Me alegro de estar nuevamente con ustedes. Toda la semana he estado enfocándome en dos personas anónimas pero muy importantes, el “hombre viejo y el hombre nuevo”. He explicado el origen y la naturaleza de ambos. Resumiendo brevemente dijimos que el hombre viejo, es el producto del engaño, de la mentira de Satanás. Cuando una persona se entrega al engaño, produce concupiscencia, o sea, deseos perversos y dañinos. Resumiendo brevemente dijimos que el viejo yo, es producto del engaño y de la mentira de Satanás. Cuando una persona se entrega al engaño, produce concupiscencia, o sea deseos perversos y dañinos. Al entregarse a estos deseos produce el pecado y el pecado sigue su curso completo produciendo la muerte. El viejo yo tiene dos maneras distintivas: es corrupto, espiritual, moral y físicamente, es un rebelde. La expresión que usé es que, “todos tenemos un rebelde por dentro”.

Ahora, en referencia al nuevo hombre. Es la persona creada y nacida de DIOS. Es el producto de la Palabra de DIOS, la verdad opuesta, claro está, al engaño y la mentira de Satanás. En el hombre nuevo, el propósito y la imagen de DIOS son restaurados. Las palabras que describen a éste nuevo hombre son: JUSTICIA y SANTIDAD. Las marcas distintivas de este nuevo ser son: divino, eterno e incorruptible. Es el producto de una simiente: la Palabra de DIOS que es divina, eterna e incorruptible. Como la simiente así es la semilla que esta produce: es divina, eterna e incorruptible. En realidad tiene la misma naturaleza de CRISTO.

Hoy hablaremos como cultivar el hombre nuevo, y como hacer que esa persona dentro de nosotros llegue a la madurez y al cumplimiento de los propósitos de DIOS. Regresemos otra vez al pasaje clave de Efesios 4: 22 al 24. Pero voy a enfatizar un aspecto que no hemos visto todavía:

22 que en cuanto a la anterior manera de vivir, ustedes se despojen del viejo hombre, que se corrompe según los deseos engañosos, 23 y que sean renovados en el espíritu de su mente, 24 y se vistan del nuevo hombre, el cual, en la semejanza de Dios, ha sido creado en la justicia y santidad de la verdad.

Pablo aquí nos habla de algo que tenemos que hacer para despojarnos del viejo hombre y vestirnos del nuevo. Tenemos que ser renovados en el espíritu de nuestra mente. Algo tiene que suceder en nuestra mente. Tiene que haber un cambio en la manera de pensar y, eso sólo el Espíritu Santo lo puede hacer. De ahí la referencia a la palabra “espíritu”. Considerando que nuestras mentes habían sido dominadas y controladas por las mentiras de Satanás. Ahora tenemos que presentar nuestras mentes al Espíritu Santo, al espíritu de verdad que nos trae la verdad de DIOS. Eso concuerda perfectamente con lo que Pablo dice en Romanos 12:2

2 Y no se adapten a este mundo, sino transfórmense mediante la renovación de su mente, para que verifiquen cuál es la voluntad de Dios: lo que es bueno y aceptable y perfecto.

Pablo nos instruye a no conformarnos a este mundo. Quiere decir, no permitir que el hombre viejo se salga con la suya en nuestras vidas, sino dejar que haya una transformación, buscar la voluntad de DIOS, que desarrolla y madura al nuevo yo. Dice que esa transformación se logra mediante la renovación de nuestras mentes. Así que, Pablo dice en ambos pasajes de Efesios 4 y Romanos 12, que una fase esencial en este proceso es la renovación de nuestras mentes, que es una operación del Espíritu Santo. En Efesios 1:18, Pablo continúa describiendo lo que debe suceder. Es una oración que él hizo para los cristianos en Efesios y dice:

8 Mi oración es que los ojos de su corazón les sean iluminados, para que sepan cuál es la esperanza de Su llamamiento…

La esperanza de Su llamamiento es el desarrollo total del nuevo yo, y su glorioso destino. Sin embargo antes de conocer eso, nuestros ojos espirituales tienen que ser iluminados por el Espíritu Santo. La implicación es que nuestros entendimientos y corazones han estado en la oscuridad y la ignorancia. El Espíritu Santo tiene que llevarnos a la luz de la verdad y mediante esa verdad nuestros ojos serán abiertos y podemos ver todo lo que DIOS tiene para el hombre nuevo.

Otro principio importante que Pablo resalta y que toda la Escritura revela, es que el Espíritu Santo opera mediante el espejo de la Palabra de DIOS. Voy a repetir. El Espíritu Santo opera mediante el espejo de la Palabra de DIOS. Así lo dice Santiago en el Primer capítulo, versículos 22 al 25.

