Romanos Completo: El Destino de Israel y de la Iglesia: (Romanos 9:14-33)

Derek Prince
Published: 1990
Last Updated: September 2026
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Continúa la serie 'La Peregrinación Romana' de Derek Prince con la Parte 14 y explora las profundas verdades de Romanos 9-11. Desafía tu intelecto y profundiza en la soberanía del Señor y su pueblo elegido a través de las Escrituras. Crece en comprensión al discernir la clara diferencia y correlación entre Israel y la Iglesia según el Nuevo Testamento.
Transcript
Esta es la segunda de cuatro sesiones consagradas al estudio de Romanos, capítulos 9, 10 al 11, uno de los capítulos más importantes y más dilatados de toda la Biblia. Si quiere ser realmente una persona educada intelectualmente, dedíquese nada más a la epístola a los Romanos. Para cuando logre dominarla, será una persona educada, aunque no sepa nada más.
Yo era filósofo profesional antes de volverme predicador. Mi opinión muy meditada es que la epístola a los Romanos es la más extraordinaria presentación de verdad intelectual que ha recibido el mundo, y se necesita un corazón y una mente íntegros, y la revelación del Espíritu Santo para lograr entenderla.
En nuestra primera sesión, el tema fue “La elección de Dios determina quiénes son su pueblo”. Recordará que hablé acerca de la soberanía y la elección. Creo que repetiré de nuevo la definición de soberanía. Soberanía quiere decir que Dios hace lo que Él quiere cuando Él quiere, como Él quiere, y no le pide permiso ni a usted ni a mí. Es mejor que nos hagamos a la idea de ese hecho porque no va a cambiar. La elección de Dios determina quiénes han de ser su pueblo. Empezó con Abraham. Abraham tuvo dos hijos: Ismael e Isaac. Dios rechazó a Ismael y eligió a Isaac. Isaac tuvo dos hijos que eran mellizos: Esaú y Jacob. Antes de que nacieran, antes de que tuvieran tiempo de hacer bien o mal, Dios rechazó a Esaú y eligió a Jacob. Y así es como Dios continúa obrando.
Luego analizamos el uso de la palabra Israel en el Nuevo Testamento y presenté mi conclusión personal después de un largo período de estudio y análisis. Que en el Nuevo Testamento Israel nunca es sinónimo de iglesia. Israel es una cosa, la iglesia es otra. Sin embargo, Israel es en muchas, muchas ocasiones, un tipo de la iglesia. Muchas de las cosas que han sucedido a Israel, como Pablo dice en 1 Corintios 10, fueron escritas como advertencia, para que no cometamos los mismos errores que Israel cometió.
Permítame sintetizar la conclusión una vez más, y seguimos. Israel en el Nuevo Testamento nunca se usa como un nombre para la iglesia, Israel es Israel, la Iglesia es la iglesia. De hecho, en mi opinión, mezclar las dos resulta en confusión. Por otro lado, Israel es a lo largo de toda la Biblia un tipo de la Iglesia. Lo que sucedió a Israel encierra lecciones muy importantes para nosotros como cristianos hoy.
Ha existido en la iglesia durante quizá al menos 16 siglos una teoría o teología que dice que debido a que Israel fue tan rebelde y desobediente, y también porque ellos, en cierta medida, fueron responsables de la crucifixión del Señor Jesús—aunque, créanme, no fueron los únicos responsables. A raíz de eso, surgió esta teoría de que Dios ha desechado a Israel y que ha reemplazado a Israel por la iglesia. Esta es una teoría muy popular hoy, y muchas personas la difunden. Solo quiero decir que yo en lo personal no puedo aceptarla. Quiero darle tres razones por las cuales no la acepto. Permítanme exponer la teoría otra vez de que Dios ha finalmente rechazado a Israel para siempre como pueblo, y que en su lugar Él ha escogido y establecido a la Iglesia, y que todos los compromisos y pactos y promesas de Dios a Israel ya no son válidos. Esa es la esencia de esa teología.
Ahora mencionaré tres razones por las cuales yo no puedo aceptarla, y usted decidirá si está de acuerdo o no con mis razones. Primero que todo, descalifica la fiabilidad de las Escrituras. Porque la Biblia contiene muchas declaraciones específicas y muy claras de lo que Dios dice que hará y que nunca se cumplirán si Dios ha rechazado a Israel para siempre. En otras palabras, la Biblia ya no es un libro confiable. Para mí, esa es una objeción sumamente seria para cualquier teología o teoría. Quiero mirar rápidamente unos pasajes, y por cada uno que cito podría citar diez más, lo cual expone el propósito y el plan de Dios para Israel y lo que Él va a hacer. Quiero que considere usted mismo si estas cosas podrían cumplirse si Dios ha rechazado permanentemente a Israel.
Isaías 11 es el primero. Quiero que los escuche cuidadosamente y luego decida por sí mismo. Isaías 11 versículos 11–12:
Asimismo acontecerá en aquel tiempo, que Jehová alzará otra vez su mano para recobrar el remanente de su pueblo que aún quede en Asiria, Egipto, Patros, Etiopía, Elam, Sinar y Hamat, y en las costas del mar. Y levantará pendón a las naciones, y juntará los desterrados de Israel, y reunirá los esparcidos de Judá de los cuatro confines de la tierra.
Estas palabras fueron escritas antes de la cautividad de Israel en Babilonia. Pero incluso antes de que eso sucediera, Isaías predijo que habría una segunda reunificación de Israel. No la reunificación desde Babilonia, sino una segunda. Y el hecho de que muchos lugares se mencionan allí, desde los cuales los judíos nunca regresaron a Israel después de la cautividad en Babilonia es también evidencia de que Dios no tenía en mente el regreso desde Babilonia cuando hizo esa predicción. Por otro lado, cada declaración allí se ha cumplido exactamente en este siglo con la reunión del pueblo judío hoy. Esto significa que Dios todavía está obrando en Israel como una nación.
Ahora veamos Jeremías capítulo 30:3. Creo que quienes conocen bien Jeremías estarán de acuerdo con que él no fue muy complaciente con los pecados de Israel. Es decir, pocos profetas han consagrado tanto tiempo a decir a Israel todas las cosas malas que había cometido. Él con seguridad no era parcial. Pero él dice en Jeremías 30 versículo 3:
“Porque He aquí, vienen días, declara el Señor, cuando restauraré el bienestar de mi pueblo, Israel y Judá. El Señor dice: También los haré volver a la tierra que di a sus padres, y la poseerán (LBLA por cuestiones de la traducción de Derek)”.
