Me alegro de estar con usted nuevamente en el comienzo de otra semana para compartir las verdades que la vida me ha enseñado. Verdades que han hecho la diferencia entre el éxito y el fracaso en mi vida, y que pueden hacer lo mismo para usted. Esta semana voy a hablar del tema “Reclamando nuestra herencia”

Primero, déjenme decir "gracias" a aquellos de ustedes que me han estado escribiendo. Antes de terminar esta charla, les daremos una dirección postal a la que pueden escribir. Siéntanse libres de compartir con nosotros sus necesidades personales, sus problemas, sus peticiones de oración.

El Nuevo Testamento es el reglamento de la fe cristiana. Al usar la palabra “Testamento” lo hacemos en el mismo sentido que usaríamos la frase “la última voluntad o el testamento de alguien”. En otras palabras, al usar esa palabra estamos implicando que algo se nos ha legado por la muerte de otro. El Nuevo Testamento nos dice todo lo que fue hecho para nosotros por la muerte de Jesús. Nos revela nuestra herencia. Nos proclama herederos de un reino. Pero desafortunadamente, muchos cristianos aun no han descubierto cual es su verdadera herencia, o como reclamarla. Se parecen a un hombre que es heredero de una enorme fortuna pero que nunca ha tomado los pasos necesarios para descubrir cuál es su herencia o como obtenerla. Así que, ese será mi tema para esta semana, descubrir y reclamar nuestra herencia como cristianos.

El primer pasaje que leeremos sobre este tema es Colosenses, capítulo 1, versículos del 12 - 14, donde Pablo dice:

“12 dando gracias al Padre que nos ha capacitado para compartir la herencia de los santos en la Luz. Puede ver allí que Pablo habla de una herencia que se estableció para el pueblo de Dios, una herencia en la luz. Luego continúa explicando lo que sucede si queremos obtener nuestra herencia en la luz. 13 Porque Él [Dios, el Padre] nos libró del dominio de las tinieblas y nos trasladó al reino de Su Hijo amado, 14 en quien tenemos redención: el perdón de los pecados.”

Aquí Pablo nos presenta dos reinos, el reino de las tinieblas y el reino de la luz. El reino de la luz es el reino de Dios y de Jesucristo, el reino de las tinieblas es el reino de Satanás. Estos dos se oponen el uno al otro. Nuestra herencia está en el reino de la luz, el reino de Dios y de Jesucristo. Pero para poder reclamar nuestra herencia algo debe suceder primero. Debemos ser liberados de la potestad de las tinieblas, que es el poder de Satanás sobre nuestras vidas. Esto sucede a través de la redención, la que Dios nos ha provisto por medio de la muerte de Jesús en la cruz. Por su redención podemos recibir el perdón de nuestros pecados. Una vez que recibimos perdón de nuestros pecados, Satanás no tiene mas potestad legal sobre nosotros, somos libres de su poder, estamos capacitados para entrar a nuestra herencia en el reino de la luz, el reino de Dios y de Jesucristo.

Sin embargo todos debemos entender algo sobre nuestra condición en el reino de las tinieblas. Recuerde que cuando las personas están en la oscuridad, no pueden ver su condición real. Eso es cierto de las personas que están bajo el dominio de Satanás, están en tinieblas y no ven su verdadera condición. Necesitamos una luz, que entre en la oscuridad y nos revele nuestra verdadera condición. El evangelio, y la Palabra de Dios provee esa luz. Esto es lo que la palabra de Dios nos dice de nuestra condición antes que Cristo viniera a nuestras vidas, de que nos perdonara y nos redimiera, mientras estábamos en el dominio de Satanás en el reino de las tinieblas. Pablo dice esto en Efesios, capitulo 2 versículos del 1 al 3:

“...estaban muertos en sus delitos y pecados, Pablo por supuesto no quiere decir que estuviésemos físicamente muertos, sino que estábamos muertos espiritualmente, separados de la vida en Dios. Ahora el versículo 2: 2 en los cuales anduvieron en otro tiempo según la corriente de este mundo, conforme al príncipe de la potestad del aire, el espíritu que ahora opera en los hijos de desobediencia. Así que al estar en el reino de las tinieblas, en nuestro delitos y pecados vivíamos bajo el dominio de un poder espiritual llamado el príncipe de la potestad del aire, y está definido como el espíritu que opera en los hijos de desobediencia. En otras palabras nuestra desobediencia a Dios nos expone automáticamente a la influencia y el dominio de Satanás. Pablo continúa diciendo que: 3 Entre ellos también todos nosotros en otro tiempo vivíamos en las pasiones de nuestra carne, satisfaciendo los deseos de la carne y de la mente, y éramos por naturaleza hijos de ira, lo mismo que los demás.”

