Es bueno estar nuevamente con usted para seguir estudiando nuestro tema de esta semana “Fortaleza en la debilidad”. Ayer dije que había dos clases totalmente diferentes de fortalezas: Una es la fortaleza que el mundo entiende y conoce; otra es la que el mundo no reconoce.

La fortaleza que el mundo conoce se representa con el poder político y militar. Es una fuerza que maneja, controla, subyuga, domina e impone su propia voluntad. Sus motivos son básicamente egoístas, se preocupa por sus propios intereses, por su propio bien, no el bien de los que están subyugados. La podríamos llamar la fuerza de la jungla, de la bestia cazadora, del león, del tigre, y del leopardo.

Es muy significativo que en las profecías bíblicas sobre el fin de los tiempos, los varios poderes políticos que surgen se representan con animales salvajes, el león, el oso, el leopardo y así sucesivamente. Estos animales nos dan una imagen de la fuerza que el mundo entiende y que anhela. Este tipo de fuerza indica que tendrá un papel muy importante en el desarrollo de los eventos que llevarán al cierre de esta era.

Por otro lado en Apocalipsis, el último libro de la Biblia, donde todos los propósitos de Dios se cumplen en una conclusión triunfante, Jesús es presentado como el Señor soberano del universo y el título que se le da es “El león de la tribu de Judá”. Pero cuando Juan ve al que llevaba ese nombre, no ve a un león sino a un cordero, un cordero inmolado. Leamos en Apocalipsis 5, versículo 5 y 6:

5 Uno de los ancianos me dijo: «¡Deja de llorar que ya el León de la tribu de Judá, la Raíz de David, ha vencido! Él sí puede abrir el rollo y sus siete sellos».6 Entonces vi en medio de los cuatro seres vivientes, del trono y los ancianos, a un Cordero que estaba de pie y parecía haber sido sacrificado. Tenía siete cuernos y siete ojos, que son los siete espíritus de Dios enviados por toda la tierra.» (NVI)

En el centro del universo, en el último lugar de autoridad y honor había un cordero inmolado, Juan esperaba ver un león, pero vio un cordero inmolado. En realidad eso describe tan breve y claramente como se pueda, la diferencia entre la perspectiva de Dios y el punto de vista del mundo acerca del poder o fuerza. El mundo ve al león como la bestia fuerte y poderosa. Pero Dios ve una fuerza diferente en un cordero que ha sido inmolado.

Este cordero tiene siete cuernos y siete ojos que son los siete espíritus de Dios. En la Biblia los cuernos tipifican fuerza y los ojos tipifican sabiduría. En este cordero ambos son espirituales. Son los siete espíritus de Dios. Estos son espirituales y de un orden diferente a los que el mundo reconoce o entiende.

Esta es una fuerza que el mundo ve como debilidad y una sabiduría que el mundo ve como insensatez. Pero recordemos lo que Pablo nos dice en 1ra de Corintios 1:25:

25 «Pues la locura de Dios es más sabia que la sabiduría humana y la debilidad de Dios es más fuerte que la fuerza humana.» (NVI)

Esta fuerza de Dios viene a nosotros a través de un solo canal. Hablé de esto ayer. El canal es la cruz de Jesucristo. En la cruz tuvo lugar un intercambio divino predeterminado. Jesús, el hijo de Dios sin pecado, cargó sobre Él lo malo que merecíamos por ser pecadores y rebeldes. Esto fue para que a cambio, nosotros pudiéramos recibir la otra parte del intercambio, el bien que Jesús merecía. Jesús murió nuestra muerte para que tuviéramos su vida. Él se hizo pecado para hacernos justos. Se hizo maldición para que recibiésemos la bendición. Fue herido para que fuésemos sanados.

Hay muchos aspectos de este intercambio, pero el aspecto relevante al tema de hoy es que Jesús por la muerte en la cruz fue hecho débil e insensato para que nosotros recibiéramos la fuerza y la sabiduría de Dios. A través de la cruz Dios nos ofrece su fuerza a cambio de nuestra debilidad, su sabiduría para reemplazar nuestra insensatez. Esas cosas vienen si esperamos pacientemente al pie de la cruz.

