Cuidando del Templo

Derek Prince
Published: 2008
Last Updated: julio de 2026
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Tu cuerpo es un templo del Espíritu Santo, una verdad profunda que transforma la manera en que nos cuidamos. Con su ayuda, puedes caminar en la autodisciplina necesaria para honrar a Dios con este sagrado lugar.
La Escritura me han guiado a algunas conclusiones prácticas con respecto a mi cuerpo. No busco imponer estas a nadie, pero he dedicado mucho tiempo en oración sobre este tema, y he estado preparado para realizar cambios radicales en mi propio estilo de vida, si es la voluntad de Dios.
Mi primera conclusión, la base para todas las demás conclusiones, es que debo tratar mi cuerpo con reverencia y ajustarlo como un templo del Espíritu Santo. De nuevo, Pablo dijo:
“¿O ignoráis que vuestro cuerpo es templo del Espíritu Santo?” (1 Corintios 6:19)
Si tomamos este pasaje seriamente, entonces trataremos nuestros cuerpos como un templo, porque eso es lo que son.
Suponga por un momento que Dios nos pone a cargo de un templo físico, un edificio de piedra, madera, y de vidrio. Si somos sensatos, estaríamos preocupados por su cuidado, trataremos de mantenerlo limpio y libre de polvo, sin ventanas rotas o inodoros obstruidos. Sentiríamos una responsabilidad tremenda de mantener ese edificio en la mejor condición posible. Usted y yo, como cristianos, tenemos una responsabilidad aún mayor de mantener nuestros cuerpos, que son el templo del Espíritu Santo, en la mejor condición posible, y necesitamos entender lo que involucra en hacer eso.
En su segunda carta a Timoteo, Pablo escribió:
“Pues Dios no nos ha dado un espíritu de timidez (o miedo), sino de poder, de amor y de dominio propio” (2 Timoteo 1:7 NVI)
Vemos aquí que el Espíritu Santo es un Espíritu de dominio propio. Pero hay un sutil equilibrio: Él no nos disciplinará si no estamos dispuestos a ser disciplinados. Si buscamos la ayuda del Espíritu Santo para cultivar el dominio propio, Él nos ayudará.
*Prayer Response
Gracias, Señor, por la sangre de Jesús y la obra de Tu Espíritu Santo. Buscaré la ayuda del Espíritu Santo para cultivar la autodisciplina y mantener mi cuerpo en la mejor condición posible, pues es un templo del Espíritu Santo, redimido, limpiado y santificado por la sangre de Jesús. Amén.

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