Solo hay una tierra que concuerda con esa descripción, la tierra que Dios dio a los antepasados de Israel y de Judá. Dios dice, “los haré volver a la tierra… y la poseerán”. Ellos nunca la poseyeron después de la cautividad en Babilonia, siempre fueron, por así decirlo, residentes en una tierra a discreción de un imperio gentil. A la larga, como sabe, fueron desarraigados y expulsados de la tierra por el imperio romano en el año 70 AD. Entonces, nada en ese período corresponde a esas palabras. Pero de nuevo, todo lo que fue escrito allí se ha cumplido y se está cumpliendo en nuestros días. Yo personalmente, habiendo vivido casi 75 años, he sido testigo de estas cosas. Estaba ahí precisamente en Jerusalén cuando el estado de Israel nació. Fui testigo de un milagro en la historia moderna. Así que para mí esto es muy real. Pero esa no es la razón principal. La razón principal es porque Dios lo dice en su Palabra.
Luego en Jeremías capítulo 31:10 (Reina Valera 1960)
Oíd palabra de Jehová, oh naciones [gentiles, las naciones aparte de Israel, goyim], y hacedlo saber en las costas que están lejos. . .
O en los continentes que están lejos. Costas quiere decir todos los lugares de la tierra que bordean los océanos. Así que Norteamérica es una costa en ese sentido.. .
...hacedlo saber en las costas que están lejos, Y decid: “El que esparció a Israel lo reunirá y guardará, como el pastor a su rebaño”.
Esto también se está cumpliendo en nuestros días. Y también he tenido el privilegio de servir como mensajero de Dios en tal vez al menos 20 naciones, y de hacer esa proclamación, “Oíd naciones, el Señor que esparció a Israel está reuniéndolo”. Se los he dicho y he proclamado: “Este día esta escritura se está cumpliendo mientras la escuchan”. Puedo decir a ustedes aquí: “Este día esta escritura se está cumpliendo mientras la escuchan”.
Y luego en Jeremías 31 versículos 35–37:
Así ha dicho Jehová, que da el sol para luz del día, las leyes de la luna y de las estrellas para luz de la noche, que parte el mar, y braman sus ondas; Jehová de los ejércitos es su nombre: Si faltaren estas leyes delante de mí [el orden del sol, la luna, las estrellas, y el mar], dice Jehová, también la descendencia de Israel faltará para no ser nación delante de mí eternamente. Así ha dicho Jehová: Si los cielos arriba se pueden medir, y explorarse abajo los fundamentos de la tierra, también yo desecharé toda la descendencia de Israel por todo lo que hicieron, dice Jehová.
En términos sencillos, eso significa que mientras usted pueda salir y mirar el cielo, y ver el sol, la luna y las estrellas todavía en el lugar que Dios les asignó, en tanto que pueda pararse en la orilla del mar y ver las olas rugiendo, solo por eso usted sabe que Israel es todavía una nación delante del Señor con quien Dios tiene una relación.
Hay uno más en Jeremías 32 versículos 37–42. Este se refiere específicamente a Israel.
He aquí que yo los reuniré de todas las tierras a las cuales los eché con mi furor, y con mi enojo e indignación grande; y los haré volver a este lugar [que es donde la profecía fue dada, la tierra de Israel], y los haré habitar seguramente; y me serán por pueblo, y yo seré a ellos por Dios. Y les daré un corazón, y un camino, para que me teman perpetuamente, para que tengan bien ellos, y sus hijos después de ellos. Y haré con ellos pacto eterno, que no me volveré atrás de hacerles bien, y pondré mi temor en el corazón de ellos, para que no se aparten de mí. Y me alegraré con ellos haciéndoles bien, y los plantaré en esta tierra en verdad, de todo mi corazón y de toda mi alma. Porque así ha dicho Jehová: Como traje sobre este pueblo todo este gran mal, así traeré sobre ellos todo el bien que acerca de ellos hablo.
Cuando Dios hace algo con todo su corazón y toda su alma, no hay realmente mucha opción para que alguien más decida lo que va a pasar. Y fíjese en el último versículo, el versículo 42:
Porque así ha dicho Jehová: “Como traje sobre este pueblo todo este gran mal, así traeré sobre ellos todo el bien que acerca de ellos hablo”.
La calamidad que Dios ha traído sobre Israel es un hecho histórico. Las páginas de historia lo registran, ha ocurrido, no fue metafórico, no fue espiritual; fue muy real y muy concreto. Dios dice, “Como traje sobre este pueblo todo este gran mal, así traeré sobre ellos todo el bien que acerca de ellos hablo”. No va a ser espiritual, no va a ser metafórico; va a ser real en los anales de historia. Y también vivimos en un tiempo emocionante cuando podemos ver que Dios hace exactamente lo que dijo que haría.
Ahora pasaremos al profeta Ezequiel, capítulo 20 y leeremos los versículos 40–44. Ezequiel 20 versículos 40–44:
“Pero en mi santo monte, en el alto monte de Israel, dice Jehová el Señor, [otra vez, hay solo un lugar que corresponde a esa descripción], allí me servirá toda la casa de Israel, toda ella en la tierra; allí los aceptaré, y allí demandaré vuestras ofrendas, y las primicias de vuestros dones, con todas vuestras cosas consagradas. Como incienso agradable os aceptaré, cuando os haya sacado de entre los pueblos, y os haya congregado de entre las tierras en que estáis esparcidos; y seré santificado en vosotros a los ojos de las naciones”.
Dios dice, “Mi nombre será glorificado, mi santidad quedará demostrada en lo que hago en ustedes”.
“Y sabréis que yo soy Jehová, cuando os haya traído a la tierra de Israel, la tierra por la cual alcé mi mano jurando que la daría a vuestros padres. Y allí os acordaréis de vuestros caminos, y de todos vuestros hechos en que os contaminasteis; y os aborreceréis a vosotros mismos a causa de todos vuestros pecados que cometisteis”.
Observe, Dios no mitiga el mal. De hecho, lo resalta. Y luego dice:
“Y sabréis que yo soy Jehová, cuando haga con vosotros por amor de mi nombre, no según vuestros caminos malos ni según vuestras perversas obras, oh casa de Israel, dice Jehová el Señor”.
