Me alegro de estar con usted hoy para continuar explorando juntos la herencia ilimitada que Dios nos ha dado en las promesas de Su palabra.

El problema que trataré en mi charla de hoy es básico para toda nuestra vida espiritual: El problema del pecado.Al ser confrontado con el hecho del pecado ¿Cómo podemos estar seguros de que Dios nos va a perdonar?

Primero, enfrentemos el hecho del pecado. Toda la Biblia es muy clara con respecto a este hecho, no hay nadie que no ha pecado, esto se aplica a personas de todas las razas, todos los credos, todos los trasfondos, es algo que todos tenemos en común. Salomón dice en Primera de Reyes, capitulo 8, versículo 46:

…No hay hombre que no peque.

En Isaías 53:6, el profeta dice:

todos nosotros nos descarriamos como ovejas, Nos apartamos cada cual por su camino.

Note que enfáticas son estas palabras, “Todos nosotros” y “… cada cual”.

Todos nosotros nos descarriamos y nos apartamos cada cual por su camino. Note la esencia de descarriarse, no es necesariamente que todos hayamos cometido un pecado atroz, como homicidio o adulterio, pero hay una cosa en común que todos hemos hecho, todos hemos sido obstinados y desobedientes a Dios, nos hemos apartado por nuestro camino que no es el de Dios.

Y en el Nuevo Testamento Pablo dice en Romanos 3:23 (NBLA)

23 por cuanto todos pecaron y no alcanzan la gloria de Dios.

Vemos nuevamente que la esencia del pecado no es nuevamente algún pecado terrible, sino, no alcanzar la gloria de Dios. Necesitamos entender la verdadera naturaleza y esencia del pecado. Yo definiría el pecado como el fracaso de lo que tenemos que rendir cuentas. Al no vivir de acuerdo con las leyes de Dios hemos fallado. Es el fracaso al no cumplir con el propósito con el que Dios nos ha creado. Es fallar al no vivir con los requisitos de Dios para nosotros. Dios nos creó para que tuviésemos el indescriptible privilegio de vivir para su gloria, de darle gloria a El, a nuestro creador. Cuando pecamos le robamos la gloria a Dios y fracasamos en el cumplimiento de la función para lo que fuimos creados.

Creo que podemos definir el pecado, como un fracaso de cumplir la función para la cual fuimos creados por Dios. Pero debemos agregar que es un fracaso de lo vamos a rendir cuenta. No podemos excusarnos diciendo que no pudimos evitarlo. Somos responsables por nuestro pecado.

Veamos ahora la prognosis del pecado, prognosis es un término médico, este significa que cuando usted tiene una enfermedad, primero el doctor se lo diagnostica y le informa el curso de la enfermedad. La prognosis del pecado en la Biblia es muy clara. No hay duda de cómo se va a comportar la enfermedad, Pablo dice en Romanos 6:23 (NBLA):

23 Porque la paga del pecado es muerte

En otras palabras, nuestra paga es lo que recibimos por lo que hacemos, y lo que todos hemos ganado por los pecados cometidos es la muerte. Eso está claro, enfática, simple e innegablemente. Es una ley.

Santiago dice en el capítulo 1, versículos 13 al 15 (NBLA):

13 Que nadie diga cuando es tentado: «Soy tentado por Dios». Porque Dios no puede ser tentado por el mal y Él mismo no tienta a nadie. 14 Sino que cada uno es tentado cuando es llevado y seducido por su propia pasión. 15 Después, cuando la pasión ha concebido, da a luz el pecado; y cuando el pecado es consumado, engendra la muerte.

Santiago cierra muy cuidadosamente la puerta a quienes quieran echarle la culpa a Dios por nuestras malas acciones. El dice, “Dios no puede ser tentado por el mal y Él mismo no tienta a nadie. Sino que cada uno es tentado cuando es llevado y seducido por su propia pasión”.  Luego la prognosis está en ese mismo capítulo, el versículo 15. Santiago dice:

15 Después, cuando la pasión ha concebido, da a luz el pecado; y cuando el pecado es consumado, engendra la muerte. (NBLA)

Hay un orden progresivo. Cuando cedemos a la concupiscencia, que es el deseo perverso, eso produce pecado, y si continuamos en pecado eso produce muerte. Y debo advertirle con toda honestidad que la muerte no solo es física, sino es la condición de una separación de Dios para siempre; si llegamos a ese punto. Entonces no hay manera de volver atrás. Esa es la prognosis. La concupiscencia (ese deseo perverso) produce pecado, y el pecado si deja que continue su curso, trae la muerte.

