Me alegro de estar con usted nuevamente para compartir más llaves para vivir con éxito, las que Dios ha puesto en mis manos a través de muchos años de experiencia personal y de ministerio cristiano. En mis charlas de esta semana he explicado la base de nuestra redención por medio de Cristo. Jesús llevó en la cruz todas las maldiciones de nuestra desobediencia para darnos las bendiciones que El merecía por su obediencia.

En mis últimas dos charlas he explicado las bendiciones que Cristo nos ha dado en el ámbito espiritual y físico. Hoy voy a tratar con las bendiciones que están disponibles para nosotros en el aspecto material. Voy a leer, una vez más Deuteronomio capítulo 28, el capítulo que describe completamente los dos opuestos. Primero las bendiciones que resultan de la obediencia y luego las maldiciones que resultan de la desobediencia. Recuerde lo que dije, el asunto decisivo es si, escuchamos o no la voz de Dios y la obedecemos o no escuchamos la voz de Dios. Si escuchamos trae bendiciones, no escuchar la voz del Señor trae maldiciones.

Hoy vamos a ver específicamente las bendiciones y las maldiciones en el aspecto material. Primero veamos las bendiciones prometidas por la obediencia. Estas son muchas realmente, no es posible para mi entrar en detalle con cada una en esta charla. Pero en Deuteronomio, capitulo 28, versículos 3 y 4, Moisés dice:

3 Bendito serás en la ciudad, y bendito serás en el campo. 4 Bendito el fruto de tu vientre, el producto tu suelo, el fruto de tu ganado, el aumento de tus vacas y las crías de tus ovejas. Esas eran las posesiones materiales básicas del pueblo de Israel como una comunidad agrícola. Versículo dice 5, “benditas serán tu canasta y tu artesa”, En nuestros días podríamos decir el canasto de las compras y la cartera. Estas serán benditas. El versículo 8: El Señor mandará…Me gusta lo que dice aquí, que el Señor ordenará que la bendición sea sobre nosotros, Y continua… mandará que la bendición sea contigo en tus graneros y en todo aquello en que pongas tu mano, y te bendecirá en la tierra que el Señor tu Dios te da. No deja fuera nada de lo que emprendamos, “todo aquello en que pongas tu mano” será bendecido. Continuamos con Deuteronomio 28:1111 »El Señor te hará abundar en bienes, en el fruto de tu vientre, en el fruto de tu ganado y en el producto de tu suelo, en la tierra que el Señor juró a tus padres que te daría.  (NBLA)

Note esa frase, “El Señor te hará abundar en bienes”. Abundar en bienes es una bendición que viene cuando se escucha y obedece la voz de Dios.

Moisés vuelve brevemente al mismo tema en el capítulo 29 de Deuteronomio, versículo 9 y esto es lo que dice al pueblo de Israel:

9 Guarden, pues, las palabras de este pacto y pónganlas en práctica, para que prosperen en todo lo que hagan. (NBLA)

Guardar las palabras del pacto de Dios es la raíz para prosperar en todo lo que hacemos. Eso no da lugar para el fracaso ni la frustración en ninguna área de nuestras vidas. Esas son las bendiciones.

Ahora veamos las maldiciones materiales por la desobediencia, volvamos a Deuteronomio capítulo 28, versículo 29.

“y andarás a tientas a mediodía como el ciego anda a tientas en la oscuridad. Puede ver que allí hay una incapacidad total para encontrar el camino correcto de la vida, Y no serás prosperado en tus caminos;

Así como abundar en bienes es una bendición, por el otro lado no prosperar en nuestros caminos es una maldición. Nuevamente, Moisés dice de un amanera más completa y clara, leemos los versículos 47 y 48 y aquí la bendición y la maldición se colocan lado a lado.

47 Por cuanto no serviste al Señor tu Dios con alegría y con gozo de corazón, cuando tenías la abundancia de todas las cosas, Observe, la voluntad de Dios es esa. El resultado de la obediencia es que sirvamos a Dios con alegría y gozo de corazón por la abundancia de todas las cosas. La abundancia es la obra de la obediencia. Sin embargo, la alternativa, que es horrible, está en el versículo 4848 por tanto servirás a tus enemigos, los cuales el Señor enviará contra ti: en hambre, en sed, en desnudez y en escasez de todas las cosas. Él pondrá yugo de hierro sobre tu cuello hasta que te haya destruido.

No se podría tener las dos alternativas más claramente expuestas en esos dos versículos. Los resultados de la obediencia, abundancia de todas las cosas, sirviendo a Dios con alegría y gozo de corazón. Los resultados de la desobediencia: no servimos al Señor sino a nuestros enemigos con hambre, con sed, con desnudes y la falta de todas las cosas.