Hay un hermoso pasaje en Isaías que expresa la diferencia entre la fuerza natural y la fuerza de Dios, y la manera en que podemos intercambiar nuestra fuerza natural por la ilimitada fuerza de Dios. Isaías, capítulo 40, versículos del 28 al 31 dice lo siguiente:

28 «¿Acaso no lo sabes? ¿Es que no lo has oído?El Dios eterno, el Señor, el creador de los confines de la tierraNo se fatiga ni se cansa.- Esa es la fuente ilimitada de la fuerza de DiosSu entendimiento es inescrutable.Esa es su sabiduría ilimitada. Ahora escuche:29 Él da fuerzas al fatigado,Y al que no tiene fuerzas, aumenta el vigor.30 Aun los mancebos se fatigan y se cansan,Y los jóvenes tropiezan y vacilan,31 Pero los que esperan en el SeñorRenovarán sus fuerzas.Se remontarán con alas como las águilas,Correrán y no se cansarán,Caminarán y no se fatigarán.» (NBLA)

Podemos observar un contraste claro entre la fuerza en lo natural y la fuerza divina. La fuerza natural es representada por los muchachos y los jóvenes, pero su fuerza en lo natural no es suficiente, los muchachos se fatigan y se cansan, los jóvenes tropiezan y vacilan. La lección es que la fuerza en lo natural no es suficiente, hay una alternativa, si esperamos en el Señor nuestras fuerzas se renovarán. La traducción literal del hebreo dice: “intercambiaremos fuerzas”. Eso es lo que significa realmente. Hemos llegado al final de nuestras fuerzas y cuando llegamos al final de todo lo que podemos hacer, entonces intercambiamos nuestra debilidad por la fuerza de Dios que está disponible para nosotros.

Note lo que hará esa fuerza por nosotros: remontaremos con alas como las águilas, correremos y no nos cansaremos, caminaremos y no nos fatigaremos. Hay tres cuadros de fortaleza: Está el tremendo vuelo del águila que se eleva muy alto, más que otras aves. Eso es tremendo y dramático. Está la actividad intensa, correremos y no nos cansaremos. Además, recordemos que caminaremos y no nos fatigaremos. ¿Cuál piensa que es más difícil, volar, caminar o correr? … Créame que la más difícil de las tres es caminar, la existencia pausada del día a día se nos hace monótona y empezamos a preguntarnos si vale la pena; pero si esperamos en Dios, si esperamos al pie de la cruz recibiremos fuerza para hacer las tres cosas, volar, correr y caminar.

Para concluir la charla de hoy quisiera leer el testimonio personal de Pablo sobre cómo él fue fortalecido en la debilidad. Estas palabras se encuentran en 2nda Corintios 12: 7 al 10. Voy a resumir en un hermoso pasaje lo que estoy tratando de comunicar. Pablo fue un hombre que tuvo muchas revelaciones. El recibió muchas verdades de Dios que han sido de bendición para todos los cristianos de todas las épocas. Pero él tuvo que pagar un precio, esto es lo que dice:

7 «Para evitar que me volviera presumido por estas sublimes revelaciones, una espina me fue clavada en el cuerpo, es decir, un mensajero de Satanás, para que me atormentara.Había una fuerza espiritual en la vida de Pablo que no era natural, era demoniaca y muchas veces le causaba gran agonía y tremendos problemas personales, y él continua:8 Tres veces rogué al Señor que me la quitara;9 pero él me dijo: “Te basta con mi gracia, pues mi poder se perfecciona en la debilidad”. Por lo tanto, gustosamente presumiré más bien de mis debilidades, para que permanezca sobre mí el poder de Cristo.10 Por eso me regocijo en debilidades, insultos, privaciones, persecuciones y dificultades que sufro por Cristo; porque, cuando soy débil entonces soy fuerte.» (NVI)

Esa es la paradoja “Cuando soy débil entonces soy fuerte”, cuando he llegado al final de toda mi fuerza, de toda mi sabiduría, de toda mi astucia, de toda mi habilidad, cuando ya no tengo más respuestas, cuando esté presionado hasta lo máximo, allí es cuando la fuerza de Dios está disponible para mí. Dios fue tan misericordioso con Pablo que no le quitó las presiones que lo llevaron a recibir la fuerza y el poder sobrenatural de Dios.

Ese es un secreto vital que cada uno debe aprender, tiene que haber un punto en nuestro caminar cristiano donde agotamos toda nuestra fuerza, donde ya no podemos hacerlo solos. Entonces, no nos rendimos pero si buscamos a Dios. La sabiduría divina y la fortaleza sobrenatural de Dios estarán disponibles para nosotros a través de la cruz y de nuestra espera en el Señor. Escuche otra vez el versículo 10:

“Por eso me regocijo en debilidades, insultos, privaciones, persecuciones y dificultades que sufro por Cristo; porque, cuando soy débil entonces soy fuerte”.

¿Ha notado eso?, ¿Se ha dado cuenta que sus debilidades abren camino para que a través de la cruz de Jesús usted reciba la fortaleza de Dios?

Nuestro tiempo de hoy ha terminado, regresaré mañana a la misma hora, para hablar del milagro y el misterio del grano de trigo.

Como
Compartir