Veamos por un momento la carga del pecado. Está descrita muy vívidamente en los Salmos de David, él fue un hombre justo de corazón, pero supo lo que era fallar y pecar atrozmente, pero también arrepentirse y volver a encontrar la misericordia de Dios. Esto es lo que dice David en el Salmo 32, versículos del 3-5:

3 Mientras callé mi pecado, mi cuerpo se consumióCon mi gemir durante todo el día.4 Porque día y noche Tu mano pesaba sobre mí;Mi vitalidad se desvanecía con el calor del verano.  5 Te manifesté mi pecado,Y no encubrí mi iniquidad.Dije: «Confesaré mis transgresiones al Señor»;Y Tú perdonaste la culpa de mi pecado.

Gracias a Dios por esa última frase, Tú perdonaste la culpa de mi pecado. Pero note lo que le sucedió a David, antes de confesar su pecado, él dijo: “mi cuerpo se consumió con mi gemir durante todo el día”. El pecado provocó un impacto en todo su ser. Y en el Salmo 38 versículos 3 y 4, David le dice a Dios:

3 Por causa de tu indignación  no hay nada sano en mi cuerpo;por causa de mi pecado  mis huesos no hallan descanso.4 Mis maldades me abruman,   son una carga demasiado pesada. (NVI)

¿Se siente así en este momento? Que su pecado es su culpa ¿Es una carga muy pesada para llevar? Si es así, hay una manera en que puede ser liberado para siempre de esa carga y esa culpa.

Hemos considerado la realidad del pecado, la prognosis y la carga del pecado. Ahora veamos las buenas nuevas. Veamos las promesas de Dios, para perdonar; solo voy a ver dos promesas específicas, una del Antiguo Testamento y la otra del nuevo. Proverbios 28:13 dice:

13 Quien encubre su pecado jamás prospera; quien lo confiesa y lo deja halla perdón.

Eso es exactamente lo opuesto a la promesa que Dios le dio a Josué que vimos en mi charla de ayer; Dios le dijo que: “…cuides de hacer todo lo que te digo. Porque entonces harás prosperar tu camino y tendrás éxito”. Una barrera inevitable para la verdadera prosperidad es el pecado, al guardar y no confesar ni tampoco renunciarlo; “el que encubre sus pecados jamás prospera”, recuerde eso es muy importante, pero quien lo confiesa y “lo deja halla perdón, allí está la promesa de misericordia de Dios”.

Allí están las promesas de la misericordia de Dios cuando hacemos dos cosas. ¿Cuáles son? Primero, confesar; Segundo, renunciar o apartarse.

Dios requiere que reconozcamos honestamente los pecados que hemos cometido. He conocido a personas que piensan que si no le dicen a Dios sus pecados, Él nunca se va a dar cuenta. Eso es ridículo. Dios no nos pide que confesemos nuestros pecados para Su beneficio, sino para nuestro beneficio, porque cuando los confesamos, cuando no ocultamos nada, honesta y humildemente ante Dios; abrimos el camino para que Dios trate con el pecado y nos libere de él. Pero mientras nos aferremos a él y lo tratemos de esconder, no hay manera de que Dios pueda ayudarnos ni tratar con nuestro pecado.

Segundo, tenemos que apartarnos del pecado. Debemos soltarlo. Tenemos que renunciar a él. Tenemos que decidir que ya no queremos seguir viviendo de esa manera, y seguir cometiendo pecado de esa clase. Esta es una decisión de la voluntad y la voluntad está involucrada en esta transacción con Dios. Si no tomamos una decisión definitiva dentro de los límites que Dios ha establecido para nosotros, entonces no podremos experimentar la misericordia de Dios.

La otra promesa está en el Nuevo Testamento en la Primera epístola de Juan capítulo 1, versículo 9:

9 Si confesamos nuestros pecados, Dios, que es fiel y justo, nos los perdonará y nos limpiará de toda maldad.

Dios requiere nuevamente que confesemos nuestros pecados. Y cuando cumplimos esa condición, la Escritura nos dice dos cosas, que Dios es fiel y justo. Debemos ver esas dos cosas juntas. Estos están interrelacionados. Dios es fiel para perdonarnos, porque así lo ha prometido, y Dios nunca se retractará de sus promesas si cumplimos con sus condiciones. También es justo para perdonarnos porque ya puso sobre Jesús el castigo por todos nuestros pecados. Cuando Jesús murió en la cruz, pagó el precio final y total por los pecados de toda la raza humana. Por lo tanto, si cumplimos las condiciones de Dios, si confesamos, nos arrepentimos y nos volvemos a Dios, El podrá perdonarnos total y completamente sin comprometer su propia justicia divina.

Entonces ¿qué debemos hacer? Se lo resumiré muy clara y sencillamente. Debemos hacer tres cosas. Tenemos que confesar nuestros pecados, tenemos que renunciar a nuestros pecados; y luego por fe recibir el perdón de Dios. Tenemos que creer que Dios hará lo que ha prometido. Lo repetiré: confesar, renunciar y recibir el perdón de Dios.

Nuestro tiempo por hoy ha terminado. Regresaré mañana, para tratar otro asunto muy importante de la vida: Como llegar a ser un hijo de Dios.

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