El Señor es muy claro. Él dijo, “Ustedes no lo merecen, voy a hacer esto para que mi nombre sea glorificado y para demostrar mi fidelidad”.
Y luego en Ezequiel 36:22 y los siguientes. Es como una recapitulación de la historia de Israel en los últimos 50 años, un poco más de 50 años.
“Por tanto, di a la casa de Israel: Así ha dicho Jehová el Señor: No lo hago por vosotros, oh casa de Israel, sino por causa de mi santo nombre, el cual profanasteis vosotros entre las naciones adonde habéis llegado”.
Una y otra vez Dios subraya: “Ustedes no lo merecen. No tienen mérito alguno, pero lo hago porque me he comprometido a hacerlo y estoy demostrando quién soy yo a los ojos de las naciones en virtud de mi fidelidad con ustedes”.
Creo que todos debemos estar agradecidos porque Dios no recuerda todos nuestros actos corrompidos. Es decir, ¿cuántos de nosotros nos sentiríamos confiados delante del Señor si Él no dijera “no recuerdo todas las cosas que has hecho”? ¿Lo ve? Estos son principios muy importantes porque los necesitamos tanto como Israel los necesita.
“Y santificaré mi grande nombre, profanado entre las naciones, el cual profanasteis vosotros en medio de ellas; y sabrán las naciones que yo soy Jehová, dice Jehová el Señor, cuando sea santificado en vosotros delante de sus ojos”.
Este es el testimonio de Dios a todas las naciones.
“Porque os tomaré de las naciones, os recogeré de todas las tierras, y os traeré a vuestra propia tierra (LBLA por cuestiones de lo que habla Derek)”.
¿Cuál tierra? ¿Por qué es su tierra? Porque Dios se las dio a ellos y punto.
“Y yo os tomaré de las naciones, y os recogeré de todas las tierras, y os traeré a vuestro país. Esparciré sobre vosotros agua limpia, y seréis limpiados de todas vuestras inmundicias; y de todos vuestros ídolos os limpiaré”. (Reina Valera, Ezequiel 36:24-25)
Note que Dios dice, “los recogeré… aún en su inmundicia”. A muchas personas les enseñan que si Israel ha de ser reunido, primero debe arrepentirse y entonces Dios los recogerá. Dios dice, “No es así como voy a hacerlo. Voy a recogerlos y luego voy a tratar con ellos de modo que se arrepientan”.
“Os daré corazón nuevo, y pondré espíritu nuevo dentro de vosotros; y quitaré de vuestra carne el corazón de piedra, y os daré un corazón de carne”.
Yo no creo que Dios haya dicho jamás de otra nación que tiene un corazón de piedra. No creo que se encuentre en las Escrituras. Pero Él dice a Israel, “Ustedes han tenido un corazón de piedra”. ¿Qué es un corazón de piedra? Es un corazón que no puede responder al Espíritu de Dios, que es incapaz de hacerlo. Y ese fue un juicio de Dios sobre ellos. Versículo 27:
“Y pondré dentro de vosotros mi Espíritu, y haré que andéis en mis estatutos, y guardéis mis preceptos, y los pongáis por obra”.
Lo que Israel va a descubrir es lo que usted y yo hemos descubierto: la única manera como es posible caminar en los estatutos de Dios es cuando Él pone su Espíritu en nosotros.
Recuerdo cuando me confirmé en la iglesia anglicana a la edad de 15 años, dije las frases correctas e hice los votos correctos y fui muy comprometido durante unos seis meses. Pero no funcionó, porque Dios no había puesto su Espíritu en mí. Unos diez años más tarde Dios puso su Espíritu en mí y empecé a hacer todas las cosas que había dicho que haría 15 años atrás. ¿Lo entiende? Exactamente los mismos principios se aplican a usted y a mí, como a Israel. Sigamos.
“Y pondré dentro de vosotros mi Espíritu, y haré que andéis en mis estatutos, y guardéis mis preceptos, y los pongáis por obra. Habitaréis en la tierra que di a vuestros padres”.
Otra vez, existe solo una tierra que corresponde a esa descripción.
“. . . Y vosotros me seréis por pueblo, y yo seré a vosotros por Dios”.
Note que el propósito final de todos los tratos de Dios con Israel está contenido en esa declaración, “Y vosotros me seréis por pueblo, y yo seré a vosotros por Dios”. Y Dios sabe cómo lograrlo. En cierto sentido, Dios ha asumido la responsabilidad particular de tratar con el pueblo judío. Y dado que he llegado a conocerlos bastante bien, ¡me alegra mucho que sea la responsabilidad de Dios!
Ahora miraremos un momento Amós 9:14–15. Permítame señalarle que Amós es otro profeta que no tenía muchas cosas buenas para decir a Israel. Es decir, hay unos nueve capítulos de condenación y de juicio. Cuando uno piensa que la situación es desesperanzadora, los dos últimos versículos de repente aparecen con una especie de amanecer después de una larga noche oscura de tormenta. Dios dice en Amós 9:14–15 -Reina Valera 1960-
“Y traeré del cautiverio a mi pueblo Israel, y edificarán ellos las ciudades asoladas, y las habitarán; plantarán viñas, y beberán el vino de ellas, y harán huertos, y comerán el fruto de ellos”.
Quiero decir que he sido testigo del cumplimiento de cada uno de esos sucesos. Lo he visto con mis propios ojos. Ellos han edificado ciudades antiguas. Hay por lo menos nueve sitios bíblicos que han sido reconstruidos en los últimos 50 años en Israel. Uno que está muy cerca de nosotros es Gilo donde solía vivir Ahitofel. Es un tipo de suburbio grande de Jerusalén. Cada vez que miramos por nuestra ventana trasera en Jerusalén, vemos Gilo. Y cada vez que veo Gilo digo, “Ahí está. Amós 9:14”.
También han plantado jardines. Si ha existido un pueblo agrícola, es Israel. Y también han recuperado la vinicultura, que decayó por completo con los musulmanes porque ellos no creen en el alcohol. Así que esas tres declaraciones se han cumplido con exactitud y precisión frente a mis ojos. Por qué habría de buscar otra explicación aparte de la que es obvia, que Dios lo hizo porque Él dijo que lo haría.