Así que esto es cierto, de todos nosotros. En nuestra condición natural estamos en enemistad con Dios, separados de Él, estamos en las tinieblas, cautivos a nuestros deseos de la carne y de la mente. Y a través de esos deseos malos somos prisioneros de Satanás, el príncipe de las tinieblas. El propósito de Dios a través del evangelio es liberarnos de esa atadura a la oscuridad y de Satanás, para traernos a nuestra herencia en el reino de la luz. Esto está muy claro en Hechos 26:18, donde Pablo remarca el llamado que él recibió de Jesucristo para predicar el evangelio al mundo gentil. Y esto es lo que, a través del evangelio, Cristo le ordenó a Pablo hacer:

“18 para que les abras los ojos y se conviertan de las tinieblas a la luz, y del poder de Satanás a Dios, a fin de que, por la fe en mí, reciban el perdón de los pecados y la herencia entre los santificados.”

Nuevamente, vemos que el propósito principal de Dios es que recibamos perdón de nuestros pecados y estar calificados para recibir nuestra herencia en el reino de Dios. Pero para que esto suceda, primeramente Dios tiene que abrir nuestros ojos sobre nuestra verdadera condición para llevarnos de las tinieblas a la luz, y del dominio de Satanás a Dios. Nos damos cuenta a través de la Escritura y de nuestra propia experiencia de que las tinieblas tienen poder. El poder de Satanás es real. No es nuestra imaginación o una fantasía teológica, sino que Satanás es un ser real con un poder verdadero que domina realmente a los que están separados de Dios. Y para entrar en el reino de Dios primero debemos ser liberados del poder de Satanás. Esta liberación ha sido posible solo a través de la muerte de Jesús por nosotros. Tenemos que entender con más precisión, el significado de la palabra “redención”. Este viene del verbo “redimir”. Redimir significa recomprar algo o pagar el rescate. Un ejemplo sería el caso de un hombre rico cuyo hijo está secuestrado hasta que el hombre rico estuviese dispuesto a pagar el rescate para que su hijo fuese restaurado, podríamos decir que el hombre rico, al pagar el rescate, redimió a su hijo de los secuestradores.

Ahora, Jesús pagó el precio para redimirnos del reino de Satanás. Pablo dice en Romanos 7:14:

“14 Sabemos, en efecto, que la ley es espiritual. Pero yo soy meramente humano, y estoy vendido como esclavo al pecado.”

La versión griega literalmente dice “vendido bajo pecado”. Esta figura retórica fue tomada del mundo romano. Cuando una persona del mundo romano era vendida en el mercado de los esclavos, se decía que era vendido bajo la lanza porque era colocada en una tarima cerca de un poste y allí sobre su cabeza se clavaba una lanza. La lanza en el poste fue la evidencia de que estaba siendo vendido como esclavo. Pablo dice, que estábamos expuestos por nuestro pecado como esclavos en el mercado de Satanás, y la lanza sobre nuestra cabeza indicaba que estábamos en venta por el pecado que habíamos cometido.

Cuando una persona era vendida como esclava en los tiempos antiguos, no podía escoger el trabajo que quisieran hacer. Algunas personas debían hacer trabajos respetables como mayordomos, maestros o enfermeros, pero otros podían ser vendidos para que desempeñaran ocupación bajas o inmorales, como limpiar letrinas o la prostitución. La persona esclava no podía escoger, la decisión la tomaba el dueño de esa persona.

Así también es con nosotros como pecadores. Somos esclavos de Satanás por naturaleza, algunos son pecadores respetables y otros son menos respetables. En realidad no hay diferencia entre los respetables y los menos respetables. Sucedió que cuando Jesús vino a la tierra, Él se fue al mercado de esclavos de Satanás, nos vio allí que estábamos en venta y pagó el precio para comprarnos del dominio satánico y sacarnos del mercado de los esclavos de Satanás. El precio que pagó fue su sangre preciosa. Pablo dice en Efesios 1:7

“7 En Él [Cristo] tenemos redención mediante Su sangre, el perdón de nuestros pecados según las riquezas de Su gracia”

Nuestra redención fue pagada con la sangre de Jesús que nos dio el perdón de nuestros pecados. El tomó el castigo por nuestros pecados en nuestro lugar para que fuésemos perdonados y poder heredar el reino de los santos en la luz. Esto está declarado en 1ra de Pedro, capítulo 1, versículos 17-19 (NBLA):

“17 Y si invocan como Padre a Aquel que imparcialmente juzga según la obra de cada uno, condúzcanse con temor durante el tiempo de su peregrinación. 18 Ustedes saben que no fueron redimidos de su vana manera de vivir heredada de sus padres con cosas perecederas como oro o plata, 19 sino con sangre preciosa, como de un cordero sin tacha y sin mancha: la sangre de Cristo.”

Por lo tanto, la sangre preciosa de Cristo derramada por nosotros fue la que pagó el precio por nuestra redención, nos liberó del mercado de los esclavos de Satanás y del reino de las tinieblas, obtuvo para nosotros el perdón de nuestros pecados y nos calificó para entrar en la herencia de los Santos en la luz.

Nuestro tiempo por hoy ha terminado, regresaré mañana a la misma hora para hablar del “desarrollo de la redención en dos aspectos: “de que fuimos redimidos y para qué”.

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