Me alegro de estar nuevamente con usted para compartir las llaves para vivir con éxito que Dios ha puesto en mis manos a través de muchos años de experiencia personal y de ministerio cristiano.

Ayer tratamos sobre la sanidad y la salud, expliqué que el gran fundamento para la sanidad y la salud está provisto en la misma Palabra de Dios, las Escrituras.

Hoy voy a considerar otra provisión de Dios en esta área de la sanidad y la salud; otra manera en que Dios trae sanidad para su pueblo. Esta manera no es muy común en toda la familia de Dios como debería serlo, porque es muy importante y se encuentra claramente en las Escrituras. Leamos en la epístola de Santiago capítulo 5, versículo 13 al 16:

13 ¿Está afligido alguno entre ustedes? Que ore. ¿Está alguno de buen ánimo? Que cante alabanzas. 14 ¿Está enfermo alguno de ustedes? Haga llamar a los ancianos de la iglesia para que oren por él y lo unjan con aceite en el nombre del Señor.

Santiago describe tres diferentes situaciones que podremos enfrentar: afligidos, la respuesta es orar; alegre o de buen ánimo, la respuesta es cantar alabanzas; enfermo ¿Cuál es la respuesta? Llamar al doctor. Eso no nos dice la Escritura. Lo que dice allí es, “llamar a los ancianos de la iglesia”. Me pregunto cuántos miles y miles de personas hay en el pueblo de Dios que cuando se enferman ni siquiera están conscientes que hay una Escritura que habla de: “Llamar a los ancianos de la iglesia”.

Ahora permítame decirles que yo creo firmemente en el servicio que los doctores prestan a la humanidad y no hay nada absolutamente malo en llamar al doctor. Doy gracias a Dios por el ministerio de los doctores, las enfermeras, los hospitales y por todos los que genuinamente se ocupan de las necesidades de la humanidad enferma. No está mal llamar al doctor; lo que está mal es no llamar a los ancianos de la iglesia; porque está claramente escrito: “¿Está enfermo alguno de ustedes? Haga llamar a los ancianos de la iglesia para que oren por él y lo unjan con aceite en el nombre del Señor”

Quizá Ud. piense que ya eso pasó de moda, pero este pensamiento es inconsistente porque hay tres cosas que se nos dice que debemos hacer: - Si estamos afligidos: orar. -Si estamos alegres: cantar alabanzas. -Si estamos enfermos: “llamar a los ancianos de la iglesia”. ¿Están las otras dos fuera de moda? ¿Está fuera de moda orar?, ¿está fuera de moda cantar alabazas? Si la respuesta es no. Entonces ¿Por qué estará fuera de moda llamar a los ancianos de la iglesia?

Bien los ancianos de la iglesia deben venir para ungir con aceite en el nombre del Señor ¿Qué pasará? ¿Cuál es la promesa?

15 La oración de fe sanará al enfermo y el Señor lo levantará. Y, si ha pecado, su pecado se le perdonará. 16 Por eso, confiésense unos a otros sus pecados, y oren unos por otros, para que sean sanados. La oración del justo es poderosa y eficaz.

Donde dice:” La oración de fe sanará al enfermo y el Señor lo levantará”. La traducción literal es: “La oración de fe, salvará al enfermo”. Es importante ver que la palabra “salvar”, se usa en el Nuevo Testamento, para incluir toda la provisión de Dios, que viene por medio de la fe en Jesucristo. Se usa para liberación de las almas del pecado, para liberación de nuestros cuerpos de la enfermedad, y para muchas otras provisiones de la misericordia de Dios. Salvación, es la palabra que lo incluye todo, eso significa: Sanar al enfermo. Por supuesto que sanar al enfermo es una traducción correcta, pero es importante saber que la palabra original es: Salvar.

Bien ¿Cuál es la promesa en este pasaje que hemos leído? La oración hecha con una base correcta y en fe traerá sanidad a cualquier creyente que lo necesite. No hay limitación del número de creyentes o de la clase de creyentes, solamente dice: ¿Está alguno enfermo? No hay otra declaración, no se limita a enfermedades leves o graves, o de mucho tiempo. Si cumplimos las condiciones, Dios levantará al enfermo. Esa es la promesa.

Ahora veamos, ¿cuáles son las condiciones? hay varias y deberíamos verlas detenidamente: Primero, el enfermo está obligado a llamar a los ancianos de la iglesia. Segundo, los ancianos están obligados a orar por él, y ungir con aceite en el nombre del Señor. Y están obligados a orar en fe. Detrás de esto podemos ver otras implicaciones. Por ejemplo, se asume que el enfermo sea miembro de una asamblea o una iglesia que tenga ancianos reconocidos. Muchas personas no cumplen con esa condición, pero en todo el Nuevo Testamento se asume que bajo condiciones normales todo creyente esté asociado con una iglesia, comunidad o asamblea; y que esa iglesia tenga ancianos capaces de cumplir con esa función.