Y luego dice:
“Pues los plantaré sobre su tierra [¿la tierra de quién? La tierra de ellos], y nunca más serán arrancados de su tierra que yo les di, ha dicho Jehová Dios tuyo”.
Me atrevo a decir de esta restauración presente de Israel, que ellos no perderán nunca más la tierra. No lo digo porque no existan innumerables fuerzas organizadas contra ellos—las hay, siempre han estado presentes desde el día que nació el estado de Israel. Cada día que Israel existe es un milagro. Pero ese milagro va a continuar hasta que Dios haya completado su obra.
Nunca ha existido una zona de la tierra o período de la historia acerca de la cual los expertos se han equivocado tanto como con Oriente Medio y la tierra de Israel en este siglo. Los expertos no me impresionan. Escucho lo que tienen para decir, pero si dicen algo contrario a lo que Dios dice, voy a creerle a Dios.
También está un pasaje en Zacarías 14 que es particularmente real para mí. No puedo detenerme mucho en él, pero describe una situación, un sitio geográfico donde viví durante un año. Se trata de cierta área en el Monte de los Olivos. Estuve allí mientras servía en un hospital militar británico que ocupaba el edificio principal. Cada vez que leo esto, puedo imaginarlo todo, puedo distinguir cada zona, cada posición. No hay ningún otro lugar sobre la tierra que concuerde con esta descripción en Zacarías 14. O va a suceder allí tal como Dios lo dice, o no va a suceder en absoluto. No hay alternativa. Zacarías 14, solo leeremos 2–5:
“Porque yo reuniré a todas las naciones para combatir contra Jerusalén; y la ciudad será tomada, y serán saqueadas las casas, y violadas las mujeres; y la mitad de la ciudad irá en cautiverio, mas el resto del pueblo no será cortado de la ciudad”.
Créame, esta va a ser una situación grave.
Después saldrá Jehová y peleará con aquellas naciones, como peleó en el día de la batalla. Y se afirmarán sus pies en aquel día sobre el monte de los Olivos, que está en frente de Jerusalén al oriente [exactamente donde yo vivía]; y el monte de los Olivos se partirá por en medio, hacia el oriente y hacia el occidente, haciendo un valle muy grande; y la mitad del monte se apartará hacia el norte, y la otra mitad hacia el sur.
Donde yo vivía, hay un pequeño collado en la montaña, con una mitad hacia el norte, la otra mitad hacia el sur. Este collado está exactamente al oriente del área del templo en Jerusalén. Además, es un área de terremotos. En 1925 hubo un leve terremoto que resquebrajó la torre del edificio en el que yo vivía, y no está permitido subir a la torre porque es peligroso. ¿Ve cuán absolutamente perfecta es la descripción de este lugar de la tierra? Y no empieza describiendo ningún otro lugar. O bien sucederá aquí tal como Dios dice, o no va a suceder en absoluto.
Y luego al final del versículo 5 llegamos al clímax:
Y vendrá Jehová mi Dios, y con él todos los santos.
Esta es la predicción más clara, en cierto modo, del lugar al cual el Señor Jesús regresará. ¿Desde dónde ascendió Él al cielo? Desde el Monte de los Olivos. Y el ángel que vino y habló con los discípulos dijo, “Este mismo Jesús, que ha sido tomado de vosotros al cielo, así vendrá como le habéis visto ir al cielo”. Él se fue en las nubes y vendrá en las nubes; subió desde el Monte de los Olivos, y volverá al Monte de los Olivos. ¿Por qué complicar algo simple? Ese es el trabajo de los filósofos. Yo era filósofo, y ese era mi trabajo, ¡complicar las cosas simples! Pero esa no es la función de los predicadores, y no nos está permitido hacerlo.
Una de las palabras que se oyen es literal, lo cual significa que Dios va a hacer literalmente todas estas cosas. La respuesta, quiero decir, es “Sí, Él va a hacer literalmente todas estas cosas”. Pero como ve, si empieza a cuestionar la verdad literal de las Escrituras, es como abrir un tapón que deja escapar toda el agua hasta el fondo, porque no tiene que detenerse nada más en estas declaraciones acerca de Israel. ¿Cree que Jesús literalmente transformó el agua en vino? ¿Qué utilidad tuvo eso? ¡Muchos bautistas se opondrían! ¿Cree que Jesús literalmente alimentó a 5.000 personas con cinco panes y dos peces? Si Él no las alimentó literalmente, no tenían mucha hambre. Alimentar personas espiritualmente no va a satisfacer su hambre física. ¿Comprende lo que digo?
Y luego puede ir un paso más allá. ¿Cree que Jesús literalmente se levantó de la tumba? ¿Quiere decir físicamente? Hay un obispo en la iglesia anglicana que tiene un truco de magia con huesos viejos. ¿Lo sabía? Una idea espantosa, un obispo de la iglesia anglicana. Pero la Biblia enseña muy claramente que si usted no cree en la resurrección de Jesús, no puede ser salvo. Lo que el diablo hace es menoscabar la verdad poco a poco. Él no empieza con una verdad central acerca de Jesús, él empieza en otra área. Pero el resultado final es descalificar la fiabilidad de las Escrituras. Yo me atrevería a conjeturar que casi todos los teólogos y los ministros de la iglesia hoy que no creen en la resurrección de Jesús tampoco creen en la restauración de Israel. Así que hay cierta compatibilidad entre estos dos.
La segunda razón por la cual no puedo aceptar esta teoría de sustitución de Israel es que deslegitima la fidelidad de Dios. Y solo voy a leer un pasaje de la Biblia de las Américas. Jeremías 33, empezando en el versículo 24. Leo de la Biblia de las Américas** porque es especialmente gráfica.
¿No has observado lo que este pueblo ha hablado, diciendo: “Las dos familias que el Señor escogió, las ha desechado”? Desprecian a mi pueblo, ya no son una nación ante sus ojos. Así dice el Señor: “Si no permanece mi pacto con el día y con la noche, y si no he establecido las leyes del cielo y de la tierra, entonces desecharé la descendencia de Jacob y de mi siervo David, para no tomar de su descendencia quien gobierne sobre la descendencia de Abraham, de Isaac y de Jacob. Pero yo restauraré su bienestar y tendré de ellos misericordia”.