Al meditar en esas palabras me di cuenta de que esa es la descripción de la pobreza absoluta. Una persona que tiene hambre no tiene que comer; si está sedienta, no tiene que tomar, desnudo, no tiene ropa y le falta todas las cosas. Esa es una persona en una condición de pobreza absoluta. Es casi imposible imaginarse un cuadro de mayor pobreza que ese. Hambre, sed, desnudez y falta de todas las cosas. Lo importante es ver que la pobreza es una maldición. No es una característica de la santidad. Si se necesita de la pobreza para que seamos santos entonces me pregunto, que tan santos somos realmente. La pobreza es una maldición. No le pertenece al pueblo de Dios. Que alegría y alivio vino a mi alma cuando vi esto claramente, que la pobreza no es para los hijos de Dios. No es para el pueblo redimido de Dios. La voluntad de Dios para su pueblo redimido es la abundancia para que le sirvamos con alegría y con gozo de corazón.

Este entendimiento sobre las bendiciones materiales debido a la obediencia y las maldiciones materiales por la desobediencia me fue revelado de una manera muy real, de una manera que nunca olvidaré. Hace muchos años en Nueva Zelanda yo estaba enseñando sobre la provisión financiera de Dios para su pueblo. Tenía mi bosquejo y lo estaba siguiendo bien pero mientras hablaba venía a mi mente algo que nunca había visto antes. Veía a Jesús en la cruz, en expiación por nuestros pecados. Al desarrollar el contenido de la maldición sobre la pobreza, el hambre, sed, la desnudez y falta de todas las cosas, fue como si el Espíritu Santo estuviera apuntando a Jesús en la cruz y mostrándome que cada una de esas condiciones de pobreza total, se cumplieron en la persona de Jesús. Él tubo hambre no había comido en casi veinte cuatro horas, tubo sed, una de sus últimas frases en la cruz fue, “tengo sed”. Estaba desnudo y no permita que ningún cuadro religioso bonito lo engañe con respecto a eso. Las Escrituras dicen que los soldados que llevaron a cabo su ejecución le quitaron toda su ropa y se repartieron entre ellos. Estaba desnudo. Le faltaban todas las cosas. No tenía nada. Fue sepultado en un manto y una tumba prestadas. El literalmente no tenía nada.

Y al predicar a esa congregación en Nueva Zelanda aún seguía mis notas, pero simultáneamente el Espíritu Santo me estaba enseñando algo en mi espíritu y en mi mente, algo que ha quedado conmigo desde entonces. No puedo olvidar esa imagen de Jesús colgado en la cruz. El espíritu Santo me mostró por que Jesús tuvo hambre, sed, por qué estaba desnudo y por qué le faltaban todas las cosas. La razón y tuvo que ser así, es que Él agotó por nosotros la maldición de la pobreza. Él llevó la maldición de una vez y para siempre, para que usted y yo creyentes redimidos por la sangre de Jesús, no tuviésemos que llevar ese yugo de hierro, esa maldición de la pobreza, que no es el resultado de la bendición y la obediencia, sino es el resultado de la desobediencia. Gracias a Dios, aunque todos hemos sido desobedientes Jesús llevó los pecados de todos, nuestra rebelión y todas sus consecuencias malignas incluyendo la pobreza cayeron sobre Jesús cuando Él fue colgado en la cruz.

Este intercambio se resume muy claramente en el Nuevo Testamento. En Segunda de Corintios, capítulo 8 y 9 vemos los dos aspectos del intercambio en la esfera material. Pablo dice en Segunda Corintios 8-9

9 Porque conocen la gracia de nuestro Señor Jesucristo, que siendo rico, sin embargo por amor a ustedes se hizo pobre, para que por medio de Su pobreza ustedes llegaran a ser ricos. (NBLA)

¿Cuál es el intercambio allí? Está muy claro. Jesús llevó nuestra pobreza en la cruz para que nosotros tuviésemos acceso a su riqueza y abundancia. Y es por gracia. La gracia solo viene por medio de Jesucristo. La gracia no puede merecerse. La gracia solo se recibe por fe.

El lado opuesto del intercambio está en Segunda Corintios 9:8

8 Y Dios puede hacer que toda gracia abunde para ustedes, a fin de que teniendo siempre todo lo suficiente en todas las cosas, abunden para toda buena obra.

Este versículo en el griego original es asombroso. La palabra “abundar” aparece dos veces y la palabra “todo” se encuentra cuatro veces en ese versículo. Todo lo que dice es que Jesús lo consiguió para nosotros. El agotó la maldición de la pobreza para que nosotros heredásemos las bendiciones.

Diré nuevamente lo que dije al principio de esta charla. En ese hermoso versículo de 3ra de Juan versículo 2 se resume las bendiciones que Jesús nos ha dado en estas tres áreas; espiritual, física y material, dice así:

2 Amado, ruego que seas prosperado en todo Eso es lo material …así como prospera tu alma, Es la parte espiritual …y que tengas buena salud. (NBLA)Eso es lo físico,

Recuerde que esa es la voluntad de Dios. Esa es su herencia.

Nuestro tiempo por hoy ha terminado regresaré la próxima semana, de lunes a viernes a esta misma hora para continuar con este tema, “Reclamando nuestra herencia”. Estaré explicando los principios prácticos que son clave para reclamar todas las bendiciones que Jesús nos ha dado.

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