Me alegro de estar con usted nuevamente para continuar estudiando el tema rico y emocionante de esta semana, “Reclamando nuestra herencia”. En mi charla de ayer le presenté dos grandes reinos opuestos, el reino de la luz y el reino de las tinieblas, el reino de Satanás.

Hoy voy a explicar la naturaleza y el alcance de nuestra redención por medio de Jesús. La primera lectura la haremos en Gálatas, capitulo 3, versículos 13 y 14 donde Pablo dice,

13 Cristo nos redimió [note la palabra “redimió”] de la maldición de la ley, hecho por nosotros maldición (porque está escrito: Maldito todo el que es colgado en un madero), 14 para que en Cristo Jesús la bendición de Abraham alcanzase a los gentiles, a fin de que por la fe recibiésemos la promesa del Espíritu.

Pablo se refiere allí a un pasaje en Deuteronomio, en la Ley de Moisés donde Dios dice que todo el que fuese colgado de un árbol o un madero, y eso incluye la cruz, todo el que muera así está bajo maldición. La evidencia de que esa persona está bajo la maldición es que esta fue colgada visiblemente en ese madero. Así que para poder redimirnos de la maldición de la ley, Cristo se hizo maldición por nosotros y eso se demostró visiblemente cuando Él fue colgado en la cruz. Fue necesario que Jesús se haga una maldición porque la maldición de Dios cae sobre todo pecado y desobediencia contra El.

El secreto de lo que sucedió en la cruz es este: Hubo un intercambio ordenado divinamente, algo que no se podría ver con el ojo natural sino que solamente percibirse por una revelación de Dios a través del Espíritu Santo y las Escrituras. El intercambio fue este, Cristo se hizo maldición. Él cargó con la maldición por nuestro pecado y desobediencia para que nosotros tuviésemos acceso a la bendición que fue posible por su obediencia. Lo diré muy simple y breve. Es importante que lo entienda. Cristo se hizo maldición. El cargó con la maldición por nuestra desobediencia para que nosotros por fe en Él recibiésemos la bendición de Dios, bendición que Jesús se había ganado por su obediencia.

Este cambio que ocurrió en la cruz se describe mejor en Isaías, capitulo 53. En este capítulo el profeta Isaías habla de un siervo desconocido. Sin embargo todos los escritores del Nuevo Testamente identifican por unanimidad a este siervo anónimo como Jesús el Mesías, Jesús de Nazaret. Leamos los versículos de 4 al 6 que es la parte principal de este capítulo:

4 Ciertamente él [Jesús] cargó con nuestras enfermedades y soportó nuestros dolores [literalmente], pero nosotros lo consideramos herido, golpeado por Dios, y humillado. (NVI)

Es asombros que Isaías dice, pero “nosotros” refiriéndose principalmente al pueblo judío pero también a toda la raza humana, “nosotros lo consideramos herido, golpeado por Dios, y humillado”.

Recuerdo muchos años atrás en Israel, hablando con un hombre judío le decía que yo creía que Jesús es el Mesías. Su comentario fue extraordinario, por lo menos para mi en ese tiempo. Me dijo, “yo no creo que Jesús fuese un hombre justo porque, si lo hubiese sido Dios no permitiría que Él padeciera tal muerte, debió ser el juicio de Dios sobre Él”

Eso es exactamente lo que Isaías dice, “nosotros lo consideramos herido, golpeado por Dios, y humillado”. Pero en los dos versículos siguiente, Isaías nos explica porque Jesús sufrió. No fue por su pecado sino por los nuestros, esto es lo que dice Isaías:

5 Él fue traspasado por nuestras rebeliones, molido por nuestras iniquidades; sobre él recayó el castigo, precio de nuestra paz, y gracias a sus heridas fuimos sanados.6 Todos andábamos perdidos, como ovejas; cada uno seguía su propio camino, pero el Señor hizo recaer sobre él la iniquidad de todos nosotros. (NVI)

Hay dos aspectos en el intercambio que Isaías describe. Encontramos un aspecto espiritual y un aspecto físico. Jesús hizo provisión para nosotros en ambos aspectos, físico y espiritual. Espiritual: “Él fue traspasado por nuestras rebeliones, molido por nuestras iniquidades”. Las rebeliones e iniquidades son espirituales. Podríamos traducirlos como actos de desobediencia y de rebelión. Jesús tomó el castigo por nuestros actos de desobediencia y rebelión para que fuésemos reconciliados con Dios y tener paz. Eso es espiritual.

En el aspecto físico, Jesús llevó nuestras enfermedades y sufrió nuestros dolores, con el resultado de que fuimos sanados. Eso es físico.