Con cuánta exactitud se aplica esto a nuestros días porque las personas realmente desprecian a Israel y dicen que ellos no son dignos de ser considerados una nación, que crucificaron al Señor, que ahí se acabó todo para ellos. Me impresiona que la Biblia es tan reveladora, que pronostica con visión telescópica divina y ve cómo serán las cosas miles de años después de que las palabras fueron escritas en realidad.
Y una razón más por la cual no puedo aceptar esta teoría es que debilita la seguridad de la iglesia. Si Dios puede reemplazar a Israel a pesar de todas las declaraciones que ha hecho, de todos los pactos y compromisos, entonces ¿por qué no reemplaza la iglesia? ¿Qué garantiza que la iglesia no sea reemplazada? Si yo creyera que Dios reemplaza a Israel, viviría mirando por encima de mi hombro todo el tiempo para ver quién va a reemplazarnos. Porque, hermanos y hermanas, si usted tuviera que determinar qué grupo ha sido menos fiel, Israel o la iglesia, sería muy difícil escoger uno.
Permítame leer unas palabras de Jesús a dos iglesias, en Apocalipsis 3 (Reina Valera 1960), los primeros tres versículos.
Escribe al ángel de la iglesia en Sardis: El que tiene los siete espíritus de Dios, y las siete estrellas, dice esto: Yo conozco tus obras, que tienes nombre de que vives, y estás muerto. Sé vigilante, y afirma las otras cosas que están para morir; porque no he hallado tus obras perfectas delante de Dios. Acuérdate, pues, de lo que has recibido y oído; y guárdalo, y arrepiéntete. Pues si no velas, vendré sobre ti como ladrón, y no sabrás a qué hora vendré sobre ti.
Esto no parece muy diferente, en muchos sentidos, de lo que el Señor dijo a Israel. A mí me parece que es casi lo mismo. Pero encontramos también, en el último mensaje a la iglesia, la iglesia de Laodicea en Apocalipsis 3:14–16:
Y escribe al ángel de la iglesia en Laodicea: He aquí el Amén, el testigo fiel y verdadero, el principio de la creación de Dios, dice esto: Yo conozco tus obras, que ni eres frío ni caliente. ¡Ojalá fueses frío o caliente! Pero por cuanto eres tibio, y no frío ni caliente, te vomitaré de mi boca. . .
Son palabras muy claras. ¿Podrían aplicarse a algunos sectores de la iglesia? ¿Hay secciones de la iglesia que no son frías ni calientes? ¿Cuántos hay que no lo son?
Permítame recapitular mis tres razones por las cuales no puedo aceptar lo que se denomina la teología de la sustitución. Número uno, descalifica la fiabilidad de las Escrituras. Número dos, deslegitima la fidelidad de Dios. Y número tres, debilita la seguridad de la iglesia.
Quiero avanzar y volver al Nuevo Testamento, y quiero señalar que todas las reservas que tiene la gente con respecto a Israel se aplican también a la iglesia. Dios en sus tratos con la iglesia—y Él ha tratado con usted y conmigo precisamente de la misma forma como ha tratado con Israel. El origen de todo lo que Dios hace no es nuestra bondad, no son nuestros méritos, sino la elección soberana de Dios. Permítame repetir una vez más lo que dije anoche. Usted no es cristiano primordialmente porque usted eligió a Cristo. Usted es cristiano primordialmente porque Cristo lo eligió a usted. Y si Cristo nunca lo hubiera escogido a usted, usted nunca habría sido capaz de elegirlo a Él. Usted nunca habría podido elegirlo a Él. El origen de todo es la voluntad de Dios, la soberanía de Dios, y la elección de Dios. Y esto es tan cierto respecto a la iglesia como lo es respecto a Israel. De hecho, al estudiar los tratos de Dios con Israel extraemos una maravillosa lección de cómo Dios trata con nosotros.
Permítame tomar unos pasajes del Nuevo Testamento y tratar de explicar esto. 1 Pedro 1:1–2:
Pedro, apóstol de Jesucristo, a los expatriados de la dispersión en el Ponto, Galacia, Capadocia, Asia y Bitinia.
Él está de hecho escribiéndole a judíos creyentes. Esta traducción no lo revela, pero la palabra que se traduce “expatriados de la dispersión” en griego es Diaspora. No sé si conozca el término, pero Diaspora es la palabra que se usa para referirse a los judíos que viven por fuera de la tierra de Israel. Es un hecho interesante que aunque esta carta se aplica a todos los cristianos, se dirigía principalmente a los creyentes judíos. Esto dice de estas personas al final del versículo 1:
elegidos según la presciencia de Dios Padre . . .
Entonces, ¿por qué somos creyentes? Porque Dios nos eligió. ¿Por qué nos eligió? De acuerdo con su presciencia. Él sabía lo que Él podía hacer de cada uno de nosotros.
Pues bien, tan pronto comprende este hecho, su inseguridad empieza a desvanecerse. No tiene que esforzarse tanto, tiene que creer. Tiene que aceptar el hecho de que Dios lo eligió. Tal vez yo no me habría escogido a mí mismo, pero Dios me escogió. ¿Por qué me escogió? Por su conocimiento previo. En otras palabras, Dios sabía desde la eternidad lo que Él podía hacer conmigo. Dios sabía desde la eternidad lo que Él puede hacer con cada uno de ustedes. ¡Qué alivio! No es todo nuestro esfuerzo, no son todos nuestros afanes. Como Pablo dice, ya lo vimos, no depende del que quiere, ni del que corre, sino de Dios que tiene misericordia. Para mí es un gozo presentar estas buenas nuevas a la iglesia porque la mayoría de los cristianos hoy, con los que trato, han perdido completamente de vista este hecho. Usted es cristiano porque Dios lo eligió. Él lo eligió sabiendo lo que Él podía hacer con usted. Así que no se queje por sus carencias, porque Dios sabía todo sobre ellas y Él lo escogió, en cierto sentido, por causa de ellas. Porque Dios ha elegido lo débil, lo menospreciado, lo que no es, para demostrar su poder en ello. Su mayor problema no es que usted no sea lo bastante bueno, sino quizá que usted piensa que es demasiado bueno.
Sigamos con esta declaración.
elegidos según la presciencia de Dios Padre en santificación del Espíritu. . .
