Me alegro de estar nuevamente con usted, esta semana voy a compartir un tema muy personal basado en mi propia vida “Lecciones de mi vida”.

En mis dos pláticas anteriores hablé del llamamiento de Dios, según lo experimentado en mi vida, enfaticé dos cosas: Primero, que Dios es fiel y Él nos llama, Él también lo hará. Si Dios lo ha llamado a hacer algo, por su gracias Él lo capacitará para hacerlo, podemos depender de su gracia.

Segundo, también dije ayer que cuando Dios nos salva, también nos llama, un llamamiento no es algo separado de nuestra salvación, es parte de ella; y cuando Él llama es con un llamamiento santo que no está basado en nuestras obras, capacidad, educación o conexiones sociales, sino que se fundamenta en su propósito y en su gracia, y la palabra clave allí es “Gracia”, recuerde que la gracia nunca se puede ganar.

Ayer dije que la gracia comienza donde termina nuestra habilidad, de manera que Dios no lo está llamando porque usted tenga la capacidad de hacer algo, casi siempre Él nos llama para que hagamos algo que no podemos hacer, pero Dios lo llama para hacer algo para lo cual Él lo capacitará, porque sin esta capacitación, usted no lo podría hacer.

Dije también que era un llamamiento santo, es algo a lo que tenemos que poner dedicación, tenemos que ser en cierto sentido como un atleta que está en entrenamiento, que dedica toda su vida, todo lo que hace, su dieta, su ejercicio, su sueño, sus amistades, su material de lectura, sus actitudes mentales, todas están dirigidas hacia un objetivo, ser el mejor atleta; el que salta más alto, el corredor más veloz, este llamamiento demanda nuestro compromiso, nuestra energía y nuestro tiempo.

Nuevamente voy a ilustrar lo que he dicho con un poquito de mi experiencia personal; cuando el llamamiento de Dios comenzó a desarrollarse en mi vida, y ya mencioné que Él me llamó a ser un maestro de las escrituras, en amor, fe y verdad, y continuó diciendo que están en Cristo Jesús para muchos. Bueno, cuando el llamamiento de Dios comenzó a desarrollarse en mi vida, me di cuenta de algo que no siempre es tan obvio, y es que Él me llamó a ser un siervo, eso fue para mí un golpe bien fuerte. Verá usted, las circunstancias me han hecho beneficiario de una excelente educación, ocupaba una posición muy privilegiada en el mundo académico, vengo de una buena familia, y estaba más acostumbrado a ser servido que a servir, por supuesto que cinco años y medio en el ejército británico, en el servicio médico, ayudaron a cambiar mis actitudes, sin embargo no había logrado entender a plenitud esta verdad, que cualquiera que es llamado al ministerio, está llamado a ser un siervo.

Hay muchas palabras en el campo religioso que significan lo que dicen, pero debido a sus asociaciones religiosas, tenemos la tendencia a cambiar su significado verdadero, como cuando usamos la palabra “Ministro”; bueno, ministro es esencialmente un servidor, pero cuando se habla de una persona que es ministro, uno piensa en alguien más bien dignificado, parado detrás de un púlpito y más o menos diciendo a otros lo que tienen que hacer, esa no es realmente la figura correcta. También en la mayoría de los círculos eclesiásticos tenemos la palabra “Diácono”; bueno, diácono es una palabra muy religiosa, pero todo lo que significa es: siervo.

Sabe, he pensado a veces que muchas iglesias serían diferentes si cambiaran el nombre de su junta, si en vez de llamarla “la junta de diáconos”, la llamaran “junta de siervos”, pienso que de alguna manera su actitud entera, y el espíritu en la iglesia se verían vitalmente afectados por ese solo cambio de lenguaje.

Ahora quiero ilustrar lo que he dicho con dos declaraciones de Pablo en Colosenses 1, primeramente en el versículo 23 dice esto:

Este es el evangelio que habéis oído, que fue proclamado a toda la creación debajo del cielo; y del cual yo Pablo fui hecho siervo.

Pablo dice que él fue hecho siervo del evangelio de la verdad de la Palabra de Dios, y en los siguientes dos versículos dice algo más

Ahora me alegro de mis sufrimientos por vosotros; y en mi carne completando lo que falta de las aflicciones de Cristo, hago mi parte por su cuerpo, que es la iglesia; de la cual fui hecho siervo, conforme a la administración de Dios que me fue dada para beneficio vuestro, a fin de llevar a cabo la predicación de la Palabra de Dios.

Note que él dice “de la cual fui hecho siervo”, Pablo era siervo de la iglesia, de manera que llegó a ser siervo en doble sentido; primero era siervo del evangelio de la Palabra de Dios, y segundo era siervo de la iglesia del pueblo de Dios.

Necesitamos ver primero lo que significa ser un siervo de la Palabra de Dios, significa que estamos sujetos a ella, ella es la que nos dirige, no le decimos a Dios lo que Él debió haber dicho en su palabra, Dios nos dice a nosotros. Verá usted, yo me he encontrado con un sin número de personas en círculos religiosos con la actitud de que ellos tienen que corregir a Dios, que su palabra necesita ajustes, que algunas de sus palabras son increíbles y que otras no se aplican al tiempo en que viven, y más o menos quitan en su vida y experiencia, las cosas en la Biblia que no se acomodan a ellos. Bueno, no tengo que decirlo, esas personas no son siervos de la Palabra, están tratando de ser amor de la Palabra, pero no somos llamados a eso.

