Relación Matrimonial con el Señor

Derek Prince
Published: 2008
Last Updated: julio de 2026
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La Ley te ató a un matrimonio eterno con tu naturaleza pecaminosa, una relación imposible de escapar por ti mismo. Observa cómo tu viejo yo fue crucificado con Cristo en la Cruz, liberándote para unirte en una nueva y gloriosa unión con el Señor resucitado.
En Romanos 7, Pablo dijo que, por la ley, estábamos casados. La ley era como un pacto matrimonial, y era de por vida. ¿Con quién, o con qué estábamos casados? Estábamos casados con nuestra naturaleza carnal. Debido a que toda la esencia de la ley es que requiere que la guardemos con nuestro propio esfuerzo. Hacer esto es depender de nuestra naturaleza carnal, es por eso que nunca funciona.
Estar bajo la ley es como participar en una ceremonia matrimonial en la que uno se casa con su naturaleza carnal. Mientras su naturaleza carnal se mantiene viva, tiene que permanecer casado con ella; no se puede divorciar y casarse con alguien más. La buena noticia es que su primer cónyuge ha muerto. ¿Cuándo murió el primer cónyuge? Cuando Jesús murió en la cruz. Nuestro viejo hombre fue crucificado con Él. Al comprender ese hecho dirá, “Alabado sea Dios. Soy libre. No tengo que continuar con mi cónyuge horrible que me dio una vida espantosa, ni me dio bendiciones, ni paz, o justicia. Ya no estoy atado a ese vil cónyuge. Me puedo casar con alguien más”.
La alternativa es estar casado con Aquel que resucitó de entre los muertos, Cristo resucitado y glorificado. Él puede convertirse en su cónyuge ya sea hombre o mujer. Estamos hablando de una relación en el Espíritu. En 1 Corintios 6:15-16, Pablo dio una imagen de unión sexual entre un hombre y una prostituta. Él usó esa imagen de unión para ayudar a la gente a visualizar que hay otro tipo de unión que pueden tener, una unión con el Señor. No es sexual; es espiritual, esa es, una relación matrimonial con el Señor. “Pero el que se une al Señor, un espíritu es con Él” (1 Corintios 6:17), no en alma o cuerpo, sino en espíritu.
*Prayer Response
Gracias, Jesús, por Tu obra en la cruz. Proclamo que estoy casado en el Espíritu con Aquel que resucitó de entre los muertos—el Cristo resucitado y glorificado. Proclamo que Jesús fue cortado por la muerte para que yo pudiera unirme a Dios eternamente. Amén.

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