Así que cuando Dios lo ha escogido, su Espíritu empieza a obrar en usted. Y la mayoría de nosotros, al principio, no éramos conscientes de lo que sucedía. ¿No es así? Puedo ilustrarlo muy brevemente. Cuando yo estaba en el ejército británico empecé a estudiar la Biblia, no como creyente. Como me veía leer la Biblia cada día, el capellán me pidió leer la lección en Pentecostés. Yo me enorgullecía de mi habilidad para leer en inglés, y había estudiado a Shakespeare y demás. Yo dije, “Les voy a demostrar cómo se debería leer esto realmente”. Quiero decir, lo repasé, practiqué las pausas y las respiraciones. Cuando llegué allí, mi cuerpo entero rugía. No podía leer tres palabras sin sofocarme. No tenía idea de lo que me sucedía, fue humillante. ¿Sabe qué era? El Espíritu Santo. Usted dirá, “¿Nació de nuevo?” No, yo no sabía lo que era nacer de nuevo. No tenía idea, ni siquiera estaba intentando nacer de nuevo. Pero Dios obró en mí. ¿Por qué? Porque Él me había elegido, por eso.
Bien. Sigamos con esto (1 Pedro 1:1-2 Reina Valera 1960).
. . . En santificación del Espíritu, para obedecer y ser rociados con la sangre de Jesucristo. . .
El Espíritu Santo lo lleva al lugar donde usted encuentra a Jesucristo y le obedece. Eso es lo que Él hizo conmigo. Leí aquella lección y encontré a Jesús en un cuartel del ejército en medio de la noche a finales de Julio. Pero el Espíritu de Dios ya estaba obrando en mí. Y Él me guió a Jesús. Y porque fue el Espíritu, yo obedecí, yo me sometí a Él. Y entonces fui rociado con la sangre. Comprenda, la sangre no es rociada sobre el desobediente. Usted tiene que ir al lugar de obediencia antes de recibir el rociamiento de la sangre. Y cuando usted se sale del lugar de obediencia, se sale de la protección de la sangre. La sangre no es rociada sobre el desobediente. Comprenda esto, es muy importante.
Si andamos en luz como Él está en luz, la sangre de Jesús continuamente nos limpia de todo pecado. Salimos de la luz y vivimos en desobediencia, solo hay una solución: volver a la luz.
Veamos otro pasaje, Romanos 8:29–30 (RV 1960). Hablando de usted y de mí:
Porque a los que [Dios] antes conoció, también los predestinó para que fuesen hechos conformes a la imagen de su Hijo, para que él sea el primogénito entre muchos hermanos. Y a los que predestinó, a éstos también llamó; y a los que llamó, a éstos también justificó; y a los que justificó, a éstos también glorificó.
¿Dónde empieza? Empieza como Pedro dijo, con la presciencia de Dios. Y después de conocernos previamente, Dios nos eligió. Él hizo esa elección—escuche—antes de la creación. Antes de que los mundos existieran, Dios nos escogió a usted y a mí. Y habiéndonos escogido, nos predestinó. Es decir, Él planeó el curso que nuestra vida seguiría. Todo esto sucedió en la eternidad mucho antes de que hubiera un pueblo llamado Israel, mucho antes de que hubiera algo llamado la iglesia. Dios nos conoció, Él nos escogió, Él nos predestinó. Me gustaría que dijera esto pero en tono personal, así: “Dios me conoció, Él me escogió, Él me predestinó”. Respire profundamente y suspire. Relájese. Así es. Usted no tiene que vivir preocupado y afanado. Dios tiene la situación bajo control. Él ha hecho su elección, y no va a cambiar de opinión. Y todo en la historia va a resultar en el cumplimiento del propósito de Dios. Él lo ha predestinado.
Digo a la gente muchas veces, “Ustedes no son un accidente buscando un lugar dónde ocurrir. Ustedes son parte del plan eterno de Dios”. ¿Lo ve? Todo esto es cierto acerca de la iglesia pero también lo es de Israel. Si desechamos estas verdades en lo concerniente a Israel, dejan de ser también respecto a la iglesia. Nosotros seremos quienes pierden, no Israel.
Habiendo hecho esas tres cosas: conocido, elegido, predestinado; entonces Él llamó. Ese es el momento decisivo de cada vida, cuando Dios lo llama. Yo no tenía conocimiento alguno de verdad doctrinal y del evangelio ni todo eso. No era más que un filósofo. Pero cuando esto sucedió en mi vida, algo dentro de mí dijo, “Más vale que respondas ahora, o puede que nunca más Él te vuelva a hablar”. Y yo respondí, gracias a Dios. Respondí. Fue muy claro para mí, ese fue el momento que mi destino había señalado. Yo no sabía lo que iba a suceder, pero solo supe que esa era mi oportunidad. Y gracias a Dios por su misericordia la aproveché.
Después que Dios nos ha llamado y que respondemos, Él nos justifica. Él nos absuelve de todo pecado. Justificado significa libre de culpa. El veredicto desciende de la corte suprema del cielo sobre su vida: no es culpable. Usted era juzgado por un delito capital. El castigo obligatorio era la ejecución. Mientras esperaba nervioso en la corte, llega la respuesta. No es culpable. Creo que los cristianos han perdido la visión de lo que significa ser justificado. No es hacer mi mejor esfuerzo y esperar, sino ser revestido con el manto de justicia de Cristo. Cuando Dios nos da vestiduras de salvación, Él añade algo. ¿Sabe qué es? El manto de justicia. Eso es ser justificado. Lo he expresado así: ser justificado significa que soy justo como si nunca hubiera pecado. Usted no ganó eso. Ninguno de nuestros esfuerzos ni religiosidad podrán jamás lograr eso. Sucede porque Dios decidió que sucedería. Quiero decirle que he llegado al punto de confiar en Dios para tomar la decisión correcta. Confío en Él más de lo que confío en mí mismo. He tomado muchas decisiones tontas en mi vida. Dios nunca ha tomado una sola decisión tonta. Puede confiar en Él. Vuelva a respirar profundamente, relájese y suspire. Usted puede confiar en Él, Él es digno de confianza. Este es el mensaje, verá, la iglesia ha perdido el mensaje en parte por su actitud equivocada hacia Israel. Dios dijo, “porque el que toca a Israel, toca a la niña de su ojo”.