Vemos que hubo un intercambio completo en lo espiritual y en lo físico. Jesús recibió el mal por nosotros para que recibiésemos lo bueno que El merecía. El problema básico de la raza humana lo expone Isaías 53, versículo 6. “cada uno seguía su propio camino” Esa es la culpa universal de la humanidad. No todos hemos cometido todos los pecados específicos. No todos han asesinado o adulterado u otros pecados semejantes. Pero existe un problema del que todos somos culpables, cada uno seguía su propio camino. Eso es terquedad, desobediencia y rebelión. Esa es la raíz del problema de la raza humana. Ese es el problema que trató Jesús al morir por nosotros en la cruz, “pero el Señor hizo recaer sobre él la iniquidad de todos nosotros”. La rebelión y todas sus consecuencias malignas se juntaron en ese día sobre Jesús al estar colgado en la cruz. Debemos entender que a través de toda la historia de la raza humana el pecado y la desobediencia contra Dios siempre han traído una maldición.

El primer ejemplo de la historia humana está en Génesis, capitulo 3 que narra cuando Satanás vino en forma de serpiente para tentar a Adán y Eva para llevarlo a la desobediencia. Cuando esta desobediencia fue descubierta y Dios la juzgó, esto es lo que Dios dijo y observe la repetición de la palabra “maldición”. Leemos Génesis capitulo 3, versículos 14, 16 y 17:

14 Y el Señor Dios dijo a la serpiente: «Por cuanto has hecho esto, Maldita serás más que todos los animales, Y más que todas las bestias del campo. Sobre tu vientre andarás, Y polvo comerás Todos los días de tu vida. Vemos que tan pronto entró el pecado en la raza humana fue seguido por la maldición. La maldición descendió sobre la serpiente, sobre la tierra y para Adán y Eva la consecuencia fue fatiga y dolor. Todos estos son los resultados de la maldición sobre el hombre por su pecado.

Así que vemos que tan pronto como el pecado entró en la raza humana, fue seguido por la maldición. La maldición descendió sobre la serpiente y sobre la tierra, y el resultado para Adán y Eva fue el trabajo y el dolor. Todo esto es el resultado de la maldición que el pecado trajo sobre el hombre.

Este principio de que, la desobediencia a Dios siempre trae una maldición está desarrollado principalmente en la ley de Moisés, en el capítulo 28 de Deuteronomio. Allí se presentan dos cosas opuestas. La primera es la bendición que vendrá sobre nosotros si caminamos en humildad y en obediencia a Dios. La segunda: las maldiciones que vendrán si caminamos en terquedad, orgullo y desobediencia a Dios. Estas dos alternativas se establecen muy claramente en los primeros dos versículos del capítulo 28 de Deuteronomio, Moisés dice,

1 Y sucederá que si obedeces diligentemente al Señor tu Dios, cuidando de cumplir todos Sus mandamientos que yo te mando hoy, el Señor tu Dios te pondrá en alto sobre todas las naciones de la tierra. 2 Y todas estas bendiciones vendrán sobre ti y te alcanzarán, si obedeces al Señor tu Dios

Note que cuando caminamos en obediencia no tenemos que perseguir las bendiciones de Dios. Si no que las bendiciones de Dios nos alcanzarán. La bendición resulta naturalmente de la obediencia a Dios. Dios ha ordenado el universo de acuerdo con esa ley. Luego en el versículo 15, Moisés presenta la otra cara del cuadro, los resultados de la desobediencia:

15 Pero sucederá que si no obedeces al Señor tu Dios, y no guardas todos Sus mandamientos y estatutos que hoy te ordeno, vendrán sobre ti todas estas maldiciones y te alcanzarán. (NBLA)

Luego sigue una lista larga y detallada de las maldiciones. Al estudiar este capítulo notamos que ambas, las bendiciones y las maldiciones cubren tres áreas básicas; espiritual, física, y material. Así mismo la obra completa de la redención por medio de Jesucristo también cubren estas tres áreas; espiritual, física y material.

En la tercera epístola de Juan, encontramos una imagen hermosa de la redención y de sus resultados; leemos en el segundo versículo con el que terminaremos hoy. Juan escribe esto a su amigo Gayo:

2 Amado, ruego que seas prosperado en todo así como prospera tu alma, y que tengas buena salud (NBLA)

La oración completa de Juan era que su amigo prosperara material y financieramente, que goce de buena salud aun así como prosperara su alma. Esas son las tres áreas; espiritual, física y material.

Nuestro tiempo por hoy a terminado pero regresaré mañana a la misma hora y por el resto de esta semana estaré explicando con mas detalle, el desarrollo de la redención en esas tres áreas; espiritual, física y material. Mañana trataré específicamente sobre los beneficios espirituales de la redención.

Como
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