Qué bueno es estar con usted nuevamente. Esta semana estamos estudiando a las dos personas más importantes del Nuevo Testamento. No obstante, con toda la importancia única de esas dos personas ni una sola vez se les menciona por sus nombres en el Nuevo Testamento. Se trata del hombre viejo y del hombre nuevo.

Ayer comenzamos nuestro estudio con el pasaje de Efesios 4:20 al 24, que lo voy a repetir hoy:

20 Pero ustedes no han aprendido a Cristo de esta manera. 21 Si en verdad lo oyeron y han sido enseñados en Él, conforme a la verdad que hay en Jesús, 22 que en cuanto a la anterior manera de vivir, ustedes se despojen del viejo hombre, que se corrompe según los deseos engañosos, 23 y que sean renovados en el espíritu de su mente, 24 y se vistan del nuevo hombre, el cual, en la semejanza de Dios, ha sido creado en la justicia y santidad de la verdad. (NBLA)

Nos enfocamos en el origen y la naturaleza del hombre viejo. En breve, lo que hemos dicho es que: El hombre viejo es el producto del engaño y la mentira de Satanás que contradice directamente a la Palabra de Dios. El engaño produce concupiscencia o lujuria. La lujuria es un deseo pervertido y rebelde. Deseos que son contrarios a la voluntad de Dios, y contrarios al bienestar de la persona que abriga esos deseos. La concupiscencia produce pecado y el pecado produce la muerte.

Ese es el orden del proceso degenerativo, el engaño, la concupiscencia y la muerte. Y la naturaleza producida de esta manera, la naturaleza del viejo yo tiene dos marcas que la distinguen. Primero, esta es corrompida espiritual, moral y físicamente, segundo, es un rebelde. Resumí diciendo: “que hay un rebelde en cada uno de nosotros”.

Hoy vamos a examinar la solución de Dios al problema del viejo hombre. Voy a recordarles, este es un problema que todos tenemos que enfrentar. Es un problema universal para toda la raza humana.

Primero, mencionaremos algunas cosas que no son la solución al problema. Podemos comenzar eliminando todas las que comienzan con el “auto…” o el “yo” introspectivo y que se multiplican a diario en la psicología o pensamientos contemporáneos, tales como la autodeterminación, autorrealización, autoexpresión, etc. porque todo eso es dar rienda suelta al “yo”, que es un rebelde. Por lo tanto, todas estas soluciones y otras similares que comienzan con “auto”, deja libre al rebelde para que este actúe. Hemos pasado por una generación que decidió que es incorrecto disciplinar y poner límites a los hijos y que se les debería permitir expresarse libremente. Creo que esa generación ha aprendido, tal vez demasiado tarde, de que lo que estaban haciendo era darle libertad a un rebelde.

Otra solución que no es de Dios es un sistema de leyes. Muchas personas piensan que la ley es la solución a los problemas del viejo yo. Pero el fracaso de Israel a quien se les fue dada la Ley de Moisés es una demostración que la ley no produce el resultado deseado. La razón no es porque haya algo incorrecto en la ley. La ley en si es buena, como dice Pablo en Romanos 7, pero la ley no puede cambiar al rebelde y todo lo que no cambia al rebelde no es una solución permanente.

La tercera cosa que no es la solución de Dios y esto podría sorprender a muchos, es la religión. Dios no manda al hombre viejo a la Iglesia o a la Escuela Dominical para que memorice versículos bíblicos y haga todo lo que se hace en la iglesia, cantar, orar y otras cosas. La religión es como un refrigerador, si me permite la expresión, y se lo voy a explicar. La religión puede disimular o detener momentáneamente la corrupción, pero no la puede cambiar. Es como un melón bien sabroso que se ve fresco y apetitoso, pero si lo dejamos por un tiempo, rápidamente se pudrirá porque el proceso de corrupción ya está operando en este. Se puede detener ese proceso de corrupción poniéndolo en el refrigerador, y allí estará fresco y atractivo por más tiempo, pero aún refrigerado finalmente se secará.

Enfrentar al ”hombre viejo” con la religión es como poner al melón en el refrigerador. La religión es una especie de refrigerador. Esta detiene por un tiempo el proceso de corrupción, disimula su operación, pero no lo puede cambiar.

Entonces, esas tres cosas no son la solución de Dios. Primero, todas esas tentativas de cambios descritos con esas palabras como autodeterminación, autorrealización, autoexpresión; segundo, tampoco funciona un sistema de leyes; tercero, ni la religión. Esos no funcionan porque ninguno puede cambiar la naturaleza del hombre viejo. No pueden cambiar al rebelde. El viejo yo es un árbol malo, y como dice Jesús en Mateo 7:17 al 19:

17 Así, todo árbol bueno da frutos buenos; pero el árbol malo da frutos malos. 18 Un árbol bueno no puede producir frutos malos, ni un árbol malo producir frutos buenos. 19 Todo árbol que no da buen fruto es cortado y echado al fuego.

El hombre viejo es como un árbol malo, no puede dar buen fruto, solo hay una solución, tiene que ser cortado y quemado. La Biblia dice que el árbol malo tiene que ser cortado.