Muy bien. Después que ha sido justificado, es glorificado. No tengo tiempo para hablar de esto. De hecho, enseñé al respecto en la primera parte de este seminario sobre Romanos. Pero glorificado significa que está en el trono con Jesús. Él no solo nos dio vida. Efesios 2:4–6; Él no solo nos resucitó, ¿qué hizo Él después de eso? ¿Quién puede decirme? Él nos hizo sentar en un trono. Y todo está en tiempo pasado. Físicamente usted está sentado en el centro de conferencias Bautista de Ridgecrest. Espiritualmente usted está sentado en el trono con Cristo. ¿Lo ve? Cuando caminamos en esos términos, es decir, es ridículo pensar que podríamos siquiera ganarlo o merecerlo, o ser lo bastante buenos. Solo lo recibimos porque Dios decidió dárnoslo. En realidad, lo mejor que podría hacer es decir “Gracias”. ¿Qué tal eso? Por qué no decir simplemente “Gracias”. Agradecer a Dios es la expresión más pura de fe. Cuando usted no puede hacer nada más, como Jonás en el vientre del pez que no podía hacer nada. Cuando él empezó a dar gracias a Dios, el pez no pudo retenerlo más. Algunos de ustedes le deben a Dios un billón de gracias. Le convendría empezar a pagar esa deuda. Pero solamente lo hará por la fe, la fe en lo que Dios dice que Él ha hecho.
Hay otro bello versículo en 2 Timoteo 1:9. Este es un pasaje sobrecogedor, en mi opinión. Yo le digo a la gente si la Biblia nunca los asombra, es porque nunca la han leído realmente. Es un libro asombroso. 2 Timoteo 1:9 (RV 1960), se refiere a Dios en el versículo anterior:
. . . quien nos salvó y llamó con llamamiento santo, no conforme a nuestras obras [no por lo que hemos hecho], sino según el propósito suyo y la gracia que nos fue dada en Cristo Jesús antes de los tiempos de los siglos.
Otra traducción dice “antes del comienzo del tiempo”. Así que el propósito y la gracia de Dios fueron establecidos para nosotros antes del comienzo del tiempo. Su escenario fue escrito en la eternidad. Lo único que tiene que hacer es interpretar su papel.
Y luego en 1 Tesalonicenses 5:23–24 (RV 1960), uno de los pasajes que Ruth y yo recitamos:
Y el mismo Dios de paz os santifique por completo; y todo vuestro ser, espíritu, alma y cuerpo, sea guardado irreprensible para la venida de nuestro Señor Jesucristo.
¿Cree que puede lograr eso en sus fuerzas? Luego dice:
Fiel es el que os llama, el cual también lo hará.
¿De qué dependemos? De la fidelidad de Dios. No de nuestro esfuerzo, no de nuestra justicia, no de nuestra religiosidad. ¡Qué revelación! Es impresionante. Usted puede pasar una semana contemplando las verdades y ni siquiera empezar a palpar la realidad de lo que representan. Pero como ve, si la iglesia ignora Romanos 9–11, la iglesia es la que más pierde, no Israel. Dios es responsable de Israel. Pero nosotros perdemos una parte esencial de nuestra herencia.
Ahora tenemos que devolvernos. Volvamos a Romanos 9 un momento, versículos 14–15.
¿Qué, pues, diremos? ¿Que hay injusticia en Dios? En ninguna manera. Pues a Moisés dice: “TENDRÉ MISERICORDIA DEL QUE YO TENGA MISERICORDIA, Y ME COMPADECERÉ DEL QUE YO ME COMPADEZCA”.
La justicia de Dios está establecida, es inquebrantable, nadie puede cambiarla un ápice ni una tilde. Si quiere justicia, puede tenerla. Recuerdo que un hombre dijo una vez, “Lo único que pido es justicia”. Yo pensé para mí mismo, “Dios por favor no le des lo que pide”. Usted puede recibir justicia si eso es lo que quiere. Dios es justo. Él imparte justicia con una plomada, así de exacta es. Justicia conforme a un nivel. No hay variación alguna, ni de un solo milímetro en la justicia de Dios—si eso es lo que usted quiere. Pero nadie puede darse el lujo de pedir justicia…
Romanos 6:23, ¿cuántos de ustedes saben lo que dice?
Porque la paga del pecado es muerte.
La paga es lo que usted merece. Si usted quiere su paga, Dios no la retendrá. Venga con su mano extendida y la recibirá. Pero la paga del pecado es muerte. La alternativa es el don gratuito de Dios que es vida eterna. Usted no puede ganar eso. Usted nunca lo merecerá. Tiene que decidir, ¿quiero mi paga o quiero mi don?
Y luego Pablo pasa al ejemplo del faraón. Volvamos a Romanos 9:16:
Así que no depende del que quiere, ni del que corre, sino de Dios que tiene misericordia. Porque la Escritura dice a Faraón [en el libro de Éxodo],: “PARA ESTO MISMO TE HE LEVANTADO, PARA MOSTRAR EN TI MI PODER, Y PARA QUE MI NOMBRE SEA ANUNCIADO POR TODA LA TIERRA”.
Así que Él tiene misericordia de quien Él quiere y Él endurece a quién Él quiere. Usted dirá que no es justo. Dios le dará justicia si usted quiere. Pero si quiere misericordia, no pida lo que es justo porque no lo es. Está por fuera de lo que usted puede ganar.
Déjeme mostrarle en primer lugar, Proverbios 16:4 (RV 1960), ese es un versículo maravilloso.
Todas las cosas ha hecho Jehová para sí mismo [o su propósito], y aun al impío para el día malo.
Esa es una declaración profunda. Incluso el malo tiene su lugar en el plan de Dios. Y faraón es quizá el ejemplo sobresaliente. Dios dice, “Te he levantado porque quería mostrar a todo mi poder en tu maldad”. Y todos saben que Dios endureció el corazón de faraón. Pero la mayoría no se toma la molestia de estudiar el relato. Lo he estudiado con mucho cuidado y puede encontrar el esbozo aquí en la página 12 de su bosquejo. En primer lugar, faraón endureció su propio corazón siete veces antes de que Dios interviniera. Luego el Señor endureció el corazón de faraón una vez. Luego faraón endureció su corazón dos veces más. Por último, el Señor endureció el corazón de faraón seis veces más. Dios no endureció el corazón de faraón sino hasta que Él mismo había endurecido su corazón siete veces. Dios dijo en efecto, “Pues bien, si vas a ser rebelde y obstinado, entonces verás cuán rebelde y obstinado puedo hacerte, porque quiero demostrar mi poder en ti”.