22 Sean hacedores de la palabra y no solamente oidores que se engañan a sí mismos. 23 Porque si alguien es oidor de la palabra, y no hacedor, es semejante a un hombre que mira su rostro natural en un espejoObserve que cuando escuchamos la Palabra de DIOS es como un espejo puesto delante nuestro. 24 pues después de mirarse a sí mismo e irse, inmediatamente se olvida de qué clase de persona es.Cuando se presenta la Palabra de DIOS a tal persona no le da resultados buenos y duraderos porque se mira en el espejo, luego da la espalda y se va, olvidándose de lo que vio y no toma una acción adecuada. La alternativa es la siguiente: 25 Pero el que mira atentamente a la ley perfecta, la ley de la libertad, y permanece en ella, no habiéndose vuelto un oidor olvidadizo sino un hacedor eficaz, este será bienaventurado en lo que hace. (NBLA)

El espejo de DIOS nos enseña una ley divina llamada la “ley perfecta”, la “ley de la libertad” y cuando caminamos de acuerdo con esa ley y la obedecemos, somos bendecidos en todo lo que hacemos. El espejo realmente nos muestra las dos naturalezas, los dos “yo”. Primero nos muestra lo que somos por naturaleza, el criminal Barrabás, quien es el merecedor de la cruz. Y si recibimos y creemos las promesas de DIOS, el espejo también revela lo que podemos llegar a ser por la gracia de DIOS, el hombre nuevo. Esto es exactamente lo que Pablo dice en 2 Corintios 3:18:

18 Pero todos nosotros, con el rostro descubierto, contemplando como en un espejo la gloria del Señor, estamos siendo transformados en la misma imagen de gloria en gloria, como por el Señor, el Espíritu. (NBLA)

Note otra vez la palabra “transformados”. Pablo dijo que tenemos que ser transformados por la renovación de nuestras mentes. Nuestras mentes son renovadas al mirarnos en el espejo de la Palabra de Dios y ver la gloria del Señor. DIOS quiere que logremos ese cambio. Y seamos transformados a la misma imagen de DIOS, que es la imagen restaurada en el nuevo yo. Ese es un proceso continuo de victoria, “de gloria en gloria”. Y quien opera esa transformación es el Espíritu Santo, y lo hace mientras nos miramos en el espejo de la Palabra de DIOS. Hay otro principio importante que tenemos que entender y aplicar. Y es el siguiente: El hombre nuevo crece a expensas del hombre viejo. Juan el Bautista dice lo siguiente de Jesús en Juan 3:30:

30 Es necesario que Él crezca, y que yo disminuya.

Ese es un principio para todos nosotros. Él, Cristo en nosotros, el hombre nuevo tiene que crecer, pero mi “yo”, el “hombre viejo” tiene que menguar. El hombre nuevo crece en proporción directa a la disminución del hombre viejo. Tiene que haber una muerte antes que haya una vida nueva. Hay dos etapas cuando tratamos con el hombre viejo. Lo primero seria aceptar por fe acerca de lo que DIOS dice del hombre viejo. Recuerden lo que ya hemos dicho basado en Romanos 6:6, que “nuestro viejo hombre fue crucificado con Cristo”. Esta es una realidad histórica declarada en la Palabra de DIOS. Tenemos que aceptar eso por fe. Pablo concluye en Romanos 6:11:

11 Así también ustedes, considérense muertos para el pecado, pero vivos para Dios en Cristo Jesús (NBLA)

Aceptamos el veredicto de DIOS sobre el hombre viejo: “este fue ejecutado”. Aceptamos el registro de la Escritura donde declara que la ejecución ya se llevó a cabo en Jesús, cuando El murió en la cruz. Nuestra fe se afirma en las declaraciones de la Palabra de DIOS, y nos consideramos muertos para el pecado. Consideramos que el viejo hombre está muerto, está ejecutado. Entonces nos consideramos vivos para DIOS en Cristo Jesús. Por lo tanto, contamos con la vida y la obra del nuevo hombre, Segundo, eso tiene que ser exteriorizado progresivamente. Consideramos que es verdad de una vez y para siempre, pero tiene que obrar progresivamente en nuestro diario vivir. Por eso Pablo dice en Romanos 6:12 y 13:

12 Por tanto, no reine el pecado en su cuerpo mortal para que ustedes no obedezcan a sus lujurias; 13 ni presenten los miembros de su cuerpo al pecado como instrumentos de iniquidad, sino preséntense ustedes mismos a Dios como vivos de entre los muertos, y sus miembros a Dios como instrumentos de justicia.

Hay algo negativo y algo positivo en esto. Primero tenemos que negar las demandas del hombre viejo. Este continuará intentando y actuando como si tuviese derechos. Como si todavía tuviésemos que rendirnos a él, considerarlo y dejar que satisfaga sus deseos. Pero tenemos que decir no, al viejo hombre. Jesús dijo que el primer paso para seguirlo era negándonos a nosotros mismos. “Negarse” significa decir: ¡NO!, cada vez que el hombre viejo intente reafirmarse y tomar control, hay que decirle: “no, tienes derecho. Estas muerto. No me rediré a ti”.

Lo positivo es que nos presentamos vivos al Espíritu Santo. Presentamos nuestros miembros. Cada parte de nuestro cuerpo. Cada área de nuestra personalidad para que el Espíritu Santo la tome. Se tiene que permitir al Espíritu Santo que venga y tome el control. El resultado es obediencia. Así opera el hombre nuevo; con obediencia. Todo lo opuesto a lo rebelde que se expresa en la desobediencia. El hombre nuevo se expresa en obediencia al rendirse al Espíritu Santo.

Nuestro tiempo de hoy ha terminado. Regresaré mañana a la misma hora para continuar con este tema del “hombre viejo y el hombre nuevo”. Mañana veremos el Programa de Dios para el hombre nuevo.

Como
Compartir