Me alegro de estar con usted nuevamente para compartir algunas llaves para vivir con éxito, que Dios ha puesto en mis manos a través de muchos años de experiencia personal y de ministerio cristiano.

Ayer vimos el cuadro de Israel entrando en la herencia que Dios le había prometido bajo el liderazgo de Josué. Notamos que esto nos da un maravilloso patrón como cristianos, para entrar en nuestra herencia en Cristo. Expliqué que hay un paralelo muy simple y claro entre los dos Testamentos. El nombre Josué en hebreo es el mismo en forma que el nombre Jesús, Josué, Joshua. Así que tenemos esta parábola. En el Antiguo Testamento, bajo un líder llamado Josué, Dios llevó a su pueblo a la tierra prometida. En el Nuevo Testamento bajo un líder llamado Jesús, Dios guío a su pueblo a la tierra de promesas.

Hoy desarrollaré todo el contenido de nuestra herencia, que se nos fue dada a través de todas las promesas de Dios. El pasaje clave que nos revela esto se encuentra en segunda Corintios 1:20. Anote esta cita, Segunda Corintios 1:20. Tiene mucho que decirnos. Existen varias maneras de traducir este versículo porque el lenguaje original en el Griego del Nuevo Testamento es tan resumido que es difícil traducirlo. Leeré de dos versiones. Primero Leeré de la versión Reina Valera, 1960 que es muy hermosa y dice:

“porque todas las promesas de Dios, son en él Jesús, Sí en él amen, por medio de nosotros para la gloria de Dios.

Ahora leeré de la versión bíblica Nueva Versión Internacional que también es una traducción poderosa de este versículo en particular:

20 Todas las promesas que ha hecho Dios son «sí» en Cristo. Así que por medio de Cristo respondemos «amén» para la gloria de Dios.

Leeré esa última oración otra vez. Así que por medio de Cristo respondemos «amén» para la gloria de Dios. En cualquiera de las dos versiones que sigamos, ambas son buenas. Hay ciertos puntos muy importantes que surgen y se lo explicaré. Primero, dice “todas las promesas de Dios”. Todas las promesas de Dios son para nosotros. No solo algunas de ellas, sino, todas las promesas de Dios. Esa es nuestra herencia.

Segundo, está en el tiempo presente. Todas las promesas de Dios son: Sí y Amen. No está en el pasado. No están en el futuro. Algunas personas tienen una lamentable manera de interpretar las Escrituras, que en esta era presente nos roba prácticamente de todo lo que vale la pena tener. “Los milagros fueron para el pasado, la prosperidad para el milenio”. Mientras estamos colgado de algo que apenas nos sostiene con vida. Eso no es lo que dice este pasaje. No nos dice que es algo del pasado. Tampoco dice que es algo del futuro. Dice que son para hoy y ahora. Esa es nuestra herencia para hoy. Y son todas las promesas de Dios. Luego dice que son “Sí” en Cristo.

Indiqué esta semana, que solo hay una fuente y es Dios. Solo hay un canal y ese es Jesús. No hay ninguna otra manera para que estas cosas vengan a nosotros sino de Dios por medio de Jesús. Son “Sí”, y ¡eso es muy rotundo! Dios no hace promesas y luego cambia de opinión. No nos dice “haré esto” y luego cuando usted lo busca Él le dice: “bueno, bueno en realidad después de todo no lo haré”. Este es uno de los versículos más rotundos y positivos de la Biblia. Todas las promesas son en Dios “Sí”, es un “Sí” simple, claro y rotundo. Dios dice: “lo prometí y cumpliré lo que he prometido”.

Sin embargo, tenemos que agregarle algo al “Sí” de Dios, en la Biblia dice, “Así que por medio de Cristo respondemos «amén» para la gloria de Dios”. Yo creo que este es una imagen vívida. Encuentra la promesa y dice, ¿Dios en realidad quiso decir eso?, y Dios dice, ¡Sí así es! Pero para apropiarnos, debemos responder con nuestro “amén”. La palabra “amén” significa “así sea”. Así que cuando Dios dice “Sí”, nos apropiamos de él con nuestro “amén”. Nuestro amén hace que la promesa sea nuestra en ese momento y en esa situación.

El siguiente punto es que todo “respondemos”, me alegro por esta palabra. Esto significa Usted y Yo, personas comunes. No habla de los apóstoles o de grandes predicadores o de evangelistas o misioneros o grandes santos del pasado. Todas las promesas de Dios están a nuestra disposición para personas como usted y yo, aquí y ahora.

El otro punto que debemos ver es que son “para la gloria de Dios”. El propósito principal de toda existencia es glorificar a Dios y él ha arreglado las promesas que nos dio para que cuando nos apropiemos de ellas, por fe, le glorifiquemos. Cuanto más nos apropiamos de las promesas de Dios, tanto más le glorificamos. Tenemos dos alternativas, incredulidad, que le roba la gloria a Dios, o la fe que le da la gloria que Dios merece. Romanos 3-23 dice: (RV1960)

Por cuanto todos pecaron y están destituidos de la gloria de Dios

La naturaleza esencial del pecado es que le roba a Dios la gloria que Él se merece. Por otro lado en Romanos 4 tenemos el patrón de Abraham que es presentado como el padre de los creyentes, esto es lo que Pablo dice de Abraham en Romanos 4:20 y 21

20 Ante la promesa de Dios no vaciló como un incrédulo, sino que se reafirmó en su fe y dio gloria a Dios, 21 plenamente convencido de que Dios tenía poder para cumplir lo que había prometido,

Note la convicción de Abraham que si Dios había prometido algo, Él tenía el poder para cumplirlo. El no titubeó simplemente respondió al “Sí“ de Dios con su “amén”, y así le dio la gloria a Dios. Así que reclamar, las promesas de Dios con fe, le da la gloria a Él, pero la incredulidad le roba a Dios la gloria que él merece.

