única clase de lluvia que puede limpiar a esta nación.

Continuemos ahora con lo que sigue de los fracasos del pueblo de Dios, en esta situación. Hay cuatro clases de personas mencionadas en esta lista: Los profetas, los sacerdotes, los príncipes, y el pueblo. Es significativo que Dios comience con los profetas y los sacerdotes. Los príncipes son los gobernantes seculares, pero primeramente Dios no los culpa a ellos. Sino que pone la culpa en los líderes espirituales: los profetas y los sacerdotes. Yo diría que el profeta es el que tiene la responsabilidad de declarar, el consejo de Dios a su pueblo. El Sacerdote es el que cuida diariamente a la congregación del pueblo de Dios. Veamos qué es lo que Dios dice de los profetas, los sacerdotes, los príncipes y la gente. Ezequiel 22:25-29,

25 Hay conspiración de sus profetas en medio de Jerusalén, como león rugiente que desgarra la presa. Han devorado almas, de las riquezas y cosas preciosas se han apoderado, las viudas se han multiplicado en medio de ella. 26 Sus sacerdotes han violado Mi ley y han profanado Mis cosas sagradas; entre lo sagrado y lo profano no han hecho diferencia, y entre lo inmundo y lo limpio no han enseñado a distinguir; han escondido sus ojos de Mis días de reposo, y he sido profanado entre ellos.27 »Sus príncipes en medio de la ciudad son como lobos que desgarran la presa, derramando sangre y destruyendo vidas para obtener ganancias injustas. 28 Y sus profetas los han recubierto con cal, viendo visiones falsas y adivinándoles mentiras, diciendo: “Así dice el Señor Dios”, cuando el Señor no ha hablado.Note que los profetas en vez de desaprobar la maldad, la encubrían con escusas falsas y lenguaje religioso. Y finalmente, 29 Las gentes de la tierra han hecho violencia y cometido robo…

Así que todos los sectores de la nación eran culpables delante de Dios: los profetas, los sacerdotes, los príncipes, y el pueblo. ¿Cuál es la característica general? ¿Cuál era en general la culpa de todos ellos? Yo lo resumiría en una sola frase, la búsqueda despiadada de sus propios deseos. Todos buscaban su propia ganancia y sus propios deseos antes que los de sus semejantes y los de Dios. ¿Y cómo respondió Dios ante tanta maldad? Vamos a leer dos versículos finales de este capítulo, los versículos 30 y 31 (LBLA); Dios es quien habla y dice:

30 Busqué entre ellos alguno que levantara un muro y se pusiera en pie en la brecha delante de mí a favor de la tierra, para que yo no la destruyera, pero no lo hallé. 31 He derramado, pues, mi indignación sobre ellos; con el fuego de mi furor los he consumido; he hecho recaer su conducta sobre sus cabezas —declara el Señor Dios.

Ante esta situación desesperante Dios no buscó a un grupo grande. Ni se dirigió necesariamente a los gobernantes, ni aun a los profetas, y sacerdotes, sino que buscó a un hombre ¿Qué clase de hombre? Uno que se pusiese en la brecha entre Dios y la tierra. ¿Qué clase de hombre es este que se pone en la brecha entre Dios y la tierra, la nación, la ciudad? Un intercesor. Supongo que uno de los versículos más trágicos de la Escritura está al final del versículo 30, donde Dios dice: “pero no lo hallé”. Me parece, que indica, en esa situación tan desesperante, un intercesor hubiera cambiado el curso de la historia y prevalecido ante Dios para evitar el juicio que vino sobre el pueblo de Dios. Pero cuando Dios no encuentra un intercesor, ya no hay más esperanzas. Quiero repetir eso mientras haya un intercesor hay esperanza, pero cuando no hay intercesor no hay esperanza.

¿Cómo ve a su país? ¿No le parece que en muchas maneras es semejante a la situación que describe Ezequiel? ¿No son culpables y han fallado todos los sectores de la nación; el pueblo, los profetas, los gobernantes, los sacerdotes? ¿Cuál es la situación? ¿De que manera responde Dios? Yo creo que Dios está buscando a alguien que se pare en la brecha, que haga vallado, sea un hombre o una mujer, un intercesor ¿Quiere usted ofrecerse a Dios para este ministerio?

Bueno mi tiempo por hoy terminó, pero regresaré nuevamente la próxima semana, a la misma hora, de lunes a viernes para comenzar con otro tema nuevo e importante.

Como
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