Las dos palabras que se usan para el corazón del faraón son duro y pesado. Duro, diría yo, es obstinado. Pesado es insensible. Así que Dios a menudo deja que la maldad siga su curso para llevar a cabo su propósito. Esto es muy, muy importante. ¿Lo entiende? ¿Por qué permite Dios que esas personas malas persistan? Él las usa, son parte de su plan. ¿Lo ve? Aun los malos sirven a Dios. Eso nos tranquilizará a muchos que vemos la injusticia y la maldad en la tierra y decimos, “¿Cómo puede Dios permitirlo?” La respuesta es Dios lo sabe todo, Él tiene todo bajo control. El malvado también sirve para sus propósitos.
En Génesis 15:16 (RV 1960) Dios ha prometido a Abraham que le dará la tierra de Canaán. Pero Él dice, “Todavía no. Dentro de cuatro generaciones, te la daré”. Y en seguida explica por qué, versículo 16. Él dijo:
Y en la cuarta generación volverán acá; porque aún no ha llegado a su colmo la maldad del amorreo hasta aquí.
Los amorreos ya eran un pueblo malvado, idólatra, y pervertido. Pero Él dijo que su maldad todavía no había llegado a su colmo. Cuando llegue a su colmo, lanzaré mi hoz y los cortaré. Y tus descendientes tomarán esta tierra. Entonces cuando mire las cosas que suceden en el mundo hoy, piense nada más en eso. Hay maldad pero no ha llegado a su colmo. Cuando llegue al colmo, Dios sacará su hoz y recogerá cosecha.
Y ahora volvemos a Romanos 9 un momento, Romanos 9:19 (RV 1960).
Pero me dirás: ¿Por qué, pues, inculpa? porque ¿quién ha resistido a su voluntad?
En otras palabras, todo funciona conforme al propósito de Dios. Así que nadie, en un sentido, está haciendo otra cosa que lo que Dios ha planeado que haría. La respuesta de Pablo es un poco insatisfactoria para algunas personas.
Mas antes, oh hombre, ¿quién eres tú, para que alterques con Dios? ¿Dirá el vaso de barro al que lo formó: ¿Por qué me has hecho así?
Pablo dice, en efecto, que Dios conoce su trabajo, no trate de enseñarle. Y Él compara una vida humana como lo hacen las Escrituras en muchos pasajes, con un vaso de barro. Y su declaración es “el que forma el vaso es el que decide lo que será el vaso”. Y Dios es quien forma el vaso. Y luego dice en el versículo 21:
¿O no tiene potestad el alfarero sobre el barro, para hacer de la misma masa un vaso para honra y otro para deshonra?
No podemos negar eso.
¿Y qué, si Dios, queriendo mostrar su ira y hacer notorio su poder, soportó con mucha paciencia los vasos de ira preparados para destrucción?
Cuando usted ve que los malos prosperan, piense que es la paciencia de Dios. Dios soporta eso porque sus propósitos se están cumpliendo. Pedro dijo entiendan la paciencia de la salvación de Dios. Esa es una de las cosas que más nos asombran, la paciencia de Dios. Por cuánto tiempo Él soporta la maldad. Pero Él lo hace por causa de sus elegidos, de sus escogidos.
Este es un problema que todos enfrentamos. ¿Cómo puede Dios dejar que ese tipo de cosas sigan sucediendo? La respuesta es que Dios conoce su trabajo. Cuando sus propósitos se llevan a cabo en sus elegidos, Él se encargará del malvado.
Y luego encontramos esta bella declaración aquí en el versículo 23:
. . .y para hacer notorias las riquezas de su gloria, las mostró para con los vasos de misericordia que él preparó de antemano para gloria, a los cuales también ha llamado, esto es, a nosotros, no sólo de los judíos, sino también de los gentiles?
En otra versión dice (Palabra de Dios para Todos) “vasos que Dios preparó para para recibir su gloria [derramar en ellos su gloria]”. Eso somos nosotros. Él está formándonos para que seamos vasos de gloria. Cuando usted se pregunta por qué Dios permite eso en mi vida, la respuesta es que Él está moldeándolo para ser la clase de vaso que es recipiente de su gloria. ¿Lo ve?
Solo intentaremos terminar este capítulo rápidamente. El final del capítulo Dios extiende misericordia tanto a judíos como a gentiles. No a los judíos solamente ni a los gentiles solamente, sino a ambos. Pablo cita dos pasajes de Oseas en los cuales es claro que Dios va a rechazar por un tiempo a Israel. Pero luego Él dice en el mismo lugar donde se les dijo, “no sois mi pueblo”, allí se les dirá, “sois mi pueblo”. Es muy importante que recordemos esto porque Dios está reuniendo a Israel en el lugar donde se dijo, “no sois mi pueblo”, a fin de declararles que ellos son su pueblo.
Y luego en el versículo 27:
También Isaías clama tocante a Israel: SI FUERE EL NÚMERO DE LOS HIJOS DE ISRAEL COMO LA ARENA DEL MAR, TAN SÓLO EL REMANENTE SERÁ SALVO. . .
“El remanente”. Dios tiene un remanente al que Él ha conocido y elegido de antemano, y al cual traerá.
PORQUE EL SEÑOR EJECUTARÁ SU SENTENCIA SOBRE LA TIERRA EN JUSTICIA Y CON PRONTITUD.
En esta versión es clara… y dice “el Señor ejecutará su sentencia… en justicia y con prontitud”.
Y luego pasa a señalar que si Dios no hubiera dejado a Israel un remanente, ellos habrían sido destruidos y exterminados por completo. Él concluye el capítulo diciendo a los judíos que buscaron justificarse observando la ley, que fallaron. Los gentiles que no sabían nada acerca de una ley, y a quienes no les interesaba justificarse, fueron justificados. Esta es la paradoja. Los judíos fallaron porque rechazaron al Mesías, la piedra que Dios había puesto para edificar su iglesia.
He pasado rápidamente la última parte de ese capítulo porque tenía mucho por tratar en poco tiempo. Espero que comprenda.

Studiemateriaal
Waar beskikbaar, sluit hierdie lering 'n preek-uiteensetting en transkripsie in vir persoonlike gebruik, boodskapvoorbereiding, of Bybelstudiebesprekings.
Kode: MV-4312-100-SPA