Tercero, se implica que los ancianos conozcan su responsabilidad bíblica y sean capaces de orar en fe. Eso se entiende. Por supuesto que se necesita estar en orden para cumplir con todas las condiciones. Bien el enfermo debe llamar a los ancianos de la iglesia, los ancianos de la iglesia deben ungir al enfermo con aceite, en el nombre del Señor y orar por él.

Quizá se pregunte ¿por qué tiene que ungirlo con aceite? Permítame decirle dos cosas. Primero ungir con aceite era una práctica establecida en el pueblo de Dios, hace muchos siglos. No era nada nuevo. Fue algo que se pasó del Antiguo Testamento al Nuevo. Siempre fue una parte de la herencia del pueblo de Dios ¿Por qué aceite? Por supuesto que la palabra se refiere al aceite de oliva, que ha sido siempre, un tipo o imagen del Espíritu Santo. El significado de ungir con aceite es que los ancianos reclaman la promesa de Dios de que el Espíritu Santo ministrará vida y salud al cuerpo enfermo del hijo de Dios. Esto está de acuerdo con lo que dice Pablo, en Romanos 8:11

11 Pero si el Espíritu de Aquel que resucitó a Jesús de entre los muertos habita en ustedes, el mismo que resucitó a Cristo Jesús de entre los muertos, también dará vida a sus cuerpos mortales por medio de Su Espíritu que habita en ustedes.

Una de los grandes ministerios del Espíritu Santo es dar vida a los cuerpos mortales del pueblo de Dios, y por eso es que el enfermo es ungido con aceite. El aceite es un tipo o figura del Espíritu Santo. El acto de obediencia y fe es una manera de liberar el poder del Espíritu Santo en ese creyente para que ministre vida en su cuerpo, para echar fuera la enfermedad y devolverle su salud.

Entonces vemos también que, si el creyente que está enfermo tiene pecado, tiene que confesarlo a los ancianos que oran por él. ¿Por qué tiene que confesar esta persona sus pecados? La respuesta es que el pecado sin confesar es una barrera para la oración, un estorbo para la misericordia de Dios en la vida del creyente. En el Salmo 66 versículos 18 y 19 dice:

18 Si en mi corazón hubiera yo abrigado maldad, el Señor no me habría escuchado; 19 pero Dios sí me ha escuchado, ha atendido a la voz de mi plegaria. (NVI)

Para que Dios atienda a la voz de nuestra súplica, tenemos que tener cuidado de no guardar pecado en el corazón. Si hay algo en el corazón y vida que no deba estar allí, antes de pedir oración y sanidad, debemos confesar nuestros pecados o los problemas, o cualquier cosa que sea, a quienes van a orar por nosotros, para asegurarnos de que Dios nos ha perdonado. Entonces sabemos que Dios oirá nuestras oraciones como dice el Salmista. También en Primera de Juan 3:21 al 22, dice:

21 Amados, si nuestro corazón no nos condena, confianza tenemos delante de Dios. 22 Y todo lo que pidamos lo recibimos de Él, porque guardamos Sus mandamientos y hacemos las cosas que son agradables delante de Él. (NBLA)

Vemos que, si hay condenación en el corazón, esta quita la confianza en Dios de que El contestará nuestras oraciones. Entonces, si hay pecado en su vida, confiéselo y asegúrese de recibir el perdón de Dios antes de pedir que oren por usted y lo unjan con aceite en el nombre de Jesús.

Ahora ¿Cómo cumplen los ancianos su parte? ¿Cómo pueden orar la oración de fe? Sugiero que hay una base triple para su fe: Primero, actúan en obediencia a la Palabra de Dios, hace lo que Dios requiere y la obediencia siempre abre el camino para las bendiciones de Dios. Si somos desobedientes es difícil orar en fe.

Segundo, los ancianos deben reconocer la provisión que Dios ya ha dado por medio de la muerte de Jesús. Por ejemplo, en Primera de Pedro 2:24 el apóstol dice:

24 Él mismo llevó nuestros pecados en Su cuerpo sobre la cruz, a fin de que muramos al pecado y vivamos a la justicia, porque por Sus heridas fueron ustedes sanados.

En un sentido la sanidad ya fue provista por medio de la muerte sustituta de Jesús en la cruz. No estamos pidiendo a Dios que haga algo nuevo o extraño. Estamos pidiendo algo que Dios ya nos proveyó por medio de la expiación de Jesús.

Tercero, al ungir con aceite, los ancianos liberan al Espíritu Santo, para que haga lo que solo Él puede hacer. El hombre en este sentido no sana. Dios es el sanador. Él siempre fue el sanador de su pueblo. Pero Dios sana cuando hacemos lo que Él requiere de nosotros.

Podemos decirlo de esta manera: nosotros hacemos lo posible, Dios hace lo imposible. Nosotros hacemos lo simple, Dios hace lo difícil. Lo simple es ungir con aceite y orar, cuando hacemos eso con una fe sencilla, entonces Dios hace lo difícil. Nosotros hacemos lo posible, Dios hace lo imposible.

Bueno nuestro tiempo de hoy terminó. Regresaré la próxima semana de lunes a viernes, cuando estaré compartiendo otro tema emocionante que abrirá aún más su entendimiento a la provisión que Dios tiene para usted.

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