Alguien calculó que en la Biblia hay unas 8.000 promesas de Dios y todas están a nuestra disposición pero no necesitamos todas las promesas de una sola vez. En cierto momento necesitamos poner nuestros pies sobre una promesa en particular que representa la provisión de Dios para nuestra necesidad, en esa situación determinada. He explicado 2 Corintios 1:20, RV1960 porque todas las promesas de Dios, son en él Jesús, Sí en él amen, por medio de nosotros para la gloria de Dios. También, la Nueva Versión Internacional: 20 Todas las promesas que ha hecho Dios son «sí» en Cristo. Así que por medio de Cristo respondemos «amén» para la gloria de Dios. De esa manera, a través de Cristo nosotros respondemos “Amén” para la gloria de Dios. Así que la manera en que yo resumo Segunda de Corintios 1:20 es, cualquier promesa que se ajuste a mi situación y que supla mi necesidad es para mí ahora. Recuerde que el objetivo principal es darle la gloria a Dios, todas las promesas son para la gloria de Dios.

Ahora quiero señalar algo que muchos cristianos pasan por alto. La mayoría de las promesas de Dios son condicionales. En otras palabras, en la mayoría de los casos, pero no en todos, cuando Dios da una promesa Él dice a su pueblo, “si haces esto entonces, yo te doy lo prometido”. No tenemos ningún derecho de reclamar la promesa si no cumplimos primero con la condición.

Un buen ejemplo de esto son las promesas de bendición de las que hablaba la semana pasada. Encontré en Deuteronomio 28 una lista muy grande de bendiciones, pero necesitamos recordar que la condición principal es: “si oyeres o si obedeces diligentemente al Señor tu Dios”. Así que si no escuchamos atentamente la voz de Dios no tenemos ningún derecho para reclamar esas bendiciones. Debemos cumplir las condiciones de Dios.

La otra cosa que debemos ver, y esto es también muy importante, es que, el cumplimiento de las promesas de Dios no depende de nuestras circunstancias, sino, de cumplir con las condiciones de Dios. Tenemos que mantener nuestros ojos en las condiciones, asegúrese de que cumplimos con ellas. No tenemos que ser influenciados por las circunstancias. Lo que a menudo le sucede al pueblo de Dios, es que, un creyente encuentra una promesa que necesita y la empieza a proclamar y al mirar su circunstancia y la ve desfavorable. Entonces más o menos él concluye, “bueno es cierto, Dios hizo esa promesa, pero en esta situación no la puede cumplir”. Eso está totalmente equivocado, allí es donde muchos pierden su herencia.

Regresemos al ejemplo de Abraham. Dios le había prometido un hijo propio, quien sería su heredero. llegó a la edad de 99 años y aun no tenía el hijo. Intentó por sí mismo y el resultado fue Ismael, quien no sería el heredero. ¿Por qué espero Dios a que Abraham llegue a los 99 años para cumplir su promesa? Creo que hay dos razones prácticas. Por supuesto que puede haber muchas más. Primero, porque así, tenemos que ser despojados de toda confianza en nosotros mismos. Llegamos a un punto, en que sabemos que si va a ser hecho, Dios es quien tiene que hacerlo. A este punto llegó Abraham. Desde el punto de vista de la procreación, él sabía que su cuerpo estaba muerto. El sabía que Sara era estéril, sabía que no había ninguna manera natural para que se cumpliera la promesa. Por lo tanto, tuvo que enfocarse exclusivamente en Dios. No había nadie más que pudiera hacerlo, solamente Dios.

La segunda razón es que, cuando todo esto sucede, toda la gloria es para Dios. Recuerde que ese es el propósito de las promesas, que Dios sea glorificado. Cuando hay una posibilidad de que podemos hacerlo con nuestro propio esfuerzo tal vez tomemos algún crédito por ello, pero cuando llegamos al punto en que no lo podemos hacer por nosotros mismos, es que hemos agotado nuestra confianza en nosotros mismos, entonces la gloria verdaderamente es para Dios.

Nuestro tiempo por hoy ha terminado, regresaré la próxima semana de lunes a viernes a la misma hora. Nuestro siguiente tema será, “Como caminar por la tierra de las promesas de Dios”. Consideraré varias necesidades o problemas específicos que a menudo surgen en nuestras vidas, y le mostraré como localizar y apropiarse a las promesas de Dios que se ajustan a su situación en particular.

Mantengase atento ahora para algunos anuncios importantes. En particular, cómo pueden obtener una copia de mi libro, El Bautismo en el Espíritu Santo. Este libro explica lo que se entiende por "la promesa del Espíritu". Les muestra cómo apropiarte de la ayuda y el poder del Espíritu Santo para reclamar su herencia.

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