Y entonces con base a que somos siervos de la Palabra, somos llamados a ser siervos del pueblo de Dios; pero es importante que mantengamos estas dos cosas en su orden correcto, primero tenemos que ser siervos de la Palabra, después siervos del pueblo de Dios, si nos hacemos siervos del pueblo y no de la Palabra, nos meteremos en dificultades. Vea usted, un claro ejemplo en los dos hermanos, Moisés y Arón; Moisés se apegó a la Palabra de Dios, cualquier cosa que Dios decía, eso era, pero cuando Moisés no estaba presente, Arón se hizo siervo del pueblo, hizo lo que el pueblo le pidió, en vez de hacer lo que la Palabra de Dios le decía, y produjo esa terrible imagen de idolatría, el becerro de oro, que hundió a Israel en el desastre.

Vea usted, que cuando intentó agradar al pueblo en vez de obedecer la palabra de Dios, acarreó desastre para él mismo y para su pueblo; yo he visto esto en el ministerio, tenemos que mantenernos absolutamente firmes, sin desviarnos, leales y obedientes a la Palabra de Dios, y cuando el pueblo de Dios quiere algo diferente, no estamos libres para servirlos. Quiero citar dos declaraciones de Jesús en Juan 14:21

El que tiene mis mandamientos, y los guarda, ése es el que me ama…

Y en Juan 14:23

Si alguno me ama, guardará mi palabra…

Esa es la prueba de amar a Jesús, es obedecer sus mandamientos y su Palabra.

Voy a tomar antes de terminar una ilustración sencilla en el evangelio de Juan que habla de tener nuestras prioridades en orden, de poner nuestro servicio en el orden justo, servicio para Dios y su Palabra primero, entonces servicio para el pueblo de Dios. Esta es la dramática escena de reconciliación entre Jesús y Pedro a la orilla del mar de Galilea después de que obtuvieron esa pesca milagrosa. Dice así en Juan 21:15 al 17:

Entonces cuando habían acabado de desayunar, Jesús dijo a Simón Pedro: Simón, hijo de Jonás, ¿me amas más que estos? Pedro le dijo: Sí, Señor; tú sabes que te quiero… Jesús preguntó: ¿Verdaderamente me amas?, y Pedro respondió: Tú sabes que te quiero. Jesús le dijo: Apacienta a mis corderos. Y volvió a decirle por segunda vez: Simón, hijo de Jonás, ¿me amas? Pedro le dijo: Sí, Señor; tú sabes que te quiero. - Te quiero, una palabra más débil, pero había aprendido a no jactarse, recuerde que tres veces había dicho que nunca traicionaría al Señor, y tres veces lo negó. – Jesús le dijo: Apacienta a mis ovejas. Le dijo por tercera vez: Simón, hijo de Jonás ¿me quieres? – esta vez Jesús se baja al nivel de Pedro porque este no venía al nivel de Jesús – Pedro se entristeció, porque la tercera vez le dijo: ¿me quieres?, y le respondió: Señor, tú lo sabes todo, tu sabes que te quiero…

Quiero que note aquí lo que nos califica para cuidar del pueblo de Dios, apacentar los corderos, pastorear las ovejas; ¿qué es? …. Es amar a Jesús, eso tiene que tomar la preeminencia sobre otro tipo de compromiso y lealtad en nuestras vidas, no importa quién sea la otra persona, nunca debe haber un tiempo cuando esa persona se vuelva más importante para usted que el Señor Jesús. Si usted es Pastor, pudiera ser la congregación; si usted es una esposa, pudiera ser su marido; si usted está en una familia, pudiera ser un miembro de la familia, pero Jesús dice: Cuando tengas que escoger entre mí y tu pariente más cercano o tu amigo más querido, tienes que aborrecerlos a ellos y amarme a mí; esto suena muy duro para algunas personas, pero es absolutamente cierto y directo.

El secreto del éxito en el ministerio cristiano, en el servicio al Señor, cualesquiera sean las áreas de servicio en que esté, es dar a Jesús y a la Palabra de Dios la preeminencia y la prioridad total y sin reservas, nadie debe interponerse ante la Palabra de Dios.

Si toda su motivación es amor por el pueblo de Dios, hay dos cosas que pueden sucederle, y hablo por experiencia; primero nos desilusionaremos a veces, si nuestros motivos están basados solo en cómo es el pueblo de Dios, habrá veces que nos desilusionaremos tristemente; segundo, cuando el pueblo quiere hacer el mal y nosotros cedemos a ellos, nos haremos mucho daño a nosotros mismos y a ellos, Arón cedió, el pueblo hizo un becerro, y eso le acarreó un desastre a él y al pueblo; Jesús y la Palabra de Dios tienen que tener la prioridad total en nuestras vidas.

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