Vistiéndonos con lo Nuevo

Derek Prince
Published: 2008
Last Updated: julio de 2026
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La religión a menudo intenta cambiar a las personas desde afuera hacia adentro, pero el camino de Dios es completamente opuesto. Él trabaja desde adentro hacia afuera, capacitándonos a través del Espíritu Santo para despojarnos del viejo hombre corrupto y revestirnos del nuevo hombre creado en verdadera justicia y santidad.
La religión siempre trata de cambiar al hombre desde afuera hacia dentro: alargando los vestidos, que los vestidos no estén tan ajustados, cubriendo las rodillas, colocando algo en la cabeza, quitando el maquillaje, alargando las mangas, cortando el cabello, o lo que sea. Dios siempre opera de la manera opuesta. Él cambia al hombre desde adentro hacia afuera. Dios comienza con nuestros pensamientos. Él dice, "Si va a haber algún cambio eficaz, debe cambiar su manera de pensar. Otro Espíritu debe tener acceso a su mente. Usted ha estado bajo el engaño de Satanás; ahora, usted debe abrirse al Espíritu de verdad, el Espíritu Santo". Como resultado de esto, seremos capaces de vestirnos del nuevo hombre, lo opuesto al viejo hombre.
Efesios 4:24 dice:
“y vestíos del nuevo hombre, creado según Dios en la justicia y santidad de la verdad”.
Este nuevo hombre fue creado según Dios, en verdadera justicia y santidad. Fue creado de acuerdo con el plan de Dios; él es el producto del propósito de Dios, del estándar de Dios, del patrón de Dios. El viejo hombre es el producto del engaño de Satanás; el nuevo hombre es el producto de la verdad de Dios.
Es significativo que Satanás vino a la raza humana en forma de serpiente. Por su propia naturaleza, una serpiente es un animal corrupto, y creo que ésa es una imagen vívida del diablo–él es un ser muy corrupto. Nunca viene con la verdad completa. Corrupto es la palabra que caracteriza y que describe al viejo hombre.
Tenemos que despojarnos del viejo hombre y vestirnos del nuevo. Justo y santo son las palabras distintivas que describen al nuevo hombre.
*Prayer Response
Gracias, Jesús, por el intercambio en la cruz. Proclamo que estoy despojándome del “hombre viejo” y vistiéndome del “hombre nuevo,” porque mi hombre viejo fue muerto en Cristo para que el hombre nuevo pueda cobrar vida en mí. Amén.

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