En referencia al árbol malo, dijimos que la solución de Dios para terminar con el hombre viejo es que debe ser cortado. Usemos ahora el lenguaje que se aplique a los seres humanos. La solución de Dios para el hombre viejo se puede resumir en una sola palabra, “eliminar”. Dios no lleva al hombre viejo a la iglesia, al psiquiatra, o lo expone a la ley. Dios lo ejecuta/lo elimina. No existe ninguna otra solución para el rebelde. Pero la buena noticia del Evangelio es que la ejecución ya se llevó a cabo en Cristo. Esa es la clave verdadera para entender el mensaje del Evangelio. Es la manera que Dios trata con el viejo yo. La declaración en Romanos es muy vivida, en particular la versión bíblica Nueva Traducción Viviente. Pablo dice en Romanos 7: 24 y 25 (NTV):

24 ¡Soy un pobre desgraciado! [Ese es el hombre viejo] ¿Quién me libertará de esta vida dominada por el pecado y la muerte? 25 ¡Gracias a Dios! La respuesta está en Jesucristo nuestro Señor. Así que ya ven: en mi mente de verdad quiero obedecer la ley de Dios, pero a causa de mi naturaleza pecaminosa, soy esclavo del pecado. Luego exclama con gratitud: “¡Gracias a Dios! La respuesta está en Jesucristo nuestro Señor”. Jesús me libertó del viejo hombre con su naturaleza mortal pecadora.

¿De qué nos libertó Jesús? Veamos Romanos 6:6 (NVI):

6 Sabemos que…Primero voy a comentar sobre esto, el problema que muchos cristianos tienen es que no saben. Es un hecho bien claro en la Escritura, pero muchos cristianos no lo saben, ahora escuchen lo que sigue6 Sabemos que nuestra vieja naturaleza fue crucificada con él para que nuestro cuerpo pecaminoso perdiera su poder, de modo que ya no siguiéramos siendo esclavos del pecado;

Es la única manera de escapar de la esclavitud del pecado. Sabiendo que nuestro viejo yo, esa naturaleza mortal y pecadora fue crucificada con Cristo, el rebelde fue ejecutado con Cristo cuando El murió en la cruz. Nuestro viejo yo murió en la cruz con Jesús, es un hecho histórico.

Voy a compartir un breve testimonio personal para ilustrar esta realidad. Esto ocurrió muchos años atrás en la época de la Semana Santa, cuando estaba pensando en lo que esa semana significa, tenía en mi mente al Monte Calvario o Gólgota, con las tres cruces y la cruz bien prominente en el centro. Esa cruz estaba más elevada que las otras de los lados. Mientras tenía esta escena en mi mente, el Espíritu Santo me hizo esta pregunta: ¿Para quién fue preparada la cruz del centro? Luego, como si El me advirtiera, “pensé antes de contestar”.

Lo pensé bien y di esta respuesta; “la cruz del centro fue hecha para Barrabás”. Es un hecho que la cruz del centro era para ejecutar a Barrabás, pero en última instancia por la providencia divina se dio un intercambio y Jesús tomó el lugar de Barrabás.

Entonces el Espíritu Santo me dijo, “si la cruz del centro fue hecha para Barrabás y Jesús fue crucificado allí. Entonces Jesús tomo el lugar de Barrabás”

Yo respondí: Es cierto.

El Espíritu Santo continuó, “pero yo creí que Jesús había tomado su lugar”,

Respondí, si así es.

Luego Él añadió, “entonces tú debes ser Barrabás”.

En ese momento lo supe por revelación. Por eso nunca discuto con la gente respecto a esto, la Palabra lo declara muy bien, pero solo el Espíritu Santo le puede ayudar a ver que “usted es un criminal”. Su hombre viejo es un criminal, y la cruz fue hecha para él, según sus especificaciones. Está exactamente hecha para usted, donde usted debiera estar, donde yo debiera estar.

Pero en el mensaje glorioso del evangelio y la misericordia de Dios es: que en el último momento hubo un intercambio, Jesús tomó el lugar de Barrabás, Jesús tomó el lugar del hombre viejo. El hombre viejo fue crucificado con él. Es un hecho histórico. Sea que sepamos o no, lo creamos o no, nos afectará, pero no cambia el hecho que el remedio para el hombre viejo es ejecutarlo. Dios no lo mejora, no lo reforma, no lo hace un religioso, no lo lleva a la iglesia ni al psiquiatra, sino que ha ordenado para que sea eliminado, ejecutado. La misericordia de Dios es que esta ejecución se llevó a cabo en Jesús, por quien podemos decir como Pablo “ ¡Gracias a Dios! La respuesta está en Jesucristo nuestro Señor. Jesús me libertó del hombre viejo con su naturaleza mortal pecadora.

Nuestro tiempo ha terminado, pero regresaré mañana a la misma hora para ver el otro lado de la moneda, “el hombre nuevo”. Explicaré el origen y la naturaleza del hombre nuevo.

Como
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